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Nutrition

“Eating HEALTHY is not eating FEW CALORIES. It’s not feeling hungry. It is NOURISHING your body with REAL FOOD”

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La Restricción Puede Desencadenar Atracones y Adicción

Si tienes diabetes o prediabetes, probablemente ya sabes lo importante que es cuidar tu alimentación para mantener el nivel de azúcar en la sangre bajo control. Sin embargo, el camino hacia una dieta saludable no siempre es tan sencillo. A veces, intentar comer “correctamente” puede llevarte por una senda que, sin darte cuenta, te acerca más a la ansiedad, los atracones o incluso la adicción a la comida. ¿Por qué sucede esto? La respuesta puede estar en el desequilibrio que se produce en tu metabolismo cuando pones a tu cuerpo en “modo dieta” o restricción alimentaria extrema.

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¿CICLAR CARBOHIDRATOS EN DIABETES?

¿CICLAR CARBOHIDRATOS EN DIABETES? Te he hablado en varios artículos sobre el ¿Por qué la lowcarb puede ser la base para alcanzar NORMOGLUCEMIA en la

El mito de los carbohidratos complejos y simples

En la búsqueda interminable de una alimentación saludable, nos encontramos constantemente bombardeados con información contradictoria sobre lo que si debemos hacer y lo que no. Uno de los debates más antiguos y persistentes gira en torno a los carbohidratos: ¿los carbohidratos complejos realmente son mejores para las personas que buscamos NORMOGLUCEMIA , en comparación con los carbohidratos simples? ¿O se trata de un mito nutricional que ha simplificado la química de los alimentos y fisiología en «carbohidratmos buenos» y «carbohidratos malos» y que necesita desgranarse?

Para entender esto, primero hay que explicar qué son los carbohidratos complejos y simples.

¿Qué son los carbohidratos complejos y simples?
Los carbohidratos en general son macronutrientes que proporcionan energía al cuerpo. La definición más común utilizada es:

Los carbohidratos simples, como los que se encuentran en el azúcar refinado y en muchos alimentos procesados, se absorben rápidamente en el cuerpo, lo que provoca picos de glucosa en sangre seguidos de una rápida caída de energía (esto en personas sin diabetes o sin riesgo de tenerla), ya que cuando tienes diabetes o resistencia a la insulina esta vuelta a niveles normales de glucosa en sangre, puede no ser así. Por ejemplo aquí podemos ver la estructura de la composición de la sacarosa o azúcar blanca de mesa, que es: una molécula de glucosa + una molécula de fructosa

Por otro lado, se ha dado como definición de los carbohidratos «complejos» que se encuentran en alimentos como cereales integrales, legumbres y vegetales, que se descomponen más lentamente, proporcionando energía de manera más sostenida y estable. Pero si observamos la estructura del almidón que es un «carbohidrato complejo» podemos ver que su estructura es una cadena de múltiples moléculas de glucosas:

¿Pero qué se argumenta esta definición simplista de la recomendación de carbohidratos complejos como «buenos» sobre carbohidratos simples definidos como «malos»?
Durante décadas, se ha promovido la idea de que los carbohidratos complejos son la mejor opción para mantener niveles estables de azúcar en sangre y promover la salud en general. Sin embargo, esta noción ha sido cuestionada en los últimos años por una serie de estudios que sugieren que el concepto de carbohidratos «buenos» y «malos» es demasiado simplista y que realmente no cumple la promesa del efecto «lento» en los niveles de glucosa en sangre.

La realidad de los «carbohidratos complejos»
Uno de los principales argumentos en contra de la superioridad de los carbohidratos complejos es su efecto glucémico, la idea de que los carbohidratos complejos son inherentemente mejores que los simples no tiene en cuenta el hecho de que muchos alimentos que se consideran «complejos» pueden estar altamente procesados y carecer de nutrientes importantes. Por ejemplo, los cereales integrales que se venden en forma de galletas o barras pueden contener una cantidad significativa de azúcares añadidos y aditivos, lo que contrarresta cualquier beneficio potencial para la salud. En mi artículo sobre índice y carga glucémica te definí los 2 conceptos, el objetivo y complejidad de su utilización y también en este artículo te conté por qué nunca sirvió contar raciones de hidratos de carbono para tener normoglucemia. También aquí te conté como los «carbohidratos simples» pueden ser una herramienta efectiva en determinadas ocasiones como las «hipoglucemias» en la diabetes tipo 1. Pero, vayamos más allá….

¿Qué dice la evidencia científica?
Los «carbohidratos complejos» como los almidones de los cereales, tradicionalmente se creía que tenían una velocidad de absorción más lenta que los carbohidratos simples como la sacarosa ó azúcar de mesa [1]. Sin embargo, hallazgos recientes sugieren que los carbohidratos complejos pueden tener un impacto similar al de la sacarosa en los niveles de glucosa en sangre, o incluso más rápido lo que puede provocar los mismos o peores efectos en la salud y en los niveles de glucosa en sangre similares a los del consumo diario de grandes cantidades de sacarosa o azúcares simples [2]. El consumo excesivo de carbohidratos simples y «complejos» como almidones puede tener implicaciones directas en la salud física y mental, ya que contribuye al desarrollo de enfermedades metabólicas y afecta a categorías del estado de ánimo como el estado de alerta y el cansancio [3]. Los hábitos alimenticios poco saludables, incluido el consumo excesivo de carbohidratos simples y «complejos» como almidones o cereales procesados están relacionados con una mayor prevalencia de obesidad y sobrepeso, lo que repercute en el IMC y en las condiciones de salud de la población [4].

Conclusiones: entonces ¿A quién le hago caso?
Hemos visto la estructura de los «carbohidratos complejos» como el almidón, que es una cadena de múltiples moléculas de glucosa. En lugar de centrarnos exclusivamente en si un carbohidrato es simple o complejo, es más importante considerar la calidad general de nuestra ingesta de carbohidratos o ingredientes. Optar por fuentes de carbohidratos que sean ricas en fibra, vitaminas y minerales, como verduras, frutas o legumbres puede ayudar a mantener niveles estables niveles de glucosa en sangre junto con una estrategia eficaz para poderlo lograr y promover la salud en general.

En resumen, el mito de los carbohidratos complejos como la panacea para una dieta saludable es parte de «el dogma en la diabetes» que necesita ser revisado. En lugar de etiquetar los carbohidratos como buenos o malos (simples o complejos) deberíamos adoptar un enfoque más holístico hacia la nutrición, centrándonos en la calidad y la diversidad de nuestra ingesta de alimentos y en la eficacia para obtener resultados en salud, siendo acompañados por un profesional experto y con objetivos concretos en nuestra salud de forma personalizada. Al hacerlo, podemos tomar decisiones más informadas sobre nuestra alimentación y trabajar hacia un estilo de vida más saludable y equilibrado.

Mi ayuda y mis programas:
Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, Medicación Efectiva y Ayuno Intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a mirar más sobre mis programas de acompañamiento. Mira mis mejores recursos AQUÍ.

En DiabetesBien, estamos aquí para guiarte en tu viaje hacia una vida saludable y emocionalmente equilibrada. ¡Cuida de ti y mantén tu bienestar en primer lugar! Si tienes dudas, Contáctame AQUÍ por whatsapp para saber si yo te puedo ayudar

Historia del HAMBRE y su relación con la diabetes y la obesidad

A lo largo de la historia, el hambre ha sido un problema persistente al que ha tenido que enfrentarse la humanidad, de hecho hemos evolucionado como humanos adaptándonos a pasar hambre. Sin embargo, en la era moderna ha surgido una nueva paradoja: la coexistencia del hambre y la obesidad dentro de las mismas sociedades, e incluso dentro de los mismos hogares. Este fenómeno aparentemente contradictorio es el resultado de una compleja interacción de factores que incluyen la pobreza, la inseguridad alimentaria y la creciente disponibilidad de alimentos altamente procesados y ricos en calorías. Además, esta paradoja está estrechamente relacionada con el aumento de la diabetes, una enfermedad crónica que ahora está alcanzando proporciones epidémicas en todo el mundo. En este post hablaré del hambre y su relación con la diabetes y la obesidad.

Historia del hambre y la actual falta de educación
Históricamente, aunque el hambre se identifica principalmente como el resultado de la escasez de alimentos, es lo que nos ha caracterizado como base de la historia de la evolución de la humanidad. Sin embargo, en la era moderna, el hambre es más a menudo resultado de la pobreza y la desigualdad que de la falta de producción de alimentos. A pesar de que han aumentado significativamente el suministro mundial de alimentos, millones de personas en todo el mundo todavía sufren desnutrición debido a la incapacidad para acceder a «comida real» más allá de «productos» entre otras causas de desregulación o desbalances hormonales, circadianos, tóxicos, etc que impiden la nutrición adecuada. Además cabe decir que el «hambre» se ha malintepretado como algo negativo para la salud, en lugar de tener un equilibrio entre la regulación de hambre y saciedad.

El surgimiento de la obesidad y la actual falta de educación
La obesidad fue relativamente rara hasta la segunda mitad del siglo XX. La aparición de la epidemia de obesidad está estrechamente relacionada con cambios en nuestro sistema alimentario y estilo de vida. En particular, el aumento de la producción y el consumo de productos y bebidas altamente procesados y ricos en calorías, combinado con una disminución de la actividad física debido a estilos de vida cada vez más sedentarios, han contribuido al rápido aumento de las tasas de obesidad.

La inseguridad alimentaria puede provocar tanto desnutrición como obesidad. Por un lado, las personas que padecen inseguridad alimentaria pueden no tener suficiente educación para comer comida o nutrientes, lo que provoca desnutrición, desregulación o desequilibrios nutricionales y hormonales. Por otro lado, pueden depender de alimentos baratos y altamente procesados, ricos en calorías pero bajos en nutrientes, lo que les provoca aumento de peso y obesidad.

La paradoja relación entre el hambre o «ayuno intermitente» y la diabetes, resistencia a la insulina y obesidad
La obesidad es un factor de riesgo importante para la diabetes tipo 2, una enfermedad o condición caracterizada por niveles elevados de azúcar en sangre. El aumento de las tasas de obesidad ha ido acompañado de un aumento similar de las tasas de diabetes. Según la Federación Internacional de Diabetes, en 2019 había 463 millones de adultos que vivían con diabetes en todo el mundo, y se prevé que esta cifra aumente a 700 millones en 2045.
La obesidad puede provocar resistencia a la insulina, una afección en la que las células del cuerpo responden menos a la insulina, una hormona que regula los niveles de azúcar en sangre. Como resultado, el páncreas produce más insulina para compensar y, con el tiempo, esto puede conducir al desarrollo de diabetes tipo 2.
Las intervenciones de regulación del hambre o ayuno intermitente mejoran la obesidad, resistencia a la insulina, dislipidemia, hipertensión e inflamación. El ayuno intermitente parece dar beneficios para la salud a mayor medida de lo que se puede atribuir simplemente la reducción de ingesta calórica.
la regulación del hambre o ayuno intermitente puede proporcionar un beneficio metabólico significativo al mejorar el control glucémico, la resistencia a la insulina y la concentración de adipocinas con una reducción de IMC en adultos.
En estos 2 posts te hablé sobre «Hacer ayuno intermitente si tengo diabetes» y sobre «Romper o aguantar el ayuno»

Al mirar hacia el futuro, queda claro que la historia del hambre y/o ayuno, su percepción y su relación con el aumento de la diabetes y la obesidad es un recordatorio de la necesidad urgente de actuar. Al comprender y abordar las causas fundamentales de estos problemas interconectados, podemos trabajar en la EDUCACIÓN hacia un futuro en el que todos tengan acceso a alimentos, no productos, suficiente información para acceder a la regulación y nutrición y a la oportunidad de vivir una vida saludable.

Conclusiones: El papel de educación efectiva y la tecnología
Promover la educación y la sensibilización es una parte crucial de la solución. Los programas de educación sobre diabetes pueden ayudar a las personas a comprender los vínculos entre la dieta, la actividad física y los resultados de salud. Pueden proporcionar estrategias prácticas para controlar los niveles de glucosa en sangre, mantener un peso saludable y reducir el riesgo de complicaciones de la diabetes. De manera similar, la educación nutricional puede ayudar a las personas a elegir alimentos más saludables y comprender la importancia de la regulación de hambre/saciedad, ritmos circadianos, tóxicos, etc. para controlar el hambre y la obesidad

La tecnología también es prometedora para abordar estos problemas. Los avances en los dispositivos de control de glucosa han facilitado que las personas con diabetes controlen sus niveles de azúcar en sangre. Las plataformas digitales pueden ofrecer educación sobre diabetes y asesoramiento nutricional a un público más amplio, superando las barreras de la distancia y la accesibilidad. Sobre todo si todas estas herramientas se utilizan con experiencia clínica, con un objetivo en salud, con un proceso y acompañamiento de evaluación y con profesionales expertos coherentes en el tema.

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Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, Medicación Efectiva y Ayuno Intermitente.

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¿Dieta para diabéticos? Descubriendo el PLAN B

La diabetes es una condición de salud que afecta a millones de personas en todo el mundo. Se caracteriza por niveles elevados de glucosa en sangre debido a la incapacidad del cuerpo para producir o utilizar adecuadamente la insulina. En mis más de 20 años de experiencia clínica acompañando personas, puntualizo la importancia de explorar y valorar la causa de enfermedad, desequilibrio o alteración, en el caso de la diabetes, entender mejor el desequilibrio de los niveles de glucosa y/o insulina, para entonces actuar sobre ello y entonces remitir, revetir o prevenir la enfermedad. En mi post de ¿Qué es la prediabetes o resistencia a la insulina? expliqué que la Diabetes tipo 2 antecede un periodo de resistencia a la insulina; que se va desarrollando de manera progresiva a lo largo del tiempo. La resistencia a la insulina se produce cuando las células de los músculos, grasa e hígado no responden bien a la insulina y no pueden absorber la glucosa de la sangre fácilmente. Como resultado, el páncreas produce más insulina para ayudar a que la glucosa entre a las células. El hecho de que la insulina sea incapaz de hacer descender los niveles de glucosa en sangre es conocido como resistencia a la insulina. El organismo «supera» esta resistencia incrementando la secreción de insulina con el fin de hacer que los niveles de glucosa se mantengan dentro de la normalidad. El precio que se paga son unos niveles de insulina elevados. Pero este mecanismo de compensación tiene un límite.

Los niveles altos de insulina y/o glucosa, a diferencia de prácticamente cualquier otra enfermedad conocida, tiene el potencial maligno de deteriorar todo el cuerpo. Prácticamente no hay ningún sistema orgánico que no se vea afectado por este desequilibrio. La diabetes es la principal causa de ceguera en los Estados Unidos, y por ello un comienzo (aunque no el único) puede ser comenzar a APRENDER cómo lograr NORMOGLUCEMIA, aun cuando ya se tenga el diagnóstico de Diabetes tipo 1.

Uno de los pilares fundamentales, aunque no el único, en el aprendizaje hacia la normoglucemia, es la alimentación, y es aquí donde surge la pregunta: ¿Cuál es la mejor dieta para los diabéticos?

Tradicionalmente, se ha recomendado una dieta alta en carbohidratos y baja en grasas para las personas con diabetes (Plan A). En mi post La mentira de las recomendaciones basadas en carbohidratos te conté cómo estás recomendaciones altas en carbohidratos no han hecho más que aumentar la diabetes y obesidad. La Guía alimentaria para los estadounidenses de 1980 fue el origen de la infame pirámide nutricional, en toda su gloria contrafáctica. Sin ninguna prueba científica que lo avalase, los que habían sido los carbohidratos «engordadores» renacieron como granos enteros saludables. Los alimentos que constituían la base de la pirámide (los que debíamos comer todos los días) eran el pan, la pasta y las patatas. Estos eran, justamente, los que habíamos evitado previamente para permanecer delgados. También son los alimentos que dan lugar a un mayor incremento de los niveles de glucosa e insulina en sangre, como podemos ver en esta imagen:

Entendiendo el origen del desequilibrio, tiene toda la lógica, fuerza, fundamento y sobre todo efectividad el ¿Por qué lowcarb o keto para la diabetes? (Plan B)

Pero, ¿Qué implica una dieta baja en carbohidratos para los diabéticos? ó Plan B

Una dieta baja en carbohidratos implica reducir la ingesta de alimentos ricos en carbohidratos, como pan, arroz, pasta, cereales, y dulces, y aumentar el consumo de grasas saludables y proteínas magras. Este enfoque puede ayudar a controlar los niveles de glucosa en sangre al minimizar los picos de azúcar después de las comidas.

¿Por qué considerar una dieta baja en carbohidratos?

1. Control de la glucosa en sangre
Al reducir la ingesta de carbohidratos, se minimizan los aumentos repentinos en los niveles de azúcar en sangre después de las comidas, lo que puede ayudar a mantenerlos estables a lo largo del día.

2. Pérdida de peso
Muchas personas con diabetes tipo 2 también luchan con el sobrepeso u obesidad, lo que puede empeorar la resistencia a la insulina. Una dieta baja en carbohidratos ha demostrado ser efectiva para la pérdida de peso y la reducción de la grasa corporal, lo que puede mejorar la sensibilidad a la insulina y ayudar a controlar la diabetes.

3. Reducción de la necesidad de medicamentos
Algunas personas que siguen una dieta baja en carbohidratos pueden reducir la cantidad de medicamentos para la diabetes que necesitan, bajo la supervisión de su médico. Esto puede disminuir el riesgo de efectos secundarios asociados con ciertos medicamentos y mejorar la calidad de vida.

4. Mayor saciedad
Los alimentos ricos en proteínas y grasas saludables tienden a ser más saciantes que los carbohidratos refinados, lo que puede ayudar a reducir los antojos y el hambre entre comidas.

Conclusiones:
Es importante destacar que antes de iniciar cualquier cambio en la alimentación, especialmente para las personas con diabetes, es crucial consultar con un profesional de la salud coherente y actualizado, preferiblemente que haya traspasado y vivido con la conción, para determinar la estrategia más adecuada en función de las necesidades individuales y el estado de salud.

En conclusión, si estás buscando una alternativa a la tradicional dieta alta en carbohidratos para controlar tu diabetes, considera el Plan B: una alimentación baja en carbohidratos. Con la orientación adecuada y un enfoque cuidadoso, puedes ofrecer lograr cambios significativos para tu salud de forma integral y duradera.

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¿Por qué las legumbres y los cereales integrales NO te ayudan en tu salud?

Mucho se habla de los supuestos “grandes beneficios” de los cereales integrales o las legumbres para la nutrición y la salud, o como fuentes vegetales de proteína. Lamentablemente, eso que nos han contado no es tan cierto: comer cereales y legumbres, sean integrales o no, en realidad no es interesante desde un punto de vista de salud y de nutrición coherente – especial si se vive con diabetes o se desea evitarla, y si tenemos la meta de lograr normoglucemia. Pero además, ya empezamos a descubrir que los cereales y legumbres contienen antinutrientes que pueden actuar como disruptores endocrinos (o sea que actúan como hormonas en nuestro cuerpo, alterando su balance), siendo capaces de traernos más daños que beneficios. Y es difícil enumerar todos los antinutrientes que hasta ahora conocemos: fitatos, lectinas, gluten, ácido fítico, celulosa… todos ellos indigeribles y dañinos a la salud.

Aunque legumbres y cereales parezcan “alimentos ancestrales”, en realidad no lo son desde una perspectiva evolutiva. Se introdujeron en nuestra alimentación hace apenas 6 mil a 10 mil años, dependiendo de la región – y en realidad fue mucho más largo el tiempo que evolucionamos sin cereales ni legumbres en nuestra dieta. Si bien hubo momentos y lugares en donde fueron alimentos importantes, y hasta nutritivos si se trataba de la única opción para obtener proteínas, contienen antinutrientes que son perjudiciales para el consumo humano. Estos antinutrientes deben ser transformados para evitar problemas de salud.

Por ello siempre existieron técnicas y métodos tradicionales de preparación, para eliminar o transformar esas sustancias nocivas: técnicas como el remojo, fermentación, germinado, y una cocción correcta de las legumbres y cereales. Y es por esto que los cereales y legumbres, cuando se consumían y se preparaban como siempre se hizo en la antigüedad, resultaban menos dañinos que ahora. Gran parte del problema es que hoy en día ya prácticamente nadie utiliza esas técnicas que desactivan gran parte de los antinutrientes: ahora consumimos los cereales refinados, en copos, mal cocidos, preparados en una hora, y con procesados que dejan los antinutrientes prácticamente intactos. Esas prácticas tradicionales, de preparación de las legumbres o cereales, están en su mayoría perdidas. Por lo que esta es una de las grandes razones por las que hoy en día, consumir los cereales y legumbres modernos, no nos interesa desde el punto de vista de salud.

“¿Y qué hay de la fibra? ¿No son supuestamente los cereales integrales y las legumbres una buena fuente de fibra?” … La falsa fibra de los cereales integrales es una idea que nos vendió la industria. Comparando con cualquier verdura, nos daremos cuenta que las verduras contienen mucha más fibra y muchos menos antinutrientes. Además, la única que nos interesa para nuestra microbiota y salud intestinal es la fibra fermentable, en comparación con la fibra indigerible y falsa de los cereales.

Para entrar más a detalle al tema de antinutrientes, ¿qué son los antinutrientes y por qué son peligrosos?… son sustancias que nuestro cuerpo no puede digerir y que no aportan ningún valor nutricional. Hasta ahí, eso no sería un problema mayor… pero es que además, los antinutrientes tienen la capacidad de bloquear o dificultar la absorción de nutrientes que sí nos interesa consumir y absorber. Peor aún, muchos de estos antinutrientes son disruptores endocrinos y hormonales, de lo que también hablaré más adelante.

Estos son, por lo tanto, los primeros grandes inconvenientes de los cereales y legumbres: la proteína que contienen es incompleta y muy deficiente en comparación con la proteína de origen animal; contienen antinutrientes, mismos que tampoco nos molestamos en “desactivar” con los métodos tradicionales, su falsa fibra no es valiosa para nuestra microbiota… y además, la mayoría de la gente los consume en cantidades excesivas, lo que representa una cantidad de glucosa (carbohidrato) que nuestro cuerpo no necesita consumir. Y de esto último se deriva el otro enorme inconveniente de los cereales y legumbres: provocan una subida glucémica difícil de predecir. Por mucho que sean “cereales integrales”, supuestamente “mejores” que los refinados. Por lo que son alimentos aún menos interesantes para quienes vivimos con diabetes, prediabetes, o quienes desea evitarla.

¿Para qué los consumiríamos entonces?… en realidad no forman parte de una alimentación coherente con nuestros genes. Recordemos que los objetivos de cualquier alimento que consumamos, no debe ser solamente “darnos energía”, sino además:

Que contengan densidad nutricional.
Que nos mantengan en normoglucemia, especialmente si se vive con diabetes.
Que mantengan saludable nuestra microbiota intestinal.
Con este último punto, es importantísimo mencionar que el consumo de cereales y legumbres modernos, de las maneras modernas en que se consumen, están contribuyendo grandemente a problemas de permeabilidad intestinal – entre muchos otros trastornos digestivos – en muchísima gente, en los últimos años. Y esto es un problema mayúsculo si consideramos que el intestino juega un papel importantísimo en nuestra inmunidad, en la homeostasis en general de nuestro organismo, en sus conexiones con todo nuestro sistema neurológico en general… y la permeabilidad intestinal puede desencadenar un sinnúmero de trastornos autoinmunes, endocrinos, tiroideos, etc. Por lo que las legumbres y cereales, lejos de contribuir a la salud intestinal, con frecuencia la empeoran.

Además, entre más “integrales” y “enteros” sean estos productos (es decir, cuando se tiende a dejar intacta la semilla o el grano del que se trate), a veces puede resultar hasta peor que los refinados en términos de antinutrientes: pues esas capas exteriores de la semilla intacta puede contener no sólo antinutrientes dañinos, sino encima pesticidas, tóxicos, o cualquier sustancia sintética usada durante su cosecha, recolección y almacenamiento. Claro está que las versiones refinadas tampoco son para nada coherentes con la salud, pues tienen los demás inconvenientes, especialmente agravado el inconveniente de causar una subida glucémica (es decir, una subida de azúcar en la sangre) que resulta dañina para cualquier persona, pero en especial para quienes vivimos con diabetes.

Como mencioné, las legumbres y cereales modernos son disruptores endocrinos. Las pruebas científicas de esto ya empiezan a contarse por montones; aunque es importante recalcar que las sustancias tóxicas y los antinutrientes, en nuestra sociedad actual, por desgracia están presentes por todos lados: en enlatados, textiles, aditivos de las comidas procesadas para bebés (y son especialmente dañinos los comestibles para bebés a base de cereales), envases de plástico…

En un proyecto europeo para medir la exposición ambiental a contaminantes y toxinas, nos muestran que por desgracia nuestra vida moderna está llena de tóxicos en una inmensa cantidad de productos que compramos y consumimos: no sólo alimentos procesados sino empaques, tickets de la compra (por la tinta que se utiliza), textiles de todo tipo, empaques de plástico y de aluminio… Y no son excepción las legumbres y cereales (un ejemplo demostrado es el arsénico presente en el arroz, sobre todo comestibles para bebés y niños hechos a base de arroz, y peor aún si es “integral”); por lo que aun menos resultan coherentes con nuestra salud a corto y largo plazo.

Por ello, legumbres y cereales no solo no son interesantes como fuente de nutrición, sino que encima pueden dañar nuestra homeostasis hormonal, y el equilibrio endocrino y hormonal al que podemos aspirar, por lo que no son coherentes para la salud – mucho menos en sus versiones modernas y preparadas de las maneras modernas. El gluten, por ejemplo, es el más reconocido disruptor endocrino – una proteína indigerible, a la que todos somos intolerantes en mayor o menor medida, aunque ya todos sabemos que causa un daño especialmente agudo a las personas que tienen celiaquía. Y ya empieza a haber más investigación acerca de, no solamente el gluten, sino los demás antinutrientes que pueden existir en cereales y legumbres: fitatos, lectinas, celulosa, etc.

En conclusión, si deseo vivir en salud y bienestar, me interesa buscar alimentos nutricionalmente densos, que me den energía sin disparar la glucemia sanguínea, que mantengan mi salud intestinal y que respeten el balance (homeostasis) de mi sistema endocrino y de mis hormonas. Si tú deseas iniciar un camino de salud, de la mano de una profesional coherente que también comparte tus mismas condiciones, recuerda que eso será más seguro y efectivo.

Mi experiencia y mis programas:
Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

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Clasificación de etiquetado “NutriScore” en prediabetes o diabetes

Hace pocos años apareció la clasificación “Nutri Score” en España y algunos otros países europeos, puesta en los envases de diversos alimentos y productos comestibles. Consiste en un sistema de etiquetado frontal para dichos productos, utilizando una escala de colores y letras, que considera diversos factores y clasifica así a los alimentos empaquetados de acuerdo a su contenido nutricional. La etiqueta se ve así:

En donde un producto marcado más cerca de la “A”, en las zonas verdes, significaría que tiene un mejor contenido nutricional; mientras que los productos más cerca del color rojo tendrían, supuestamente, una peor calidad nutricional. El objetivo, supuestamente, es reducir el esfuerzo cognitivo y el tiempo que la persona tendrá que invertir en procesar la información más compleja o detallada que por ley debe venir en el empaque de un producto comestible. La idea es, entonces, ayudar al consumidor a hacer “elecciones más saludables”.

Han surgido numerosas críticas a este sistema de etiquetado, cuestionando diversas cosas al respecto de sus premisas, su utilización, el por qué ciertos productos lo llevan o no lo llevan, etc. Los defensores del etiquetado “Nutri Score” argumentan varios puntos, algunos de ellos válidos: primero que nada, advierten que el Nutri Score “no está pensado para decirle a la gente qué cosas comer o no comer; sino que es un sistema que toma en consideración varios factores, a fin de equiparar entre varios productos o marcas diferentes de una misma categoría”. Es decir, que el Nutri Score no representa una “guía de alimentos saludables”, sino que simplemente pretende ser un apoyo al momento de comparar entre las diferentes marcas o versiones disponibles de un mismo alimento.

1) Por lo tanto, esta es mi primera crítica o advertencia sobre el Nutri Score: debemos recordar que la comida real ni siquiera lleva etiquetas; lo más coherente sería hacer nuestra compra siempre con productos locales, frescos, compuestos por aquello que no necesita ningún empaquetado con etiquetas: carnes y pescados locales y frescos, grasas de animales disponibles en la región, lácteos de calidad, vegetales y frutos secos, etc.

Además, quienes defienden al Nutri Score también hacen hincapié – y están en lo correcto – en que debemos preferir los alimentos más frescos, locales y reales, del tipo que ni siquiera lleva un etiquetado: lo que conseguimos en mercados locales, granjas, pescaderías o carnicerías artesanales, etc. La etiqueta Nutri Score no se le pone a este tipo de alimentos, que cuando los compramos contienen un solo ingrediente (carne, pescado, órganos de algún animal, quesos, natas o yogures hechos en una granja, vegetales de hoja verde, etc.), y que son la comida más real que podemos encontrar – la más coherente con nuestra genética y nuestras necesidades reales de alimentación para la salud y el bienestar.

2) Mi segunda crítica, es el hecho de que la educación y el proceso de aprendizaje siguen siendo la única manera para realmente informarnos, de forma responsable y empoderada, acerca de qué alimentos son coherentes con nuestros genes y nos aportan verdadera salud y bienestar. Sin educación, un etiquetado no servirá de nada: las etiquetas no harán el trabajo por nosotros, de realmente aprender y progresar paso a paso hacia nuestros objetivos de salud. El riesgo que existe con el Nutri Score, por lo tanto, es que muchas personas quizá asumirán que “sólo tienen que seguir el etiquetado y ya está; las cosas marcadas en verde son saludables, y las que se acercan al rojo son dañinas”. ¡Nada más lejos de la realidad!… Sigue siendo nuestra responsabilidad informarnos y aprender qué cosas realmente son saludables y coherentes, y cuáles no lo son.

La realidad es que el Nutri Score – y sus propios defensores lo dicen – no está diseñado para decirnos qué productos comer y qué productos evitar, sino que pretende ser un parámetro comparativo (supuestamente) entre productos similares. El problema es que mucha gente puede quedarse con la idea de que el etiquetado indica una distinción clara entre alimentos saludables y no saludables; cuando ni tan siquiera es ése su objetivo.

3) Y el siguiente enorme problema que tenemos (y la razón más grande por la que este etiquetado es problemático); es que el Nutri Score se basa en varias premisas que son completamente falsas, repitiendo los mismos mitos nutricionales que han llevado al mundo a estar enfermo; con cada vez más obesidad, diabetes tipo 2 y complicaciones diabéticas, condiciones autoinmunes, etc. Es verdad que acierta en un par de cosas: penaliza el alto contenido de azúcares añadidos (entendiendo como “azúcares” sólo a la fructosa y sacarosa añadidas, aunque no ve a la glucosa como un problema cuando en realidad también lo es), y pone en la clasificación más alta (la letra “A” de color verde) a los vegetales de hoja verde. Todos estamos de acuerdo en que los vegetales de hoja verde son generalmente saludables, y los azúcares añadidos no lo son. Pero la otra premisa fundamental en que se basa el Nutri Score, y que tiene un peso enorme en la manera como son clasificados los alimentos, es que penaliza el contenido de grasas saturadas, sobre todo las de origen animal. Por tanto, se basa en la falsa premisa de que supuestamente “la grasa es mala”, sin siquiera hacer mayor distinción entre diferentes grasas. Se asume que los aceites de semillas son “mejores” que la grasa saturada de origen animal, cuando he hablado antes de lo tóxicos e inflamatorios que son dichos aceites ultraprocesados.

4) La otra cara de esta misma moneda, es que el Nutri Score da una puntuación alta – en el color verde – a los carbohidratos “complejos” (cosas como pan integral, cereales y granos enteros, etc.); dando a entender que son “saludables”, cuando sabemos que ni son complejos y de hecho tienen una respuesta glucémica severa e incontrolable, ¡resultando especialmente dañinos para quienes vivimos con diabetes y/o tod@s los que saben que normalizando sus niveles de glucemia se consigue la verdadera salud!… Ya que las directrices oficiales en nutrición, llenas de mitos que han enfermado al mundo, aún nos dicen que debemos “evitar las grasas” y que por lo tanto nuestra fuente principal de energía debería ser la glucosa, siempre y cuando venga de los “carbohidratos complejos” que se asumen como supuestamente “saludables”.

Por lo que, a fin de cuentas, si uno hace comparativas entre alimentos de origen y composición muy diverso, ateniéndose a lo que nos cuenta el Nutri Score, podría llegar a conclusiones completamente aberrantes e incoherentes con nuestra genética y salud. Por EJEMPLO, puede observarse que ciertos productos de pobrísimo valor nutricional (¡y disparadores de la glucosa en sangre!) tales como pizzas de congelador, cereales de avena azucarados, o bebidas endulzadas a base de café ultraprocesado, obtienen una clasificación “B” en color verde claro, la segunda mejor. ¿Por qué?… Porque consisten en “carbohidratos complejos” y/o “tienen poca grasa saturada”. Mientras que un paquete de salmón ahumado, una lata de sardinas, o un queso empaquetado alto en grasa, obtienen la clasificación “D” en color naranja, la segunda peor. Ateniéndonos entonces al etiquetado, podríamos entender que comer una pizza de congelador, acompañándola con bebida azucarada a base de frutas o de café procesado; sería supuestamente “más saludable” que un salmón ahumado con sardinas y queso graso. ES ALGO SENCILLAMENTE ABSURDO, BASADO EN PREMISAS FALSAS, Y TOTALMENTE INCOHERENTE con los alimentos que nuestros genes han consumido durante toda nuestra evolución y los que esperan recibir para funcionar adecuadamente.

Nuevamente, los propios defensores del “Nutri Score” alegan que su función no es decirnos qué comer, ni facilitar este tipo de comparativas como el ejemplo que acabo de mencionar; pero si el sistema entero está basado en una premisa falsa, a final de cuentas se le está dando a la gente información inadecuada, pobre, sesgada y que lejos de llevarle a la salud, le aleja aún más de ella.

Otra consideración es que el etiquetado “Nutri Score” en ningún momento considera al favorecimiento de la normoglucemia como un objetivo o parámetro importante. Esto era de esperarse, ya que el mundo de la nutrición en general no considera todavía a la normalidad glucémica como el pilar fundamental que es para la salud; en especial para quienes vivimos con diabetes o prediabetes. Al dar buenas consideraciones a los “carbohidratos complejos” – dando a entender que comerlos es supuestamente “saludable” –, no es por lo tanto un etiquetado que nos ayude para nada a quienes queremos aprender a llevar una normalidad glucémica. NO ES UN ETIQUETADO QUE NOS PROPORCIONE INFORMACIÓN DE NINGUN VALOR, A QUIENES DESEAMOS VIVIR CON DICHA NORMALIDAD.

En conclusión, mi experiencia es que la verdadera clave para la salud es la educación, cosa que un sistema de etiquetado no asumirá ni resolverá por nosotros – el etiquetado necesariamente será simplista, generalista, y no mirará las muchísimas dimensiones y factores que influyen en la salud. Invertir en hacer este tipo de clasificación, sin dar a las personas verdadera educación y aprendizaje, lo veo ineficaz y hasta confuso: capaz de hacer más daño que beneficio. Recuerda que para cumplir tus objetivos individuales en salud, es mucho más seguro y efectivo hacerlo acompañado(a) de un profesional coherente, que también vive la misma travesía.

Mi experiencia y mis programas:

Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a mirar más sobre mis programas de acompañamiento, aquí encontrarás mis mejores recursos y puedes apuntarte a mi próxima masterclass. Si tienes dudas, Contáctame AQUÍ por whatsapp para saber si yo te puedo ayudar: https://bit.ly/2HSj8iy

¿Por Qué No hago “Menús perfectos”?

Durante el proceso de acompañaros en vuestro aprendizaje sobre nutrición y normoglucemia, o gestión de la diabetes, o en consultas clínicas; mucha gente me pregunta o me pide que yo les diseñe un menú, o que les proporcione algún ejemplo de menú estandarizado que ellos puedan seguir, marcando qué comer cada día, cuánto y a qué horas determinadas. Explicaré por qué esto me parece perjudicial, y poco recomendable. Es más coherente que tú mismo(a) entiendas qué elegir, y te vuelvas experto en conectar con tu verdadera hambre/saciedad y tu salud integral.

Mi razonamiento al respecto tiene varios matices. El más importante es que si queremos arreglar nuestra salud, restaurar ejes hormonales averiados e prediabete o diabetes tipo 2, mejorar nuestra composición corporal o saber gestionar una condición crónica como la diabetes tipo 1, es fundamental que aprendamos a conectar con nuestra hambre real, y empecemos por quitarnos de la cabeza la idea de que es “obligatorio” comer a cierta hora fija, en horarios rígidos, “porque ya toca” y no porque realmente sintamos hambre. Lo coherente con nuestra genética, lo evolutivo y ancestral, es comer solamente cuando tengamos hambre – nunca durante nuestra evolución existió tanta abundancia de alimento como ahora, en especial tantos comestibles dañinos e incoherentes con nuestros genes. De ello se deriva que, durante nuestra evolución, jamás existió la idea de comer en horarios fijos.

En tiempos ancestrales, la escasez de alimento era la constante – y nuestros cuerpos evolucionaron bien adaptados a sobrellevar esa escasez. Se comía cuando se encontraba comida, lo cual ni siquiera era necesariamente a diario. La sobreabundancia de comida en estos tiempos nos está enfermando y matando; y nuestro metabolismo no evolucionó para gestionar un bombardeo constante de comestibles a todas horas, ni para gestionar disparos constantes de la glucosa en sangre.

A fuerza de adoptar costumbres antinaturales e incoherentes con nuestra genética, lo evolutivo y ancestral nos fue quitado: ahora perdimos esa conexión con nuestro cuerpo y con sus señales. Si queremos arreglar nuestra salud y tener bienestar, es imperativo recuperarla. El hambre sucede mediante toda una regulación hormonal compleja. Y para regular esas averías hormonales, el camino no es que alguien más te diga qué comer y a qué hora. Eso resulta perjudicial y nos aleja aún más de la propia regulación y la propia salud. En específico en la diabetes cuando hay una avería en la hormona insulina, lo primero es ir estabilizándola de forma endógena (en prediabetes o diabetes tipo 2) y de forma exógena (en diabetes tipo 1).

También me piden a veces que fabrique un menú estándar “para niños”, ¡y eso sería peor todavía!… Los niños, antes de ser moldeados por hábitos de alimentación artificiales e incoherentes, tienen más sabiduría en ese sentido: por su corta edad, se les ha distorsionado menos en esa regulación, misma que no conviene que pierdan. El hábito – quizá bienintencionado, pero contraproducente – de obligarles a comer a ciertas horas, u obligarles a terminar todo lo que hay en su plato, les enseña a ignorar las señales de su cuerpo desde pequeños. Irónicamente, ¡los adultos después debemos re-aprender esa intuición a la hora de comer, cuando queremos arreglar nuestro metabolismo dañado!… Si un niño no tiene hambre, no conviene obligarle a que coma, aunque tenga diabetes tipo 1, en tal caso deberamos estabilizar y aprender a gestionar la insulina exógena para conseguir verdadera normoglucemia y entonces que la “nutrición adecuada” se produzca de forma interna y no a partir de un “menú perfecto”.

Hay madres y padres que se alarman y se preocupan; y para muchos es casi irresistible presionar a los niños a comer más, obligarles, amenazarles o incluso castigarles “por no comer” o “por no terminar su plato”. Escribí hace poco sobre el método de Baby-led Weaning, y por qué conviene permitir que el niño, desde bebé y conforme a su edad, sea activo en su proceso de alimentación, y no solamente un ente pasivo al cual le obligan a comer. Conviene dejar que los propios niños se auto-regulen, ellos saben bien cuándo tienen hambre y cuándo no – desde luego dándoles a elegir solamente entre opciones coherentes y saludables, y no opciones que incluyan chatarra o “porquería”. No hay motivo de alarma si en algún momento no les apetece comer: ¡ningún niño se va a dejar morir de hambre en presencia de alimentos coherentes con su salud y su genética!…

Y lo mismo vale para los adultos y su proceso de aprendizaje acerca de qué alimentos son coherentes para su salud y bienestar. Todo esto es parte de ser un profesional respetuoso, que acompaña al paciente de igual a igual, en lugar de decirle “te tocará comer esto y lo otro, a tales horas”.

Otro motivo es el respeto a la individualidad de cada uno; no solamente en cuanto a salud, parámetros genéticos, tolerancias o intolerancias a ciertos alimentos, patrones diarios de hambre y saciedad, sino también naturalmente los gustos de cada uno, o los alimentos locales que tenga disponibles en su región. Naturalmente, habría que desconfiar de inmediato de un nutricionista que, durante la consulta, sin siquiera mirar parámetros o analíticas individuales, saque un menú estandarizado “del cajón” y pretenda darlo a cualquier paciente. Sin embargo, incluso si yo me pusiera a crear menús “personalizados” aun considerando la individualidad de cada uno, aun asíestaríamos ignorando la responsabilidad que cada persona tiene de aprender; y de ir creciendo en este aprendizaje de todos los aspectos que mencioné antes: qué me gusta, qué tolero mejor o peor, y si esto varía según el momento del día, a qué horas me suele dar hambre, si hice ejercicio y entonces siento más apetito o el deseo de comer más, si soy mujer y según mi ciclo hormonal van cambiando mis necesidades y apetencias… Sólo si yo me adueño de mi proceso de aprendizaje, puedo entonces adueñarme de mi salud y saber cómo debe ser mi menú individual, diseñado por mí y pensando en mis necesidades, tolerancias, deseos, disponibilidades de alimentos reales en mi región, etc.

Por ejemplo, es lógico pensar que un menú variará según si la persona tiene intolerancias a ciertas sustancias, como pueden ser la celiaquía, intolerancias a los lácteos u otros alimentos, etc.

Otra consideración muy importante debe ser el objetivo que me he marcado, al implementar cambios en mi alimentación. Ser consciente de, ¿por qué estoy haciendo esto? ¿Por qué sí como o por qué evito comer tal o cual alimento? ¿Para mejorar mi composición corporal, regular la glucemia, o reparar alguna avería hormonal?… En mi caso, la gestión de la glucemia y el objetivo de alcanzar la normoglucemia, son el pilar fundamental de mi alimentación, por lo que mi menú estará orientado en ese sentido: el de la regulación glucémica. Si deseas escuchar ejemplos de cómo aplico yo estas ideas y estos objetivos a mi propia auto-regulación, hablé hace poco de “¿qué como en un día?” y por qué.

¿Por qué fracasan las dietas convencionales?
Si reflexionamos en todas las “dietas estándar” que la gente suele seguir, y por qué fracasan en la abrumadora mayoría de los casos, entenderemos por qué es mala idea ya desde el inicio, el dejar que otra persona nos diseñe el menú. En la siguiente tabla enumero, del lado izquierdo, lo que comúnmente se dice o se cree sobre las dietas, así como las razones por las que suelen fracasar, y en el lado derecho planteo mi respuesta y mi alternativa para conseguir con éxito nuestros objetivos.

Creencias comunes sobre las dietas Mi alternativa o recomendación profesional
Un estudio de la Universidad de Melbourne descubrió que, tras someternos a una dieta “tradicional” (que suelen ser hipocalóricas, es decir, se concentran en reducir calorías), el cuerpo entra en un estado biológicamente alterado. El cuerpo actúa como si estuviera muriéndose de hambre, y adapta el metabolismo para retener sus reservas de grasa lo más posible, y para recuperar rápidamente los kilos perdidos. Esto es porque, como he mencionado antes, los procesos de ganar o perder peso no tienen nada qué ver con calorías, sino con hormonas. Este tipo de dieta hipocalórica suele fracasar porque altera los niveles de la hormona ghrelina, a menudo llamada “la hormona del hambre”. Por eso con una dieta tradicional se siente hambre a todas horas, y además se vuelve dificilísimo perder peso.
Debemos mirar primero tu estado hormonal, sobre todo en mujeres ya que nuestro funcionamiento hormonal es complejo y cíclico, si no se mira primero el estado hormonal corremos el riesgo de enfermar y alejarnos aún más de adelgazar.
Palabras como “dieta” y “régimen” se siguen asociando a sacrificio, sufrimiento, privación y nada de disfrutar comidas. Se tienen que resolver primero los mitos y paradigmas que nos han llevado a pensar de cierta manera. Dar la educación en salud que la persona necesita, y entonces el hacer buenas elecciones se vuelve más fácil, y no un “castigo”.
Cuando buscamos bajar de peso, nos viene a la mente una serie de palabras que dificultan el proceso: sacrificio, culpabilidad, ansiedad, adiós a las “comidas ricas”, etc. El acompañamiento de un profesional que empatiza con ello, y que prioriza la salud, es esencial para poder enfocarse con energía y seguridad hacia el bienestar. Adelgazar será una consecuencia, y no un objetivo en sí mismo.
Cuando otra persona me diseña un menú, doy la responsabilidad a otro, y no conecto con mi verdadera hambre y saciedad. El tener un proceso de aprendizaje responsable, ayudará a cumplir objetivos. Sobre todo en mujeres, por nuestra naturaleza de ciclicidad, es importante conectar con estos cambios, sensaciones, y responder con salud ante ellos. Si te educas es más fácil que lo puedas hacer de forma responsable y con autocuidado.
Antes de empezar una dieta, es importante preguntarse sobre las expectativas, y si estas son realistas. Los objetivos en salud integrativa deben adaptarse a cada persona.

Recuerda que en mis programas de acompañamiento, aunque no es buena idea que yo diseñe un menú para ti; sí que doy un listado específico de ingredientes que lo aprendes a identificar y utilizar para que tú mismo hagas las combinaciones y recetas que tú quieras, te doy sugerencias, te escucho, te recomiendo cambios más específicos para ti en tu contexto específico, y en un todo, te acompaño de acuerdo a tus circunstancias y objetivos en salud y glucemia, para facilitarte que logres tus objetivos de manera más segura y efectiva, de la mano de un profesional especializado en prediabetes, resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, diabetes tipo 1 y/o diabetes gestacional.

Mi experiencia y mis programas:

Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Verylow-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a mirar más sobre mis programas de acompañamiento, aquí encontrarás mis mejores recursos.

Si tienes dudas, Contáctame AQUÍ por whatsapp para saber si yo te puedo ayudar: https://bit.ly/2HSj8iy

Hiperglucemia y COVID-19

Como bien notamos todos, el tema del COVID-19 y sus consecuencias inmediatas en la salud de la gente está naturalmente en boga; es un tema que capta la atención del mundo entero, al tratarse de una pandemia global. Concierne también a todas las áreas del sector salud; ya que muchísimos factores de nuestra salud son determinantes en cómo reaccionará nuestro cuerpo si entramos en contacto con el virus. Yo misma publiqué 9 recursos valiosos en tiempos de confinamiento durante el confinamiento. Quienes se encuentran en óptima salud suelen sobrellevar este contacto bastante bien, muchos de ellos siendo asintomáticos por completo. Pero para muchos otros, el contacto con el virus puede acarrear consecuencias graves a la salud; ya sea porque el sistema inmune en general se encuentra debilitado por una falta de equilibrio metabólico, o porque ya desde la base vivimos con alguna condición autoinmune (como la diabetes) que además, si está inadecuadamente gestionada, pone a todo nuestro cuerpo en un estado más vulnerable.

Desde el inicio de la pandemia se ha invertido muchísimo en investigación acerca del virus, sus efectos, las maneras en que puede manifestarse (muy distintas en diferentes personas, y sobre todo considerando condiciones metabólicas diversas) y claramente el objetivo fundamental, que es asegurar la menor afectación posible a cualquier paciente. Y por ello, al día de hoy existen ya más de 47 mil artículos científicos sobre la asociación entre hiperglucemia y COVID-19, por lo que en esta comunidad donde nos dedicamos sobre todo al aprendizaje sobre diabetes y gestión de la diabetes, es obligado hablar de este tema.

Existe una fuerte relación entre hiperglucemia y COVID-19, y es muy importante entender que la relación va en ambos sentidos: la infección por COVID puede disparar condiciones de hiperglucemia; pero también la hiperglucemia preexistente puede agravar y complicar una infección por COVID-19, poniendo en peligro la salud y la vida. Se ha observado que la hiperglucemia aguda ocurre en el 50% de los pacientes hospitalizados por COVID-19, siendo que la prevalencia de diabetes preexistente en la población (o al menos, la prevalencia correctamente diagnosticada) es de 7-10% aproximadamente. Y nuevamente, la relación va en ambos sentidos (es decir, es bidireccional): en muchos casos puede ser que la infección esté causando o agravando la hiperglucemia, pero también que la hiperglucemia preexistente sea un agravante peligroso de cómo nuestro cuerpo logra reaccionar al contacto con el virus.

Podemos ver en éste esquema que la hiperglucemia podría agravar las consecuencias de la infección por COVID-19, y a su vez la infección por COVID-19 agrava la hiperglucemia

Por un lado, la entrada del virus de COVID-19 a nuestro sistema puede causar al organismo estrés, inflamación y oxidación, alterando los mecanismos hormonales y los ejes hormonales más importantes de nuestro cuerpo, por ejemplo el de la insulina. Esto podría entonces causar hiperglucemia en ciertas personas, ya sea que la tuvieran como condición preexistente o no. Son múltiples los factores a considerar (y no todos ellos están bajo nuestro control),que pueden causar que la infección por COVID altere en general la homeostasis metabólica de nuestro organismo y cause con ello un estado de hiperglucemia. Sabemos que en la hiperglucemia se presentan alteraciones en la respuesta inmunológica, daño endotelial y mayor estrés oxidativo, factores causantes del aumento en complicaciones tromboembólicas y daño multiorgánico.

Quienes además viven con diabetes, y la condición no está correctamente gestionada, pueden presentar complicaciones metabólicas severas (cetoacidosis diabética, estado hiperosmolar no cetósico ) y altos requerimientos de insulina para gestionar este estado. El COVID-19, en ciertas personas, podría entonces ser un detonante de diabetes – tener un efecto diabetogénico – por la alteración causada a los ejes hormonales que mencioné, así como las alteraciones que puede presentar en cómo nuestro organismo responde a la glucosa sanguínea. El SARS-COV-2 se une a receptores de la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2), los cuales se expresan en diferentes órganos como: pulmones, intestino delgado, riñones , células beta pancreáticas, hígado, tejido adiposo, siendo estos propensos al daño. Todo ello puede aumentar la resistencia a la insulina. Por ello, ahora muchos organismos sanitarios también proponen que al momento de ingresar cualquier paciente al hospital por infección con COVID-19, debe medirse la glucosa en sangre, así como la hemoglobina glicada HbA1c.

Pero es muy importante – sobre todo para quienes ya vivimos con diabetes y que por lo tanto debemos gestionar siempre esta condición – no ignorar la relación inversa; es decir, cómo el vivir en un estado de hiperglucemia constante, desde antes de tener cualquier contacto con el virus, gravaría en muchísimos casos la infección por COVID. Lo preocupante es que este estado de hiperglucemia (e hiperinsulinemia) constante, es algo extraordinariamente común en la población de hoy en día, si consideramos que la alimentación moderna, basada en carbohidratos y comestibles ultraprocesados, provoca que una buena parte de la población viva en hiperglucemia: con niveles de glucosa en sangre más altos de lo normal, comprometiendo su salud y bienestar ahora y en el futuro. Se viva o no con diabetes, los niveles de glucosa en sangre son un indicador crucial de nuestra salud; y del bienestar metabólico en inmune de nuestro cuerpo. Si no hay condiciones metabólicas adecuadas, el sistema inmune no trabajará de manera óptima, y los niveles de glucemia tienen una influencia enorme en dichas condiciones. Por lo tanto, se viva o no con diabetes, gestionar estos niveles de glucemia es posible, es algo que puede estar bajo nuestro control; si bien se requiere de un aprendizaje – y es más fácil de realizar con un acompañamiento profesional.

Cuando hay normoglucemia (y cuidando además otras condiciones, pues la glucemia es fundamental pero no es la única importante), el sistema inmune trabajará mejor; así se vuelve mucho más probable que sobrellevemos bien el contacto con cualquier virus, bacteria, o agentes patógenos – que a fin de cuentas existen por todos lados a nuestro alrededor. Aún si vivimos con un diagnóstico de diabetes, es posible no solamente tener salud y bienestar óptimos, evitando cualquier complicación diabética, si aprendemos a gestionar los niveles de glucosa en sangre, así como otros factores que también son cruciales para nuestra salud: está claro que la adecuada alimentación es fundamental, pero también lo es el dormir bien, gestionar el estrés, hacer ejercicio, exponernos adecuadamente al sol, suplementar adecuadamente nutrientes necesarios y cuidar los niveles de insulina exógena y cualquier otra medicación que sea necesaria.

Por lo tanto, es bien sabido y ahora más que nunca, que aprender a gestionar los niveles de glucemia es fundamental para la salud, ya sea que tengamos o no un diagnóstico de diabetes. Recuerda que gestionar nuestra salud en general, se viva o no con diabetes (o si deseamos evitar una condición de diabetes o pre-diabetes), es posible si nos comprometemos a seguir un aprendizaje; esto se vuelve mucho más seguro y efectivo si se realiza de la mano de un profesional que te acompaña de igual a igual, y que también vive con ello.

Mi experiencia y mis programas:

Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a mirar más sobre mis programas de acompañamiento, aquí encontrarás mis mejores recursos.

Si vives en Barcelona, ya puedes apuntarte a Normoglucemia Day Barcelona que se llevará a cabo el 6 de Noviembre de 2021.

Si tienes duda si este programa es para ti, contacta conmigo AQUÍ en mi whatsapp: https://bit.ly/2HSj8iy

La Vitamina D (Hormona D) en la diabetes

Muchos saben dos cosas básicas sobre la vitamina D: que es importante (aun si no terminan de comprender el por qué), y que tiene qué ver con la exposición al sol. ¿Pero entendemos realmente la enorme importancia de esta sustancia, su influencia en la regulación de todo nuestro organismo, y su vital rol en nuestra salud?… De hecho, ahora comenzamos a llamarla “hormona D”, pues más que ser solamente “una vitamina” (palabra que quizá para muchos sonaría importante pero no tan crucial como en realidad lo es); es una sustancia de la cual dependen prácticamente todos los ciclos hormonales y metabólicos de nuestro cuerpo. Es una relación ancestral que ha evolucionado desde que existimos en la Tierra: la que existe en nuestro cuerpo entre la adecuada exposición a la luz solar y la producción y regulación de nuestras hormonas.

Vitamina u hormona D, que tiene efectos e influencia en:
Crecimiento de huesos
Combate a infecciones
Mineralización ósea
Salud intestinal
Antiinflamatorio
Correcto balance hormonal
Salud de la microbiota cutánea e intestinal
¿Cómo obtenerla?
La hormona D es una sustancia que nuestro cuerpo es capaz de sintetizar (es decir, producir por sí mismo) principalmente a través de nuestra piel, pero para ello se requieren dos factores fundamentales: que nuestra alimentación sea adecuada, es decir coherente con nuestra genética con muy bajo contenido de carbohidratos y adecuado contenido de grasas saludables y coherentes con el organismo; y en segundo lugar, la exposición adecuada a la luz del sol. Pero este segundo factor es más complejo de lo que suena. No se trata solamente de “salir al sol unos minutos al día”; sino que comprende también todo el respeto a los ritmos circadianos, viviendo de la manera en que nuestros genes evolucionaron durante millones de años: vivir de día y dormir durante la noche; no comer durante la noche; exponer la piel a la luz del sol de manera consciente y adecuada (sin filtros ni cremas), mirar la luz natural del sol durante el día (pues a través del ojo se regula gran parte del ritmo circadiano), y minimizar la exposición a las luces artificiales de pantallas, bombillas modernas, así como frecuencias electromagnéticas no nativas.

Las luces artificiales – sobre todo verlas durante la noche – tienen un efecto nefasto y desregulador; que “confunde” a nuestro reloj biológico interno, y con el tiempo este descuido puede causar enfermedad y desregulación metabólica. Por lo que va mucho más allá de solamente “salir al sol”, sino que tiene qué ver con llevar todo un ritmo de vida coherente con nuestros ritmos circadianos – los “relojes” genéticos y biológicos que regulan nuestro organismo. Desbalancear dichos relojes y ritmos prácticamente nos asegura enfermedad, malestar, y desbalance hormonal y metabólico.

De hecho, la verdadera razón de que broten más enfermedades de todo tipo durante el invierno – sobre todo en las latitudes más alejadas del Ecuador – no se debe “al frío”, como mucha gente cree, sino que simplemente es la época del año en que la gente se expone menos a la luz del sol, y ello repercute fuertemente en la salud.

En el aspecto nutricional, podemos obtener también los precursores para la correcta síntesis de vitamina D consumiendo pescados grasos (arenque, boquerones, sardinas, caballa, salmón, atún), aceite de hígado de pescado, huevos y lácteos. Es importante notar que se trata sobre todo de alimentos con contenido importante de grasas: grasa saturada y colesterol; y esto no es casualidad, ya que por un lado todas nuestras células y nuestras hormonas están compuestas en mayor o menor medida por ácidos grasos (por lo que son sumamente importantes en el organismo), y además la vitamina D es una sustancia liposoluble, lo que quiere decir que se sintetiza y transporta mejor en nuestro cuerpo cuando hay adecuada presencia de grasas saludables y coherentes con nuestros genes.

Son cientos los efectos preventivos que la hormona D tiene sobre nuestra salud; cuando existe este adecuado balance alimenticio y circadiano (incluyendo la mencionada exposición al sol) para favorecer la correcta síntesis y absorción de la hormona D. Entre los muchísimos efectos que la hormona D tiene en nuestro cuerpo; favorece el crecimiento de los huesos y su adecuada mineralización, es antiinflamatoria, aumenta la absorción intestinal de calcio, fortalece el sistema inmune, previene infecciones, y tener los niveles adecuados de este nutriente disminuye grandemente el riesgo de enfermedad cardiovascular y diabetes tipo 2 – por su influencia en los procesos de resistencia a la insulina. Esto ha sido señalado en innumerables estudios que cada vez prueban más y más la enorme importancia que tiene la correcta síntesis y balance de vitamina D para nuestra salud y bienestar. Su déficit también puede ocasionar raquitismo en los niños y osteomalacia en adultos. Un estudio publicado en la revista American Journal of Clinical Nutrition, señaló que los hombres que consumen la cantidad recomendada de vitamina D son menos propensos a padecer una enfermedad cardiovascular.

¿Cuál es su relación con la diabetes?
Para quienes vivimos con diabetes, o para quienes tienen un riesgo de desarrollarla o desean evitarla; se vuelve aún más importante cuidar la correcta síntesis y balance de vitamina D. Otro estudio, realizado en Alemania y publicado en Diabetes Care, concluye que las personas con buenas reservas de vitamina D presentan un menor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 (DT2), que aquéllas con niveles inferiores. Este beneficio podría deberse al efecto antiinflamatorio de esta hormona, y los responsables del estudio aseguraron que «si estudios de seguimiento confirman sus hallazgos, una intervención dirigida a mejorar los niveles de vitamina D en la población general podría reducir el riesgo de desarrollar diabetes». Una deficiencia de vitamina D favorece la resistencia a la insulina, porque los receptores de insulina disminuyen y empiezan a ser hipofuncionales.

Además, existe creciente evidencia de que la deficiencia de vitamina D nos vuelve más propensos a desarrollar diabetes del tipo que sea – ya sea como trastorno autoinmune (tipo 1), porque la deficiencia de vitamina D favorece la aparición de condiciones autoinmunes; o del tipo 2 por la influencia que dicho déficit puede tener en los procesos de resistencia a la insulina. También influye en la progresión de complicaciones en ambos tipos; por ejemplo, se sabe que la influencia de la vitamina D en el desarrollo de la nefropatía diabética es relevante por su interacción con el sistema renina-angiotensina-aldosterona, el proceso inflamatorio y la albuminuria. Los activadores selectivos del receptor de vitamina D son moléculas capaces de producir efectos agonistas o antagonistas sobre diferentes tejidos. Se sabe que un déficit de vitamina D puede desencadenar y acelerar la aparición de complicaciones diabéticas, y acelerar también su progresión.

En casos de diabetes tipo 1, u otras condiciones autoinmunes en donde la microbiota intestinal puede estar más permeable por los daños acumulados de muchísimo tiempo con hiperglucemia crónica y otros daños crónicos; puede ser que no haya una absorción suficiente de vitamina D. Por ello, la suplementación puede ser un enorme apoyo; y para quienes vivimos con diabetes – del tipo que sea – es una recomendación básica, de hecho resulta casi obligatoria para poder restablecer adecuadamente ejes hormonales. En el estudio publicado en este último enlace, se abarcan de manera muy completa las diversas maneras en que el sistema hormonal D tiene efectos sobre prácticamente todos los órganos y ejes hormonales del cuerpo, ya que los receptores están presentes en prácticamente todas las células del organismo.

Sin embargo, en ningún caso la suplementación sustituye a la adecuada exposición a la luz solar y la correcta sincronía de los ritmos circadianos. Suplementar vitamina D es un apoyo valioso, pero no es una píldora mágica que simplemente “arregle” o “parche” otros hábitos inadecuados. En cambio, la suplementación debe usarse de forma adecuada como un apoyo que complemente los hábitos coherentes en alimentación, exposición a la luz solar y hábitos de vida acordes a la sincronía circadiana.

En ciertos casos, las dosis adecuadas de vitamina D pueden ayudar a revertir situaciones de autoinmunidad, ayudando enormemente a la salud de quienes vivimos con diabetes o quienes están en riesgo de desarrollarla.

Vitamina D y COVID-19.
El tema de la vitamina D también ha comenzado a estar más en boga desde los inicios de la pandemia de COVID-19: estudios descubren que hay una estrecha relación entre esta vitamina y la respuesta inmune de nuestro organismo ante la presencia de cualquier virus y, en este caso, el virus de COVID-19. Los pacientes hospitalizados que obtienen suficiente vitamina D tienen un riesgo 52% menor de morir por la infección, encontró un estudio de la Universidad de Boston. Las tasas de enfermedad grave fueron aproximadamente un 13% más bajas en pacientes con suficiente vitamina D y la intubación fue un 46% menos común. Y esto se debe a que juega un papel crucial en la capacidad del sistema inmunológico para combatir las infecciones y mantener bajo control la inflamación: el factor que mata a muchos pacientes con COVID-19.

¿Qué puedo hacer?
Te recomiendo hacer periódicamente un análisis para saber tu nivel de vitamina D, y acudir a un profesional que te acompañe y valore tu estado de esta hormona (ya que los rangos considerados “normales” de la mayoría de os laboratorios suelen estar desfasados) para así adecuar la suplementación para la mejora en tu nivel sanguíneo. Recordemos, sin embargo, que esta suplementación es un apoyo y que la salud no puede, en ningún caso, reducirse a tomar una pastilla: consiste en un todo, donde influyen muchos factores del estilo de vida; es un reloj biológico que requiere exposición a la luz solar, cosa que solamente puede ser apoyada – pero nunca sustituida – por un suplemento.

Si deseas mejorar tu salud, composición corporal, y aprender para gestionar la diabetes – o evitarla si no vives con esta condición –, recuerda que es más fácil, seguro y efectivo llevar a cabo este aprendizaje de la mano de un profesional que también vive con ello.

Mi experiencia y mis programas:

Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a mirar más sobre mis programas de acompañamiento, aquí encontrarás mis mejores recursos.

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¿Por Qué el Veganismo No Facilita la Normoglucemia?

Está volviéndose muy común – y del interés de mucha gente – empezar a llevar una alimentación vegana, es decir, basada exclusivamente en plantas y sin incluir ningún producto de origen animal. Si bien cada persona es libre de decidir qué comer, y es muy respetable que alguien quiera hacer un esfuerzo por comer de la forma que les parece más consciente y adecuada, así como es muy respetable y loable preocuparse por el bienestar animal y por el medio ambiente; este artículo puede resultar polémico. Pues explicaré por qué una alimentación vegana me parece incompatible con los requerimientos de nuestra genética humana para la salud, pero sobre todo, es incompatible con (o casi imposibilita) lograr la normoglucemia, que es un pilar fundamental de la salud y sobre todo para quienes vivimos con diabetes.

Este artículo no pretende atacar a ningún movimiento, ni vegano ni vegetariano ni ningún otro. Y nuevamente, cada quien tiene libertad de experimentar lo que mejor le funciona y decidir para su propia salud. La alimentación desde luego es un tema que puede despertar emociones y susceptibilidades. Elegir qué comer y por qué, para muchas personas supone toda una postura ética, moral o hasta política. Yo simplemente hablaré de mi experiencia clínica y personal, acompañando a personas que viven con diabetes o pre-diabetes (o que desean evitar la diabetes); hablaré de cuáles cosas son las que veo funcionar mejor, sobre todo teniendo en cuenta nuestro objetivo de lograr la normoglucemia, para una óptima salud y bienestar. Es fundamental informarse correctamente.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que una dieta (o una cosa comestible, cualquiera que sea) no se vuelve automáticamente “saludable” o “coherente” tan sólo por ser vegetariana, vegana, basada en plantas o lo que sea. (En mi experiencia, estas etiquetas con frecuenta son confusas y no explican lo suficiente). Desde mi experiencia clínica, puedo decir que llevar una alimentación vegana que realmente sea saludable y coherente con nuestros requerimientos, es sumamente complicado. No es un estilo de alimentación que yo recomiendo. De entrada hay que saber que, si uno elige ser vegano, deberán suplementarse varias sustancias que nuestro cuerpo necesita para funcionar correctamente, y que no existen en ninguna planta: sobre todo vitamina B12, proteínas, vitamina D3, y las versiones no vegetales del ácido graso omega-3 (DHA y EPA; pues la forma vegetal ALA no le sirve a nuestro organismo casi para nada). Esto nos indica, ya desde el inicio, que la alimentación vegana no es coherente con nuestra genética humana, y con lo que nuestros genes piden para estar en salud y bienestar. Un estilo de alimentación que a final de cuentas requiere cuidadosa suplementación, así como una detallada gestión de los balances nutricionales, ya nos da pistas de que quizá no es lo que evolucionamos mejor adaptados para comer.

Si bien a algunas personas puede sentarles bien una alimentación basada sólo en plantas (o al menos así lo parece, visto desde afuera), es muy probable que con el tiempo aparezcan deficiencias de micro- y macronutrientes; por no mencionar el otro problema fundamental de que la alimentación vegana suele ser alta en carbohidratos (por más que sean “complejos” o “de grano entero”) y que por lo tanto podría favorecer resistencia a la insulina e inflamación.

Es fácil confundirse, pues hay muchas personas que iniciaron una alimentación vegana y al principio pareciera que les está sentando muy bien: pierden peso, dicen sentirse genial, etc. Lo que con frecuencia sucede es que pierden peso porque también sacaron de sus vidas muchísimos comestibles chatarra: se deshicieron de azúcares, procesados altos en fructosa, etc. O quizá también dejaron de fumar, redujeron el consumo de alcohol y empezaron a hacer más ejercicio: cosas todas ellas que mejoran nuestra salud. Si uno antes comía mucha azúcar o fructosa y de pronto la deja, naturalmente va a perder peso, pero eso no se traduce automáticamente a que el veganismo sea responsable de este progreso, ¡sino que uno progresó gracias a que dejó atrás mucha “porquería”!…

Hay muchas personas veganas, sin embargo, que con el tiempo empiezan a sentirse mal, o encuentran que su alimentación ya no les está haciendo sentir tan bien como al inicio. Muchos pueden pasar años sintiéndose muy bien con un régimen vegano, y pareciera que su salud mejoró, pero es frecuente que al cabo de un tiempo aparezcan deficiencias nutricionales; empiezan a sentirse todo el día agotados, constantemente hambrientos, con trastornos intestinales, desregulación hormonal (sobre todo en mujeres), migrañas… Hay en línea testimonios de muchos “ex-veganos”, que dejaron de serlo porque con el tiempo ya notaban daños a su salud, en ocasiones muy graves. Aquí se enumeran algunos:

Posibles daños a la salud derivados de una alimentación vegana:
Resistencia a la insulina
Intestino permeable o irritable
Deficiencias nutricionales; poca absorción de nutrientes debido a la presencia de los antinutrientes en las plantas
Otros trastornos intestinales como la enfermedad de Crohn
Migrañas
Síndrome de Ovario Poliquístico y otras desregulaciones hormonales en la mujer
Agotamiento
Desánimo y poca energía
Sentir hambre constantemente, aunque se coma mucho o “lo suficiente”
Desarrollo de trastornos autoinmunes, sobre todo en niños
Puedes leer este artículo, en donde una exvegana canadiense cuenta su extenso testimonio de los problemas de salud que enfrentó siendo vegana, por más que intentó ser estricta y “hacer que funcionase”.

¿Por qué el veganismo te alejaría de la normoglucemia y la salud integral?
Ante todo, es importante saber que ningún grupo humano evolucionó comiendo una alimentación vegana. Ninguno. Ciertamente hay grupos y tradiciones culinarias – que hasta hoy perduran –, en donde encontramos fuerte presencia de vegetales y que éstos conforman gran parte de la alimentación, pero siempre se acompañó con alguna fuente de proteínas y grasas animales: ya fueran pescados, huevos, aves, o incluso insectos, en las regiones donde otros animales no eran comunes. Las plantas no fueron la base de nuestra comida ancestral, con la que evolucionamos antes de que apareciese la agricultura.

Y lo que es más, sabemos que los humanos ancestrales sobrevivieron a glaciaciones: el que hoy sigamos existiendo sólo se explica sabiendo que ellos consumieron animales, y que nuestros genes fueron forjados con esa información. Y una vez terminada la glaciación, aun así muchos humanos ancestrales vivieron en zonas y en momentos donde ni siquiera crecían plantas: sobre todo en el hemisferio norte, una buena parte del tiempo se sobrevivía forzosamente a base de animales, cazados durante crudos inviernos en que no era posible recolectar ningún vegetal o fruto. Por lo que, desde un punto de vista evolutivo, una alimentación vegana resulta anti-genética y anti-evolutiva.

No solamente eso, sino que además, hay muchas plantas que no estamos 100% adaptados a comer. Esto podría sorprender a algunos, que creen que un alimento es automáticamente “bueno”, o por lo menos inofensivo, tan sólo por ser de origen vegetal. Se asume que las plantas son “saludables” por default, tan sólo por ser plantas. ¡Nada más alejado de la realidad!… El Dr. Carlos Jaramillo pone este claro ejemplo: una alimentación basada en patatas fritas, gaseosa y azúcar es 100% vegana, y también nos enfermaría en tiempo récord. Las plantas y vegetales también pueden ser fuente de sustancias inflamatorias, así como antinutrientes: compuestos que inhiben la absorción de otros nutrientes o que anulan sus efectos; tales como ácido fítico, oxalatos, ciertos ácidos dañinos, entre otros. Además las plantas, especialmente los cereales, tubérculos y leguminosas, tienen en su mayoría carbohidratos, que no son indispensables para nuestra nutrición y que causan un efecto desfavorable y severo en los niveles de glucemia e insulina. ¡Muy malas noticias para quienes vivimos con diabetes!…

Hay que tener especial cuidado tratándose de bebés, niños, mujeres embarazadas, así como mujeres y hombres que estén intentando concebir. Mi experiencia clínica es que las madres o padres que llevan esta alimentación vegana, en ellos y en sus hijos, aumentan el riesgo de enfermedad, especialmente condiciones auto-inmunes y resistencia a la insulina: los dos grandes riesgos inherentes a llevar una alimentación así. Por lo que aún menos recomiendo este tipo de alimentación (incoherente con la genética humana) en niños y adolescentes.

La realidad es que muchas personas veganas llegan a mi práctica clínica enfermas y desreguladas metabólicamente, ya sea con resistencia a la insulina o trastornos autoinmunes (o ambos), esto es así; y en muchos casos se debe en parte a la nutrición deficiente y a la resistencia a la insulina que se desarrolló. Se ha sabido de bebés y niños que mueren porque se les tuvo en una alimentación vegana extremadamente deficiente en nutrientes (incluso siendo amamantados, pero por madres que estaban ellas mismas sumamente deficientes en nutrientes, al seguir una alimentación vegana). Los niños están en desarrollo y además, están dentro de una ventana de programación metabólica, en donde su organismo está sentando las bases y todo el “cableado” de su futura salud.

¿Cuál es entonces la postura responsable?… Lo más importante es comprometernos a aprender, educarnos e informarnos. Una dieta no se vuelve automáticamente saludable o coherente por no comer animales; el “secreto” no está ahí. Comer o no animales por postura ética es una elección respetable, pero es fundamental que nuestra alimentación sea consciente y desde una postura informada.

Para quienes vivimos con diabetes o deseamos evitarla, la enorme desventaja metabólica de una alimentación vegana es que es muy difícil de hacer compatible con la normoglucemia. Y esto es porque un protocolo vegano de alimentación, casi por definición será bajo en grasas reales (y bajo en colesterol, una sustancia que muchos creen dañina y sin embargo es fundamental e indispensable para la salud integral); y esto a su vez llevará a que casi por definición sea alto en carbohidratos (pues si no se consumen grasas animales, deberemos obtener la energía de algún otro sitio). Y la enorme desventaja viene entonces de que será una alimentación que constantemente dispare la glucosa en sangre, así como la insulina. Es un estilo de alimentación que, si no se pone fuertísimo cuidado en hacer un balance de ingredientes (que de otro modo sería innecesario), resultará pro-hiperglucemia y pro-hiperinsulinemia. Esto será muy difícil de hacer compatible con la normoglucemia, que es un pilar fundamental de la salud y el bienestar, más aún si se vive con diabetes.

Es muy difícil lograr un equilibrio, también por el tema de la proteína. Toda la proteína vegetal es proteína incompleta, mientras que toda la proteína animal es completa (cuenta con el perfil completo de aminoácidos que necesitamos). Los veganos frecuentemente tienen que excederse en el consumo de carbohidratos, en fuentes vegetales, para poder “llegar” a la cantidad de proteína que necesitan, ya que la proteína vegetal es deficiente por definición: es frecuente que abusen entonces de los cereales, o de las muy celebradas leguminosas como supuesta “gran fuente de proteína” (lenteja, frijol, garbanzo, soja, etc); dos alimentos que en realidad son poco óptimos como fuente de proteínas y de nutrientes – y que además presentan el enorme inconveniente de un alto contenido de carbohidratos y una alta carga glucémica. La alimentación vegana es no-normoglucémica, casi por definición. Volverla compatible con la normoglucemia es sumamente difícil, prácticamente imposible, además de que requerirá suplementos obligatoriamente y no como “complementos nutricionales para optimizar la salud” como los solemos utilizar en la alimentación habitual acestral actual.

Otro problema que encuentro entre muchos que siguen alimentación vegana, es que basan este estilo de alimentación, supuestamente “saludable”, ¡en ultraprocesados!… Por ejemplo los nuevos y modernos “sustitutos” de carne o pollo, que están repletos de aceites de semillas (inflamatorios y tóxicos), azúcares, y sustancias sintéticas para dar artificialmente “aspecto” y “sabor” a carne. Si vas a ser vegano, concéntrate en que por lo menos tu comida sea real, preparada por ti mismo(a), y nunca basada en estas aberraciones sintéticas que son un atentado a la salud de cualquiera. Si vas a ser vegano, que sea bien hecho, con suficientes proteínas y grasas reales.

Una gran pregunta presente en este tema es: ¿qué hay sobre el medio ambiente?… Me parece loable y respetable que a una persona le interese llevar una alimentación más consciente, sostenible, y respetuosa de la vida de todos los seres. Sin embargo, invito a cuestionar la idea de que el veganismo sea la solución – en especial si no se está considerando el “cómo”. Uno podría volverse vegano, creyendo que así cuida el medio ambiente y su salud, pero podría ser que no se está cuidando ni una cosa ni la otra. Expliqué antes que una alimentación vegana con frecuencia está basada en comestibles poco óptimos, como los cereales. Para cultivar cereales y granos, deben destruirse inmensas áreas de bosque o pastos, lo que también está acabando con la vida de insectos, pequeños mamíferos, abejas, etc; para transformar dichas áreas en campos de monocultivo que son verdaderos cementerios biológicos: nada crece ahí excepto los cereales elegidos, en suelos bañados de pesticidas y “fertilizados” artificialmente con sintéticos.

Mientras que la cría de vacas de pasto, por ejemplo, y su consumo responsable, respeta todo el ecosistema y no supone la destrucción sistemática de hábitats y especies. Existen incluso granjas ganaderas que, lejos de aumentar la huella de CO2, de hecho hacen lo que se conoce como “secuestro de CO2”, literalmente capturan dióxido de carbono del aire y lo regresan a la tierra: ¡un beneficio ecológico neto!… En este interesante artículo, Ximena de la Serna habla de por qué un consumo consciente de carne de pasto, y de otros animales criados de forma ética, puede ser mucho más sustentable y ético que seguir destruyendo inmensas áreas para sembrar los cereales que ni siquiera nos nutren bien. La vida se alimenta necesariamente de vida, y la tierra también necesita los desechos y cuerpos de los animales para fertilizarse de forma natural y coherente.

Podemos también hacer mención de que comiendo comida real, basada en proteínas y grasas de origen animal, se vuelve fácil comer con menos frecuencia, una práctica sumamente benéfica a la salud pero también favorable a la ecología: al comer menos veces al día y enfocarnos en la calidad, uno puede volverse mucho más económico con sus recursos, minimizando el desperdicio, la energía invertida en preparar alimentos, etc. Una comida alta en grasas reales es muy saciante, por lo que es muy fácil comer menos veces al día y menos en volumen, pero con comidas que son mucho más densas en nutrientes y que nos dejan saciados por muchas horas. Dejar de comer cereales supondría un gran ahorro ecológico, y el ayuno es una manera mucho más sencilla y gratuita de economizar recursos. https://diabetesbien.com/go/

Mi experiencia y mis programas:

Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

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¿Por Qué Lowcarb o Keto Para La Diabetes?

Existen muchas dudas acerca de por qué llevar una alimentación baja en carbohidratos o cetogénica cuando se vive con diabetes. Esto se debe a que ha existido tantísima desinformación; incluso entre médicos y profesionales sanitarios que todavía recomiendan una alimentación basada en carbohidratos, ¡aún en casos de diabetes, que es prácticamente una intolerancia a los carbohidratos!… Por lo que no es de extrañarse que exista tanta confusión, y que la gente en general – vivan o no con diabetes – esté tan “perdida” acerca de cuáles comidas son adecuadas y coherentes con nuestra genética humana.

Por esta misma razón, quienes defendemos una alimentación de cualquiera de estos dos tipos – lowcarb o keto – para tener salud y especialmente en el caso de diabetes, a veces encontramos cuestionamientos como por ejemplo, ¿puede hacer daño? ¿Es sostenible con el tiempo? ¿Ayuda a manejar mejor la condición de diabetes?… Explicaré por qué este tipo de alimentación es adecuada a nuestra genética, se viva o no con diabetes, pero además en el caso de quienes sí tenemos esta condición, por qué ayuda sobre todo a normalizar la glucemia (los niveles de glucosa en sangre), a revertir los daños de la glucotoxicidad, y también – si está bien formulada – a evitar la inflamación crónica que nos causa tantos daños de salud con el tiempo.

Para entender mejor esto y cambiar paradigmas, conviene hacerse más bien la pregunta opuesta: ¿por qué basar la alimentación en carbohidratos? ¿De dónde vino esa recomendación (que ahora en años recientes, muchos empezamos a reconocer como muy equivocada)? ¿Qué sucede en nuestro cuerpo, cuando basamos la alimentación en carbohidratos, y qué sucede cuando no lo hacemos?…

Cuando comenzamos a aprender y educarnos al respecto, descubrimos varias cosas. El principal problema de llevar una alimentación basada en carbohidratos es que todos los alimentos compuestos principalmente de carbohidrato (cereales, azúcares, harinas y derivados de cualquier cereal o grano, pan, pastas, patatas y almidones, etc.), están formados principalmente por glucosa. Aunque muchos de estos alimentos no tengan un sabor dulce, todos en el fondo son presentaciones distintas de glucosa, o sea, azúcar (o también fructosa, sacarosa y otros azúcares varios). Cuando bombardeamos nuestro cuerpo de glucosa constantemente, y por encima de un umbral bastante bajo (ya que nuestro cuerpo humano en realidad no necesita ingerir glucosa); lo que sucede es que todo el tiempo estamos elevando la glucosa sanguínea (glucemia).

Aunque una alimentación basada en cereales pueda dar la impresión de ser “ancestral”, o aunque parezca ser “lo que la gente siempre ha comido”, la realidad es que no evolucionamos así. La agricultura – y con ella los cereales modernos – sólo apareció hace unos diez mil años. Antes de eso, evolucionamos durante millones de años comiendo una dieta basada en proteína y grasa animal, huevos, nueces, vegetales, y sólo muy pocas frutas de temporada y de región. La glucosa y azúcares eran casi inexistentes en nuestra dieta. Nuestros cuerpos, además, evolucionaron bien adaptados a la escasez: no era común estar comiendo cada pocas horas, sino solamente cuando encontrábamos comida, lo cual no era necesariamente a diario. Nuestros cuerpos pueden perfectamente adaptarse (y en nuestro caso, re-adaptarse) a períodos de ayuno, en los que las células se regeneran y “descansan” del trabajo constante de procesar alimentos. La costumbre de comer cereales (glucosa), y además comerlos a todas horas, es una idea moderna y que va contra nuestro diseño genético.

Y dado que la glucosa en sangre es tóxica, y peligrosa cuando está por encima de un umbral muy bajo (¡cuatro gramos en total, es más o menos la cantidad de glucosa que nuestra sangre puede tolerar sin problemas!), nuestro cuerpo tiene que responder liberando cantidades de insulina, la hormona encargada de – entre muchas otras funciones – “sacar” la glucosa de la sangre y transportarla a las células. Para quienes vivimos con diabetes esto es un problema desde el primer paso, ya que nuestros cuerpos no fabrican insulina o ésta no es funcional. Pero la realidad es que estos disparos constantes de glucosa afectan a todo el mundo, y causan graves daños a la salud con el tiempo a todo el mundo. Para quienes vivimos con diabetes, la única diferencia es que los daños son inmediatos y notorios. Pero una alimentación basada en glucosa es incoherente con nuestro diseño genético, se viva o no con diabetes.

Esta alimentación alta en hidratos, favorecedora de la hiperglucemia y la hiperinsulinemia, causa con el tiempo muchas y fuertes complicaciones de salud. Todo nuestro metabolismo se desestabiliza, afectando además prácticamente todos los ejes hormonales de nuestro cuerpo. Así, los problemas pueden ser tan variados como la cardiopatía, nefropatía, síndrome de ovario poliquístico, problemas de circulación, problemas en la piel (desde acné hasta manchas oscuras y ásperas en zonas como codos y rodillas), daños a la microbiota intestinal, síndrome de intestino permeable, daños a la salud mental y cerebral, enfermedad de Alzheimer… Todas estas son complicaciones derivadas de la hiperglucemia e hiperinsulinemia con que vive gran parte de la población mundial, ya que por todo el planeta se ha impuesto la moda de la alimentación alta en carbohidratos y comestibles ultraprocesados.

Por lo tanto, el principal objetivo y beneficio de llevar una alimentación baja en carbohidratos o cetogénica (hay algunas diferencias entre ambas, pero se parecen en el aspecto de limitar el consumo de carbohidratos), es normalizar los niveles de glucosa en sangre, es decir, llevar dichos niveles a donde deben estar, que es en un nivel bajo y además estable (los picos de glucosa “infrecuentes” también son un problema, aún si son “infrecuentes”). Para quienes ya han llevado mucho tiempo con problemas derivados de la glucotoxicidad, el objetivo es revertir estos daños, disminuir la inflamación y glucotoxicidad que dan lugar a tantos problemas de salud.

De hecho, una equivocación común es creer que los daños de la glucemia elevada sólo les ocurren a las personas que viven con diabetes. Nada más lejos de la realidad. Aunque los daños de la glucotoxicidad sean más inmediatos y evidentes para quienes vivimos con diabetes; estos mismos daños existen para cualquier persona que constantemente dispare sus niveles de glucosa sanguínea, independientemente de que exista o no el diagnóstico de diabetes. Así pues, aunque la persona no esté “oficialmente” diagnosticada con diabetes, puede aparecer el síndrome de ovario poliquístico, los problemas en la piel, los problemas digestivos e incluso trastornos autoinmunes, etc… Todos ellos derivados de la glucotoxidad y la anormalidad glucémica, independiente de un diagnóstico de diabetes. El objetivo es volver a la normoglucemia verdadera, se tenga o no la condición de diabetes: en forma medible esto lo podemos comprobar teniendo una hemoglobina glicada igual o menor a 5,4%.

Sin embargo, también es importante recordar que aunque la alimentación es una parte fundamental del estilo de vida que nos ayuda a evitar la glucotoxicidad y la inflamación, tampoco es el único aspecto importante. No todo está dado por la alimentación; el estilo de vida también abarca otros aspectos muy importantes como el sueño, manejo del estrés, nuestro contexto social y relaciones interpersonales, ejercicio, correcta exposición al sol, medicación adecuada cuando la necesitamos, etc.

Y es que, además, una alimentación baja en carbohidratos o cetogénica trae beneficios concretos a grupos distintos de personas. Todos hoy en día, en este contexto obesogénico y pro-glucotoxicidad en el que vivimos, pertenecemos a alguna de estas categorías. Mencionaré en el caso de cada una de ellas, cuáles son los beneficios más concretos de llevar una alimentación así.

Personas con resistencia a la insulina o prediabetes.
Es la mayoría de la gente en las sociedades modernas, aún si no existe ningún diagnóstico de diabetes. Esto debido a que las recomendaciones nutricionales completamente equivocadas, nos han dicho que convirtamos a la glucosa en la base de nuestra alimentación, causando con ello muchos problemas – una resistencia a la insulina latente. Para este grupo de gente, llevar una alimentación lowcarb o keto, se traduce en mejor composición corporal, tratamiento del sobrepeso u obesidad en caso de tenerlos, además de realinear el metabolismo con lo coherente a nuestros genes, y ver mejorar la salud en todo aspecto.

Como mencioné antes, llevando una alimentación así – coherente con la genética humana – vemos mejorar aspectos tan variados de nuestra salud como la circulación sanguínea, salud y balance hormonal, ovario poliquístico, funcionamiento renal, estados de ánimo y salud emocional, etc. Y esto es simplemente porque la glucotoxicidad, al manifestarse en la sangre, tiene la capacidad de afectar todos y cada uno de nuestros sistemas, cada rincón de nuestro cuerpo. No se trata de que “la alimentación baja en carbohidratos lo cure todo”… es que es al revés: ¡la glucotoxicidad lo afecta y lo daña todo!, y al volver a una alimentación ancestral, coherente con nuestra genética, vemos mejorar muchísimos aspectos de nuestra salud.

Niños o adolescentes con diabetes tipo 1 (DT1).
Para niños con esta condición autoinmune, el cambio hacia una alimentación baja en carbohidratos supone un cambio radical, que permite su correcto crecimiento y desarrollo. Dado que la diabetes tipo 1 suele aparecer en la infancia o adolescencia – el tiempo crucial de crecimiento y desarrollo, que sienta todas las bases de la salud futura –, una alimentación alta en carbohidratos hace en estos niños un daño terrible, y muchas veces irreversible, a su crecimiento óseo, msucular y hormonal, su sistema nervioso y cerebral. Logrando en ellos la verdadera normoglucemia, se puede entonces lograr que el niño o niña crezca y se desarrolle saludablemente.

Adultos con diabetes tipo 1.
Si el adulto vivió toda su vida con una alimentación alta en carbohidratos (o incluso “moderada” en carbohidratos, ya que como mencioné, el umbral saludable de glucosa en nuestro cuerpo es bastante bajo); lo más probable es que con el uso de insulina la persona haya pasado muchos años “llevando más o menos” su condición de diabetes, luchando contra la impredecible montaña rusa glucémica y, dado que he hablado antes de lo difícil y casi imposible que es tener este control cuando se consumen muchos carbohidratos, lo más probable es que para este punto ya existan complicaciones diabéticas. Volviendo a una alimentación coherente, baja en carbohidratos, se puede detener el progreso de estas complicaciones, e incluso revertir muchas de ellas.

Personas con diabetes tipo 2 (DT2).
En todas las sociedades modernas que han adoptado la dieta alta en carbohidratos (con la pésima costumbre añadida de comerlos a todas horas), van en rápido aumento los niveles de diabetes tipo 2 entre la población. Y dado que estos daños son acumulativos, a más edad es mayor la prevalencia de DT2. Con una alimentación keto o lowcarb, se puede volver a la verdadera normoglucemia; con la cual la persona puede vivir en salud y bienestar como si no se tuviera diabetes.

Vale la pena recordar que he hablado antes, en este Blog, de muchos autores y expertos que recomiendan este estilo de alimentación, ya sea para el manejo de la diabetes tipo 1 o 2, o para preservar la salud y bienestar en general. Entre ellos merece una especial mención el Dr. Richard Bernstein, quien vive también con diabetes tipo 1 desde hace más de sesenta años, y que aún practica como médico, recomendando a sus pacientes una alimentación muy baja en carbohidratos para normalizar la glucemia.

El mensaje de estos autores y profesionales, son variaciones de una idea similar: la inmensa mayoría de las enfermedades modernas se deben a la inflamación crónica y al estrés oxidativo (y la glucotoxicidad está relacionada con ambas, también). Si cada día disparamos la glucemia cuatro o cinco veces comiendo azúcares y carbohidratos, como nos recomiendan los supuestos expertos, o ingiriendo otros productos inventados y “alimentos” sintéticos como los aceites vegetales, estos procesos de oxidación e inflamación terminan por desbordar a nuestros sistemas, provocando innumerables complicaciones de salud. Los problemas más graves de salud, y que más desbordan hoy en día a los sistemas sanitarios – entre ellos la enfermedad cardiaca y las complicaciones de la diabetes tipo 2 – se deben casi enteramente a esta inflamación, provocada en gran medida por una dieta alta en carbohidratos. El problema nunca fueron “las grasas saturadas” ni “el colesterol”, sino el consumo a todas horas de cereales, pan, pasteles y galletas, frutas modernas, granos…

En conclusión, para tomar en cuenta factores individuales y contextuales que sin duda son únicos a cada persona, un acompañamiento individualizado te puede ayudar a hacer estos cambios para mejorar tu salud de manera más segura y efectiva, de la mano de una profesional que también vive con ello en carne propia.

Mi experiencia y mis programas:

Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

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El Colesterol alto no es el problema en la diabetes: Mi aprendizaje y mis resultados

He hablado antes acerca de cómo la “grasofobia” en nuestra sociedad moderna, es uno de los mitos más persistentes y dañinos en cuanto a alimentación. Es decir, desde hace décadas se nos martilló en la cabeza el mensaje de que supuestamente “la grasa es mala, es dañina, hace engordar y taponea las arterias”. Y se hizo especial énfasis en demonizar el colesterol, un tipo de grasa importantísimo para nuestro cuerpo y su buena salud metabólica – tan importante que nuestro propio hígado lo fabrica también en cantidades importantes.

Sin embargo, las directrices oficiales en nutrición convirtieron a la grasa en el enemigo, y al colesterol en supuesto “responsable de las enfermedades cardiovasculares”, de las muertes por infartos y por enfermedad coronaria. Esto sucedió por una mezcla desafortunada de mala ciencia con intereses corporativos. Desde hace un siglo, comenzó a haber interés por descubrir las causas de los infartos y otras enfermedades cardiacas. Cuando una persona moría por infarto y los médicos analizaban sus arterias, descubrían que éstas se habían taponeado con grasa y colesterol. Entonces, siguiendo una línea de pensamiento que en esos días parecía “lógica”, creyeron que comer grasa y colesterol era lo que “taponeaba las arterias”.

Pero ahora, numerosos científicos están descubriendo que las cosas no suceden así: la grasa que comemos no se pega a las arterias porque sí. Es más complejo que eso. El principal problema es cuando existen procesos de inflamación y oxidación del colesterol – el colesterol oxidado es el que se convierte en un problema, sobre todo cuando existen en nuestro cuerpo procesos inflamatorios que, por simplificar la explicación, sucede sobre todo cuando existe hiperglucemia sostenida, o sea una elevada glucosa sanguínea durante meses y años. Es decir que el problema nunca fue el colesterol de la dieta ni la grasa saturada que comemos, sino que el verdadero problema es el consumo de carbohidratos y azúcares junto con la gestión inefectiva de medicación, ejercicio, estrés, etc.

Pero el daño estaba hecho, sobre todo porque al surgir el mito de que el colesterol “era el enemigo”, aparecieron las estatinas: fármacos que obligan al cuerpo a bloquear las vías metabólicas del colesterol y que fuerzan una “bajada” del colesterol en sangre. Han sido los fármacos más rentables de la historia, ¡y sin embargo está demostrado que apenas si ayudan en nada, salvo poquísimos casos puntuales!… Muchísima gente por todo el mundo ahora toma estatinas, arriesgándose a numerosos efectos secundarios y sin prevenir realmente ninguna causa de mortalidad.

Pagamos un precio muy caro por nuestra continuada “grasofobia” y por el miedo al colesterol de los alimentos. Desde hace cincuenta años nos vienen diciendo que evitemos las grasas, en especial las saturadas. Y dado que necesitamos obtener energía de alguna parte, la propuesta fue entonces que basáramos nuestra alimentación principalmente en carbohidratos: cereales sobre todo refinados y ultraprocesados, pero también granos enteros supuestamente “saludables”, y otros alimentos compuestos principalmente por glucosa. Y como dije, pagamos un precio caro: esta alimentación basada en carbohidratos, azúcares y comestibles procesados ha ocasiado los últimos 200 años, y sigue está provocando una explosión en los casos de diabetes tipo 2, obesidad, cardiopatía, nefropatía, daños cerebrales y cognitivos, etc.

Y sin embargo, mi práctica clínica y la de otros especialistas, así como mi propia experiencia con mi salud y bienestar (viviendo con diabetes tipo 1 desde hace veintiséis años) me refuerzan cada vez más este aprendizaje: la grasa (incluyendo la saturada y el colesterol) y las proteínas deberían ser nuestra principal fuente nutricional de energía, en lugar de la glucosa proveniente de carbohidratos. Más aún, el colesterol es una molécula fundamental para la vida: partes muy importantes de nuestras células están hechas de colesterol, así como una buena parte de nuestro cerebro. Sin un nivel adecuado de colesterol en nuestro cuerpo, todo el metabolismo se sale de balance, nos descompensamos hormonalmente, y a la larga las capacidades cognitivas pueden afectarse.

Los profesionales sanitarios han establecido – de manera casi arbitraria – un límite en los parámetros de colesterol en sangre (establecido en 200 mg/dL, y con el tiempo lo han ido bajando para vender más estatinas). Supuestamente, si nos excedemos de dicho límite tenemos el “colesterol alto” y entonces “estamos en riesgo cardiovascular”. Haríamos bien en cuestionar estos parámetros ya desde la base: siendo el colesterol tan importante para la vida y la salud, es saludable cuestionar a qué nivel llamarle “alto” o “bajo” y por qué. En otras palabras, aprender por nuestra cuenta y experimentar en nuestro propio cuerpo.

En una serie de artículos bastante completa, el divulgador científico Carlos Stro explica a detalle de dónde vino la mala ciencia que terminó por convencer al mundo de que el colesterol era el supuesto enemigo: de estudios epidemiológicos fraudulentos, mismos que hoy en día siguen apareciendo y que con frecuencia están abiertamente financiados por las grandes farmacéuticas que fabrican y venden estatinas. Explica y demuestra cómo es relativamente fácil manipular estadísticas y jugar con los números relativos, para crear estudios que parecieran demostrar los supuestos “enormes daños” de comer carne o grasas animales, y los supuestos “beneficios” de una dieta libre de colesterol. ¡Es descorazonador que en nombre de la ganancia económica, se siga produciendo tanta mala ciencia, que confunde fácilmente a la gente!

Y siguiendo estas mismas premisas equivocadas (las premisas grasofóbicas y colesterol-fóbicas), a quienes vivimos con diabetes tipo 1 frecuentemente se nos recetan también las estatinas, ¡hasta de manera “rutinaria” o “preventiva”, para disminuir el colesterol LDL!… Y esto es porque se asume que quienes vivimos con diabetes no podemos tener normoglucemia, ni tampoco una hemoglobina glicada HbA1c normal (<5,4%), y por lo tanto se asume un riesgo cardiovascular, ¡pero por las razones equivocadas!…. Es verdad que la persona con diabetes puede tener un elevado riesgo cardiovascular, pero esto sucederá debido a la hiperglucemia crónica y la inflamación a nivel celular, y no por la presencia de colesterol. Al hacer esto no se están individualizando los riesgos particulares de cada persona, y además, se opera desde la base de una premisa equivocada. De este modo, la “grasofobia” de nuestra cultura termina haciendo más daño aún, a quienes vivimos con diabetes. Nuestra salud y bienestar dependen en muchísimo mayor medida de la normoglucemia, y no de los “niveles de colesterol”. Así pues, hoy en día existe un tipo de estudio médico llamado “angiografía coronaria por TC” (ATC coronaria). En esta analítica se utiliza una inyección de material de contraste con yodo, y una exploración por tomografía computarizada para examinar las arterias que irrigan de sangre al corazón, para así determinar si se han angostado debido a la acumulación de placa. Para interpretar esta analítica, la Society of Cardiovascular Computed Tomography ( sugiere una escala del cero al cinco (0-5) para medir el nivel de oclusión arterial, en donde “0” es el mejor resultado posible y que indica unas arterias totalmente desbloqueadas, y el “5” muestra un bloqueo total de al menos una arteria. Puede verse esta escala en la siguiente tabla, publicada por dicha institución en este artículo: Fuente: Journal of Cardiovascular Computed Tomography. En resumen, este tipo de prueba es una manera muchísimo más fiable de medir nuestro riesgo cardiovascular – mucho más de lo que el colesterol en sangre jamás lo fue. (Claro está, junto con la hemoblogina glicada HbA1c y la ratio HDL/TG de manera más general). A casi dieciseis años de seguir una alimentación muy baja en carbohidratos, en donde las grasas y proteínas reales han sido mi principal fuente de energía, además de vivir con diabetes tipo 1 desde hace veintiséis años, estos son mis gráficos: Hemoglobina glicada HbA1c: … En donde el nivel saludable y normoglucémico es de 5.4% o menos. Recordemos que la HbA1c es una variable que, además de predecir la aparición de diabetes de forma similar a la glucemia en ayunas, aporta una mucho mejor predicción de eventos cardiovasculares y de mortalidad por cualquier causa. Aquí puede verse el gráfico de mi colesterol total y partículas LDL-C de 16 años con alimentación muy baja en carbohidratos, teniendo A1c normal: … Lo que según muchos sanitarios, vendría a ser un nivel de colesterol “elevado”. Aprendiendo y experimentando en mí misma, ahora sé que esto en realidad es normal y saludable. Ahora hay estudios científicos que empiezan a fundamentar cómo con altos niveles de partículas HDL-C y triglicéridos bajos, independientemente del LDL-C, un individuo no presenta riesgo cardiovascular. Por lo tanto, dan por hecho demasiadas cosas al decir que el LDL-C puede ser un marcador válido. Lo que verdaderamente importa es (además de la normoglucemia y la hemoglobina glicada HbA1c), es la relación entre HDL-C y triglicéridos, aunque uno tenga el LDL-C elevado. Éste otro era, en cambio, mi nivel total de colesterol cuando aún llevaba una alimentación alta en carbohidratos y no tenía normoglucemia: … Cosa que los sanitarios verían como “bueno”, ¡pero que yo ahora sé – y que yo ya sentía desde entonces – que no me tenía en salud ni en bienestar! Y éste es el resultado de mi reciente prueba angiografía coronaria por TC: ¿Cómo interpretar este resultado?… Además de la interpretación primordial de que mi salud y bienestar han aumentado considerablemente por esforzarme en conseguir normoglucemia y un nivel saludable de hemoglobina glicada HbA1c (4,4 a 5,3%), esto sucede “a pesar de” que mi colesterol total haya aumentado, y lo pongo entre comillas porque la mayoría de médicos aún piensan que tal cosa “no es saludable”. Con mis años de práctica clínica y sobre todo el aprendizaje en mí misma, en mi propio cuerpo, sé que mi salud y bienestar han aumentado considerablemente con estos niveles más altos de colesterol – siempre teniendo en cuenta la normoglucemia. Y ahora me lo demuestra la prueba de angiografía coronaria: tras diesciseis años de alimentación muy baja en carbohidratos, y que se pensaría como “elevada” en grasas y proteínas, mi nivel de bloqueo arterial es igual a cero, el más saludable posible. Mi aprendizaje y mi práctica clínica, acompañando además a personas que viven con diabetes, me dejan claro que el grado de arteriosclerosis no está asociado con los niveles de LDL-C; que la esperanza de vida promedio de las personas con niveles de colesterol altos es igual a la de otros – y además depende en mucho mayor medida de otros factores, como la normoglucemia y evitar factores de inflamación. Ésta es, por lo tanto, la gran prueba que confirma lo dicho: a mis 40 años de edad, casi 26 de vivir con diabetes tipo 1, y casi 16 años de alimentación muy baja en carbohidratos que me ha llevado a tener una A1c normal (entre 4,4 y 5,3%), he obtenido estos excelentes resultados, que me llevan a estar en salud y bienestar con todo y un nivel de colesterol elevado (según los parámetros oficiales, aunque bajo otra óptica podría considerarse individualmente normal). Es de enorme importancia “resetear” cualquier noción negativa sobre el colesterol y la partícula que lo transporta, la LDL. Tanto el colesterol como sus partículas transportadoras (HDL y LDL) forman parte del diseño humano, y cumplen numerosas funciones de vital importancia dentro de él. Si vives con – o sin – diabetes, una buena forma de disminuir tu riesgo cardiovascular e inflamación de bajo grado es normalizar tus niveles de glucosa en sangre y tu A1c. Yo acompaño a muchas personas a lograrlo, a través de mis programas de acompañamiento y seguimiento. Mi experiencia y mis programas: Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente. Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a: Mirar mis Programas de Acompañamiento de 5 ó 6 semanas AQUÍ: https://diabetesbien.com/go/ Si tienes duda si este programa es para ti, Pídeme una sesión gratuita AQUÍ y hablamos: https://bit.ly/2HSj8iy

¿Son necesarias las frutas si vives con diabetes o resistencia a la insulina?

La industria alimentaria, los organismos internacionales de salud, y muchos profesionales médicos – todos ellos guiados, en muchas ocasiones, por premisas equivocadas – se han encargado de meternos en la cabeza que las frutas supuestamente “son esenciales”. ¿Pero lo son realmente?

Ante todo, deberíamos separarlas en nuestra mente de las verduras. Pues por lo general nos venden la idea de las “frutas y verduras” en el mismo saco psicológico; tanto así que dicha frase se ha convertido en un cliché, por todo el mundo y en todos los idiomas: “come frutas y verduras”, “hay que comer muchas frutas y verduras”, ¡poniendo incluso a las frutas primero, como si fueran ya no igual de importantes que las verduras, sino más importantes aún!…

Pero, ¿qué es una fruta y qué es una verdura?… Para mucha gente el criterio pareciera ser solamente “el sabor dulce”; y distinguen en su mente a las frutas de las verduras tan sólo con que las primeras saben dulces y las segundas no. Y esto es sólo parcialmente cierto (debido al contenido de azúcar de la mayoría de las frutas, del que hablaré más adelante); pero además no debería ser – ni mucho menos – el único criterio relevante aquí. Si queremos lograr objetivos concretos en nuestra salud y bienestar, se empieza por aprender: qué es una fruta y qué es una verdura, e incluso dentro de todo este reino vegetal que tenemos catalogado como “verduras”, hay que saber distinguir entre raíces, hojas verdes, tubérculos, etc., saber distinguir entre “frutas” y “frutos secos”; así como saber separar todo esto de los cereales que, a pesar de venir de plantas también, son una cosa totalmente aparte y que no conviene consumir.

Por ahora, lo importante a saber de las frutas es que son la parte que contiene las semillas de diferentes plantas que florecen, crecen exclusivamente en la superficie de la tierra (no debajo), y muchas de ellas tienen un sabor dulce – aunque no todas, y también dependiendo de su maduración, especie, etc.

¿Es necesario consumir frutas?… En realidad, no lo es. Ningún nutriente esencial existe solamente en las frutas. Esto puede suponer un “shock” para mucha gente, pues durante décadas y desde que somos muy pequeños nos han martillado en la cabeza la supuesta “necesidad y grandes beneficios a la salud” de comer frutas, muchas frutas, a todas horas y sin límite. Pero la realidad es que todas las “propiedades maravillosas de las frutas” las tienen también las verduras (sobre todo de hoja verde), y en mayor cantidad. Todas. Además, la fruta presenta muchos inconvenientes que las verduras no tienen.

Más allá de preguntarnos si tal o cual tipo de comida es “necesario”; es más útil para nuestro aprendizaje el pensar en términos de nutrientes: aprender cuáles son los macro- y micronutrientes esenciales que nuestro cuerpo necesita. Por mencionarlo de una forma muy superficial, nuestro cuerpo necesita proteínas (completas, con todos sus distintos aminoácidos esenciales), ácidos grasos esenciales (omega 3 y 6), y varias vitaminas y minerales. Explicar cada uno de estos elementos a detalle nos da para varios libros (además de que cada uno tiene sus propias complejidades, ¡además de que interactúan unos con otros en su absorción y utilización!); pero por el momento hay que quedarse con la idea de que ninguno de estos nutrientes esenciales está presente exclusivamente en las frutas.

Nos han vendido la idea de que hay que “consumir tal fruta, porque contiene X vitamina, que es buena para…”; pero la realidad es que todos los nutrientes o vitaminas que puedan tener las frutas (y eso sólo en el mejor de los casos, ya que los contenidos de nutrientes dependen de muchos factores de cultivo y maduración), los tienen también las verduras en igual o mucho mayor cantidad, y sin presentar el inconveniente del azúcar y especialmente de la problemática fructosa. Aún en personas sin diabetes, no recomiendo el consumo de frutas; pero éstas son especialmente problemáticas para quienes vivimos con diabetes.

Como vengo mencionando, las frutas presentan el enorme inconveniente de un alto contenido de azúcar, especialmente las frutas modernas. Han sido cultivadas y modificadas durante siglos para ser así: cada vez más dulces y jugosas; con menos contenido relativo de fibra y más de fructosa, con semillas cada vez más pequeñas o inexistentes, y cáscaras suaves y comestibles. Para mucha gente es una sorpresa enterarse de que las frutas salvajes eran totalmente distintas a las que conocemos ahora. Las frutas con las que evolucionaron nuestros ancestros (y esto solamente en las pocas regiones y temporadas en que había siquiera frutas disponibles) eran en general mucho más pequeñas, ácidas o amargas, con semillas grandes y cáscaras duras. Las hemos modificado inmensamente, hasta convertirlas casi en “dulces vegetales”.

Lamentablemente, nos han vendido con tanta fuerza la idea de las frutas como “saludables”, que mucha gente cree que el azúcar de las frutas es “diferente” o “mejor”, o que “es bueno, porque está presente en las frutas”. Nada más lejos de la realidad. Los azúcares contenidos en las frutas son “tan azúcares” y tan dañinos como cualquier otro; pues se trata de las mismas sustancias (mezcla de glucosa y fructosa en diferentes proporciones). ¡Imaginemos lo equivocada y dañina que resulta entonces la recomendación de la Organización Mundial de la Salud, de comer “cinco frutas y/o verduras diarias”!… Una persona con diabetes que siga esta recomendación, prácticamente se garantiza anormalidad glucémica constante y con el tiempo, complicaciones a la salud.

Concretamente la fructosa, es un compuesto que merece una mención aparte. Nuestros ancestros de los tiempos prehistóricos, antes de la agricultura, no tuvieron nunca acceso a cantidades significativas de fructosa. Este tipo de azúcar en particular era tan raro y tan difícil de encontrar en la naturaleza (recordemos nuevamente, que las frutas antes eran estacionales, locales y también menos dulces); que nuestros cuerpos de hecho no evolucionaron con ningún receptor celular para la fructosa. Es decir: nuestras células no tienen siquiera los receptores para identificar a la fructosa (como sí los tienen para la glucosa), por lo que este tipo de azúcar sólo puede metabolizarse en el hígado, donde causa un montón de problemas a la salud si se consume por encima de una pequeña cantidad. Esta falta de receptores para la fructosa en nuestro cuerpo, es la prueba más clara de que nuestros ancestros no evolucionaron comiendo frutas en ninguna cantidad significativa: sólo las muy pocas que había durante breves temporadas al año, y sólo en ciertos lugares.

Dado que solamente puede ser metabolizada en el hígado, la fructosa encaja perfectamente en la descripción de toxina: ya que una toxina es cualquier sustancia que resulte dañina para nuestro cuerpo por encima de una cantidad mínima, y de la que solamente el hígado puede “deshacerse” o procesar. Por lo que comer frutas, especialmente para quienes vivimos con diabetes, significa una constante elevación de azúcar en sangre, cosa que ya es problemática incluso si se tratase solamente de glucosa – pero conteniendo además fructosa, que presenta su propia serie de daños concretos al hígado. Por ello resulta triplemente lamentable que ahora se le añada jarabe de maíz de alta fructosa a un sinnúmero de comestibles procesados, tema que ya he tocado antes.

Por todo ello, por ser innecesarias para la salud y por sus potenciales daños, no recomiendo comer frutas; pero también debo resaltar que es especialmente problemática la práctica de beber zumos o jugos. Cuando convertimos una fruta en zumo o jugo, nos deshacemos de la única parte rescatable o medianamente buena de las frutas (la fibra naturalmente presente) y en cambio nos bebemos el azúcar puro, ¡un veneno para nuestro organismo!…por supuesto que tampoco lo recomiendo para tratar hipoglucemias de forma efectiva.

Todas las frutas, en mayor o menor medida, pertenecen al tipo de alimentos de alto índice glucémico, cuyo consumo aumenta de forma severa la glucosa en sangre. Son azúcares que se absorben con gran rapidez, lo cual no es nada bueno para nadie e imposibilita la tan ansiada normalidad y estabilidad glucémica si se vive con diabetes. Además, todos los azúcares provocan en nuestro cuerpo una mala señalización hormonal, así como la glicación de proteínas (la glucosa se adhiere a las proteínas, inutilizándolas). De nuevo, la fructosa especialmente es un gran disruptor metabólico, que provoca en nuestro cuerpo todo un desequilibrio en los ejes hormonales y los procesos metabólicos.

Existen sólo unas pocas excepciones de frutas que contienen un bajo índice glucémico, y cuyo consumo puede ser más benigno; se trata de los cocos, aguacates y frutos secos (almendras, nueces, etc.) Estos tres son peculiares y son únicos en un aspecto: la mayor parte de su contenido calórico viene en forma de grasa; son “frutos grasos” en lugar de “azucarados”, esto los vuelve más recomendables y coherentes con nuestro organismo y su salud.

Ciertas frutas salvajes – casi exclusivamente moras de región y de temporada, que hayan sufrido poca o ninguna modificación humana – son también menos dañinas que las frutas modernas convencionales (las que encontramos en el supermercado); aunque ciertamente su consumo tampoco es necesario para la salud.

Nuevamente, y tal como mencioné en el artículo anterior, no nos sirve de nada discutir si una cosa es “natural” o “de origen vegetal”, etc. La fructosa es “natural”, y sin embargo es una toxina metabólica. Ha habido toda una serie de industrias, y de consejos médicos y sanitarios equivocados, que nos han llevado a equiparar todo lo vegetal con “saludable”; sin dar matices y sin explicar particularidades, sin que nosotros nos ocupemos de aprender cuáles son los tipos de alimentos que nuestro cuerpo realmente necesita y por qué. Más que hablar de “natural”, se trata de la coherencia con nuestra genética; y el consumo de frutas, pero especialmente las frutas modernas, no es coherente con nuestros genes y lo que ellos esperan para estar en salud y bienestar. Recuerda que si deseas seguir aprendiendo sobre esta coherencia en salud, el acompañamiento de un profesional que también viva dicha coherencia en carne propia, es lo más seguro y efectivo.

Mi experiencia y mis programas:

Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a:

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¿Debemos elegir lo “natural” o lo coherente con nuestra salud?

La palabra “natural” sin duda es muy utilizada en el mundo del marketing, e irónicamente existen muchísimas y diversas industrias que lucran grandemente con poner esa palabra en sus productos o servicios: un producto puede prometer que es “100% natural”, o que cierto método para lograr algo es “un método natural”. ¿Pero qué significa realmente esa palabra?…. Se ha sobre-utilizado hasta el punto de perder cualquier significado. “Natural”, en el mundo de la salud y de la nutrición, significaría supuestamente “que viene de la naturaleza”, o que se trata de alguna cosa que en cierto sentido “ha sufrido menos alteraciones por el ser humano”. También se le da cierta connotación de que alguna cosa es “normal”, llegando a significar entonces “normal y deseable”.

Pero vayamos aclarando y preguntándonos qué queremos decir realmente cuando buscamos que una cosa sea “natural”. Después de todo, en la naturaleza también existen sustancias tóxicas, venenos que son perfectamente mortales para el ser humano, plantas que contienen anti-nutrientes o toxinas y que no nos conviene consumir… Entre los animales también son “naturales” algunos comportamientos que nosotros como personas consideraríamos moralmente incorrectos; y también para unas cuantas mujeres resulta “natural” tener complicaciones durante el parto e incluso no sobrevivir a él; eso antes era muy “natural” en el sentido de que sucedía con cierta frecuencia, y pasa en plena naturaleza también.

Y en la otra cara de la moneda, existen productos y procesos que no son “naturales” puesto que fueron inventados por la gente, por ejemplo envasar o congelar vegetales, o canalizar los procesos naturales de fermentación para conseguir un comestible fermentado; pero que a pesar de no encajar con algunas definiciones de “natural”, son aun así productos saludables y benéficos cuando están hechos con calidad. Por todo esto, no me gusta usar la palabra “natural”; pues creo que es demasiado generalista y que incluso se presta a muchas interpretaciones diferentes, de lo que sea que signifique “natural” para cierta persona. Me gusta más hablar de saludable, pero sobre todo de coherente: hablar de un contexto coherente con mi salud, de coherencia con la genética humana y qué cosas espera recibir del medio ambiente para funcionar en bienestar, tales como alimentos reales y de calidad, sueño saludable, medio ambiente limpio, un ambiente emocional sano, etc. Nuestra salud, después de todo, depende de todo un contexto en el que crecemos y nos desarrollamos.

Creo que al hablar de contexto coherente con el bienestar, logramos entonces sí tener un aprendizaje enfocado en el progreso, en dar pasos que poco a poco me lleven a tener mejor salud y bienestar. Ya que la palabra “natural” es demasiado genérica, nos lleva a definiciones demasiado generales, y al generalizar negamos la individualidad. Cuando usamos generalidades, no permitimos los matices que son tan numerosos en la experiencia humana; nos separamos del individuo y de sus particularidades genéticas, personales, metabólicas, en una palabra individuales; nos alejamos de la travesía única y contextualizada que cada persona ha tenido en su salud. Es una manera de castrar a la persona, queriendo hacerla encajar en “generalidades” que evidentemente nunca sirven al individuo ni son igualmente aplicables, de manera idéntica, a todo el mundo.

Entonces, ¿es lo “natural” siempre lo mejor?… Ciertamente entonces, si tomamos una definición estricta de “natural” como “lo que viene directamente de la naturaleza, sin intervención humana” y asumimos que eso siempre es supuestamente “lo mejor”; nos damos cuenta de que resulta una frase hueca, que no nos dice nada, y que tampoco “natural” significa necesariamente lo más saludable o lo más coherente con el bienestar de esa persona. Además, ¿a qué nos referimos con “mejor”? ¿”Mejor” comparado con qué?… Así que tal vez lo más efectivo sea “contextualizar” como mencioné, existen en la naturaleza sustancias perfectamente tóxicas o dañinas; así como muchos inventos humanos que pueden traernos grandes beneficios.

Lo mismo podríamos decir por ejemplo de muchos medicamentos: ciertamente no es “natural” tomar un medicamento para una infección, o tampoco es “natural” que la persona con diabetes se inyecte insulina exógena; sin embargo, en estos dos casos el uso de sustancias externas o “inventadas” es lo más coherente con la salud de esa persona. Puede que la sustancia no encaje con alguna definición de “natural”, sin embargo, el uso de insulina exógena nos trae a muchas personas que vivimos con diabetes un contexto normal de bienestar, es coherente con lo que necesito para tener ese contexto saludable, sin importar realmente si le llamamos “natural” o no. Más allá de discutir si utilizar insulina exógena es “natural” o no – lo cual resulta estéril e improductivo – yo y muchas otras personas que vivimos con diabetes la utilizamos de forma coherente y efectiva (y que en la mayoría de los casos no sucede así) para tener un contexto normoglucémico, lo cual es 100% coherente con mi salud y bienestar, y es lo que mi cuerpo espera tener para evitar complicaciones. Lo natural es tener normoglucemia, y para ello muchos utilizamos eficientemente insulina exógena.

O por ejemplo, visto desde otro aspecto de la diabetes, también sería natural no consumir jamás azúcar/glucosa; sin embargo unas pequeñas dosis de glucosa pueden resultar muy útiles para el manejo de las hipoglucemias, por lo que es más coherente apegarnos a la Ley de las Pequeñas Cifras, que caer en el absolutismo de decir “jamás”.

Además, existe todo un marketing e industrias que hoy en día fácilmente confunden a la gente, pues casi cualquier producto puede ponerse una etiqueta que diga cosas como “natural”, “orgánico”, “basado en plantas”, sin que ninguna de esas cosas signifique necesariamente “saludable”. Un cereal puede ser 100% “natural” u “orgánico”, y aun así he explicado que los cereales son un alimento nutricionalmente deficiente y que no conviene consumir, por mucho que sean “orgánicos” o “enteros”, ¡ni mucho menos basar en ellos toda nuestra alimentación!… Lo que realmente debemos mirar, si deseamos bienestar y salud, es la información genética y metabólica que damos a nuestro cuerpo cada vez que elegimos que comer, y entonces dentro de nuestro contexto mirar que los alimentos que consumimos sean coherentes con nuestro bienestar, con nuestra genética y metabolismo humanos, además de considerar también las individualidades.

Por otro lado, ha habido ciertos movimientos, por ejemplo los afines al veganismo (por rechazar cualquier producto de origen animal) que igualmente usan palabras o conceptos que pueden causar confusión; dando a entender que un producto es necesariamente saludable por ser de origen enteramente vegetal. Sin embargo, la ciencia no respalda estas nociones. Si bien hay gente que toma la decisión de alimentarse así por razones muy diversas (que también pueden ser éticas o morales, pero no necesariamente alineadas con la salud); la ciencia no respalda la noción de que podamos tener una salud coherente alimentándonos sólo con productos de origen vegetal. Por ejemplo, he hablado antes de cómo las grasas saturadas de origen animal son muy saludables – siempre y cuando tengan condiciones de calidad –; mientras que por el contrario los aceites vegetales industrializados, por mucho que “vengan de plantas”, ¡son enormemente tóxicos y dañinos a nuestra salud!…

Además, como mencioné, muchos vegetales y semillas contienen antinutrientes como fitatos, oxalatos y otros elementos inflamatorios o disruptores de nuestro metabolismo, asimismo existen ahora los productos vegetales transgénicos o llenos de pesticidas, lo cual es otro tema aparte… Pero todo ello nos debe hacer cuestionar la noción de que “origen vegetal” sea sinónimo de “saludable”. El azúcar, los cereales modernos e incluso el tabaco tienen “origen vegetal”, ¡pero ya sabemos los daños que cada uno de ellos pueden causar a diversos aspectos de nuestra salud!

El proceso de aprender a contextualizar de forma más profunda, para lograr verdadero bienestar, implica reconocer los muchos matices que puede tener el ls circunstancias de cada individuo; reconozcamos entonces que hablar de “natural” no nos resulta nada productivo, ya que en la naturaleza pueden existir tanto cosas y contextos saludables como otros dañinos. Hay productos tanto vegetales como animales que pueden darnos un contexto coherente con nuestra salud genética, y otros que no. Recuerda que si deseas realizar este aprendizaje de forma segura, es más efectivo hacerlo de la mano de un profesional coherente que vive con la misma – o similar – condición.

Mi experiencia y mis programas:

Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

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La Verdad Sobre los Aceites Vegetales o de Semillas

¿Qué son los llamados “aceites vegetales”, por qué son tan comunes en la alimentación moderna o convencional, y por qué no te conviene consumirlos?… Hay que empezar por definir a qué me refiero con “aceites vegetales”, pues ya desde el nombre existen confusiones. Uno pensaría que se trata de “aceites que vienen de un vegetal”, pero hay que saber distinguir aquí entre productos saludables que son un alimento ancestral, y otros productos tóxicos y ultraprocesados que causan grandes daños a la salud.

Los aceites que vienen de frutos como las aceitunas (aceite de oliva), los cocos, o los aguacates, y que pueden obtenerse fácilmente incluso con un prensado casero, son generalmente grasas saludables que la humanidad ha consumido durante milenios. En este artículo me referiré a los daños causados por los aceites que vienen de semillas y granos, que no pueden obtenerse de ninguna prensa casera, y que por lo tanto requieren un procesamiento industrial para fabricase: me refiero a los aceites de maíz, soja, cártamo, girasol, algodón, colza, etc. Cuando alguien habla de “aceites vegetales” se refiere por lo general a éstos últimos, así que a ellos me referiré aquí al hablar de “aceites vegetales”. Podríamos entonces distinguirlos como “aceites que vienen del ultra-procesado de semillas, cereales o granos”. Son aceites baratos, obtenidos de un sobreprocesado industrial de semillas específicas o granos de cereal.

¿Por qué surgen en el mercado, o de dónde vino la idea de consumirlos?… Estos aceites surgen por un motivo principal: la demonización de las grasas saturadas, a mediados del siglo pasado y con más fuerza desde los años 80’s. Una mezcla de mala ciencia e intereses comerciales, llevó a médicos norteamericanos a creer que la grasa saturada y el colesterol eran malos para la salud (como las grasas presentes en la mantequilla, carne de animales, lácteos grasosos, o frutos grasos como el coco). Entonces se pensó que sería “mejor” consumir grasas o aceites que tuvieran un mayor porcentaje de grasas monoinsaturadas o poliinsaturadas, las cuales supuestamente eran “mejores” principalmente porque “contenían menos colesterol”. Tampoco ayudaba el hecho de la palabra “saturada” confundía a mucha gente (por desinformación), pues “saturado” sonaba como algo nocivo.

Todas las grasas que existen, están compuestas por una mezcla de grasas saturadas, monoinsaturadas y poliinsaturadas. Sin embargo, son muy importantes las proporciones de cada una. Cuando decimos que una grasa es “saturada” se refiere simplemente a su estructura molecular; es una cadena de moléculas que contiene naturalmente muchos hidrógenos, y está “saturada” porque ya los enlaces están completos y no caben más hidrógenos. Ejemplos de ésta son la grasa presente en la carne de animales o en productos como la mantequilla; estos productos están compuestos en mayor proporción por grasas saturadas. Las grasas monoinsaturadas son aquéllas a las que solamente “les falta” un átomo de hidrógeno; y también están presentes en alimentos naturales y saludables como el aceite de oliva, que es alto en grasas monoinsaturadas. El problema viene con los aceites de producción industrial, que son muy altos en grasas poliinsaturadas; en la comida real estas grasas sólo están naturalmente presentes en proporciones bajísimas, en cambio los “aceites vegetales”, inventados por el hombre, son altísimos en estas grasas poliinsaturadas. Al demonizar a las grasas saturadas en la segunda mitad del siglo pasado, se empezó a creer que sería “buena idea” consumir estas grasas ultraprocesadas que son principalmente poliinsaturadas.

También hubo un momento en que, además de que se fabricaran grasas poliinsaturadas, encima se les hidrogenaba también – a estas grasas hidrogenadas se les conoció como “grasas trans”. Sus daños a la salud pronto fueron tan evidentes, que ahora todos reconocemos que las grasas trans son un desastre para la salud; pero los “aceites vegetales” aun cuando no son hidrogenados, son también un desastre metabólico y de salud. La evidencia científica que apoye su consumo para supuestamente “mejorar la salud del corazón” es sumamente pobre, y como en muchos otros temas, completamente sesgada por intereses comerciales y económicos.

Mientras que una grasa saturada es muy estable molecularmente (y también muy estable para cocinar), estos “aceites vegetales” son molecularmente inestables y también indigeribles, son altamente inflamatorios y tienen también una proporción demasiado alta de omega-6; por todos estos motivos causan grandes daños a la salud que mencionaré uno por uno. Otra característica que presentan estos aceites ultraprocesados es que son líquidos a temperatura ambiente o incluso cuando están guardados en frío; pero esto, lejos de ser saludable, es mucho peor para la salud – de hecho, es una de las señales de que se trata de un aceite alterado y ultraprocesado. Lo menciono porque esta característica de ser líquidos a temperatura ambiente es otro factor que confunde a mucha gente; algunos pudieran llegar a creer que una grasa que es sólida en frío (como la mantequilla) es “más nociva”, o creer que por ser sólida quiere decir que “hace eso mismo en las arterias (endurecerse y bloquearlas)”. Pero la propiedad de ser sólida o líquida no tiene nada qué ver con las arterias; sino que los daños de los aceites vegetales y de las grasas procesadas vienen de las reacciones que ocasionan en nuestro cuerpo, del desbalance entre omega-3 y omega-6, y del hecho de que estos aceites son un producto inflamatorio y tóxico, fabricado mediante un proceso lleno de químicos venenosos.

Una pauta que podemos utilizar para distinguir, a grandes rasgos y de manera general, entre una grasa o aceite saludable y uno dañino, es guiarnos por este principio: si se trata de un aceite o grasa que fácilmente se podría obtener o fabricar en una granja o con una prensa casera, entonces es saludable. Entonces; pensemos que en una granja podríamos fácilmente fabricar mantequilla casera, o producir aceite de oliva o de coco con una prensa sencilla, o que dentro de todas las partes del cuerpo de un animal la grasa se encuentra en todas sus vísceras y/o casquería y está ahí directamente disponible. Ninguno de estos procesos requiere una gran fábrica llena de procesos complicados o de químicos tóxicos. En cambio cuando se trata de cereales o de semillas, ¿alguien alguna vez logró exprimir un puñado de granos de maíz, o de semillas de girasol, y obtener aceite?… Eso nos debería indicar que para poder extraer aceite del maíz, o del girasol, o de la soya o la planta de algodón, es necesario un proceso industrial complicado, lleno de químicos tóxicos para extraer, separar, blanquear, desodorizar…

Si miramos cómo son a detalle esos procesos industriales, ¡es francamente asqueroso! (puede verse un vídeo en ese enlace)… Pues a esos aceites les agregan sustancias desodorizantes (ya que su verdadero olor es muy desagradable) y sustancias blanqueadoras o aclarantes (pues su verdadero color sería grisáceo). La fabricación de dichos aceites incluye también disolventes derivados del petróleo. ¡Se utilizaban en un inicio como lubricante industrial, y después pretendieron vendérnoslos como “comida saludable y buena para el corazón”!… Esto constituye un verdadero fraude alimentario, utilizando el nombre seductor y aparentemente benéfico de “aceites vegetales”… Cuando en realidad no vienen ni tan siquiera de vegetales, sino de semillas o cereales, y deberían llamarse “aceites ultraprocesados, poliinsaturados e industriales”.

¿Cuáles son sus daños concretamente?… Todos los daños de los “aceites vegetales” se relacionan con el hecho de ser un alimento inventado, comida no real y ultraprocesada. Como siempre, cuando el hombre mete mano en inventar comida, los resultados suelen ser desastrosos y jamás pueden compararse con lo que la naturaleza lleva años perfeccionando: con las grasas y aceites sucede lo mismo. Estos aceites causan una tremenda inflamación a nivel celular, con lo que se ocasiona un gran desajuste metabólico. Esto es porque las membranas de nuestras células están compuestas de lípidos (o sea grasas), y para su correcta creación y funcionamiento esperan recibir comida real, de ingredientes de calidad, lo cual incluye grasas reales y ancestrales, grasas también de calidad como las que consumíamos durante nuestra evolución: eso incluye grasas de todas las partes de los cuerpos de animales y ocasionalmente grasas de frutos como el coco, aguacate o aceitunas, en los tiempos y regiones en que dichos frutos estaban disponibles.

Los aceites vegetales también favorecen la aparición o crecimiento de tumores cancerosos, esto se relaciona con que dichos aceites ocasionan un alto estrés oxidativo. En ese sentido, son lo contrario a un antioxidante, muchos vienen ya oxidados de origen, ya que contienen una alta proporción de radicales libres de oxígeno, con lo que causan un completo desbalance en nuestros sistemas y en la homeostasis (equilibrio) metabólica y corporal. Lejos de ser “saludables para el corazón” (como lo pone por todos lados el marketing de estos aceites), son todo lo contrario: oxidantes e inflamatorios.

Otro de los motivos por los que estos aceites causan enorme daño es que alteran por completo el balance entre los ácidos grasos omega-3 y omega-6 que nuestro cuerpo necesita. Ambos “omegas” son necesarios en nuestro cuerpo, sin embargo, la proporción que consumimos debería ser lo más cercana al 1:1. Mientras que el omega-3 es difícil de conseguir en los alimentos en general – las principales fuentes del tipo de omega 3 que nuestro cuerpo puede utilizar, son fuentes marinas como pescado y algas –; con el omega-6 en cambio es facilísimo excederse. Y los aceites vegetales tienen un contenido excesivamente alto de omega-6; de modo que si los incluimos en nuestra alimentación se vuelve imposible mantener esa proporción de 1:1, con lo que el desbalance metabólico es total. Si a esto se le agrega una alimentación alta en azúcares, tenemos la receta para una catástrofe metabólica.

El marketing de estos nocivos productos también nos dice que supuestamente muchas marcas tienen “vitaminas añadidas” o “antioxidantes añadidos”, lo cual lejos de ser beneficioso, es también una mala señal: esas sustancias añadidas no solamente no hacen nada por nuestra salud, sino que son un indicador de lo dañinos que son estos aceites en realidad. Las vitaminas añadidas a estos “aceites vegetales” no son realmente biodisponibles, ni vienen de una fuente adecuada, por lo que nuestro cuerpo no puede utilizarlas para nada. Y que tengan “antioxidantes” sólo es una forma – 100% orientada al marketing – de poner un “parche” al hecho de que el producto en sí mismo es un oxidante dañino. ¡Una grasa verdaderamente saludable no trae ni necesita ningún “extra” añadido por el hombre!…

También dificultan el perder grasa corporal excesiva, ya que interfieren con los sistemas de creación, procesamiento y transporte de lípidos en nuestro organismo. Estos “aceites vegetales” son omnipresentes en los comestibles procesados de todo tipo, por lo que debemos ser cuidadosos y leer siempre las etiquetas de los productos que adquirimos: hoy en día el 99% de los procesados que encontramos en los supermercados contienen aceites vegetales. Igualmente ser cuidadosos y selectivos al comer en establecimientos fuera de casa, pues también en la mayoría de restaurantes y negocios de comida encontraremos aceites vegetales por doquier (ya que son baratos y por lo tanto reducen costos de producción).

En conclusión: Los “aceites vegetales” son un producto chatarra inventado por el hombre, mucho más inestables molecularmente, lo cual no es nada bueno en términos de nuestra alimentación. Recuerda que si estás buscando mejorar tu alimentación y tu salud con objetivos concretos, ya sean de bienestar, composición corporal o normalidad glucémica para la diabetes; es mucho más seguro y efectivo hacerlo de la mano de un profesional experimentado.

Mi experiencia y mis programas:

Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a:

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Por qué no te conviene comer cereales

Muchas veces el proceso de aprender involucra deshacernos de ideas que nos han enseñado en el pasado, antes de poder adquirir ideas nuevas que nos traigan una mejoría en salud y bienestar. Y una idea muy arraigada en la conciencia popular, es la idea de que los cereales “son saludables”, especialmente los cereales integrales, y por eso se les tiene en la base misma de la “pirámide nutricional”. Esta pirámide fue hecha por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos – es decir, por una asociación comercial y no sanitaria. Ojo y tengamos eso presente siempre: la pirámide nutricional, con los cereales en la base, fue hecha con el objetivo de vender cereales, y ningún nutricionista participó en su creación. Curiosamente, Estados Unidos es un gran exportador de cereales: trigo, maíz, avena, cebada, etc. De ahí que exista un gran interés comercial en difundir la idea de las supuestas “bondades” de los cereales.

Esta pirámide nutricional enfermó al mundo, y ahora realmente la mayoría de la gente cree que los cereales son buenos, o por lo menos, que no hacen daño. Quienes no los ven directamente como “buenos” o “benéficos”; los ven pos lo menos como una especie de “alimento neutro”, un “relleno” para las porciones de otros macronutrientes – los que sí son esenciales – como la proteína, por ejemplo utilizando porciones de arroz o de pan para “no quedarse con hambre”, pero “no nutrir de verdad”. Hablaré de por qué no nos conviene en realidad comer cereales, ni mucho menos basar nuestra alimentación en ellos. Basar nuestra alimentación principalmente en cereales, ha sido un desastre para la salud en todo el mundo. ¡Especialmente para quienes vivimos con diabetes!… Iré enumerando distintas razones, empezando por analizar los supuestos “beneficios”, y después yendo hacia los daños que causan los cereales en nuestra salud.

No son indispensables en la dieta.
Es curioso que los cereales estén en la base de la pirámide nutricional, siendo que están compuestos principalmente de glucosa – es decir, carbohidrato o azúcar – y la glucosa no es un nutriente esencial. No existen carbohidratos esenciales. Esto quiere decir que no necesitamos ingerir carbohidratos para sobrevivir (a diferencia de la proteína o los ácidos grasos, que sí son nutrientes esenciales porque nuestro cuerpo los necesita y no puede fabricarlos por sí mismo). La glucosa es una sustancia que nuestro cuerpo necesita para ciertas funciones, pero no es considerada “esencial” pues el propio cuerpo puede fabricarla a partir de ácidos grasos, en un proceso conocido como “gluconeogénesis”. Esto prueba de manera sencilla que la pirámide nutricional fue diseñada por intereses comerciales y no de salud pública; pues de otra manera resulta difícil creer que la base esté compuesta por una sustancia no esencial – carbohidratos – y que solamente dos peldaños más arriba encontremos la muy necesaria proteína, ¡y aún más arriba las grasas saludables!…

Su perfil nutricional es más bien pobre.
Nos venden la idea de los cereales – en especial los integrales – como “nutritivos”, cuando en realidad el perfil proteico y nutricional de los cereales es bastante pobre. Puede haber ciertas variaciones entre unos cereales y otros, así como también varía la composición nutricional entre cereales refinados y cereales integrales; pero en general por cada 100 gramos de cereal nos encontramos con sólo entre 10 y 15 gramos de proteína – que además es proteína incompleta, por venir de una planta y no de un animal –, y un pobre contenido de vitaminas, minerales y micronutrientes esenciales; siendo el resto glucosa o azúcar simple. Los supuestos “beneficios” de los cereales, en especial quienes hablan de las bondades de un cereal integral, son meramente comparativos, y sabemos que las comparaciones pueden ser engañosas, pues depende con qué se estén comparando. Los cereales integrales pueden tener un perfil nutricional ligeramente mejor que el de los refinados; pero que sigue siendo pobre en comparación con la carne, pescado, huevos, vegetales de hoja verde (en otras palabras, ¡comida real!). Y está claro que hay en el mundo gente viviendo en extrema pobreza y que sólo tienen acceso a cereales como arroz, maíz, etc.; en un caso así los cereales son una mejor alternativa que morir de hambre; pero siguen estando muy lejos de ser alimentos ideales para el bienestar, y ya no digamos “ricos en nutrientes”.

Son una fuente de energía ineficaz.
La glucosa, como fuente de energía, resulta bastante ineficaz en comparación con la grasa proveniente de la comida real. Y los cereales están compuestos principalmente de glucosa. ¿A qué me refiero con “ineficaz”?… Si bien la glucosa es una posible alternativa para obtener energía (la otra alternativa son las grasas), presenta altos costos metabólicos que la convierten una alternativa ineficiente. Nuestro cuerpo sólo puede almacenar una pequeñísima cantidad de glucosa en sangre; el resto deberá ser almacenado como glucógeno en el hígado o los músculos, y una vez que se excede un cierto umbral (que varía de persona a persona), el resto se convierte en grasa corporal. Cuando nos excedemos la pequeñísima cantidad de glucosa que nuestro cuerpo realmente necesita (y que además podría fabricar él mismo, por lo cual es muy fácil excederse), se empiezan a generar numerosos daños metabólicos: aumenta la producción de insulina y con el tiempo la resistencia a la insulina, se crea inflamación por todo el cuerpo, se desregula el metabolismo y se altera la composición corporal al almacenar grasa… causando con el tiempo daños serios y que amenazan la vida: cardiopatía, nefropatía, retinopatía, etc.

No son alimentos ancestrales, no estamos adaptados a tolerarlos.
Esta idea puede parecer extraña, pues nos da la impresión de que los cereales “siempre han estado ahí”, lo que nos podría llevar a confundirlos con alimentos ancestrales, o pensar que entran en dicha categoría. Pero si miramos la historia completa de nuestra evolución, esto no es verdad. Mientras que el ser humano empezó a evolucionar hace millones de años, la agricultura – y con ella la entrada de los cereales en nuestra dieta – sólo comenzó hace unos 12,000 años. Antes de eso, no consumimos cereales en ninguna cantidad significativa (y los pocos cereales salvajes que podían existir antes de ser domesticados, no se parecían nada a los de ahora). Es decir, nuestra especie pasó muchos más millones de años sin comer cereales que comiéndolos. Por lo tanto, en una amplia perspectiva de grandes eras biológicas, los cereales son realmente nuevos; y ninguno de nosotros está bien adaptado a tolerarlos. En cambio los alimentos verdaderamente ancestrales – la comida real – que nuestros genes están bien adaptados a tolerar y que esperan recibir para expresarse en plena salud y bienestar; son la carne y vísceras de animales, grasas saturadas, pescado, huevos, vegetales de hoja verde, nueces y algunas pocas frutas de temporada y de región.

Además, hay pruebas paleontológicas y antropológicas de que la introducción de cereales en la dieta ancestral no supuso mejoras de salud, sino todo lo contrario. Restos de huesos humanos comparados entre períodos sin cereales y los períodos posteriores cuando se adoptó la agricultura, demuestran que al introducir cereales el ser humano se volvió más pequeño, menos longevo, con huesos más porosos y frágiles, y con cráneos reducidos en comparación con nuestros ancestros nómadas. Los cereales prevalecieron porque daban otras ventajas: crecían rápido, se producían fácil y podían almacenarse, lo cual volvió posible sostener un crecimiento poblacional muy acelerado. Pero eso no los hace un alimento ideal, sino tan sólo un alimento mediocre pero de producción fácil, que podía dársele a millones de personas, en lugar de que solamente unos pocos miles de individuos se alimentaran de proteína y grasas de calidad (animales salvajes o criados para consumo, pescados, huevos).

No tienen beneficios exclusivos ni mayores que la comida real.
No existe ningún nutriente esencial que podamos encontrar exclusivamente en los cereales. Todas las sustancias y nutrientes que nuestro cuerpo necesita: ácidos grasos esenciales, proteína completa con todos sus aminoácidos, vitaminas, minerales y demás; todas se encuentran en la comida real de las fuentes que mencioné: carnes y órganos animales, pescado, huevos, vegetales, etc. No hay ningún nutriente esencial o importante que solamente se encuentre en los cereales y que justifique su consumo. Cualquier alimento real de origen animal, y de ingredientes de calidad, vence por mucho a cualquier cereal en cuanto a su contenido de proteína, ácidos grasos, minerales, vitaminas, etc.

Elevan nuestro nivel de glucosa (e insulina) en sangre.
Aquí empezamos directamente con los daños ocasionados por los cereales, ahora que hemos desmentido sus supuestos “grandes beneficios”. Todos los cereales tienen un alto índice glucémico – y para quienes vivimos con diabetes, ¡es inaceptablemente alto! – que se traduce en elevación de la glucosa sanguínea. Tener constantemente la glucosa sanguínea elevada, es un desastre metabólico para cualquier ser humano, pero el daño es especialmente agudo y potencialmente mortal para quienes vivimos con diabetes. Se pone mucho el foco en evitar el azúcar (entendiendo “azúcar” solamente como sacarosa, la sustancia blanca que sabe dulce), pero todos los cereales son principalmente carbohidrato, o sea azúcar, y debería evitarse su consumo si queremos vivir en salud. Muchos ignoran que el pan blanco, de harina de trigo refinada, tiene un índice glucémico de 100, ¡más alto que la propia azúcar de mesa que tiene 60!… Si bombardeamos el cuerpo de glucosa constantemente, con el tiempo esto causa resistencia a la insulina, y eventualmente diabetes.

Causan desregulación metabólica.
Dado que no estamos bien adaptados genéticamente al consumo de cereales, causan en nuestro organismo toda una desregulación metabólica, pues se impide la homeostasis (equilibrio) entre la glucosa y la insulina. En otras palabras, consumiendo cereales es casi imposible tener normoglucemia: un nivel normal y estable de glucosa en sangre. Esta desregulación hormonal también se traduce en inflamación: gran precursora de muchísimas enfermedades en todos los sistemas de nuestro cuerpo.

Causan desregulación hormonal.
De la mano de la desregulación metabólica viene la desregulación hormonal: el consumo de cereales pone a nuestro cuerpo en un estado metabólico constante de hiperglucemia e hiperinsulinemia, en el cual todos los ejes hormonales dejan de funcionar como deberían. Nuestro cuerpo está diseñado para utilizar las grasas como combustible ideal, pero además las grasas (en especial grasas saturadas y colesterol) son también la base para producir hormonas, para construir células sanas, y para el buen funcionamiento cerebral. Nuestro balance endócrino y toda la homeostasis de nuestro cuerpo dependen de que haya un perfil saludable de grasas, y un nivel bajo de glucosa y de insulina; en caso contrario, todo se sale de control. Una alimentación basada en cereales – y por lo tanto alta en azúcar – causa fuerte desregulación hormonal tanto en hombres como en mujeres, y por lo tanto altera también el balance saludable que cada uno según su sexo debe tener de las hormonas sexuales: testosterona, estrógenos, etc.

En este tema de desregulación hormonal vale la pena mencionar brevemente la historia de Kellogg’s, la conocidísima marca de cereales “de desayuno”. Las compañías de cereales procesados, Kellogg’s entre ellas, inventaron el mito de que el desayuno “es la comida más importante del día”, afirmación que salió del marketing y que no es respaldada por un solo estudio científico. John Harvey Kellogg (el creador de la famosa empresa) fue un doctor religioso norteamericano, era también fundamentalista de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, y creía dos cosas: 1. Que los cereales mejorarían la salud de los norteamericanos, y 2. Que los mantendría alejados del deseo sexual y de la masturbación. Ahora ya sabemos que comer cereales de manera regular hace descender los niveles de las hormonas sexuales por debajo de lo deseable, así que, al menos en este segundo punto tenía razón. El doctor Kellogg contribuyó a expandir el hábito nefasto de desayunar cereales. Cuando comemos proteína animal y grasas saludables, nuestras hormonas sexuales, nuestra fertilidad y salud reproductiva funcionan como deben. En cambio comiendo cereales nos desregulamos hormonalmente, pudiendo padecer un sinnúmero de trastornos, entre ellos problemas para concebir hijos o para llevar un embarazo saludable a término.

La mayoría de cereales que come la gente vienen de los ultraprocesados.
Hace todavía más daño el hecho de que la mayoría de cereales consumidos hoy en día vienen de productos ultraprocesados: harinas refinadas (y de cereales que hoy en día ya no se parecen en nada a sus ancestros de otros tiempos), productos azucarados y con fructosa añadida, productos que contienen los mal llamados “aceites vegetales”, todos fabricados “no cocinados” por el hombre… En pocas palabras: comida no real, comida inventada que además de ser una fuente ineficiente de energía o nutrientes, nos engorda, inflama y enferma.

Contienen antinutrientes y sustancias dañinas.
Hoy en día todo mundo ha escuchado hablar del gluten (y lo mencioné más a detalle en mi reseña de “Cerebro de Pan”), pero el gluten es tan sólo uno de muchos antinutrientes que están presentes en los cereales. Gluten, lectinas, fitatos, y oxalatos son sustancias presentes en los cereales, que nuestro cuerpo no puede digerir pero que además pueden causar otros muchos daños. Un mito que encontramos hoy en día es que sustancias como el gluten solamente deben ser preocupación para los celiacos o personas que presentan una intolerancia fuerte a la sustancia específica. Sin embargo, la intolerancia al gluten puede ser celíaca o no celíaca. De igual manera, o hace falta ser intolerante a un componente específico de los cereales para decir que estos componentes son antinutrientes que nos causan daño a todos. Se les llama “anti-nutrientes” porque son sustancias que no podemos digerir, pero además pueden bloquear la absorción de nutrientes esenciales y de otras sustancias benéficas que nuestro cuerpo sí necesita, y pueden causar también inflamación y otras molestias como gases, hinchazón, estreñimiento u otros problemas digestivos, intestino permeable, etc.

Son enemigos de la composición corporal: no nos permiten quemar grasa.
Una alimentación basada en cereales eleva el nivel de insulina en sangre, no importa de cuál cereal se trate (también los que tienen fama de supuestamente “saludables” como avena o “cereales integrales” o “de grano entero” o lo que sea). En presencia de insulina en la sangre, se bloquea el acceso a nuestras reservas de grasa corporal, es decir, se vuelve muy difícil quemar grasa para mejorar nuestra composición corporal cuando estamos tratando de perder peso. En presencia de glucosa también se bloquea la producción de cetonas, que son las moléculas usadas por nuestro cuerpo para poder utilizar la grasa – tanto de la comida como la grasa corporal – como fuente de energía. En presencia de glucosa e insulina, nuestro cuerpo recibe la orden de almacenar grasa y no dejarla ir, y se vuelve muy difícil quemar grasa almacenada.

También vale la pena mencionar que todos los estudios que existen demostrando los supuestos beneficios de los cereales integrales, tan sólo comparan a los cereales integrales con los cereales refinados. Nuevamente, las comparativas pueden ser engañosas y siempre dependen de los elementos que se estén comparando. Dichos estudios no comparan a los cereales integrales contra una alimentación libre de cereales; que por mucho tiene más beneficios para la salud, ¡de lejos!… Ya que ésta es la manera en que nuestro metabolismo está adaptado a funcionar. Si estás buscando iniciar un camino de salud y bienestar, mejorando tu alimentación y tu composición corporal, u otros marcadores como los niveles de glucosa sanguínea para el manejo de la diabetes, recuerda que puede ser más efectivo y seguro hacerlo de la mano de un profesional con experiencia.

Mi experiencia y mis programas:

Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb y ayuno intermitente.

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¿Uso de insulina en Diabetes Tipo 2?: Mitos y verdades

En personas que viven con Diabetes Tipo 2, existen muchos mitos y miedos con relación al uso de insulina exógena (insulina inyectada). La diabetes es, en todos los casos, una deficiencia de insulina, ya sea porque el cuerpo no produce nada de esta hormona, o porque se ha vuelto resistente a su funcionamiento adecuado. La insulina es una sustancia completamente necesaria para nuestra vida, ya que sin ella el cuerpo no es capaz de “sacar” la glucosa de la sangre para regular la glucemia y almacenar esta energía en las células (entre muchas otras funciones que tiene la insulina en nuestro cuerpo) Mientras que en Diabetes Tipo 1, el páncreas simplemente no produce insulina y está claro que la persona necesita inyectarse insulina externa; en Diabetes Tipo 2 (DT2) el tema es más complejo, y me encuentro con muchísimos miedos y resistencias al uso de insulina externa, son casi siempre mitos que vienen del desconocimiento o desinformación. Mencionaré algunos de ellos. Encuentro que existe un miedo descomunal a la insulina exógena, debido a estas creencias.

Quiero reiterar que la educación no es “parte del tratamiento” de la diabetes, sino que la educación es el tratamiento para la diabetes. Ya que sin educación tenemos precisamente muchos mitos que pueden hacernos daño, o impedir que vivamos en máximo bienestar. Debido a esta falta de educación, muchas personas creen que el uso de insulina exógena en la DT2 indica que la condición es muy grave o terminal; o bien creen que el uso de insulina exógena es problemático y les causará más complicaciones. Pero la realidad es que, en mi experiencia acompañando a personas con Diabetes Tipo 2, es mucho mejor tener un inicio temprano y oportuno con pequeñas y efectivas dosis de insulina, en lugar de esperar mucho tiempo a que los daños asociados de la hiperglucemia (que siempre son debidas a esta, y no a la “diabetes” en si) se empiecen a presentar – esto, claro está, deberá hacerse junto con la alimentación adecuada y la adopción en general de un estilo de vida saludable, que incluya ejercicio y buen sueño. Esta es, en muchos casos, una alternativa mucho y más saludable que el uso de fármcacos antidiabéticos que sólo sobrecargan y “exprimen” el páncreas, y que no hacen más que aumentar los inevitables daños que sucederán si no se consigue la verdada normalidad, estabilidad glucémica y tratamiento integral de la resistencia a la insulina.

Mito: Usar insulina exógena indica que la diabetes “ha empeorado”.
Realidad: La diabetes es una deficiencia de insulina (ya sea porque el cuerpo no la produce o porque ha creado resistencia), pero la insulina en sí misma sigue siendo una sustancia necesaria para la vida. Por lo tanto, el uso de insulina inyectada no indica que haya empeorado la condición, simplemente es una sustancia necesaria. Lo que suele pasar con frecuencia, es que la persona con diabetes tipo 2 espera muchísimo tiempo antes de comenzar un tratamiento con insulina (ya sea por miedo y desconocimiento, o por el consejo inadecuado de un profesional), y no se le pone la insulina sino hasta el momento en que ya la condición ha empeorado por la hiperglucemia sostenida a lo largo de mucho tiempo. Mucha gente con diabetes se espera demasiado, cuando usar insulina desde antes, en la forma adecuada, habría sido mucho mejor. Un uso oportuno y adecuado de insulina exógena, con el objetivo de conseguir normoglucemia de forma integral, previene y ahorra que el páncreas siga desgastando sus propias células, permite preservarlas por más tiempo; y puede incluso prevenir muchos daños, puede salvarnos la vida y la salud.

Mito: Las inyecciones de insulina son atemorizantes y muy dolorosas.
Realidad: Si bien al principio las inyecciones de insulina pueden atemorizar y doler un poco, el miedo irá desapareciendo con el tiempo, a medida que se convierten en parte de tu rutina diaria. Además, mucha tecnología y avances modernos ayudan a que las inyecciones sean virtualmente indoloras, con las jeringas ultra-finas con recubrimientos ultra suaves que existen en el mercado actualmente. Una buena técnica de inyección sin dolor también ayuda mucho, y así se reaprenden las creencias o traumas aprendidos anteriormente. En mis programas de acompañamiento enseño técnicas y métodos para pinchar sin dolor y trabajar este miedo. A veces el problema es más un trauma adquirido que el dolor físico real en sí mismo. Desde que se me diagnosticaron DT1, haciendo la cuenta, ¡me he pinchado ya más de 50,000 veces!

Mito: La insulina pondrá límites en mi vida.
Realidad: A pesar de lo bueno que sea el manejo de tu diabetes, vivir con esta condición pone ciertos límites en nuestra vida. Sin embargo, la insulina lejos de “limitarnos” más, al contrario nos ofrece más libertad en situaciones especiales (dependiendo del tipo de insulina y horarios de aplicación que utilices). Algunas personas con DT2 pueden mejorar su control glucémico, ahorrar su propia insulina endógena, utilizando la insulina exógena en pequeñas dosis y de forma efectiva. Piensa que los grandes riesgos de complicaciones diabéticas, son riesgos que igual existen sin el uso de insulina exógena, y que pueden volverse riesgos muy severos de daños en tu salud si no se lleva un buen manejo de la diabetes… Por lo tanto, la insulina adecuadamente utilizada nos puede dar vida y salud, lejos de limitarnos.

Mito: Con insulina exógena tendré muchos episodios de hipoglucemia (niveles bajos de glucosa en sangre).
Realidad: La hipoglucemia severa es poco frecuente en personas con diabetes tipo 2. Además, las insulinas de acción lenta, y que se aplican una vez al día tienen menor probabilidad de presentar hipoglucemia. Una de estas puede ser la indicada para ti. Si aprendes cómo tratar las hipoglucemias de forma efectiva, no te perderás de los beneficios de utilizarla. Con un buen manejo de la insulina exógena, los episodios de hipoglucemia serán menos frecuentes y menos severos.

Mito: La insulina hace engordar.
Realidad: Había hablado de este tema en otro artículo. Está claro que la insulina se debe utilizar con un contexto adecuado, y siempre siguiendo un estilo de vida y de alimentación congruentes con nuestra genética (alimentación baja en carbohidratos, ejercicio, etc), y poniéndonos como meta lograr la normalidad glucémica, para que así la insulina funcione adecuadamente. Si bien es técnicamente cierto que la insulina es la hormona encargada de almacenar energía, y que juega un papel fundamental en los procesos de ganar o perder peso/grasa corporal en todos los seres humanos, llevando una alimentación adecuada y la insulina bien manejada no se tiene por qué engordar, y se puede conservar una composición corporal óptima y saludable.

Mito: Una vez que inicie con insulina, ya no podré deshacerme de ella / “La insulina es adictiva”.
Realidad: No es verdad que la insulina cause dependencia o adicción. No es un narcótico ni una droga, sino una hormona. La insulina exógena puede necesitarse en casos de DT2 para conseguir normalidad glucémica, y en algunos casos es posible dejarla luego, cuando la glucemia se regule, se consiga mejorar composición corporal y se reduzca la resistencia a la insulina; así que no es obligatorio utilizarla para siempre, ni en las mismas dosis. Sobre todo si esto se hace en un contexto coherente con la salud y normoglucémico. Entre más pronto exista una intervención adecuada con insulina, mucho mejor. No es una adicción, sino una sustitución de una sustancia que nuestro cuerpo debería producir y utilizar adecuadamente, pero que no lo hace.

Mito: La insulina “cura” la diabetes.
Realidad: Actualmente no existe una cura para la diabetes. La insulina es un tratamiento, y de hecho uno muy efectivo. Hace efecto durante el tiempo en que se utilice, pero no es una “cura”. La diabetes como tal, no tiene cura. Pero sí se pueden evitar prácticamente todas las complicaciones diabéticas, que a final de cuentas es lo que nos interesa: vivir con salud y bienestar, independientemente de que se tenga o no un diagnóstico de diabetes.

Mito: La diabetes tipo 2 es “leve” y no requiere inyecciones de insulina para su buen manejo.
Realidad: He comentado antes que el diagnóstico de diabetes se hace según parámetros numéricos objetivos y exactos. Se tiene o no se tiene. Por lo tanto, no existe una diabetes “leve”. La diabetes de cualquier tipo es una condición crónica, que debe tomarse en serio. En la diabetes tipo 2 (DT2), el cuerpo produce insulina pero se vuelve resistente a ella, o la insulina producida es insuficiente o ineficiente. Y como mencioné, una intervención adecuada con insulina exógena, puede ser una herramienta sumamente eficaz para manejar la condición, y evitar a tiempo complicaciones diabéticas.

Mito: Los fármacos antidiabéticos orales para la DT2 son “insulina oral”.
Realidad: Estas son dos cosas distintas y no debemos confundirlas. Las pastillas “antidiabéticas” que se utilizan con muchas personas que viven con DT”, no son “insulina oral”. Son fármacos que tienen efectos sobre la habilidad de nuestro cuerpo para utilizar mejor la insulina que ya produce el páncreas, o para estimular que produzca más. Hay varios tipos de antidiabéticos orales, que funcionan de diferentes maneras. También varían en su tiempo de acción o duración, y deben ser recetados por un endocrinólogo. En realidad, todavía no existe una “insulina oral”, y sería difícil diseñar una que funcionara adecuadamente, ya que se trata de una hormona, por lo que si la ingiriéramos de forma oral se degradaría en el estómago y no circularía de forma eficaz por la sangre. Es por eso que sólo inyectada puede ser eficiente.

Mito: La necesidad de usar insulina para el manejo de la DT2, indica que se tiene diabetes “fuerte”.
Realidad: Nuevamente, no hay diabetes “fuerte” ni “leve”: se tiene o no se tiene según indicadores objetivos y medibles. (Lo que puede haber son grados de daños causados por la hiperglucemia crónica, pero eso no indica que sea una diabetes “más severa”). Es posible que ciertas personas con DT2 necesiten pincharse insulina para así llevar un mejor manejo de la condición, en caso de que su propia insulina sea muy insuficiente. Pero eso no es un indicador de que la diabetes se tenga “más fuerte”. No es un reflejo de que la diabetes sea “más severa”, sino la sencilla realidad bioquímica de que todos necesitamos la insulina para regular la glucosa en nuestra sangre, proveniente de los alimentos: es una hormona fundamental para la vida y la salud. Llevando una buena alimentación – baja en hidratos y azúcares – la persona ciertamente puede empezar a necesitar menos insulina, pero eso, usando la misma lógica, no indica que empezó a “tener menos diabetes” sino que simplemente su propia insulina empieza a trabajar de forma más eficiente, requiriendo así menos insulina exógena.

Para muchas personas con diabetes tipo 2, pinchar insulina “pramaturamente” se vuelve una ayuda valiosa en el control glucémico, o es a veces la única manera de normalizar la glucemia. No es un indicador de que la diabetes sea “más grave”. Para lograr esta normoglucemia y evitar los daños asociados a la hiperglucemia crónica (cardiopatía, nefropatía, retinopatía, neuropatía, etc.), la persona debe llevar una alimentación adecuada, así como un aprendizaje y educación continuos con el acompañamiento de un profesional; pero también el uso adecuado y eficaz de fármacos en los casos pertinentes, es una herramienta valiosa para el manejo de la diabetes para el bienestar. Y en muchos casos, la insulina es parte de ese uso de fármacos para lograr la normoglucemia.

Mito: La persona con DT2 que empieza a utilizar insulina, está en una “fase final” o “terminal” de la diabetes.
Realidad: Nuevamente, utilizar insulina no tiene nada qué ver con que la diabetes sea “severa”, “terminal”, “muy grave”, “catastrófica” ni nada de eso. Tiene qué ver, simplemente, con que la insulina es la principal sustancia encargada de regular la glucemia; y que en el caso de muchas personas con DT2, es una ayuda inmediata o la única manera de lograr una normoglucemia estable, que evite daños a futuro.

Este mito dañino puede provocar que muchas personas con DT2 se resistan al uso de la insulina, pensando que “eso quiere decir que ya están muy graves”. Cuando por el contrario, un uso temprano de insulina pinchada – junto con alimentación adecuada baja en hidratos – podría ayudar a lograr la normoglucemia más pronto, antes de que se presenten daños. Este mito provoca que mucha gente vea a la insulina como el tratamiento “terminal” para una “diabetes muy grave”, o piensan que están próximos a morir, ¡cuando en realidad el uso adecuado de la insulina puede ayudar a prolongar su vida en bienestar!… Probablemente el origen de este mito es porque vieron a algún familiar o conocido que tuvo diabetes sin ningún tratamiento durante muchos años, provocándose daños muy severos por hiperglucemia, y solamente hasta los últimos momentos – cuando ya la salud estaba en estado crítico – se comenzó a pinchar insulina, y por ello se pudo llegar a creer que la insulina se utilizaba en una “fase terminal”. Lejos de ello, recordemos que el cuerpo de la persona sin diabetes produce insulina todo el tiempo, regulándola según las necesidades y la alimentación, para lograr normoglucemia. Y en la persona con DT2, su uso adecuado y en el momento adecuado puede evitar posibles daños.

Otro posible origen de este mito, es el hecho de que hay personas con DT2 que durante los primeros años tras el diagnóstico, toman antidiabéticos orales para estimular la producción de insulina en el páncreas, sin haber logrado normalidad y estabilidad glucémica. Sin embargo, con el tiempo el páncreas deja de responder a este estímulo (en especial si no se está llevando el tratamiento adecuado y la alimentación adecuada), por ello se empieza a pinchar insulina para seguir “regulando” ineficazmente la glucemia. Pero una vez más, esto no indica “una fase grave o terminal” de la diabetes, sino el hecho de que el páncreas ya se exprimió con los antibióticos orales comunes, y dado que el cuerpo sigue necesitando insulina, pincharla externamente será lo más adecuado para mantener bienestar. Y esto no indica el fin de la vida, ni el fin de la salud o del bienestar: la única diferencia es que ahora la insulina vendrá de afuera y no de adentro. Con la alimentación, aprendizaje objetivo y tratamiento adecuados, se podrá vivir muchos años con salud y bienestar.

Mito: El uso de insulina causa ceguera (u otros daños).
Realidad: El cuerpo de todos los seres humanos requiere insulina para sobrevivir, ¡por lo tanto es evidente que la insulina no causa ceguera!… Este mito probablemente también se originó por confusión entre una correlación y una causa: probablemente hubo personas que vieron a un familiar o amigo que pasó muchos años viviendo con diabetes y con hiperglucemia crónica, sin ningún tratamiento ni ningún cuidado eficaz (normoglucemia ¡de verdad!), y para cuando llegó el momento en que ya existían daños críticos a la vista, sólo entonces se estaba iniciando un tratamiento con insulina, mismo que probablemente debió haber iniciado años atrás y que podría haber llegado a evitar la ceguera.

Cuando ya existe un daño a la vista, debido a hiperglucemia crónica, un uso tardío de la insulina sin aprendizaje, metas y tratamiento alimentario eficaz, desafortunadamente no lo corregirá. De ahí vino probablemente el error de pensar que “la insulina causó la ceguera”; cuando la insulina simplemente es parte de nuestras necesidades metabólicas básicas. Su uso adecuado en diabetes, lejos de ser dañino a la vista o a ninguna otra cosa, puede alargar nuestra vida en salud y bienestar óptimos. ¡Es más bien la falta de insulina, en condiciones de hiperglucemia crónica, la que sí puede causar ceguera, entre muchos otros daños a todo el cuerpo!

Mito: Inyectándose insulina, la persona con diabetes puede “comer lo que quiera”.
Realidad: Sería un gran error pensar que “pinchando insulina puedo comer lo que quiera”. Hablé de esto en otra entrada. Tiene qué ver también con la Ley de las Pequeñas Cifras, que nos dice que sólo llevando una alimentación adecuada se puede regular de manera mucho más fácil la glucemia y las necesidades de insulina externa. Si llevamos una alimentación “de moda”, la más común en la actualidad, alta en carbohidratos, azúcares y procesados (que desafortunadamente algunos profesionales aún recomiendan); provocamos la conocida “montaña rusa metabólica”, de las hiperglucemias e hipoglucemias constantes, con la que se vuelve imposible el control glucémico, y que reducen drásticamente la eficacia de la insulina y de las pastillas antidiabéticas.

Es por ello que la insulina y los fármacos antidiabéticos no son una fórmula mágica que nos permiten descuidar todo lo demás: la normoglucemia y el bienestar sólo pueden lograrse usando estas herramientas en conjunto con alimentación adecuada y aprendizaje, para volvernos expertos en el manejo de los propios niveles de GS.

En comparación con muchos antidiabéticos que exprimen el páncreas, puede ser el tratamiento adecuado y efectivo para la diabetes tipo 2. Sobre todo si se utiliza de forma temprana, en la dosis correcta, y el contexto coherente y adecuado. Aun así, la insulina no sustituye en ningún caso al aprendizaje y al compromiso con manejar nuestra propia diabetes. Recuerda que siempre es más fácil, seguro y efectivo hacerlo con el acompañamiento de un profesional coherente con una A1c normal.

Mi experiencia y mis programas:

Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb y ayuno intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a explorar mis Programas de acompañamiento personalizados/grupales DIABETES BIEN online para encajar la diabetes a este tipo de alimentación en el menor tiempo posible, romper los mitos que te impidan lograrlo, aprendiendo cómo gestionar la medicación, monitoreo, todo de la mano conmigo y junto con otras personas con los mismos objetivos de salud.

Aquí podrás encontrar el acceso a mis mejores herramientas para lograrlo: https://diabetesbien.com/go/

Si quieres seguir recibiendo estos posts, acceso a webinars, LIVE’s, y mucha información de valor, puedes apuntarte a mi canal de telegram DIABETESBIEN de mensajes al móvil: https://t.me/diabetesbien

El problema de la dieta recomendada por la ADA

Quienes vivimos con diabetes, sea tipo 1 (DT1) o tipo 2 (DT2); estamos familiarizados con la siguiente historia, ya sea porque la vivimos nosotros mismos o porque la vivió algún conocido con diabetes: tras recibir el diagnóstico, intentamos seguir las recomendaciones de los médicos, sanitarios, y organismos oficiales de salud, mismos que – casi sin excepción – basan sus recomendaciones en las pautas oficiales de la ADA, la Asociación Norteamericana de la Diabetes. Y lo que la ADA nos dice es que “evitemos las grasas saturadas”, y que la base de nuestra alimentación “deberán ser los carbohidratos”, en especial los provenientes de cereales y granos como trigo, maíz, arroz, etc. ¡Es increíble que una asociación que supuestamente vela por la salud de las personas con diabetes – condición que, para efectos prácticos, es una intolerancia grave a los carbohidratos – nos recomiende basar la alimentación en carbohidratos!…

Según la ADA; hay que comer carbohidratos porque “son necesarios” y porque “así evitaremos episodios de hipoglucemia”, afirmaciones que son ambas falsas. Quienes apenas están iniciando el camino de aprender a manejar su diabetes, intentan seguir obedientemente esas recomendaciones: la ADA nos cuenta que debemos “contar raciones de carbohidratos”, y después racionar la insulina correspondiente (en el caso de quienes vivimos con DT1, o ciertas personas con DT2 que también utilizan insulina). Según la ADA, esta es la manera de llevar un buen manejo de la diabetes, y más concretamente de la glucemia: el nivel de azúcar (glucosa) en nuestra sangre.

Más pronto que tarde, nos damos cuenta de que estas recomendaciones no funcionan. Siguiendo estos consejos, es prácticamente imposible controlar realmente los niveles de glucosa en sangre, y ya no digamos mantenerlos en el rango normal y saludable de entre 70 y 99 mg/dL. Por razones que he explicado en otros artículos, en la práctica es casi imposible “atinar” a las cantidades de insulina requeridas para re-normalizar la glucemia después de una comida alta en hidratos, además de que la respuesta metabólica suele llegar tarde y suele ser inadecuada; por no mencionar que un montón de factores influyen en nuestra glucemia, tales como el estrés y el sueño. Siguiendo este método, es más bien excepcional lograr “atinar” con la cantidad exacta de insulina requerida tras comer carbohidratos y lograr normalizar la glucemia… hasta la siguiente comida alta en hidratos, que una vez más se convierte en casi un juego de azar. Y así, tras muchas frustraciones nos damos cuenta de que siguiendo las recomendaciones de la ADA no hacemos sino estar en la montaña rusa del azúcar en sangre, en donde los grandes picos (hiperglucemias) vienen seguidos de grandes caídas (hipoglucemias), y así inacabablemente.

Y esta montaña rusa causa un sinnúmero de daños a todas nuestras células, venas y órganos; pues la presencia de glucosa en sangre – más allá de una pequeñísima cantidad normal – es metabólicamente tóxica y antinatural para nuestro cuerpo, dañando con el tiempo prácticamente todos nuestros sistemas: ojos, riñones, corazón, intestino… El Dr. Richard Bernstein, un referente en el mundo de la diabetes – y que vive él mismo con DT1 desde hace más de 40 años – explica que esta montaña rusa es aún más dañina que si se tuviera “solamente” una glucosa en sangre alta pero estable, cosa que de cualquier modo tampoco sucede con la alimentación convencional y moderna, alta en carbohidratos.

Pero lo peor, y lo que resulta ya un atentado a la salud de quienes vivimos con diabetes; es que muchísimos médicos, endocrinólogos, profesionales sanitarios, ¡y las propias instituciones oficiales que dan las recomendaciones!, ya de últimas nos cuentan que para nosotros “no es posible” tener niveles estables de glucosa en sangre, ni tampoco tenerlos dentro del rango saludable. ¡Cuando en realidad, cada vez más personas que decidimos adoptar una alimentación muy baja en carbohidratos, les demostramos que sí se puede!… El propio Dr. Bernstein ha demostrado que es posible vivir con diabetes más allá de los 90 años y sin ninguna complicación diabética: sin daños en la vista, con riñones funcionando como los de un adulto joven, con plena movilidad física… todo ello gracias a que, si cuidamos el manejo de la glucemia y aprendemos cómo controlar los niveles de glucosa en sangre, es posible vivir en completo bienestar y en óptima salud, se tenga o no se tenga diabetes. Si él hubiese seguido las recomendaciones de la ADA, lo más probable es que hubiese muerto hace décadas por complicaciones diabéticas.

Tratándose de las mediciones de HbA1c (hemoglobina glicada o glucosilada: una medición muy fiable de los niveles de glucosa en sangre de los últimos 2 a 3 meses), a quienes vivimos con diabetes se nos da, ya desde la base, un estándar de salud pobre, más bajo que a quienes viven sin diabetes. Basándose en el mito de que “no es posible tener un nivel normal de glucosa en sangre si se vive con diabetes”; nos recomiendan que apuntemos a mantenernos por debajo de un 7%; o bien por debajo de 8% “si se quiere ser menos estricto”. ¡Como si se tratase de una decisión sobre decorar una habitación, y no una decisión fundamental que afectará enormemente nuestra salud y bienestar!…

La realidad es que esos porcentajes de HbA1c están muy por encima de lo que en realidad sí es saludable: para vivir en bienestar y evitar las complicaciones diabéticas, deberemos tener una HbA1C entre 4.0 y 5.4. La siguiente tabla muestra los rangos saludables y los no saludables.

Y es verdaderamente lamentable que por vivir con diabetes se nos ponga un estándar de salud más bajo, y más perjudicial, como si para la persona con diabetes no fuera posible (¡y nuestro derecho!) la salud y el bienestar que se consiguen normalizando los niveles de glucosa en sangre. Esta normalidad glucémica es perfectamente posible llevando una alimentación muy baja en carbohidratos, basada en comida real y de ingredientes de calidad y sobre todo aprendiendo como gestionar la insulina endógena o exógena de forma eficaz y equilibrada.

Lo que muchos profesionales llaman estar dentro del “porcentaje en rango”, se refiere a tener niveles de glucosa en sangre entre 70 y 180 mg/dL – que no es para nada saludable, ya que una glucosa en sangre de 100 o más en ayunas, es ya un indicador de hiperglucemia, mismo que no es normal y que causará complicaciones si la persona no aprende a manejarlo. Y cuando queremos aprender cómo normalizar la glucemia, estrechando ese rango para ajustarlo al que en verdad sí es saludable (que es entre 70 y 99 mg/dL), se nos trata muchas veces de “obsesivos” o como si fuera una “locura”, obsesionarse con algo “imposible de realizar”… ¡Cuando en realidad es perfectamente posible y es lo único que nos garantizará la salud!

La realidad es que si las recomendaciones de la ADA funcionaran, nadie presentaría complicaciones diabéticas ni se moriría por hiperglucemia, ya estaríamos “medio curados”… Pero con sus recomendaciones no está mejor la gente; y no sólo eso, sino que también las personas sin diabetes que siguen los consejos convencionales de alimentación alta en carbohidratos presentan cada vez más problemas, aunque vivan sin diabetes: no para de aumentar la obesidad, hipertensión, daños renales…

¿De dónde vinieron esas recomendaciones tan equivocadas, basadas en tantos mitos y premisas falsas?… A mediados del siglo pasado, surgieron estudios epidemiológicos (mismos que en el campo de la nutrición no tienen ninguna validez y equivalen a encuestas de opinión), sin ningún sustento científico comprobado en ensayos clínicos; que demonizaban las muy saludables grasas saturadas (incluyendo el colesterol) y en vez de ello recomendaban comer muchos carbohidratos, especialmente los provenientes de cereales y granos. El mundo entero se subió a este tren (los organismos de salud de todo el planeta recomiendan lo mismo), y ahora pagamos las consecuencias: no hace sino aumentar la obesidad y la diabetes tipo 2, acompañadas de todo tipo de complicaciones de salud. Un nivel alto de glucosa en sangre daña absolutamente todas las células de nuestro cuerpo, porque no estamos genéticamente diseñados para comer alimentos que aumentan significativamente la glucosa. Por eso con hiperglucemia nos aparecen complicaciones por todos lados, de la cabeza a los pies: tan sólo en los ojos hay un catálogo completo de posibles daños por hiperglucemia, daños al corazón y arterias, neuropatía (daño en nervios), nefropatía (daño en riñones), complicaciones digestivas, daños en la piel, daños en articulaciones…

Si queremos verdaderamente vivir en salud y bienestar, nos tocará cuestionar las recomendaciones comunes, incluyendo tristemente las de la propia ADA, y pensar en su lugar: ¿cuáles son mis objetivos en salud?…

Es perfectamente posible y alcanzable, el tener un nivel normal de glucosa en sangre, evitando todas las complicaciones asociadas a la diabetes. Para conseguirlo, es mucho más fácil, seguro y efectivo tener un aprendizaje en acompañamiento, con un profesional coherente que lo vive también y lo lleva a cabo, demostrado en su propia experiencia. Así se puede aprender a llevar una alimentación muy baja en carbohidratos, basada en comida real; que es la única manera de normalizar la glucemia y vivir en salud y bienestar.

Mi experiencia y mis programas:

Soy Rosy Yáñez, Soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb y ayuno intermitente.

Si eres padre o madre de niños o adolescentes con con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a ver mi último webinar “3 secretos para Resetear Bien la diabetes tipo 1”, en donde aprenderás los 3 fundamentos más importantes para tener coherencia en salud a través de la verdadera normalidad glucémica: https://youtu.be/zcVPkfJK9-s y si es tu momento, allí también puedes acceder a mis Programas de acompañamiento personalizados/grupales DIABETES BIEN online para encajar la diabetes tipo 1 a este tipo de alimentación en el menor tiempo posible, romper los mitos que te impidan lograrlo, aprendiendo como gestionar la medicación, monitoreo, todo de la mano conmigo y junto con otras personas con los mismos objetivos de salud. Mi próximo programa inicia el 11 de enero.

Si quieres seguir recibiendo estos posts, acceso a webinars, LIVE’s, y avisos de inicio de mis Programas puedes apuntarte a mi canal de telegram DIABETESBIEN de mensajes al móvil: https://t.me/joinchat/AAAAAEcMSNp3uS9GEnLuVg .

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¿Cuántos carbohidratos necesitan tomar los niños?

Al hablar del mito de que nuestros cuerpos “necesiten ingerir glucosa para sobrevivir” – cosa que es falsa, ya que el cuerpo fabrica toda la glucosa que necesita a partir de grasas y ácidos grasos – hay quienes piensan que los niños sí necesitan ingerir glucosa en forma de alimentos ricos en hidratos de carbono; tales como pan, pastas, cereales, muchas frutas, etc. Sin embargo, esto es un mito aún más dañino, pues el cuerpo y cerebro en desarrollo de un niño, menos aún necesita ingerir glucosa proveniente de carbohidratos. Así como los adultos no la necesitamos, los niños la necesitan menos todavía, y los daños que esta alimentación convencional alta en hidratos puede ocasionar en el desarrollo del cerebro infantil, aún no han sido estudiados lo suficiente – pero ya comenzamos a tener algunas pruebas.

Tengamos en cuenta una realidad muy sencilla: todos los humanos nacemos en estado de cetosis. La cetosis es un estado metabólico en el cual el cuerpo – y el cerebro, sobre todo – está utilizando las grasas como combustible, metabolizadas en forma de ácidos grasos y mediante la producción de sustancias en nuestro cuerpo llamadas cetonas. Esta cetosis es el estado metabólico por defecto del ser humano, y el estado metabólico más saludable, ¡por eso cuando somos bebés lo tenemos por naturaleza!… La leche materna, además, al ser alta en grasas saturadas y sin casi ningún contenido de glucosa, es un alimento cetogénico; por ello los niños que son exclusivamente amamantados continuarán estando en cetosis durante todo ese tiempo.

En cambio, si el niño comienza a ser alimentado con fórmulas comerciales para infantes – que son un producto procesado alto en azúcares –, o cuando inicia la alimentación complementaria y ésta es una alimentación “moderna”, convencional, alta en carbohidratos y procesados, el niño comienza a perder esas rutas metabólicas, acostumbrando entonces al cerebro y al cuerpo a utilizar la glucosa como combustible. Se pierde el uso de los combustibles metabólicos naturales, a los que el cuerpo del niño venía acostumbrado desde su cetosis original; y cambia entonces su naturaleza metabólica, con todos los daños que eso conlleva.

El cuerpo de los niños, lejos de necesitar glucosa proveniente de comidas con carbohidratos, es dañado de formas más severas por los picos de hiperglucemia- hipoglucemia ocasionada por una alimentación así – la dieta “de moda” alta en hidratos. No solamente porque su cuerpo es más pequeño y por lo tanto su volumen total de sangre es menor, lo que significa que una cantidad más pequeña de azúcar o glucosa será suficiente para ocasionarle hiperglucemia (menos de 4 gramos) que no es necesario ingerir; sino porque también, como se mencionó, su estado normal al nacer es la cetosis. Los niños, de hecho, tienen naturalmente niveles de glucosa en sangre mucho más estables y ligeramente más bajos que los de un adulto – lo cual es normal en ellos, y solamente parece “bajo” desde nuestra perspectiva al querer compararlos con los adultos.

Tanto en niños sin diabetes, como en el caso de niños con diabetes tipo 1, los picos constantes de hiperglucemia crónica al igual que en los adultos, afecta su cerebro, pudiendo causarles a largo plazo todo tipo de daños físicos y neurológicos. Una alimentación así, alta en carbohidratos y que constantemente ocasione estos picos de hiperglucemia, puede asimismo causar o agravar trastornos de atención, concentración, cambios constantes en su estado de ánimo, “subidas” y “bajadas” drásticas en sus niveles de energía… Y todos reconocemos desde hace mucho tiempo, por experiencia empírica y anecdótica popular, que el azúcar altera visiblemente el comportamiento de un niño después de ingerirla. Y si todos los carbohidratos son formas de azúcares, ¿cuál es entonces la lógica de alimentarles con algo que ya sabemos – y vemos con nuestros propios ojos – que los altera en su comportamiento?… Cualquier alteración de comportamiento, necesariamente indica la presencia de alguna sustancia que tuvo, forzosamente, que haber pasado por el cerebro. ¿No debería esto invitarnos a pensar sobre lo importante que es dar a los niños una alimentación adecuada, desde el inicio, coherente con sus necesidades de desarrollo y salud?

El cuerpo de los niños, como el de cualquier otra persona, puede fabricar su propia glucosa a partir de ácidos grasos y aminoácidos de la comida real. Simplemente, no existe ninguna razón metabólica o científica que justifique tener niveles altos de glucemia, y menos aún en niños.

Si un niño vive con diabetes, con más razón aún es importante que lleve una alimentación baja en carbohidratos, azúcares y procesados; basada en comida real y coherente con sus necesidades. La Asociación Americana de la Diabetes (ADA) aún recomienda equivocadamente una alimentación convencional alta en hidratos, ¡incluso para niños y para quienes vivimos con diabetes!, ocasionando defectos y dificultades en crecimiento y desarrollo adecuados, descompensación hormonal y constantes daños a corto y largo plazo por la montaña rusa de la glucemia, de la cual he hablado antes. Aprender a normalizar la glucemia es fundamental en el caso de niños que vivan con diabetes, y es desafortunado que tantos profesionales aún recomienden justamente los alimentos que vuelven imposible un buen control glucémico – los carbohidratos. Además, la hiperglucemia crónica afecta al desarrollo de cualquier niño, tenga o no la condición de diabetes, dañando además el desarrollo de sus capacidades cognitivas y su inteligencia.

Lo que es aún peor, los médicos y sanitarios dan a las personas que viven con diabetes un estándar más bajo – un estándar peor – de salud. Por ejemplo, muchos endocrinólogos no solamente recomiendan una alimentación alta en carbohidratos para niños con diabetes (siendo que nuestro diseño genético evolucionó sin carbohidratos y no los necesita, por no mencionar que la diabetes es además una forma de “alergia a los carbohidratos”); sino que además proponen como “normal” para la persona con diabetes, tener niveles de glucosa en sangre entre 90 y 180 mg/dL todo el tiempo. Esto, en realidad, es un rango alto y fuera de lo normal (que lo normal y saludable para evitar complicaciones es entre 65 y 99 mg/dl), tanto para la persona sin diabetes como aquélla con diabetes. Y en cuanto al valor de hemoglobina glicada HbA1c, la ADA recomienda a las personas con diabetes estar “por debajo de 7%”, siendo que el rango saludable no debería exceder de 5.2%.

Así pues, a quienes vivimos con diabetes se nos da, de entrada, un estándar peor de salud, lo cual es una mala práctica que podemos equiparar con una violación al derecho de la persona con diabetes, al más alto estándar de salud. Pues sabemos – y lo sé por experiencia propia, experiencia clínica, y en mis grupos de acompañamiento a personas con diabetes – que con aprendizaje, educación, y alimentación adecuada baja en carbohidratos y basada en comida real; que la persona con diabetes puede y tiene el derecho de acceder a una vida en completa salud y bienestar, cuando se maneja adecuadamente la condición de diabetes.

Mi experiencia:

Soy Rosy Yáñez, Soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes y Alimentación Low-carb. Tengo veinticinco años viviendo con Diabetes Tipo 1 (DM), y desde hace quince años logro tener niveles glucémicos normales, sin ninguna complicación diabética.

Si eres padre o madre de niños o adolescentes con con diabetes y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a ver mi último webinar “Resetea Bien la diabetes” en donde aprenderás los 4 fundamentos más importantes para normalizar los niveles de glucosa en sangre de verdad https://youtu.be/s4YImTnQoI0 y si es tu momento, allí también puedes acceder a mis Programas de acompañamiento individual/grupal DIABETES BIEN online para encajar la diabetes tipo 1 a este tipo de alimentación en el menor tiempo posible, romper los mitos que te impidan lograrlo, aprendiendo como gestionar la medicación, monitoreo, todo de la mano conmigo y junto con otras personas con los mismos objetivos de salud.

Si quieres seguir recibiendo estos posts, acceso a webinars, LIVE’s, y avisos de inicio de mis Programas puedes apuntarte a mi canal de telegram DIABETESBIEN de mensajes al móvil: https://t.me/joinchat/AAAAAEcMSNp3uS9GEnLuVg .

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La mentira del miedo al colesterol

La palabra “colesterol”, cuando la escuchamos hoy en día, casi siempre tiene connotaciones sumamente negativas: la gente la menciona por lo general para decir que un alimento no es saludable porque “contiene mucho colesterol”, o que fue a un laboratorio a hacerse analíticas y que “salió alto en colesterol”, lo cual se asume como algo malo… ahora “colesterol” existe en nuestro vocabulario colectivo como una sustancia mala, malísima; esperando para causarnos un infarto cualquier día. Por eso muchos se quedan estupefactos si les contamos la realidad que nos muestra el más nuevo conocimiento científico: el colesterol es una molécula vital para nuestro cuerpo y cerebro; componente importantísimo de nuestras hormonas y su correcto balance, y lo que es más; a mayor edad, un alto nivel de colesterol nos mantiene saludables, lúcidos, y protege nuestras habilidades cognitivas (que en realidad dicho nivel podría no llamarse “alto” sino “saludable”, pero por llamarlo así porque muchos médicos lo denominarían “alto”).

¿Cómo puede ser que, otra vez, el conocimiento oficial nos haya fallado tan gravemente?… En el artículo pasado mencionamos un poco sobre los trapos sucios de los estudios sobre nutrición, y las fallas que éstos pueden tener. Pues el mejor ejemplo de esto es el famoso “estudio de los siete países”, que realizó Ancel Keys, del cual salió la idea errada – y tan dañina para nuestra salud – de demonizar las grasas, en especial las saturadas (ahora pareciera que “grasa saturada” se entiende como sinónimo de “grasa mala”, cuando en realidad la mayoría de las grasas saturadas que encontramos en la comida real son bastante saludables). En este artículo desmigaremos un poco más de dónde salió la idea de que las grasas y el colesterol en particular eran “malos”, y el por qué esa es una equivocación, y cómo podemos beneficiarnos de una alimentación más alta en grasas provenientes de comida real.

Ancel Keys no había sido el primero en proponer la idea – equivocada – de que las grasas en la dieta eran supuestamente responsables de la enfermedad cardiovascular. A inicios del siglo XX, el científico ruso Nikolai Anitschkow realizó un experimento con conejos, dándoles a estos animales una dieta alta en grasas y colesterol. A los conejos rápidamente se les llenaban las arterias de grasa y morían de enfermedad cardiaca. Anitschkow cometió el error de extrapolar sus resultados a humanos, proponiendo entonces que una alimentación alta en grasa saturada causaba enfermedad cardiaca. Sin embargo, su hipótesis fue inmediatamente desmentida cuando los resultados no fueron iguales en monos, ni en perros, ni por supuesto tampoco en humanos. Y es que sencillamente, ¡nosotros no somos conejos!… Un conejo es herbívoro, y evolucionó con un cuerpo diseñado para llevar una alimentación exclusivamente vegetal con ingesta cero de colesterol. Nosotros en cambio somos omnívoros, y nuestros genes evolucionaron bajo las condiciones de comer proteínas y grasas animales, junto con verduras, nueces, huevos, frutos y algunas semillas.

Sin embargo, Ancel Keys retomó la hipótesis de las grasas y realizó su estudio de los siete países. Nuevamente, en el artículo anterior de este mismo Blog, mencioné las dos fallas fundamentales del estudio de Keys: primero, que deliberadamente manipuló los datos, omitiendo los otros quince países que no mostraban los resultados que él quería mostrar; y en segundo lugar, omitió el consumo de azúcar como factor a considerar entre las variables, ignorando deliberadamente el hecho de que el alto consumo de carbohidratos y azúcares era lo que realmente iba de la mano con el aumento de la enfermedad cardiaca. Fue un estudio hecho en 1958, sin software dedicado a las regresiones multivariantes – el método estadístico que él utilizó –, y que hoy sin embargo resulta fácil desmentir. ¿Por qué entonces tantos médicos y nutricionistas no se han dado por enterados, y siguen recomendando a la gente que “reduzca su consumo de colesterol y grasa saturada”?… Hemos basado cuarenta años de recomendaciones nutricionales, educación e información, en un estudio que demoniza las grasas; la gente ha hecho caso reduciendo las grasas, y sin embargo la enfermedad cardiaca no ha hecho sino aumentar, de la mano con diabetes, daño renal y obesidad. Claramente este conocimiento obsoleto ya no está funcionando, y nos toca aprender para llegar al verdadero bienestar.

También mencioné algunas de las muchas dificultades que existen para llevar a cabo un estudio nutricional “perfecto”: se trata de una ciencia sumamente compleja en donde cientos de factores influyen en la salud individual de cada uno de nosotros; desde genética, edad, sexo, estrés, calidad del sueño, uso de tabaco u otras sustancias dañinas, etc… Por no mencionar que muchos de los estudios nutricionales son meros estudios de observación, basados a veces en meras encuestas que no podrían jamás ser fiables: ¡es imposible que una persona recuerde con exactitud qué comió o bebió durante la última semana, y ya no digamos meses o años!

Volviendo al estudio de Keys; a pesar de que fue hecho en 1958, los resultados no se publicaron sino hasta 1980 en la portada de la revista Time, por cuestiones de oportunismo político (Keys tenía muchos contactos importantes en el mundo de la política y de las industrias). Después, ¡las asociaciones que supuestamente velan por la salud!, como la Organización Mundial de la Salud, y las Asociaciones Norteamericanas del Corazón, la Diabetes y la Asociación Médica (AHA, ADA y AMA respectivamente), abrazaron la hipótesis de Keys como verdad absoluta. Las consecuencias han sido devastadoras para todo el mundo, pero muy en particular para quienes vivimos con diabetes: ¡es increíble que la asociación que supuestamente nos protege de una enfermedad que implica una intolerancia grave a los carbohidratos, se posicione en contra de las grasas y no de los carbohidratos!…

Y desde entonces seguimos sin poder redimir y absolver de culpa a las grasas, pues ya se ha vuelto parte de nuestra cultura el mito de que “son dañinas”, y en especial el colesterol. Pero la realidad es que evolucionamos como seres lipívoros: y las miles de generaciones humanas que vivieron sin tener agricultura llevaban una dieta rica en grasas animales y algunas grasas vegetales – por ejemplo las que se encuentran fácilmente disponibles de fuentes vegetales como los cocos o los aguacates. Nuestros genes contienen esa información. Las grasas y colesterol de la comida real son de hecho necesarios para la salud de nuestro cerebro, las habilidades cognitivas, y nuestro correcto balance endocrino y hormonal – son parte importante, sobre todo, de la construcción de nuestras hormonas sexuales, por lo que una ingesta adecuada de grasas también influye en la fertilidad y la salud sexual.

Y ni la grasa ni el colesterol tienen relación alguna con ataques al corazón: por el contrario, ahora estamos aprendiendo que es la alta ingesta de carbohidratos, en especial azúcares e hidratos provenientes de alimentos procesados, los que sí causan un alto grado de inflamación a nivel celular, inflamación arterial, y eventualmente ataques al corazón. Por ello, la medición del colesterol total no fue jamás un buen indicador de riesgo al corazón: mucho mejores indicadores son la hemogloblina glicada, el nivel de resistencia a la insulina en sangre o la proteína c reactiva (ya que un alto nivel de insulina en sangre puede causar a la larga resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, y eventualmente riesgo cardiovascular). Es por esto que el Dr. George Mann, refiriéndose al mito de que el colesterol causa ataques al corazón, se refirió a dicha idea como “la mayor mentira científica de nuestros tiempos”.

Con el colesterol además, hay algunas particularidades. Es un tipo de grasa fundamental para nuestro cuerpo. Gran parte del colesterol que encontramos en nuestro cuerpo en cualquier momento dado es fabricado por el hígado, y otra parte menor proviene de los alimentos que comemos. Dado que el colesterol no es hidrosoluble (es decir, no puede disolverse en agua), es transportado en la sangre por lipoproteínas, que van llevando el colesterol hacia las distintas partes del cuerpo conforme se va necesitando para elaborar hormonas, producir la bilis que facilita la digestión, etc. Estas lipoproteínas van variando su tamaño según la cantidad de colesterol que están transportando, de ahí viene que la gente reconoce “dos tipos de colesterol”, el de alta y el de baja densidad (HDL y LDL respectivamente), supuestamente diciendo que uno es “bueno” y el otro “malo”.

Pero éste es otro mito: el colesterol está en nuestra sangre porque nuestro cuerpo lo necesita; y las lipoproteínas son las encargadas de transportarlo. Además, cuando hay un daño o inflamación en una arteria u otra parte del cuerpo, el colesterol actúa ayudando a desinflamar y cicatrizar, es decir, colabora en la renovación de partes inflamadas o dañadas del cuerpo. Las lipoproteínas lo transportan en mayor o menor cantidad, pero eso no quiere decir que una sea “buena” y otra “mala”: eso sería como decir que una ambulancia que sale del hospital a recoger un paciente, es “mala” cuando va vacía y “buena” cuando ya lleva al paciente dentro. Con el colesterol es parecido: se trata de dos partes del mismo sistema, y pretender que un transportador de la misma molécula es “bueno” o “malo” según la cantidad que en ese momento transporta es un sinsentido. Además, cuando existe una alimentación muy alta en hidratos – ¡lo que en verdad sí causa daño arterial y cardiovascular! – a veces encontramos un nivel elevado de colesterol en sangre porque dicho colesterol está constantemente intentando reparar el daño inflamatorio provocado por la dieta alta en hidratos. Pero la presencia del colesterol ahí, se ha confundido con la causa del daño: es como culpar al camión de bomberos por los incendios, simplemente porque hemos observado que cuando hay incendios también coincide que está ahí un camión de bomberos.

La inflamación crónica provocada por el alto consumo de azúcares y carbohidratos, va causando poco a poco muchísimos daños a nivel celular, que después terminan en daño a todos los órganos de nuestro cuerpo, provocando todo tipo de enfermedades desde diabetes, daño ocular, daño renal, ataques al corazón, cáncer, etc. Nunca ha sido el colesterol el enemigo, ni la causa de la enfermedad cardiovascular, ni es tampoco un buen indicador o predictor de ataques cardiacos.

¿Por qué entonces tantos informadores oficiales, y de los sistemas de salud de tantos países, no se dan por enterados?… A la poderosa industria de las estatinas – los medicamentos que fuerzan una reducción del nivel de colesterol – no le conviene que dejemos de demonizar las grasas. Estos medicamentos además, está demostrado que pueden causar innumerables efectos secundarios y graves daños neurológicos, desde pérdida progresiva de la memoria, depresión, y también… ¡diabetes tipo 2!, causando así justamente un daño mucho más grave y que sí aumentará severamente el riesgo cardiovascular, ¡la cosa que supuestamente quieren evitar!…

Por decirlo en un lenguaje mucho más llano, las cosas que realmente funcionan para prevenir enfermedades y ataques cardiacos no se pueden vender: una alimentación adecuada, basada en comida real con ingredientes de calidad, saber manejar mejor el estrés, no fumar, dormir bien. Nada de eso beneficia a las industrias, que mejor prefieren que sigamos creyendo que “la grasa es mala”, que “el colesterol es malo”, y que les sigamos comprando productos procesados “bajos en grasa” y más estatinas. Recordemos que nuestro cuerpo es una máquina metabólica complicada, donde unas sustancias se convierten en otras. Es fácil confundirse con el mito de que “la grasa que comemos se convierte en grasa en el cuerpo”. Pero en realidad sucede todo lo contrario: cuando disminuimos el consumo de hidratos y aumentamos el de grasas, entonces el cuerpo puede utilizar eficientemente las grasas como combustible; tanto la grasa de los alimentos como también movilizando las reservas de grasa corporal excesiva para quemar como combustible.

Cuesta cambiar nuestra mentalidad y aprender, sobre todo cuando nos han bombardeado durante cuarenta años con el mito de que las grasas son el supuesto enemigo. Sin embargo, aprender y educarnos, sobre todo experimentando los efectos en nuestro propio cuerpo, es la manera de llegar a vivir en bienestar.

Mi experiencia:

Soy Rosy Yáñez, Soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes y Alimentación Low-carb. Tengo veinticinco años viviendo con Diabetes Tipo 1 (DM), y desde hace quince años logro tener niveles glucémicos normales, sin ninguna complicación diabética.

Si quieres seguir aprendiendo sobre la diabetes, te invito a mi próximo webinar “Resetea Bien la diabetes, incluso en el embarazo” en donde aprenderás los 4 fundamentos más importantes para normalizar tus niveles de glucosa en sangre de verdad https://diabetesbien.com/webinar/ y si es tu momento, allí también puedes acceder a mis Programas de acompañamiento individual/grupal DIABETES BIEN online para encajar tu diabetes tipo 1, diabetes tipo 2 o prediabetes a este tipo de alimentación en el menor tiempo posible, romper los mitos que te impidan lograrlo, aprendiendo como gestionar la medicación, monitoreo, todo de la mano conmigo y junto con otras personas con los mismos objetivos de salud.

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¿Beber alcohol con diabetes?

El consumo de alcohol es muy aceptado en nuestras sociedades, mucho más que con cualquier otra sustancia enervante o que cause efectos similares en nuestro cuerpo. El alcohol ha gozado mejor reputación que otras sustancias que también son potencialmente adictivas, y dañinas si se consumen constantemente o de forma irresponsable. Pero no debemos perder de vista que el alcohol es una droga, la más común y aceptada legalmente hoy en día. Por lo que otra duda frecuente que me llega en mis Webinars, transmisiones en vivo y programas de acompañamiento es: ¿puedo beber si tengo diabetes? ¿Es seguro beber alcohol?…

Entre las muchas campañas desinformadoras sobre nutrición que han existido en las últimas décadas, ha habido algunas que incluso tratan de convencernos de los supuestos “beneficios” de consumir alcohol “con moderación”. Sin embargo, esto en realidad responde a razones de marketing y no de salud: ninguna bebida alcohólica es por sí misma “benéfica” a la salud. Lo más saludable sería no beber alcohol nunca; sin embargo, hay una enorme variedad entre los efectos de unas bebidas y otras. Influyen mucho la calidad y los procesos de producción de cada bebida; y si bien no hay bebidas alcohólicas que sean “benéficas”, sí hay pasos que podemos seguir para educarnos a un consumo responsable, limitado, de ciertas bebidas alcohólicas.

Nuevamente hago hincapié en que la educación es el tratamiento para la diabetes. Las preguntas sobre consumo de alcohol en la vida con diabetes tienen respuestas complejas; en mi experiencia el acompañamiento de parte de un profesional puede ayudar a aclarar muchas dudas acerca de cómo llevar un consumo de alcohol responsable si se vive con diabetes.

Los efectos de las bebidas alcohólicas sobre nuestro cuerpo son complejos y dependen de muchos factores, es aún más complejo si se vive con diabetes. La persona con diabetes debe entender bien los efectos del alcohol sobre sus niveles de glucosa en sangre, ya que una bebida alcohólica en ayunas y sin ser acompañada de alimentos puede causar una bajada de niveles de glucosa en sangre (hipoglucemia), y confundir los síntomas de la hipoglucemia.

Ya sea que el tratamiento que estemos siguiendo para manejar la diabetes y los niveles de glucosa en sangre sea con alimentación, ejercicio, antidiabéticos orales o insulina, el principal riesgo de beber alcohol es el mismo: hipoglucemia. Normalmente, el hígado libera glucosa para mantener los niveles de glucosa en sangre, pero cuando se bebe alcohol, el hígado está tan ocupado descomponiendo el alcohol, que hace un mal trabajo al liberar glucosa hacia la corriente sanguínea. Esto puede llevar a niveles bajos de glucosa en sangre. Cada “trago o medida” de bebida alcohólica tarda aproximadamente entre 1 a 1,5 horas en acabar de procesarse en el hígado; y durante todo ese tiempo, el riesgo de hipoglucemia aumenta. Si se beben 2 tragos, el riesgo y el tiempo se duplica (2 a 3 horas).

Otra serie de riesgos importantes que vienen con el consumo de alcohol son los daños a la microbiota intestinal; esto es muy importante de tener en cuenta, no solamente para quienes vivimos con diabetes, sino por nuestra salud en general y el estado de nuestro sistema inmune. Recordemos que gran parte de nuestro sistema inmune reside en el intestino: en la microbiota intestinal, que es una poderosa línea de defensa contra bacterias, microorganismos patológicos, virus, hongos, etc. El investigador Bernd Schnabl, de la Universidad de California en San Diego, comenta que: «hemos sabido durante mucho tiempo que los pacientes que beben en exceso y consumen alcohol sufren una disbiosis intestinal, donde las bacterias en el intestino aumentan, y sufren de enfermedades del hígado». Los investigadores descubrieron que la administración de alcohol regula negativamente ciertos genes encargados de producir células antimicrobianas, con lo que se empezaban a producir muchas menos. Este daño a la microbiota intestinal, al final significa que el alcohol daña nuestras defensas corporales, dejando nuestro sistema inmune más vulnerable a enfermedades e infecciones, no solamente del hígado.

¿Cómo se cuantifica el alcohol para las personas con diabetes?…
El alcohol aporta 7 kilocalorías por gramo o por mililitro; sin embargo, el alcohol no se convierte en glucosa en el cuerpo, sino que se convierte en grasa. El alcohol es alto en calorías y bajo en nutrientes. Cuando el hígado descompone el alcohol, lo convierte en grasa, que puede provocar aumento de peso y elevar los niveles de triglicéridos en sangre. La siguiente tabla proporciona una lista de bebidas alcohólicas comunes, con su contenido promedio de carbohidratos para las personas con diabetes:

Bebida

Tamaño de la bebida Hidratos de Carbono (g)
Cerveza normal

120 ml (1 caña) 13
Cerveza sin alcohol

120 ml (1 caña)
12

Vino tinto, blanco seco

120 ml (1 copa)
trazas

Jerez dulce, oporto

60 ml
7

Gin, ron, vodka, wisky

45 ml (1 combinado con agua con gas o refresco sin calorías)
trazas

Gin tonic

300 ml (1 vaso)
16

Refrescos sin calorías (agua con gas, tónica sin azúcar, gaseosa, coca cola light o zero)

Cualquiera
0

Agua tónica

120 ml (un combinado)
11

Zumo (pomelo, toronja, tomate) 120 ml (un combinado)
15

(Al considerar los vinos, puede tomarse en cuenta que tanto para vinos tintos, blancos o rosados; un factor de gran importancia es la calidad de la fabricación, así como el tiempo de añejamiento; ambos factores influyen mucho en los efectos que tendrá la bebida en nuestro cuerpo y en la respuesta glucémica).

¿Cuánto alcohol puedo beber?… Recomendaciones a tener en cuenta:
Es mejor no beber esta droga por lo mencionado anteriormente. Si decides beber y tienes diabetes, es importante tener en cuenta otras consideraciones y precauciones:

Acompañar siempre las bebidas alcohólicas con los alimentos. Nunca sustituir alimentos por alcohol.
Realizar mediciones de glucosa en sangre frecuentes antes, durante y después de la ingesta de bebidas alcohólicas: ya que analizar y monitorear nuestra respuesta glucémica es parte del aprendizaje sobre nuestra propia diabetes.
Llevar consigo tabletas de glucosa, para tratar posibles hipoglucemias.
Traer consigo identificación personal de persona con diabetes.
Si está luchando por perder peso, limite la ingesta de alcohol, recuerde que el alcohol se convierte en grasa en el cuerpo.
Vigile las mezclas ricas en calorías y carbohidratos, como los refrescos comunes, zumos y agua tónica. Siempre preferir en dado caso los refrescos sin azúcar, gaseosas, agua con gas, etc.
Puede elegir cerveza combinada con gaseosa que no tiene calorías, para beber la mitad de cerveza que tenía pensado.
Elija vinos secos en lugar de vinos dulces para postres.
Mi experiencia:

Soy Rosy Yáñez, Soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes y Alimentación Low-carb. Tengo veinticinco años viviendo con Diabetes Tipo 1 (DM), y desde hace quince años logro tener niveles glucémicos normales, sin ninguna complicación diabética.

Si quieres seguir aprendiendo sobre la diabetes, te invito a ver mi último webinar “Resetea Bien tu Diabetes” en donde aprenderás los 4 fundamentos más importantes para normalizar tus niveles de glucosa en sangre de verdad https://youtu.be/s4YImTnQoI0 y si es tu momento, allí también puedes acceder a mis Programas DIABETES BIEN online para encajar tu diabetes tipo 1, diabetes tipo 2 o prediabetes a este tipo de alimentación en el menor tiempo posible, romper los mitos que te impidan lograrlo, aprendiendo como gestionar la medicación, monitoreo, todo de la mano conmigo y junto con otras personas con los mismos objetivos de salud.

Si quieres seguir recibiendo estos posts, acceso a webinars, LIVE’s, y avisos de inicio de mis Programas puedes apuntarte a mi página: https://diabetesbien.com/ o recibirlo mediante mi canal de mensajes online al móvil: https://t.me/joinchat/AAAAAEcMSNp3uS9GEnLuVg.

Si tienes dudas sobre si mis programas de acompañamiento online son para ti, puedes pedirme una sesión gratuita online aquí https://bit.ly/2HSj8iy , me cuentas tus dificultades con la diabetes y miramos si te puedo ayudar.

Uso consciente de edulcorantes

Desde hace algunas décadas existen los edulcorantes como alternativas al azúcar para endulzar alimentos o bebidas. Son sustancias que endulzan un alimento pero sin aportar calorías, o aportándolas en cantidad muy reducida. Existen varios tipos, que tendrán efectos distintos en nuestro cuerpo; siendo algunos más adecuados que otros, en especial para quienes vivimos con diabetes. Es importante aprender al respecto, ya que con el tema de los edulcorantes, nos daremos cuenta una vez más de que no existen las soluciones “milagro”: los productos que sean comercializados como “alternativas saludables” no necesariamente lo son, o bien pueden tener otros efectos en nuestro cuerpo, por lo que es importante educarnos y adquirir conciencia de su uso: ¿cuáles edulcorantes puedo utilizar, y como alternativa a qué o en lugar de qué?

Es importante tener en cuenta que la mayoría de los edulcorantes son productos sintéticos, que no existen como tal en la naturaleza. Pueden dividirse en nutritivos (que aportan energía) y no nutritivos (no aportan energía). Algunos de los no nutritivos más comunes son:

Aspartamo
Sacarina
Acesulfamo
Sucralosa
Ácido ciclámico
Entre los nutritivos encontramos:

Fructosa – se transforma en glucosa en el hígado, y puede causar aumento de peso.
Azúcares alcohol o polioles (manitol, sorbitol, xilitol, malitol y lactitol). Se convierten también en fructosa y glucosa en el hígado. En grandes cantidades pueden causar malestares digestivos, dolores abdominales y diarrea.
Si bien los edulcorantes no nutritivos son los que generalmente se tienen como “permitidos para personas con diabetes” al no aportar calorías o no afectar directamente los niveles de glucosa en sangre, es muy importante tener en cuenta que son sustancias artificiales que pueden tener otros efectos nocivos a la salud. El aspartamo (o aspartame) por ejemplo, es uno de los edulcorantes más conocidos, sin embargo se ha propuesto una posible relación entre su uso y el riesgo de desarrollar cáncer – aunque esto aún se debate y depende de las cantidades consumidas. Muchos de ellos también pueden ser adictivos.

Además, aun si un edulcorante no afecta directamente la glucosa en sangre, al no tener un efecto inmediato de hiperglucemia; no deja de ser un producto sintético (la mayoría de ellos creados en laboratorios) que afectará nuestra respuesta glucémica de otras maneras, además de tener otros efectos nocivos a largo plazo. Afectan la microbiota intestinal, lo cual a fin de cuentas tendrá efectos de manera indirecta en cómo nuestro cuerpo responde a la insulina y a la glucosa de otros alimentos. Son aditivos en sí mismos y, a la vez, un producto con edulcorantes casi siempre tendrá añadidos otros aditivos, que tendrán efectos nocivos a largo plazo en nuestra salud.

¿Cuál edulcorante puede ser mejor – más adecuado o menos dañino – para personas con diabetes?… Entre los edulcorantes disponibles, el stevia y el eritritol son de los que menos efectos tienen en la microbiota; aunque por supuesto esto depende de su calidad y pureza, así como la cantidad consumida. Además, stevia y eritritol entran en la categoría de los edulcorantes nutritivos, aunque su aporte calórico es muy reducido, por lo cual deberán ser utilizados con conciencia y moderación.

El uso consciente: ¿edulcorantes como sustituto de qué?
Hace algunas décadas, comenzaba en Estados Unidos, Europa y otras partes del mundo industrializado una crisis de salud pública, derivada sobre todo de la mala alimentación: alta en azúcares, carbohidratos y alimentos procesados. Buena parte de la población comenzaba a ganar peso, desarrollar diabetes tipo 2, y con ello problemas de corazón, riñones, etc. Llegó entonces la búsqueda de soluciones y alternativas que le permitieran a la gente seguir comiendo “como siempre”, con los alimentos y sabores a los que el paladar ya estaba acostumbrado.

Inició por ejemplo la moda de los alimentos industrializados “light”, que supuestamente eran una alternativa “saludable” a ciertos productos. Sin embargo, que algo ponga “light” en el empaque, de inicio no nos dice nada. “Light” puede significar azúcar reducido, o sin azúcar, o puede significar sin grasa. En este último caso, resulta engañosa la etiqueta de “light”, pues suele ser el caso que la falta de grasa se compensa añadiendo más azúcar. Siempre es recomendable por lo tanto mirar los empaquetados y las listas de ingredientes, ser consciente de qué sustancias específicas estamos consumiendo y en qué cantidades. Otros productos anunciados como “light” contienen edulcorantes, y nuevamente, es importante saber cuál.

Con los edulcorantes en general, debemos llevar un uso consciente. En los 80s y 90s se llegó a abusar de ellos, pensando que habían llegado como una “solución milagrosa” y un “sustituto saludable” al azúcar convencional, lo cual tampoco es acertado ya que los edulcorantes son, nuevamente, productos sintéticos que suelen tener otros efectos nocivos en el cuerpo.

Una gran parte del problema es que simplemente, en nuestra alimentación moderna nos hemos sobre-acostumbrado al azúcar y a consumir con frecuencia cosas que tengan sabor dulce: ya sean bebidas, postres, tentempiés azucarados, golosinas, bollería, etc… Históricamente esto ha sido un gran cambio en nuestro paladar. Más allá de la leche materna – que tiene un sabor naturalmente dulce – nuestros ancestros prehistóricos solamente consumían cosas dulces en cantidades sumamente moderadas, y sólo en sitios donde estaban disponibles: ocasionalmente frutos o moras (que sólo existían por temporadas), ocasionalmente algo de miel por ejemplo… Pero en la naturaleza los azúcares sólo existían en cantidades limitadas, y así fue durante miles de años hasta que apareció la agricultura y se comenzaron a cultivar por ejemplo frutas más parecidas a las modernas. Hasta ese momento, la mayor parte de la alimentación humana consistía en carnes, pescados, otras grasas y proteínas animales, nueces y vegetales.

Dado que el azúcar es adictivo (muchos edulcorantes también lo son) y muchas veces lo consumimos como respuesta emocional ya que dispara serotoninas; es útil preguntarnos si la necesidad de consumir cosas dulces quizá está actuando como “tapadera” de otros problemas emocionales no resueltos, o si es una costumbre que viene desde la infancia y por ello asociamos el dulce con sensaciones de bienestar. Podría ser más saludable reducir la cantidad de cosas dulces que comemos o bebemos, limitando las cantidades de edulcorantes solamente a lo mínimo necesario y dándoles un uso consciente. Con los niños especialmente, es importante inculcar desde la infancia buenos hábitos, evitando que exista un sobre-acostumbramiento a lo dulce y evitando abusar de edulcorantes.

Ningún producto creado por el hombre es una “solución milagro” que sustituya a la educación y al aprendizaje para “comer lo que sea”, y menos aún si vivimos con diabetes. La humanidad sigue sin ser capaz de crear, en fábricas y laboratorios, ningún producto que supere a la comida real, con ingredientes de calidad, como la que habrían consumido nuestros ancestros.

Mi experiencia:

Soy Rosy Yáñez, Soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes y Alimentación Low-carb.

Tengo veinticinco años viviendo con Diabetes Tipo 1 (DM), y desde hace quince años logro tener niveles glucémicos normales, sin ninguna complicación diabética.

Hace 15 años fui bajando los hidratos de carbono en mi alimentación, de forma empírica y por decisión propia, cuando conocí al Dr. Stan de Loach quien me presentó la metodología del Dr. R. Bernstein para mantener normoglucemia a través de una alimentación baja en hidratos y desde allí he mantenido valores de hemoglobina glicada (HbA1c) entre 4,4 y 5,3%. He creado mi propia metodología a partir de mi experiencia profesional y personal, priorizando la nutrición y salud de forma integral.

Actualmente, a mis 39 años de edad, paso la mayor parte del tiempo en rango glucémico normal (71-99 mg/dl), no tengo sobrepeso, me siento fuerte, saludable, activa y físicamente capaz de hacer lo que me proponga, no tengo ninguna complicación diabética diagnosticada. Y soy feliz.

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¿Una alimentación baja en hidratos causa daño renal?…

Ha circulado la duda acerca de la supuesta posibilidad de daño renal causado por las dietas bajas en carbohidratos y “altas en proteína”. Esto no solamente se lo ha preguntado gente con diabetes que sigue la recomendación de alimentación low-carb (baja en hidratos); sino también gente que no vive con diabetes, pero que está interesada por ejemplo en la alimentación keto (dieta cetogénica).

La idea de que una alimentación alta en proteína pudiera causar daño renal, vino de un solo estudio hecho en ratas por el Dr. Brenner de la Universidad de Harvard, mismo que después fue actualizado y retirado cuando se encontró evidencia opuesta. Desafortunadamente, para entonces ya había ganado publicidad la idea errónea del primer estudio, y ya había endocrinólogos recomendando disminuir la proteína en la alimentación para personas con diabetes (supuestamente para “prevenir daño renal”), alineándose con las recomendaciones de la Asociación Norteamericana para la Diabetes – misma que de entrada ya recomienda una alimentación alta en carbohidratos, un estándar de azúcar en sangre para diabéticos que es alto; y todo ello causará con el tiempo graves daños a la salud.

Pero también hay expertos y especialistas que sabemos que se puede aspirar a un estándar mucho más alto y a una calidad de vida mucho mejor que la lograda siguiendo el conocimiento convencional. El Dr. Richard Bernstein, pionero en el estudio de la diabetes y de los efectos de la glucosa en la sangre, así como otros especialistas, han desmentido que una alimentación alta en proteínas cause daño renal. Y hoy sabemos, en cambio, que lo que sí daña los riñones es la hiperglucemia crónica e hipertensión crónica.

Además, aquí cabe hacer la pregunta de que, cuando nos referimos a una dieta “alta” en proteína, ¿es “alta” con respecto a qué? ¿A las recomendaciones tradicionales basadas en premisas falsas, que ya sabemos que no funcionan?… Es mucho más importante pensar en que nuestra nutrición tenga un balance global, con cantidades adecuadas de micro- y macronutrientes (más allá de decir “altas” o “bajas”, pues también existen respuestas individuales); mucho más importante pensar en comer comida real, con ingredientes de calidad, y en cantidades y porciones adecuadas, que simplemente reducirse a decir que algo es “alto” o “bajo”. (Y en artículos anteriores mencioné por qué estas recomendaciones convencionales, históricamente han estado equivocadas).

Las recomendaciones tradicionales en nutrición, tanto para personas con diabetes como para quienes no lo son, ya de entrada recomiendan demasiados carbohidratos, y por todo el mundo estamos viendo las consecuencias: obesidad, hipertensión, enfermedad cardiaca… y para quienes viven con diabetes: descontrol glucémico, daños a órganos, etc. Una vez más, aquí vemos un ejemplo de cómo las recomendaciones tradicionales para personas con diabetes están basadas en muchas premisas falsas, desacreditadas, y todavía recomendando cosas que se sabe que no funcionan.

Tampoco tendría sentido evolutivo que el consumo de proteína causara daño renal. Durante miles de años, miles de generaciones humanas, la gente se alimentaba sobre todo de proteína. Antes de que existiera la agricultura, la gente comía sobre todo carne y pescado, además de verduras, nueces y algunos frutos y semillas. Y específicamente en las regiones del mundo cercanas a los polos, donde apenas crece vegetación (y quizá durante el invierno no hay ninguna planta comestible), pueblos como los inuit y esquimales llevan toda su historia milenaria alimentándose casi exclusivamente de proteína: pescado, carne, grasas de animales como focas o ballenas, etc. Poblaciones así todavía existen, conservando su alimentación ancestral, y la mayoría de ellos llegan a la ancianidad en muy buen estado de salud. Simplemente no tendría sentido biológico ni evolutivo que una alimentación rica en proteína dañara los riñones, y tampoco es verdad para personas con diabetes.

Sin embargo, dos cosas importantes: primero, hay que tener en cuenta que, como en todo producto y todo lo relacionado a la alimentación, la calidad también es un tema fundamental. Es importante elegir proteína de calidad, de buenas fuentes, y que no haya sido sometida a procesos industriales que la llenen de conservantes, por ejemplo. Esto siempre irá en línea con mis recomendaciones de comer comida real, con ingredientes de calidad. Una carne de granja, proveniente de un animal que pastó, será de mucha más alta calidad que una carne “de fábrica”, procesada, de un animal que se alimentó exclusivamente de grano (carbohidrato); ya que al nosotros consumir esa carne también estamos recibiendo los beneficios o perjuicios de cómo se encontraba ese animal en su salud y su nutrición.

Y el segundo punto a considerar es que, pensando en cómo era la vida de nuestros ancestros de hace miles de años, su alimentación era cíclica según las estaciones del año y la comida que tenían disponible a lo largo de cada temporada. Por eso, ellos no comían todo el año los mismos tipos de carne, ni los mismos tipos de plantas, además de que los propios animales eran más flacos hacia el final del invierno que hacia el final del verano (lo que implicaba una carne más magra durante ciertas temporadas y más grasosa en otras). En el mundo moderno tenemos disponible de todo, todo el tiempo. Eso nos da mucha abundancia en la comida disponible, pero a la vez puede causar menor adaptabilidad metabólica; por lo que también es recomendable dar variedad a la alimentación entre diferentes ingredientes de calidad, diferentes comidas reales, diferentes fermentos ancestrales, etc., y no limitarse a comer sólo carne magra (músculo) sino también órganos (hígado, corazón) y huesos (el caldo de huesos es conocido por proporcionar muchos nutrientes y minerales).

Mi experiencia:

👩🏻‍💻 Soy Rosy Yáñez, Soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición, Metabolismo, Diabetes y Alimentación Low-carb.

Tengo veinticinco años viviendo con Diabetes Tipo 1 (DM), y desde hace quince años logro tener niveles glucémicos normales, sin ninguna complicación diabética. Tuve un embarazo con una alimentación lowcarb, manteniendo niveles de HbA1c (4,4-5,3%), y tuve un parto vaginal e hija que nació sin ninguna de las complicaciones asociadas a la hiperglucemia (macrosomía, mal formaciones, etc).

Hace 15 años fui bajando los hidratos de carbono en mi alimentación, de forma empírica y por decisión propia, cuando conocí al Dr. Stan de Loach quien me presentó la metodología del Dr. R. Bernstein para mantener normoglucemia a través de una alimentación baja en hidratos y desde allí he mantenido valores de hemoglobina glicada (HbA1c) entre 4,4 y 5,3%. He creado mi propia metodología a partir de mi experiencia profesional y personal, priorizando la nutrición y salud de forma integral.

Actualmente, a mis 39 años de edad, paso la mayor parte del tiempo en rango glucémico normal (71-99 mg/dl), no tengo sobrepeso, me siento fuerte, saludable, activa y físicamente capaz de hacer lo que me proponga, no tengo ninguna complicación diabética diagnosticada. Y soy feliz.

Si quieres seguir aprendiendo sobre la diabetes, puedes ver mi webinar “Evita o Reinicia tu Diabetes” en donde aprenderás los 4 fundamentos más importantes para normalizar tu diabetes https://youtu.be/TC8zjTCWl5U y si es tu momento, allí también puedes acceder a mi Programa DIABETES BIEN para encajar tu diabetes tipo 1, diabetes tipo 2 o prediabetes a este tipo de alimentación en el menor tiempo posible, romper los mitos que te impidan lograrlo, todo de la mano conmigo y junto con otras personas con los mismos objetivos de salud.

También puedes pedirme una sesión gratuita online aquí https://bit.ly/2HSj8iy , me cuentas tus dificultades con la diabetes y miramos si alguno de mis servicios te puede ayudar

¿Por qué nunca funcionó el contar raciones de hidratos?

Fueron los griegos quienes identificaron la condición particular de quienes resultaban muy afectados por la ingesta de carbohidratos y azúcares, dándole ellos el nombre de “diabetes”. Desde entonces, y durante la antigüedad, antes de que se descubriera la insulina, la única manera posible de tratar la diabetes era restringiendo o eliminando los hidratos de la alimentación.

En 1867, Paul Langerhans por primera vez analizó el páncreas de un mono afectado por un trastorno parecido a la diabetes humana, y así comenzamos a aprender que el páncreas jugaba un importante rol regulatorio en la digestión. Y en 1921, la insulina finalmente se identificó como tal, y empezamos a entender su vital importancia en los procesos digestivos y en el por qué algunos de nosotros vivimos con diabetes.

El descubrimiento de la insulina marcó definitivamente un antes y un después en el tratamiento de la diabetes; y sin duda todos estos avances, descubrimientos y aprendizajes nos han ayudado muchísimo a quienes vivimos con diabetes ya sea tipo 1 o tipo 2. Sin embargo, por el camino hemos cometido algunos errores, ya que el conocimiento convencional en nutrición, durante las últimas décadas, empezó a basarse en la falsa premisa de que había que “evitar las grasas” y en su lugar aumentar la ingesta de carbohidratos. Ahora, al ir aprendiendo y mejorando nuestros conocimientos en nutrición (tanto para quienes vivimos con diabetes como para quienes no), nos estamos dando cuenta de que la alta ingesta de carbohidratos nos hace daño a todos, pero en especial a quienes vivimos con diabetes, ya que no conseguimos una normoglucemia (glucosa en sangre de 71-99 mg/dl) ni alcanzamos el tan ansiado equilibrio.

Y es que colectivamente caímos en el error de suponer que, una vez descubierta la insulina, y una vez que fue posible hacer que las personas con diabetes simplemente se inyectaran insulina cada día, creímos que esta sustancia sería la “solución mágica” que haría que pudiésemos comer “de todo”. Erróneamente pensamos que los “pinchazos” diarios de insulina, supuestamente calculando las cantidades de insulina en relación a las cantidades de carbohidratos, nos ahorrarían el aprendizaje real, o que ese sería un atajo milagroso para lograr la normoglucemia. Aún hay gente que cree o que recomienda, “pues a pincharse insulina diario y ya está, listo, puedes comer de todo sin restricciones”.

Después de muchos frustrantes intentos de lograr así la normoglucemia, muchos nos damos cuenta de que simplemente no es verdad. Yo conté raciones de hidratos y dosis correspondientes de insulina durante diez años, tratando de ser estricta y de controlar las raciones, y simplemente no lograba ese equilibrio. Continuaban las subidas y bajadas de glucosa en sangre, como en una montaña rusa. ¡Yo sabía que podía estar mejor y que debía existir otra manera!… Y muchas otras personas con diabetes tipo 1 o tipo 2 están teniendo experiencias similares. A pesar de pinchar mucha insulina, seguimos viendo complicaciones diabéticas entre quienes siguen las recomendaciones “tradicionales”, con alimentación alta en carbohidratos.

Contando raciones el equilibrio aún se nos escapa, ¿por qué?…
Son varias las razones por las que el método “tradicional” de tratamiento para la diabetes, que consiste en contar raciones de hidratos y después intentar pincharse la cantidad “correcta” de insulina para contrarrestarlos, no funciona:

Porque en realidad es sumamente difícil calcular con exactitud las cantidades de hidratos en los alimentos. Lo que las etiquetas indican siempre son aproximaciones, estimadas utilizando métodos directos e indirectos. Además, muchísimos factores pueden hacer que varíe el índice glucémico de un alimento; desde condiciones de cultivo o de procesado, hidratación, madurez y calidad del ingrediente, etc. Entre más procesado sea un producto, probablemente está calculado con más exactitud el contenido de hidratos… sin embargo, comer productos procesados de entrada no es recomendable, ya que no se trata de comida real – y los ultraprocesados rara vez son bajos en hidratos – además de contener químicos y conservantes dañinos.
Porque es importante diferenciar entre tipos de carbohidratos: cada uno puede dar una respuesta glucémica muy diferente (más lenta entre más se trate de una comida real; más rápida entre más sea un producto ultraprocesado).
Porque cada persona tiene un proceso digestivo distinto, con diferente homeostasis de la microbiota intestinal, metabolismo, niveles hormonales, estado de glucotoxicidad, etc.
Porque la fuerza de la insulina exógena pinchada de forma subcutánea está muy por debajo de la insulina endógena producida en el páncreas y regada directamente en la sangre, además la insulina pinchada puede tener grandes variaciones en su absorción en sangre – hasta 25% en una misma persona.
Porque factores tan diversos como el estrés, la cantidad y calidad de horas de sueño, y el ejercicio, influyen también en cómo responde nuestro cuerpo a todas las sustancias, tanto la glucosa como la insulina.
Porque ya de entrada, las cantidades tradicionalmente recomendadas de hidratos son excesivas.
Porque dependiendo no sólo de la calidad, sino también de las cantidades de lo que se ingiera, puede ser más fácil o más difícil tener un equilibrio o desequilibrio de la glucosa en sangre – esto lo mencioné más a detalle en el artículo sobre la Ley de las Pequeñas Cifras. El Dr. Richard Bernstein fue quien creó dicha ley, y ha sido de los primeros especialistas en hablarnos sobre cómo lograr la normoglucemia con una alimentación baja en hidratos y basada en comida real.
Yo como otras personas con diabetes, intenté por diez años seguir el método de “contar hidratos” y después tratar de dar con la dosis adecuada de insulina, y nunca logré el equilibrio que deseaba. Además, tengamos en cuenta que la hiperglucemia crónica nos causará a largo plazo daños notables en nuestra salud – y esto corre para todos, no solamente quienes vivimos con diabetes, sino cualquier persona. De hecho, se ha descubierto que el principal marcador de complicaciones diabéticas es la hemoglobina glicada. Y nuevamente, un alto nivel de azúcar en sangre, mantenido durante muchos años, también le causa grandes daños a quienes no viven con diabetes: retinopatías, cardiopatías, daño renal, entre muchas otras.

Es por eso que yo muchas veces hago la analogía de que quienes vivimos con diabetes es como si tuviéramos una alergia a los carbohidratos: tenemos una respuesta exagerada de glucosa en sangre; glucosa que, además, cuando se tiene en exceso es tóxica, y a todo el mundo le puede causar las afectaciones a la salud que mencioné antes. El seguir estas recomendaciones convencionales o “tradicionales” no ha impedido que sigamos viendo cada vez más complicaciones diabéticas, ya que se ha basado en muchas premisas erróneas, y ya de entrada le ha recomendado a todo el mundo una alimentación sobrecargada de carbohidratos (aún tenemos aquélla “pirámide nutricional” con los carbohidratos en la base, que nos ha causado tantos problemas de salud). Esta alimentación con exceso de hidratos – que es lo que el conocimiento tradicional en nutrición aún nos recomienda – no es buena para nadie, y también hace daño a la larga a personas que no viven con diabetes.

Yo propongo al conocimiento y la educación como el verdadero tratamiento de la diabetes. Volviéndonos autónomos y expertos en nuestra propia diabetes, es como podemos ir aprendiendo y logrando nuestros objetivos glucémicos y de salud. En mi experiencia, lo que si funciona es llevar una alimentación basada en comida real y con muy bajos carbohidratos, comiendo en coherencia con nuestros objetivos. Para quienes vivimos con diabetes, lo más importante es APRENDER como normalizar los niveles de glucosa en sangre; es lo que nos lleva a tener equilibrio y salud, evitando la gran mayoría de complicaciones diabéticas.

Es casi imposible tener una “ingesta cero” de carbohidratos, ya que muchos alimentos reales como las verduras también los contienen en muy pequeñas cantidades, mismos que también hay que saber equilibrar, por ello lo importante es el aprendizaje continuo. Por eso son igual de importantes las dos partes de la recomendación: tanto comer comida real como baja en hidratos (ya que una comida “real” no necesariamente es “baja en hidratos”, y una comida “baja en hidratos” no necesariamente es “comida real”).

Es curioso que, a pesar de que los avances en tecnología médica sin duda son una valiosísima ayuda si los sabemos aprovechar, muchos estamos descubriendo que también es valioso volver un poco a “los orígenes”. En tiempos de los griegos, una alimentación baja en hidratos habría sido la única manera de cuidar la salud y alargar la vida de una persona con diabetes; y ahora, miles de años después, aun cuando tenemos la opción de inyectar insulina, ésta será nuestra aliada pero no una solución mágica, ni sustituye jamás el aprendizaje. Pero no sólo eso, sino que la misma alimentación que habría ayudado a una persona con diabetes de hace tres mil años, sigue siendo el tipo de alimentación que nos ayudará ahora.

Mi experiencia:

👩🏻‍💻 Soy Rosy Yáñez, Soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes y Alimentación Low-Carb.

Tengo veinticinco años viviendo con Diabetes Tipo 1 (DM), y desde hace quince años logro tener niveles glucémicos normales, sin ninguna complicación diabética.

Hace 15 años fui bajando los hidratos de carbono en mi alimentación, de forma empírica y por decisión propia, cuando conocí al Dr. Stan de Loach quien me presentó la metodología del Dr. R. Bernstein para mantener normoglucemia a través de una alimentación baja en hidratos y desde allí he mantenido valores de hemoglobina glicada (HbA1c) entre 4,4 y 5,3%. He creado mi propia metodología a partir de mi experiencia profesional y personal, priorizando la nutrición y salud de forma integral.

Actualmente, a mis 39 años de edad, paso la mayor parte del tiempo en rango glucémico normal (71-99 mg/dl), no tengo sobrepeso, me siento fuerte, saludable, activa y físicamente capaz de hacer lo que me proponga, no tengo ninguna complicación diabética diagnosticada. Y soy feliz.

Si quieres aprender más sobre control glucémico con estrategia basada en alimentación baja en hidratos, mucha experiencia personal y profesional en el uso adecuado de insulinas, te invito a que te registres en mi próximo webinar: https://diabetesbien.com/webinar/

Para seguir aprendiendo de la diabetes en mi próximo webinar gratuito aprenderás los 4 fundamentos más importantes para REINICIAR o EVITAR TU DIABETES: https://diabetesbien.com/webinar/ y te presentaré los programas personales/grupales que actualmente realizo y puedes ver si alguno de ellos te puede ayudar y facilitar tu camino hacia la normalidad glucémica.

¿Necesitamos comer glucosa o carbohidratos para sobrevivir?

Si tú eres una persona que vive con diabetes, sin duda la palabra “glucosa” es una que escuchas muy a menudo y que ocupa un lugar importante en tu vida y tu salud. Ya que la manera de evitar complicaciones diabéticas, y de mantener una excelente salud y calidad de vida, es aprender a normalizar los niveles de glucosa en tu sangre.

Ante todo: ¿qué es la glucosa?
La glucosa es un azúcar simple, que se encuentra naturalmente en alimentos como las frutas, los cereales y granos, y en mucha menor medida, algunas verduras. La glucosa es una fuente de energía para nuestro cuerpo. Todos nuestros órganos requieren energía para funcionar, ¡especialmente el cerebro!, mismo que necesita constantemente energía, llegando a representar hasta el 20% del gasto energético de nuestro organismo. El cuerpo puede obtener energía de dos fuentes principales: glucosa y cetonas. La mayoría de las personas hoy en día, en casi todo el mundo, típicamente llevan una alimentación alta en carbohidratos (pan, pastas, cereales, etc.) y por lo tanto, para ellos la glucosa está siendo su principal fuente de energía.

El problema es que nuestro cuerpo sólo puede tolerar un cierto nivel de glucosa en la sangre, pues la glucosa en exceso es tóxica y causa múltiples problemas a nuestro cuerpo. Tener crónicamente niveles altos de glucosa en sangre causa muchísimas complicaciones, y especialmente a quienes viven con diabetes. El rango normal y saludable de glucosa en sangre, es de aproximadamente entre 71 a 99 mg/dL. Un dato interesante, es que en nuestra sangre solo hay aproximadamente 5 gramos de glucosa de forma constante, si se excede esta cantidad constantemente, se tiene que eliminar esa toxicidad, de hecho con esa hiperglucemia muchos de nuestros órganos pueden comenzar tener daños y problemas irreversibles (riñones, ojos, corazón, cerebro, extremidades, etc). Es por eso que para vivir necesitamos de la insulina; la sustancia encargada de “sacar” la glucosa de la sangre y aprovecharla en las células, regulando así la cantidad de glucosa en sangre, sin embargo, nuestro cuerpo no puede almacenar glucosa sin límite en las células, es por eso que comer un exceso de glucosa se puede traducir en aumento de grasa corporal (adipogénesis) y obesidad. Dicho esto, la importancia de cuadrar y encajar estos factores básicos para que se pueda dar este equilibrio: alimentación baja en hidratos, aprendizaje en el uso coherente de insulinas y normalidad glucémica.

Diabetes y glucosa.
Cuando una persona tiene Diabetes Tipo 1 (diabetes mellitus o DM), el páncreas no produce insulina, con lo cual consumir una dieta tradicional alta en carbohidratos y en glucosa, traerá rápidamente problemas y complicaciones muy severas.

Hoy en día, la diabetes se está volviendo un serio problema de salud pública en muchos países, creciendo rápidamente los niveles de Diabetes Tipo 2, ocasionada por una resistencia a la insulina que comienza después de que la persona ha tenido por muchos años una alimentación poco saludable, muy alta en carbohidratos y azúcares.

Sin embargo, vivir en bienestar con DM es totalmente posible. Prácticamente todas las complicaciones llamadas “complicaciones diabéticas” son evitables si se lleva una alimentación adecuada y un control de la glucosa en sangre (para lograr que los niveles sean todo el tiempo normales, a esto le conocemos como normoglucemia). Por ello, más que llamarles “complicaciones diabéticas”, en realidad son complicaciones que sólo ocurren si no se lleva un adecuado control de la glucosa en sangre. La persona con diabetes que aprende sobre su propio cuerpo, y que lleva un estilo de vida saludable, comiendo comida real y baja en carbohidratos (regulando así fácilmente la glucosa en sangre), podrá evitar prácticamente la totalidad de estas complicaciones, llevando una vida sana y normal.

Mito: “es esencial ingerir glucosa en nuestra dieta, proveniente de carbohidratos”.
Hemos llegado a creer que los carbohidratos “son esenciales” en nuestra alimentación, y que forzosamente se deben incluir altas cantidades de glucosa proveniente del pan, pastas, cereales, frutas, azúcares, etc. Sin embargo, ya muchos estudios han demostrado que nuestro cuerpo y nuestro cerebro pueden perfectamente vivir sin carbohidratos y sin prácticamente ninguna ingesta de glucosa. Es difícil tener una “ingesta cero absoluta” de glucosa, ya que las verduras, frutos secos y algunos alimentos proteicos los contienen en cantidades pequeñas; sin embargo, con la glucosa proveniente de dichas verduras y otros alimentos reales es más que suficiente, y no necesitamos ingerirla de alimentos altos en carbohidratos desfavorables.

Cuando una persona que normalmente come carbohidratos, los reduce o cambia las fuentes de éstos, después de unas 24 a 48 horas su cuerpo comenzará la transición al uso de ácidos grasos para obtener energía. A partir de los ácidos grasos, se producen cetonas: tanto aquéllas que ingerimos en nuestros alimentos, como las grasas almacenadas en nuestras células corporales. Este proceso puede ayudar a perder el exceso de peso; y además, las cetonas pueden ser una fuente de energía saludable y sostenible. Obtener así nuestra energía incluso nos ayudará a tener mejor salud, menos hambre (pues la glucosa provoca más fuertemente la producción de las hormonas que nos hacen sentir hambrientos), y mejor funcionamiento cerebral.

Por otro lado, si bien nuestro cuerpo necesita glucosa para funcionar, no es necesario ingerirla de los alimentos: ¡nuestro propio cuerpo la puede fabricar utilizando las grasas y las proteínas para formar glucosa por neoglucogénesis… De ahí viene en parte esta confusión, pues si bien nuestro cuerpo necesita funcionar con glucosa, es más que suficiente la que obtenemos porque nuestro cuerpo la fabrica a partir de grasas y proteínas. Aunque los vegetales son recomendables por ser fuente de múltiples vitaminas y fitoquímicos.

Resulta que la glucosa no es la única fuente de energía posible para nuestro organismo. Esta fuente alternativa de energía para nuestro cuerpo y cerebro, las cetonas, se obtienen de las grasas y las proteínas de la comida real y natural y de la utilización de nuestro propio tejido corporal. Quienes llevan una alimentación baja en carbohidratos o lowcarb, estarán utilizando ácidos grasos y cetonas como principal fuente de energía. Pero nos preguntaremos: ¿eso es normal y saludable? ¿Funcionará bien mi cuerpo y mi cerebro si obtengo mi energía únicamente de las grasas y proteínas?… ¡Absolutamente sí!… De hecho, evolutivamente esto tiene mucho sentido, ya que nuestros ancestros cazadores y recolectores podían pasar muchas horas o hasta varios días sin encontrar alimento suficiente, y su cuerpo evolucionó adaptándose perfectamente bien a ello. Nuestros ancestros alternaban entre períodos de abundante comida y períodos sin casi nada de alimento – pero además, no consumieron nada de carbohidratos de los que conocemos actualmente durante miles de generaciones, antes de que apareciera la agricultura: ellos llevaban una dieta consistente sobre todo en carnes (proteínas y grasas animales), pescados, vegetales, algunos otros alimentos de origen animal como los huevos, y unas pocas frutas silvestres.

Mito: “los niños necesitan glucosa”. Realidad: Los niños necesitan aún menos glucosa que un adulto.
En el caso de los niños, ellos necesitan aún menos glucosa que un adulto, de acuerdo al ejemplo antes mencionado, así el consumo de glucosa les hace aún más daño; pues al ser más pequeño su cuerpo y con menor cantidad total de sangre, tendrían menos de 5 gramos de glucosa en toda su sangre de forma constante, de esta forma, la misma dosis de azúcares que a un adulto le subiría un poco los niveles de glucosa, se la subirá mucho más a un niño. Los niños, por encontrarse en proceso de desarrollo y crecimiento, con mayor razón necesitan alimentos saludables, reales y naturales.

Concluyendo:
La glucosa es solamente una de las posibles fuentes de energía de nuestro cuerpo, pero no es la única, y tampoco es indispensable consumirla, además puede causar problemas especialmente a quienes viven con DT. Una alimentación baja en carbohidratos, no solamente es posible sino que incluso nos mantiene en mucho mejor salud y bienestar.

Mi experiencia:

👩🏻‍💻 Soy Rosy Yáñez, nutricionista doctorada, especializada en diabetes y lowcarb, tengo 25 años viviendo con diabetes tipo 1. Tuve un embarazo saludable con una alimentación lowcarb, manteniendo niveles de HbA1c (4,4-5,3%), y tuve un parto vaginal e hija que nació sin complicaciones asociadas a la hiperglucemia (macrosomía, malformaciones, etc). No tengo complicaciones diabéticas. Si tienes diabetes tipo 1 o tipo 2 o estás en riesgo de diabetes, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes y quieres aprender más sobre LOWCARB en diabetes junto con mi experiencia personal y profesional, te invito a que visites mi página: https://diabetesbien.com/servicios/

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¿Hacer ayuno intermitente si tengo diabetes?

La práctica del ayuno intermitente se ha promovido en distintos medios y círculos donde se tratan temas de alimentación y nutrición en general, hábitos saludables relacionados con alimentación, etc. Para hablar primero de generalidades, el ayuno intermitente es la práctica de restringir las horas en que uno ingiere alimentos; por ejemplo, de manera que exista una ventana de solamente ocho horas del día en que se ingerirán comidas, dejando las otras dieciséis (que incluyen las horas de sueño) como horas en que no se comerá. Hay diferentes “combinaciones” entre horas de ayuno y horas de ingesta (algunas son 12-12, 16-8, o 20-4), cada individuo interesado en hacer ayuno intermitente deberá probar con qué combinación le va mejor.
Ya se ha estudiado y demostrado que el ayuno intermitente puede traer grandes beneficios a nuestro organismo. Y tiene lógica si pensamos cómo se alimentan otras especies de mamíferos y cómo se alimentaban nuestros ancestros también: ellos no hacían tres o cuatro comidas regulares a horas establecidas del día; sino que alternaban entre largos períodos de no tener ningún alimento disponible, y otros períodos de abundancia nutritiva (por ejemplo, un día de cacería abundante seguido de varios con apenas muy poco qué comer).
Nuestros cuerpos no sólo están plenamente preparados para poder pasar horas sin comer y sin sufrir ningún efecto adverso; sino que además, el dejar de comer por varias horas puede traer beneficios metabólicos. Estudios varios ya demuestran que el ayuno intermitente puede reducir indicadores de inflamación, favorecer la autofagia que facilita perder el exceso de peso (ya que las células se alimentarán de sus propias partes dañadas para renovarse), reducir los triglicéridos y mejorar el perfil lipídico, fortalecer el sistema inmune, y mejorar la sensibilidad a la insulina.

¿Qué hay de la persona con diabetes?
Aquí la pregunta importante sería, naturalmente, si el ayuno intermitente es recomendable para quienes viven con diabetes. Hay quienes expresan el temor de que un período de ayuno pueda afectar sus niveles de glucosa u otro balance corporal de la persona con diabetes, sin embargo, se ha descubierto que lejos de afectar, el ayuno intermitente puede reducir problemas típicos asociados a la diabetes como inflamación, presión arterial y resistencia a la insulina. También puede mejorar la función pancreática en personas que viven con Diabetes tipo II. La autofagia es clave en el proceso de recuperación del páncreas, y la autofagia es uno de los superpoderes del ayuno intermitente.

Mi experiencia con el ayuno intermitente:
Hace dos a tres meses aproximadamente, en mí misma con 38 años de edad, 25 años viviendo con Diabetes tipo I, y quince años haciendo alimentación lowcarb (durante los cuales he logrado niveles glucémicos normales, sin ninguna complicación diabética), decidí probar el ayuno por varias razones:

1) El efecto del alba o amanecer (mismo que supone un aumento de la glucosa sanguínea, cuando nuestro organismo se prepara para despertarse), que me dificultaba acertar en el bolo para desayunar 5-6 g de glucosa.
2) Observación desde los últimos años, que mi cuerpo se encuentra mejor comiendo en horario de tarde, que no de mañana.
3) Objetivo de equilibrar la flora bacteriana (fenómeno de autofagia) y facilitar la disminución de grasa corporal.

Dado que cada individuo es distinto, varía entre una persona y otra, la proporción o balance entre horas de sí comer y horas de no comer, que le ayudarán a él o ella en particular. Dependiendo de su metabolismo particular, si en general les va mejor comiendo de mañana o de tarde, etc. Como en todas las generalidades de nuestra salud y de nuestra vida en bienestar con diabetes, una clave básica e importante será siempre la auto-observación, el conocer nuestro propio cuerpo y escuchar sus señales.
En lo personal, estoy súper contenta con los resultados, ya que mi glucosa en sangre permanece toda la mañana estable (ver gráfico), y no tengo nada de hambre durante toda la mañana, mis observaciones han sido que:
• Al inicio tenía la presión de querer comer más cantidad de comida en las otras 2 comidas, luego mi cuerpo se fue autorregulando.
• Los días de regla son los únicos días que se me dificulta más hacerlo, debido a que hormonalmente me encuentro más ansiosa y hambrienta.
En las siguientes tablas y gráficos (desde nighscout) muestro el promedio y desviación estándar por hora de mis niveles de GS los últimos 3 meses que corresponde aproximadamente a las horas en las que he realizado el ayuno, a continuación, el gráfico en % que he estado en rango entre mis niveles meta de 55-120 mg/dl los últimos 3 meses y el cálculo de HbA1c: 4,6%, así como la curva que muestra visualmente mayor estabilidad y periodo en rango (menos de 100 mg/dl) durante las horas de ayuno.

Hora Promedio Desviación Estándar
21:00 85 20,8
22:00 85 23,1
23:00 80 20,5
0:00 78 19,3
1:00 84 21
2:00 89 24,6
3:00 90 25,8
4:00 87 27,1
5:00 84 27,6
6:00 79 27,3
7:00 78 27,8
8:00 84 26
9:00 78 26,9
10:00 79 18,0
11:00 83 17,1
12:00 87 19,3
13:00 81 18,9

👩🏻‍💻 Soy Rosy Yáñez, Soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes y Baby-Led Weaning.
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Colesterol y Diabetes

¿Cómo podríamos explicarnos que existen pueblos y países donde tienen dietas muy altas en grasas saturadas (por ejemplo grasas animales naturales, aceite de oliva o de coco, etc.) y sin embargo tienen tasas bastante bajas de enfermedad cardiovascular?…

Llevamos décadas inundados de información obsoleta, que fue creada basándose en estudios mal hechos o mal interpretados… y que llevaron a los expertos en salud y los sistemas de salud de todo el planeta, a repetir el mito de que el alto consumo de grasas en general – y colesterol en particular – eran los responsables de enfermedades cardiovasculares; y que por lo tanto, para reducir la enfermedad cardiovascular había que dejar las grasas y comer en su lugar más carbohidratos (cereales, harinas, patatas, etc). Sin embargo, el alto consumo de grasas saturadas, y el colesterol, nunca fueron la causa de las enfermedades cardiovasculares. El colesterol en la alimentación fue malignizado como responsable de enfermedades… pero todo ello basado en estudios que nunca tuvieron un buen sustento científico.

Mi experiencia viviendo con diabetes, el colesterol en la alimentación, y mi salud.
Vivo desde hace 25 años con Diabetes Tipo 1 (DT1). En ese tiempo; tuve primero diez años de alimentación tradicional alta en carbohidratos, y control glucémico tradicional o recomendado, y probablemente durante esos años tuve un mucho mayor riesgo cardiovascular. Ya que seguí las recomendaciones tradicionales, basadas en el supuesto “conocimiento convencional” que me decía que debía comer menos grasas y más carbohidratos. Durante ese tiempo, seguí teniendo dificultades para controlar mis niveles de glucosa en sangre, ya que seguía presentando las “subidas y bajadas” con que lidian las personas con diabetes que siguen tales recomendaciones; y aunque en general estaba sana, yo en el fondo sabía que podía estar mucho mejor.

En comparación, los últimos quince años de mi vida he realizado una alimentación lowcarb, alta en grasas naturales incluyendo colesterol (por ejemplo aceite de oliva, grasas animales reales, de buena calidad); y he conseguido mantener niveles de HbA1c normal (entre 4,4-5,3%, como si no tuviese diabetes). Sin embargo, los niveles de colesterol total fueron más altos. Esta preocupación me llevó a hacerme pruebas cardiológicas, en las que comprobé que a pesar de mis años con DT1 no tengo ni siquiera indicios de ateromas; lo que comprueba lo que dicen los nuevos estudios, sobre que la inflamación y el riesgo cardiovascular en la DT1 está provocada más por la hiperglucemia sostenida en el tiempo de forma crónica (ocasionada por una alimentación alta en hidratos), que por niveles “altos” en colesterol. Además, los estudios dicen que es más importante evaluar la fracción de colesterol (LDL, HDL, ApoA y ApoB) que sólo el colesterol total para evaluar el riesgo cardiovascular. Hasta la fecha no tengo tampoco complicaciones diabéticas, y ayudo a otros a llevar dietas bajas en hidratos, que normalicen sus niveles glucémicos.

¿Cómo fue que surgieron las recomendaciones erróneas?
Hace varias décadas, diversos estudios basados sólo en observaciones, como el reporte McGovern y el estudio de varios países que realizó el Dr. Ancel Keys, erróneamente concluyeron que había que disminuir el consumo de grasas saturadas (así como cambiarlas por aceites vegetales), y aumentar el consumo de carbohidratos. El problema es que cuando un estudio está basado solamente en observaciones; existe un alto riesgo de que los autores del estudio estén ignorando elementos importantes que podrían cambiar su interpretación de los datos… o incluso, que ellos quieran forzosamente “demostrar” una cierta conclusión preestablecida, que compruebe lo que ellos mismos previamente quieren que los datos digan.

Fue lo que efectivamente sucedió con los estudios del Dr. Keys y del reporte McGovern: concluyeron erróneamente, basándose sólo en observación, que las grasas saturadas y el colesterol aumentaban el riesgo cardiovascular; de ahí se derivó la que ahora conocemos como “pirámide nutricional”, y la recomendación de comer más carbohidratos. Y a partir de dichas recomendaciones, gente por todo el mundo ha estado comiendo menos grasas (o sustituyendo las grasas naturales por grasas artificiales, vegetales o trans); y sin embargo los índices de enfermedad cardiovascular siguen aumentando.

Hubo sin embargo, investigadores que se oponían a tales recomendaciones: los disidentes como John Yudkin, quien culpó al azúcar de los problemas de salud de los norteamericanos modernos; o Thomas Cleave, quien sabiamente dijo que “es absurdo culpar a los alimentos antediluvianos por enfermedades recién desarrolladas”.

Ya empiezan a surgir estudios más recientes que contradicen el conocimiento “convencional”, dándole la razón a gente como Yudkin y Cleave; demostrando que el colesterol por sí mismo no es un problema y tampoco causa problemas cardiovasculares. Además, bastaría observar lo que está sucediendo en lugares específicos donde la salud cardiovascular de la gente sigue siendo mucho mejor: franceses, españoles y suizos, por ejemplo, tienen dietas tradicionales muy altas en grasas naturales (por ejemplo quesos, carnes, aceites ancestrales como el de oliva, grasas de cerdo o vaca, etc.), y tienen mucho más bajos índices de enfermedad cardiaca que los estadounidenses, quienes tradicionalmente llevan dietas muy altas en carbohidratos intentando seguir el consejo de “reducir las grasas”. O pensemos en los pueblos que ancestralmente han vivido muy cerca del Polo Norte y cuyas dietas se componen, prácticamente, de sólo carnes y grasas animales (de ballena, foca, etc.); sin embargo son longevos y con muy bajos índices de infartos u otros problemas cardiacos.

El colesterol es, de hecho, necesario para sobrevivir. Una buena parte del cerebro está hecha de colesterol, y su consumo saludable dentro de una alimentación en base a comida real y natural, puede incluso prevenir infecciones. No hay ninguna asociación con enfermedad cardiovascular. Comer una alimentación alta en grasas naturales reales, y baja en hidratos, puede mejorar increíblemente los niveles de colesterol HDL y triglicéridos (TGC), y la ratio entre estos (TGC/ colesterol HDL) se ha visto que tiene evidencia científica para evaluar el riesgo cardiovascular, junto con los niveles de hemoglobina glicada HbA1c, niveles de insulina en personas sin diabetes, perímetro de cintura, entre otros factores con más fuerza como la frecuencia de actividad física realizada.

Recomendaciones o conclusiones:

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Keto en Diabetes NO es Cetoacidosis

En años recientes se escucha hablar mucho sobre la alimentación “keto”, llamada por algunos “dieta keto” – aunque no se debería tratar de una “dieta” como muchos entienden convencionalmente a las “dietas” que duran sólo un tiempo breve, sino que lo ideal es hacer cambios permanentes en nuestro estilo de vida, en especial si se vive con diabetes. “Keto” se trata de una alimentación muy baja en carbohidratos, moderada en proteína y alta en grasas naturales reales; que mucha gente utiliza exitosamente para perder el exceso de peso, y que muchos doctores hoy en día recomiendan.

Como tantas otras cosas, la alimentación keto no es realmente “una novedad”: es la forma en que se alimentó naturalmente la humanidad durante millones de años, basándose en carnes, verduras y algunos frutos y nueces; hasta antes de la aparición de la agricultura, que fue cuando la gente empezó a basar más su dieta en granos como el trigo y maíz, por ser cultivos capaces de rendir grandes cantidades de calorías por hectárea. A la alimentación “keto” se le llama así porque la baja ingesta de carbohidratos pone al cuerpo en un estado metabólico llamado cetosis (“ketosis” en inglés, de ahí el nombre), donde el organismo fabricará sustancias llamadas “cetonas” o cuerpos cetónicos, que le ayudarán a obtener su energía quemando la grasa de la dieta así como la grasa almacenada en las células

¿Es posible o recomendable la alimentación keto en diabetes?

Existe el cuestionamiento de si acaso una alimentación así es posible para quienes viven con diabetes. La confusión surge porque a éste estado de “cetosis” se le confunde con la “cetoacidosis”, que es una descompensación grave que puede suceder en la diabetes. “Cetosis” y “cetoacidosis” no tienen nada qué ver una con la otra. Una alimentación baja en hidratos o “keto”, es una opción posible para las personas con diabetes que quieren normalizar sus niveles de glucosa en la sangre. Cuando hablo de “normalizar”, me refiero a los niveles que tienen las personas que no tienen diabetes y que no sufren complicaciones crónicas debidas a hiperglucemia, es decir 71-99 mg/dl la mayor parte del tiempo.
Con una alimentación baja en hidratos o keto, esto es posible. Yo misma hace 15 años lo descubrí y lo aprendí, y he logrado mantenerme más saludable, sin complicaciones diabéticas, tener un embarazo y parto saludable aún con 25 años viviendo con diabetes tipo 1.

En parte, esta confusión viene de las décadas de información obsoleta que hemos recibido, en donde uno de los grandes mitos de la nutrición contemporánea es la idea de que los carbohidratos “son necesarios” y que incluso “deben ser la base de nuestra alimentación”. Estos mitos han conducido a que tengamos en la mente esa supuesta “pirámide nutricional” en donde los carbohidratos estaban en la base; hoy en día sabemos que dicha pirámide no tiene fundamentos científicos y que basar nuestra dieta en carbohidratos ha provocado obesidad y mayores índices de enfermedad cardiovascular. Más grave aún, incluso a quienes viven con diabetes se les recomienda todavía una dieta alta en carbohidratos, con las muchas complicaciones que eso conlleva.

La alimentación keto ha sido ampliamente estudiada, tanto para prevenir la diabetes…
– David Perlmutter (Cerebro de Pan),
– Gary Tubes (The Case Aginst Sugar Knopf), Volek Jeff, Phinney Stephen D.
-The Art and Science of Low Carbohydrate Living_ An Expert Guide to Making the Life-Saving Benefits of Carbohydrate Restriction Sustainable and Enjoyable-Beyond Obesity,

… así como en la vida con diabetes:
– Dr. Richard Bernstein (Diabetes Diet),
– Diabetes Unpacked_Just Science and Sense,
– John Yudkin – Pure, White, and Deadly_
– How Sugar Is Killing Us and What We Can Do to Stop It (2013, Penguin Books), Joseph R. Kraft
– Diabetes Epidemic & You-Trafford Publishing (2008),
– Stephen W Ponder (How to manage type 1 diabetes in a modern world),
– Ellen Davis (The ketogenic diet for type 1 diabetes),

…. Entre muchos otros profesionales y expertos que también defienden dicho estilo de alimentación, aunque aún no sea recomendada por asociaciones internacionales. En realidad, una alimentación baja en hidratos puede traer grandes beneficios a quienes viven con diabetes, especialmente cuando su organismo ya se ha adaptado a este cambio. Así se logra mucho mayor estabilidad en los niveles de glucosa en sangre día a día; en lugar de fluctuar entre las grandes subidas y bajadas de glucosa (híper- e hipoglucemia respectivamente) que normalmente se observan en las personsa con diabetes que hacen dietas altas en carbohidratos.

Concepto de cetoacidosis

Utilizar cuerpos cetónicos como energía, en lugar de la energía proveniente de carbohidratos; es natural para los humanos desde tiempos ancestrales. Entramos en cetosis cuando estamos en ayuno, pero también cuando disminuimos el consumo de carbohidratos. En la diabetes, nuestro principal objetivo no es estar en cetosis, sino normalizar los niveles de glucosa en sangre, aunque puede suceder que entremos en cetosis por el hecho de bajar los hidratos de la alimentación. Estar en cetosis no es lo mismo que estar en cetoacidosis – ésta es una complicación aguda grave en la diabetes, en la que hay exceso de producción de cuerpos cetónicos, pero a la misma vez hay hiperglucemia (niveles altos de glucosa en sangre). Cuando estas dos cosas suceden, entonces se puede entrar en cetoacidosis (siempre por falta de insulina suficiente).
Es por ello que yo recomiendo que para las personas que quieran beneficiarse de este tipo de alimentación baja en hidratos o “keto” con el objetivo de normalizar sus niveles de glucosa en sangre, acudan a un profesional experto en diabetes y de ser posible que tenga diabetes también; ya que el tratamiento básico de la diabetes es la educación, el aprendizaje en el autoconocimiento, para VIVIR BIEN con esta condición.

Mi experiencia:

👩🏻💻 Soy Rosy Yáñez, Soy Nutricionista con Doctorado, experta en Diabetes, lowcarb y Baby-Led Weaning.
Hace 17 años fui bajando los hidratos de carbono de forma empírica por decisión propia, hace 15 años conocí al Stan de Loach quien me presentó la metodología del Dr. R. Bernstein para mantener normoglucemia a través de lowcarb y desde ahí he mantenido valores de hemoglobina glicada (HbA1c) entre 4,4 y 5,3%, he creado mi propia metodología a partir de mi experiencia profesional y personal, priorizando la nutrición y salud de forma integral. Tengo una hija que nació por parto vaginal y sin ninguna complicación asociada a la hiperglucemia. Actualmente, a mis 38 años de edad, paso la mayor parte del tiempo en rango glucémico normal (71-99 mg/dl), no tengo sobrepeso, me siento fuerte, saludable, activa y físicamente capaz de hacer lo que me proponga, no tengo ninguna complicación diabética diagnosticada. Y soy feliz.

Si quieres seguir aprendiendo de la diabetes puedes ver mi MasterClass Gratuita en donde aprenderás los 4 fundamentos más importantes para REINICIAR TU DIABETES https://diabetesbien.com/masterclass/ y si es tu momento, allí también puedes acceder a mi Programa REINICIA TU DIABETES para encajar tu diabetes tipo 1 a este tipo de alimentación en el menor tiempo posible, romper los mitos que te impidan lograrlo, todo de la mano conmigo y junto con otras personas con los mismos objetivos de salud

Alga Nori – Opción rica y baja en Carbohidratos

Esta alga marina llamada Nori que se utiliza comúnmente para hacer el sushi, tan sólo aporta 4 gramos de carbohidatos por cada hoja pequeña. Así que además de ser un ingrediente valorado en la cocina actual, es una deliciosa opción para los que no gusta tener normoglucemia. ¡Claro! Hay que reemplazar al malévolo arroz.

Podemos aprovechar para aumentar nuestro consumo de pescado azul (omega 3) incorporando dentro de la hoja alga nori una mezcla de salmón ahumado con queso crema tipo philadelphia. Sólo hay que extender sobre la hoja y luego enrollar con las manos, primero humedeciendo las orillas de la hoja con un poquito de agua. También se pueden añadir un poco de huevas de salmón (caviar de salmón). Después hay que enfriar en la nevera y luego se puede cortar en ruedas (tipo Sushi) y llevar al trabajo o a donde sea (pues se come en frío). El rollo entero contiene aproximadamente 6,5 gramos de carbohidratos totales.

Razones y Respuestas para dejar los Azúcares fuera de tu vida

Azúcar, azúcar y más azúcar, Está en todas partes!. Está en las bebidas, en los alimentos, y escondido en los más recónditos lugares que jamás pensaríamos. Muchos llaman al azúcar como a un amigo en momentos de necesidad, pero en realidad este “buen amigo” podría ser el peor enemigo disfrazado.Para muchos el azúcar puede significar una larga lucha durante muchos años, pero el pasado es pasado. Ahora es el momento de ver al azúcar como lo que realmente es, y para nosotros “VOLVER A TENER CUIDADO Y EQUILIBRIO EN NUESTRAS VIDAS”. Aquí se resumen 3 pasos que te ayudarán a reiniciar esta batalla por tu salud.

PRIMER PASO. Tener consciencia de lo que realmente es el azúcar en el cuerpo. Muchas personas dicen “creo que no es tanta azúcar”. Creo que es una falta de consciencia de lo que hace el azúcar en nuestros organismos. No creo que muchas personas quieran hacerse daño a propósito, al menos que ellos se enteren de lo que realmente ocurre y decidieran seguir ese camino. El azúcar tiene un efecto muy lento en el impacto en nuestra salud (ya que uno no muere de una sobredosis inmediatamente), el proceso lento de destrucción es lo verdaderamente peligroso. Lamentablemente la mayoría de las personas no saben del daño hasta que ya se ha hecho (por ejemplo en las personas con factores de riesgo que son diagnosticadas con Diabetes Mellitus o las personas con diabetes que presentan complicaciones debidas a la hiperglicemia).

Veamos lo que pasa con el azúcar visto desde el interior de nuestro cuerpo:

El azúcar aumenta el almacenamiento de grasa corporal. Posiblemente la hormona más importante hablando de pérdida de peso y salud es la insulina. La insulina es la hormona principal que controla diariamente el equilibrio entre nuestra alimentación y nuestro estilo de vida. Cuando comemos azúcar y entra al torrente sanguíneo con demasiada rapidez, aumentan los niveles de azúcar en sangre (hiperglicemia). En respuesta, de este alto nivel de azúcar en sangre (glucosa), el organismo enviará más insulina al torrente sanguíneo. La insulina toma el exceso de glucosa y trata de encontrar un lugar para almacenarla, si los músculos están llenos (o tienen resistencia a la insulina), el mejor lugar para poner el exceso de glucosa es en las células de grasa. Cuando hay mucha insulina, esta indica a las células que almacenen y cierren la liberación de grasa. Los picos constantes de insulina provocan más resistencia a la insulina, lo que lleva a producción de más insulina (para que puedan lograr el equilibrio), lo que lleva a almacenar más grasa, más resistencia, y eventualmente lleva a la diabetes o complicaciones por la hiperglucemia.

El azúcar altera la función cerebral normal. La mayoría de las personas relaciona cambios de humor y de energía (altos y bajos) después de un alto consumo de azúcar en la comida. El azúcar en muchas personas también puede ser la causa de aumento de ansiedad y depresión. No olvidemos a los niños que cada vez tienen más desórdenes de atención y comportamiento. El azúcar puede ser la causa. El cerebro está hecho principalmente de materia grasa y, aunque depende de la glucosa, lo que necesita es poca azúcar, que la produce el propio cuerpo, así que su función se altera con demasiada azúcar. Asimismo, demasiada azúcar disminuye tu sistema inmunológico en general, aumenta la inflamación, ocasiona deficiencias de minerales, alimenta el crecimiento de bacterias dañinas en intestino y en otras partes del cuerpo. El envejecimiento también es acelerado por el aumento de riesgo de todas las enfermedades degenerativas de la diabetes, la osteoporosis, enfermedades cardíacas y cáncer.

Ya que no podemos tener una lista de los beneficios que hace el azúcar en nuestro cuerpo. Aquí hay una lista de lo que ocurriría si quitamos el azúcar de nuestra alimentación tanto como podamos (y además tenemos un control de la insulina):
Aumentar la capacidad de quemar grasa en el cuerpo
Aumentar el sistema de defensas y el estado de salud
Disminuir el proceso de envejecimiento
Disminuir el riesgo para la mayoría de las enfermedades degenerativas o complicaciones crónicas de la diabetes
Tener energía constante durante todo el día (sin picos, subidas y bajadas)- Aumento de la claridad mental y concentración
Aumento de comportamientos positivos en los niños (y adultos)
Así que el primer paso es estar conscientes de lo que el azúcar hace realmente en nuestros cuerpos. Ya que hemos comprendido esto, creo que podremos empezar a cambiar nuestra idea sobre si se trata de un buen amigo, o posiblemente un amigo peligroso en nuestra vida cotidiana.SEGUNDO PASO. Darse cuenta de que tú tienes el 100% del control de tus acciones.Tal vez esto ya lo tengas más o menos entendido, pero es el paso más importante, ya que tú eres la única persona que controla lo que haces con tu cuerpo. Todo comienza en lo que elegimos para poner en nuestras bocas. Algunas personas dicen que no pueden controlar sus antojos de azúcar, esto sería admitir la derrota y dar el poder a otros o a la “influencia cósmica del azúcar”. Muchos lo llaman una “adicción”. Esto sería otra manera de renunciar a su propio poder de elección, además llamarlo así es como hacerlo parte de ti, y hacerlo tuyo para siempre. Para estar libre, hay que dejarlo pasar. Todo es posible si se vuelve a asumir el control.TERCER PASO. Vive sólo el trayecto de cada día. Una elección en cada momento.La vida es una serie de momentos presentes, así que debemos de preocuparnos más por lo que podemos hacer AHORA MISMO que por los momentos pasados o los futuros. “AHORA” es todo en lo que nos debemos centrar.
Elige comer las fuentes naturales de hidratos de carbono como los vegetales (los carbohidratos procesados son sólo terrones de azúcar que se digieren rápidamente en el organismo). Elige proteínas y grasas saludables.
Encuentra las fuentes de azúcares ocultos y elimínalas. El azúcar está oculto en salsas, kétchup, sopas, alimentos procesados, bebidas, barritas de cereal “saludables”, cereales de desayuno, etc.
Conviértete en un lector de etiquetas para ver la cantidad de azúcar (Hidratos de carbono totales) que es la cantidad real que estarás consumiendo constantemente. Recuerda que los productos que ponen “bajo contenido de grasa”, generalmente significan “más de azúcar”.
Recuerda que SI NO ESTÁN CERCA DE TI, NO LOS COMERÁS. Así que todas las fuentes de dulces, panes, bollería, pastelería mejor fuera de casa.
Hacer de cada comida, una equilibrada para mantener tu glicemia dentro del rango normal con la correspondiente insulina. Si procuras no tener picos de glicemia, será menos probable que tengas bajas y subidas con antojos de azúcar.
Logra el equilibrio con bajos carbohidratos saludables, proteínas y grasas favorables para disponer de una lenta y constante glucosa en tu cuerpo, y no una carrera de subidas y bajadas que se crean con el consumo de azúcares.
Sal y haz ejercicio, no hay mejor manera de mantener niveles normales de glicemia, así como una constante quema de grasa. Si sientes estrés, sal a dar un paseo. La mejor manera comprobada de tener beneficios del ejercicio es realizar una actividad física leve constante a lo largo del día. Así aumentarás la sensibilidad a la insulina.
Come pescado. El omega 3 es fundamental para la sensibilidad a la insulina, disminución de la inflamación y aumentar la quema de grasa. Además esto da lugar a menos antojos de azúcar.
Aprende a decir NO. No te sientas presionado a comer algo por alguien (fiesta de cumpleaños, dulces en la oficina). Tú tienes la última palabra en lo que se pone dentro de tu boca, aprende a decir “No, gracias” con una sonrisa.
Trata de deshacerte de tu apego mental al azúcar y los alimentos. Disfruta de los tiempos de no comer, ve a dar un paseo, para limpiar tu mente y acercarte a la naturaleza, descubre la tranquilidad durante los tiempos de no comer.
Control y manejo del estrés. El estrés y las reacciones al medio ambiente pueden aumentar la tensión y el cortisol, y éste puede aumentar el azúcar en sangre y por lo tanto tus antojos al azúcar. Piensa que puedes hacer para sentirte mejor, equilibrar tu vida y disminuir tu estrés.
No cometas el error de mucha gente de tener un círculo vicioso de depresión tratada con comida. Recuerda que tú tienes el control, enseña tu mejor sonrisa, conociendo los efectos del futuro y tomando buenas elecciones AHORA.
Disfruta tu vida. Si eliges el equilibrio, podremos sentir y conocer como nuestros cuerpos fueron diseñados para la salud, de estar forma la salud y la felicidad pueden darse fácilmente.Nuevos hallazgos sugieren que comer menos carbohidratos y de bajo índice glucémico es otra opción de buena de nutrición para las personas con diabetes. Las evidencias han demostrado que estas dietas permiten un buen control de niveles de glucemia, así como una reducción de hiperglucemia postprandial y mejoramiento de la resistencia a la insulina en personas con y sin diabetes.
Así que para disfrutar la vida, hay que tener control sobre las elecciones y efectos que ya conoces, así lograrás no preocuparte si tienes azúcar frente a ti, siendo capaz de sonreír porque sabes que te encuentras saludable y en control.

Más opciones de alimentación para las personas con diabetes

Este mes de marzo la revista Diabetes Hoy de la Federación Mexicana de Diabetes publicó un especial sobre Nutrición, en el que se encuentra este artículo que escribí: «Más opciones de alimentación». Aquí lo transcribo parcialmente, si quieres terminarlo de leer próximamente pondré el artículo completo en formato digital.

Existen teorías que afirman que condiciones como la diabetes tipo 2 (DM2) y la obesidad, podrían reflejar el hecho de que la genética humana está mejor preparada para hacer frente a condiciones de escasez de alimentos (medio ambiente en el que ha evolucionado nuestra especie a lo largo de miles de años), que para neutralizar las condiciones de superabundancia de alimentos, en específico demasiados carbohidratos disponibles continuamente, que es la fuente principal característica de las sociedades desarrolladas en estas últimas generaciones.(1) De esta manera, la DM2 reflejaría una inadaptabilidad o ineficacia en el metabolismo de los carbohidratos (CHOs).

Dos tipos de personas
Por lo tanto, podríamos afirmar que existe variabilidad en la forma en que la gente metaboliza los CHOs, los que sí metabolizan bien los CHOs tienen más alternativas de dietas para elegir. Los que no, tienen menos opciones. Dentro de éste último grupo encontramos a las personas con obesidad, intolerancia a la glucosa, síndrome metabólico, DM2, DM1 y diabetes gestacional.
La principal característica de la DM2 es la resistencia a la insulina y ésta se define como la inhabilidad para metabolizar bien los CHOs. En la DM1, esta inhabilidad se debe al estado de deficiencia total de insulina, provocado por la destrucción de las células que producen insulina (células β), y esto es lo que provoca el defecto.(2)

Metabolismo de nutrientes
En las personas del primer grupo, antes citad, es decir, las que sí metabolizan bien los CHOs, el consumo de CHO no debe afectar los niveles de glucosa en sangre (GS), aunque sí puede influir en una subida de peso corporal, ya que el exceso de CHO se convierte en grasa corporal siempre con insulina presente en el cuerpo. Los niveles de GS de estas personas (sin obesidad, intolerancia a la glucosa, síndrome metabólico, DM2, DM1 o diabetes gestacional), han demostrado estar en un rango muy estable de 71 a 99 mg/dl, (el 95% del tiempo durante el día y el 99% del tiempo durante la noche), con muy poca variabilidad (+ 20 mg/dl) y en ningún momento superar niveles de 140 mg/dl.(3,4) Esto equivale a un valor de hemoglobina glucosilada (HbA1c) igual o menor a 5%. Ninguna de estas personas tiene en su vida alguna de las complicaciones diabéticas a largo plazo, como por ejemplo: insuficiencia renal o microaneurismas y hemorragias en retina que llevan a ceguera, entre otras, y de hecho, sería ilógico pensarlo, ya que la causa de estas complicaciones es la irregularidad de los niveles de GS.

En las personas del segundo grupo, es decir los que no metabolizan bien los CHOS, lo que sucede es:

En estado de hiperglucemia, comer muchos CHOs aumentará aun más la cantidad de glucosa en la sangre, pero no conllevará un aumento de peso corporal porque la glucosa presente no puede entrar en las células por falta de insulina suficiente.
En estado de hipoglucemia, comer muchos CHOs por ejemplo, utilizando alimentos para tratar la hipoglucemia (en lugar de la glucosa necesaria que es fácilmente medible en tabletas), favorece la subida de peso, debido a que se encuentran presentes dos factores: por un lado, mucha glucosa (de los CHOs) consumidos excesivamente para tratar la hipoglucemia), y por el otro, mucha insulina, (la causa de la hipoglucemia).
En estado de normoglucemia (71 – 99 mg/dl), comer muchos CHOs ocasionará la necesidad de insulina adicional o excesiva (ya sea inyectada o nativa) para intentar mantener la GS en niveles normales. Esta ingesta excesiva de CHO inevitablemente ocasionará una abundancia de glucosa, debido al defecto inherente de este grupo de personas y, que en la minoría de las veces es compensando de forma certera con la cantidad de insulina exacta para lograr una normoglucemia posprandial. Además, la acción de la insulina, siempre que hay presencia de mucha glucosa, es facilitar la conversión de glucosa en grasa corporal, lo cual tiende a causar subida de peso. Es frecuente ver esto en las personas con DM2, cuando comen un exceso de CHO, su cuerpo está obligado a producir más insulina para intentar mantener la normoglucemia. La combinación de mucha glucosa y mucha insulina produce la formación de grasa corporal y la tendencia a subir de peso.
La insulina es el principal regulador de almacenamiento de grasa. Cuando los niveles de insulina están elevados, ya sea de forma crónica o después de una comida, nuestros tejidos acumulan grasa. Cuando los niveles de insulina se encuentran en la mínima cantidad necesaria para tener niveles normales de GS, se produce la liberación de grasa a partir del tejido adiposo corporal que se utiliza como fuente de energía. (5)
De este modo, podemos afirmar que para las personas con obesidad, intolerancia a la glucosa, síndrome metabólico, DM2, DM1 o diabetes gestacional, no sería lógico recomendar una alimentación con exceso de CHO.

No es una fórmula nueva, sino lógica
En 1917, antes del descubrimiento de la insulina, los expertos en química, nutrición y ejercicio, observaron rápidamente cómo los CHOs no eran bien metabolizados por las personas con DM1, mientras que las proteínas y las grasas sí, así que se intentó tratar a estas personas con la mínima cantidad de comida necesaria para vivir.(6) Puesto que las dietas bajas en CHO reducen la carga total de utilización de glucosa a partir de CHO, obligan a utilizar otras vías de obtención de energía como la lipogénesis (fuente de energía a partir de las grasas), esto representa una opción que resulta más lógica para utilizar para las personas con DM.
De hecho, la alimentación baja en CHO no es una fórmula nueva, este tipo de alimentación fue utilizada hace muchos años. Por ejemplo en un estudio realizado en los años 50’s que duró 10 años cuyo objetivo era prevenir la DM2. En pocas semanas se logró la normalización de niveles de GS, pérdida de peso, desaparición de síntomas de hiperglucemia (poliuria, polidipsia, polifagia) así como un mejor nivel de energía físico. De esta forma los mantuvieron en normoglucemia durante 10 años con una alimentación baja en CHO, sin llegar a desarrollar DM2.(8)

Posteriormente con el descubrimiento de la insulina, se fue dejando en segundo término la principal característica que define la DM, que es dónde se encuentra la clave para su tratamiento y se recomendó simplemente una alimentación “normal”, es decir excesiva en CHO.
Después de casi 92 años del descubrimiento de la insulina en el que, gracias a ella y a los diferentes tipos que existen, se ha salvado y mejorado la vida de las personas con DM, ya que se han disminuido los niveles de GS, no se ha conseguido que las personas con DM tengan niveles normales de GS, es decir, como los que tienen las personas que sí metabolizan bien los CHO la mayor parte del tiempo (71-99 mg/dl) antes y después de las comidas. El seguimiento de un tipo de dieta “normal” alta en CHO por las personas que no metabolizan bien los CHOs ha seguido ocasionando durante años, consecuencias fatales y letales.
En México, las complicaciones a largo plazo debidas a hiperglucemia crónica han aumentado en las últimas décadas, también debido al incremento de la incidencia de la condición (más nuevos casos), como mencionamos antes, la DM2 también se podría prevenir también con una alimentación baja en CHO.(7)

Innovadoras tendencias de alimentación para lograr el control glucémico efectivamente
El objetivo de la alimentación baja en CHO en las personas que no metabolizan bien los CHOs, es encontrar equilibrio en el metabolismo de éstos, es decir la cantidad suficiente necesaria para no tener ni mucha ni poca GS, sino la adecuada, que es indicador de estar utilizando la energía adecuadamente. De este modo, el concepto “bajo en CHO” no sería “bajo” para el grupo que no los tolera, sino “adecuado” o “apto”. Comúnmente se dice bajo en CHO porque se compara con la dieta “recomendable” tradicionalmente utilizada.

Resultados científicos recientes indican que cambios de la dieta tendentes a reducir la ingesta de CHO estabilizan la GS y reducen la respuesta insulínica posprandial, durante la pérdida de peso.(9) Asimismo, en comparación con una dieta baja en grasas, una dieta baja en CHO consigue una mayor pérdida de peso a corto plazo (6 meses) y a largo plazo (1 año o más) una dieta baja en CHO produce un mayor aumento de lipoproteínas de alta densidad (HDL: colesterol bueno) y mayor disminución de triglicéridos que una dieta baja en grasas saturadas.(10)
Por otro lado, las dietas de alto índice glucémico pueden asociarse a un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares (por reducir el colesterol HDL e incrementar los triglicéridos circulantes) y de DM2 (por favorecer la resistencia a la insulina y la disfunción pancreática).(10)

Referencias bibliográficas
(1) Pijl H. y col. Obesity: evolution of a symptom of affluence. Neth J Med. 2011 Apr;69(4):159-66.
(2) Pérez-Pastén y col. Educación en el automanejo de la diabetes. Guía para el paciente y el educador en diabetes. 2008. (versión digital)
(3) Mazze RS, y col. Characterizing glucose exposure for individuals with normal glucose tolerance using continuousglucose monitoring and ambulatory glucose profile analysis. Diabetes Technol Ther. 2008 Jun;10(3):149-59.
(4) Yu M y col. [The glycemic excursions in normal glucose tolerance individuals revealed by continuous glucosemonitoring system]. Zhonghua Yi Xue Za Zhi. 2004 Nov 2;84(21):1788-90.
(5) Taubes, G. Good Calories, Bad Calories. Fats, carbs and the controvential science of diet and health. 2007.
(6) Cooper, Thea. Breakthrough: Elizabeth Hugues, the discovery of insulin, and the making of a medical mircale. St. Martin’s Press, New York, 2010.
(7) Escobedo de la Peña J. y col. Incidencia y letalidad de las complicaciones agudas y crónicas de la Diabetes Mellitus en México. Salud Pública Mex 1996; 38: 236-242.
(8) Volek JS. Y col. Carbohydrate restriction improves the features of Metabolic Syndrome. Metabolic Syndrome may be defined by the response to carbohydrate restriction. Nutr Metab (Lond). 2005 Nov 16;2:31.
(9) Bonet Piña et al. Nutrientes funcionales en la regulación del peso corporal Rev Esp Obes 2004; 3: 152-172
(10) Concenso FESNAD-SEEDO. Rev Esp Obes Vol. 9 Supl 1 2011: 6-7.
(11) Bernstein R. Dr. Bernstein’s Diabetes Solution, 2007.

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Prioriza y cuenta PROTEÍNAS en lugar de contar raciones de hidratos

En el mundo acelerado de hoy, priorizar nuestra salud a menudo pasa a un segundo plano. Sin embargo, descuidar nuestra salud metabólica puede tener consecuencias importantes en el futuro. La salud metabólica se refiere a la capacidad del cuerpo para convertir eficazmente los alimentos en energía y regular los niveles de azúcar en sangre. Cuando este sistema no funciona correctamente, puede provocar una serie de problemas, que incluyen, entre muchos otros factores las siguientes enfermedades:

Prioriza y cuenta proteínas | DiabetesBien | Blog Diabetes Bien
Diabetes: La diabetes mellitus se ha convertido en una de las enfermedades causantes de más muertes en todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, más de 1,5 millones de personas han perdido la vida a nivel mundial a causa de esta enfermedad y se estima que 463 millones de personas sufren algún tipo de diabetes, muchos de los cuales son menores de 14 años. (Referencia Statista)

Obesidad: Las estimaciones de los niveles mundiales de sobrepeso y obesidad (IMC ≥25kg/m²) revelan que más de 4.000 millones de personas mayores de cinco años podrían verse afectadas por este problema de salud en 2035, lo que en términos relativos representa más del 50% de la población mundial. Este porcentaje supone un incremento de cuatro puntos porcentuales con respecto a la tasa estimada para 2030. (Referencia Statista)

Enfermedad cardíaca: De acuerdo con la estadística, por tercer año consecutivo murieron más 19.000 personas en España a causa de insuficiencias cardíacas. Pero no solo eso, sino que se registró la cifra más elevada de las últimas dos décadas, ya que por primera vez en dicho periodo se superó el umbral de las 20.500 muertes. En concreto, se registraron 20.584 fallecimientos a causa de esta enfermedad. (Referencia Statista)

Afortunadamente, tenemos el poder de tomar el control de nuestra salud metabólica mediante modificaciones en el estilo de vida. La dieta juega un papel crucial, lejos de estar contando calorías, recuerda que la alimentación es información metabólica para nuestro cuerpo, las dietas ancestrales coherentes con la genética humana: bajas en carbohidratos y altas en nutrientes esenciales (proteínas, grasas puras, vitaminas) han mostrado ser muy eficaces:

El enfoque bajo en carbohidratos o lowcarb

Las dietas bajas en carbohidratos restringen la ingesta de carbohidratos y se centran en proteínas, grasas saludables y verduras sin almidón. El principio subyacente es que los carbohidratos se descomponen en glucosa (azúcar) en el cuerpo, lo que provoca picos de glucosa e insulina (desequilibrio metabólico constante). Al limitar los carbohidratos, las dietas bajas en carbohidratos tienen como objetivo mantener estables los niveles de azúcar en la sangre y promover la utilización de grasas para obtener energía, en otros posts de mi blog te he hablado más de este tipo de alimentación:

¿Por Qué Lowcarb o Keto Para La Diabetes?

¿Dieta para diabéticos? Descubriendo el PLAN B

Keto en Diabetes NO es Cetoacidosis

Pero aquí te resumo algunos Beneficios potenciales de las dietas bajas en carbohidratos:

Control de peso: Los estudios han demostrado que las dietas bajas en carbohidratos pueden ser efectivas para promover la pérdida de peso (Referencia 2023).

Mejor control del azúcar en sangre: Las dietas bajas en carbohidratos pueden beneficiar a las personas con diabetes tipo 2 o prediabetes al reducir los picos de azúcar en la sangre y mejorar la sensibilidad a la insulina. (Referencia 2020)

Reducción del riesgo de enfermedad cardíaca: Los estudios sugieren que las dietas bajas en carbohidratos pueden ayudar a reducir el colesterol malo (LDL) y mejorar la presión arterial, lo que potencialmente reduce el riesgo de enfermedad cardíaca. (Referencia 2022).

El enfoque rico en PROTEÍNAS

Las dietas ricas en proteínas priorizan la ingesta de nutrientes esenciales. En este post desmentí el mito sobre las proteínas y el daño renal. La proteína es un componente básico de los tejidos y desempeña un papel vital en diversas funciones corporales. Cuando ofreces nutrientes esenciales suficientes se favorece el equilibrio metabólico y bioquímico (niveles normales de glucemia y de otras hormonas).

Beneficios potenciales de las dietas ricas en PROTEÍNAS:

Control del apetito: las proteínas promueven la liberación de hormonas como el péptido 1 similar al glucagón (GLP-1) que aumentan la saciedad y disminuyen la sensación de hambre.

Construcción y preservación de los músculos: La proteína es esencial para desarrollar y reparar el tejido muscular. Las dietas ricas en proteínas son beneficiosas mejorar el estado de salud del sistema óseo, muscular, sistema inmune. Numerosos estudios han visto una relación directa de la masa muscular y la salud integral en personas mayores.

Mejora de la salud ósea: La proteína desempeña un papel en la salud ósea. La ingesta adecuada de proteínas junto con calcio y vitamina D puede ayudar a mantener huesos fuertes y reducir el riesgo de osteoporosis.

¿CÓMO AÑADIR MÁS PROTEÍNAS DE FORMA FÁCIL, DIVERTIDA Y CON DIVERSIDAD EN TU DIETA? (por Chef Morales)

Consumir más proteínas regularmente no se tiene que trasladar a tener siempre pechuga de pollo a la plancha. Puedes añadir una variedad increíble de fuente de proteínas con diferentes sabores y texturas a cada comida y mantener tu “vida alimentaria” interesante.

Elige PROTEÍNAS Completas

Las fuentes animales de proteínas son «proteínas completas», lo que significa que contienen los 9 aminoácidos esenciales (componentes básicos de proteínas) que tu cuerpo necesita pero que no puede producir por sí mismo. Aunque algunos alimentos de origen vegetal, como el tofu, el cáñamo y las semillas de chía, son proteínas completas, a muchos les falta uno o más aminoácidos esenciales.

Algunos ejemplos de proteínas completas son: pescado, aves, carne, lácteos y huevos; hay que elegir opciones silvestres siempre que se pueda y el bolsillo lo permita, criadas en libertad y alimentadas con pasto (grass fed) tanto como sea posible.

P-R-O-T-E-Í-N-A-S: Tienes que añadirla a cada comida (si o sí)

¡Piensa en proteínas, en cada comida! Alcanzar la ingesta diaria recomendada de proteínas es crucial e incluir proteínas en cada comida es una estrategia fantástica para lograrlo. Si bien la carne y el pescado se consideran tradicionalmente fuentes inagotables de proteínas, existen muchas otras opciones deliciosas para explorar.

¡Hablemos de intercambios! Mejora tus comidas sustituyendo ingredientes bajos en proteínas por sus homólogos ricos en proteínas. En lugar de comer pasta integral puedes probar intercambiarla por la pasta de lentejas o de garbanzos que aporta proteínas.

¿Te encantan los aderezos cremosos para ensaladas? Deshazte de la mayonesa y aprovecha la versatilidad del yogur griego. Agrega proteínas mientras mantiene la textura cremosa que anhelas.

Comienza el día con fuerza con desayunos ricos en proteínas, como huevos revueltos cocinados en todas sus deliciosas versiones (fritos, revueltos, en tortilla, poché o escalfados, etc.)

Al hacer que la proteína sea un invitado habitual en cada comida, te sentirás más saciado por más tiempo, optimizas la salud muscular y te asegurarás de que tu cuerpo tenga la proteína que necesita para funcionar de manera óptima.

Hay que ponerse creativo con lo que añades a tus comidas para dar una “chispa” de nutrientes

¡Libera el alquimista de proteínas que llevas dentro! Agregar proteínas a tus platos favoritos no tiene por qué ser insípido ni aburrido. Con un poco de creatividad, puedes aumentar fácilmente el contenido de proteínas sin sacrificar el sabor.

La gelatina animal en polvo puede ser un arma secreta. Cuando cocines un caldo de huesos en cualquiera de sus versiones (provenga de ave, ternera, o incluso la versión de pescado), puedes añadir un par de cucharadas mientras los estás cocinando para aumentar la ingesta de nivel proteico; todo sin comprometer el sabor.

Los aderezos tradicionales a veces pueden estar cargados de grasas no saludables trans o carbohidratos simples y de mala calidad. Cambie los picatostes y los crujientes fideos wonton de sopa o ensalada por una “chispa” de proteínas y fibra. Los frutos secos y las semillas, las cortezas de cerdo o “chicharrones”, alga nori cortada a tiras, todos estos ingredientes hechos polvo con un robot de cocina añaden un crujido satisfactorio sin el pico de azúcar en sangre asociado con los carbohidratos refinados.

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Incorpora almejas frescas a tus preparaciones de caldos y sopas. En este caso en un caldo de huesos con albóndigas hechas a mano agregamos almejas al último momento para que su cocción no se exceda de unos 30 – 45 segundos (justo cuando se abren) y la textura en boca, así como su sabor resultan muy agradables al paladar

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Otro ejemplo de caldos y/o sopas. En este caso, incorporamos huevo de corral al momento de servir. Prueba también de triturar un poco de pollo cocido (pechuga) y dos yemas de huevo cocidas al caldo. El resultado es óptimo y ayuda a obtener una textura no tan líquida que a veces buscamos en una sopa

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Las hamburguesas tienen una capacidad de adaptación increíble. Prueba de agregar un huevo frito, y torreznos para aumentar el nivel proteico.

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El mundo de la casquería es infinito. Incorpora piezas nobles como el hígado de cabrito a la plancha en bocadillos lowcarb con pan proteico y verduras a la plancha con ghee

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Siguiendo con la línea de la casquería, puedes agregar un toque de sabor a una costilla de cerdo estofada con un poco de hígado de pato – foie gras – y comprobarás que encaja perfectamente

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Las huevas de pescados pueden aportar más proteínas a tus preparaciones diarias. En este caso, utilizamos huevas de trucha salvaje en una burrata con pesto de pistachos y albahaca fresca

Mi ayuda y mis programas:
Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, Medicación Efectiva y Ayuno Intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a mirar más sobre mis programas de acompañamiento. Mira mis mejores recursos AQUÍ.

En DiabetesBien, estamos aquí para guiarte en tu viaje hacia una vida saludable y emocionalmente equilibrada. ¡Cuida de ti y mantén tu bienestar en primer lugar! Si tienes dudas, Contáctame AQUÍ por whatsapp para saber si yo te puedo ayudar.

Agricultura ecológica _ DiabetesBien _ Dra. Rosy Yañez

Agricultura Ecológica: La Ciencia y la Realidad

La agricultura ecológica ha ganado popularidad desde hace muchos años, no solo por su impacto positivo en el medio ambiente, sino también por sus beneficios para la salud humana respaldados por la ciencia. A medida que la conciencia sobre la calidad de los alimentos que consumimos crece, es crucial explorar cómo la agricultura ecológica contribuye a una mejor nutrición humana. En este artículo te cuento nuestra visita a las 2 hectáreas de huerto ecológico en Les Borges del Camp: EL CISTELL , te resumo algunos beneficios y retos de la agricultura ecológica, y te doy algunos datos estadísticos de la Agricultura en España. Comienzo por explicarte algunos beneficios probados por la ciencia de la agricultura ecológica:

1. Menor Residuo de Pesticidas y Herbicidas
Uno de los pilares de la agricultura ecológica es la minimización del uso de pesticidas y herbicidas sintéticos. Estos productos químicos, utilizados en la agricultura convencional, a menudo dejan residuos en los alimentos que consumimos. Investigaciones han demostrado que la exposición crónica a estos residuos puede tener efectos adversos para la salud, incluyendo problemas neurológicos y cáncer. Optar por alimentos cultivados de manera ecológica reduce significativamente la ingesta de estos residuos, brindando un beneficio directo para la salud.

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2. Mayor contenido de Nutrientes
Estudios comparativos han demostrado que los alimentos cultivados de manera ecológica pueden tener niveles más altos de ciertos nutrientes. Investigaciones sugieren que los productos orgánicos a menudo contienen mayores concentraciones de antioxidantes y vitaminas, como la vitamina C, hierro, magnesio y fósforo que las variedades no orgánicas de los alimentos alimentos y que desempeñan un papel crucial en la prevención de enfermedades y el mantenimiento de un sistema inmunológico saludable. Además, la agricultura ecológica favorece la salud del suelo, lo que se traduce en cultivos más ricos en nutrientes esenciales.

3. Ausencia de Organismos modificados genéticamente (OMG)
La agricultura ecológica prohíbe el uso de organismos modificados genéticamente (OMG). Aunque la seguridad de los OMG para la salud humana sigue siendo objeto de debate, la precaución prevalece en la agricultura ecológica. Optar por alimentos orgánicos significa evitar la exposición potencial a efectos desconocidos que los OMG podrían tener a largo plazo en la salud humana.

4. Menor contenido de antibióticos y hormonas
En la producción animal convencional, el uso excesivo de antibióticos y hormonas es común para estimular el crecimiento y prevenir enfermedades. Estos compuestos pueden ingresar a nuestra cadena alimentaria y, a largo plazo, contribuir a la resistencia a los antibióticos y desequilibrios hormonales. La agricultura ecológica promueve prácticas más éticas en la cría de animales, minimizando el uso de estos compuestos y ofreciendo productos animales más saludables para la crianza de los animales.

Nuestra VISITA y los RETOS de la Agricultura Ecológica hoy en día
Después de nuestra visita huerto ecológico en Les Borges del Camp: EL CISTELL. hemos confirmado, reforzado y encontrado más beneficios de ser consumidores de este tipo de agricultura, aunque también algunos retos que te resumo en la siguiente tabla:

Beneficios Retos
El beneficio del contacto directo con productores locales La pérdida del valor y gente que quiera trabajar el campo, hablamos mucho de los beneficios del sol en la salud humana, pero en el mercado laboral actual, no hay personas que quieran trabajar el campo – agricultura actual
En el caso de EL CISTELL, que produce variedades de verduras que necesitan cuidado continuo y especial para su cosecha, por ejemplo con la variedad de lechuga escarola y, que nos sorprendió porque el cuidado es manual (como vemos en la foto con una tapa para evitar que se «queme» o sufra desperfectos para el momento de la cosecha) Escaso apoyo del gobierno y entidades locales para mejorar condiciones del sector de agricultura ecológica y evitar la pérdida de héctareas de este tipo de cultivo. La competición con grandes superficies – supermercados, abre el debate para el futuro del productor pequeño y de proximidad
La agricultura ecológica respeta totalmente la temporabilidad, esto es un gran beneficio para la salud humana ya que nuestro cuerpo no digiere ni metaboliza de igual forma, productos ecológicos de temporada que productos comunes con disponibilidad todo el año, que no es coherente con la nutrición ancestral humana La sequía es un reto o problema real, sobre todo para agricultores respetuosos con el mecanismo de implementación de riego que requiere este tipo de cultivo
El sabor de las verduras y frutas provenientes del cultivo ecológico, genera, según nuestra experiencia gastro-sensorial y de maridaje de alimentos (revisa Foodpairing) un mayor goce cuando la preparación y/o el método de cocción ha sido el adecuado para el ingrediente elegido Los potenciadores de alimentos no naturales, presentes cada día más en todo tipo de preparaciones y/o ingredientes, engañan a nuestro cerebro y capacidades organolépticas para poder distinguir un alimento rico y sabroso en comparación al que no lo es
Como ya hemos visto, este tipo de agricultura respeta la temporabilidad, teniendo especies adecuadas al clima y tipo de suelo durante todo el año En contrapartida, el cultivo ecológico y las variedades de especies, puede ser limitado para la gran cantidad de variedades que existen de un mismo tipo de ingrediente. Hemos observado que el agricultor implementa prácticamente solo el tipo de variedad que el consumidor normal suele adquirir y no siembra variedades no tan conocidas y, que pueden perderse si los consumidores no conocen
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Entrada al huerto ecológico de El Cistell
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Producción de remolachas de El Cistell
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Lechugas hoja de roble verde y morado listas para cosechar de El Cistell
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Cuidado extremo a mano para las escarolas a punto de cosechar de El Cistell
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Jaume de El Cistell y Rosy de DiabetesBien
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Pimientos de temporada listos para ser cosechados de El Cistell
Algunos datos estadísticos de la Agricultura ecológica en España:
Esta estadística refleja la distribución porcentual de la superficie en agricultura ecológica de España en 2020, según comunidad autónoma. Andalucía acaparaba aproximadamente la mitad de todas las tierras en agricultura ecológica de España durante el año referido y, deja a Cataluña, que es donde se encuentra EL CISTELL, en un tercer lugar.

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En cuanto al tipo de cultivo ecológico presente en España, los frutos secos fueron el principal cultivo ecológico en España en 2021 al registrar una superficie cultivada de aproximadamente 262.300 hectáreas durante el año referido. El olivar y los cereales para la producción de grano se situaron en segunda y tercera posición, respectivamente. Si observamos la siguiente gráfica, las hortalizas frescas, cítricos y frutas, ocupan una superficie mínima y muy escalable en el territorio nacional, afrontando este reto para las generaciones que vienen.

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En contrapartida, si analizamos por comunidad autónoma en España, cual es la comunidad que tiene mayor número de comercializadores ecológicos, los últimos datos disponibles por parte del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la comunidad autónoma de Cataluña registró la cifra más alta, seguida de la Comunidad Valenciana.

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Conclusiones:
En conclusión, la elección de alimentos cultivados de manera ecológica no solo beneficia al medio ambiente, sino que también respalda la salud humana. La ciencia respalda la idea de que los alimentos orgánicos, al estar libres de residuos tóxicos y ricos en nutrientes, pueden ser una opción valiosa para aquellos que buscan una dieta más saludable y sostenible. Desde el punto de vista gastronómico, por experiencia propia, hemos observado que hay una diferencia organoléptica – goce al momento del consumo, si el ingrediente procede de agricultura ecológica teniendo mayor aceptación y disfrute, siempre y cuando, el ingrediente y/o preparación (sea en crudo o con cocción) derivada del mismo, ha sido el adecuado.

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Mi ayuda y mis programas:
Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, Medicación Efectiva y Ayuno Intermitente.

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Habkemos de Casquería _ Diabetes Bien _ Dra. Rosy Yañez

Hablemos de Casquería: órganos y vísceras

Si hablamos de alimentación evolutiva humana, una parada obligada es hablar de casquería: órganos y vísceras, y es que aunque hoy en día nos sintamos alejados de ellas, nuestros genes humanos no lo han estado.

Desde tiempos remotos, conseguir un animal entero para la matanza ha sido algo muy preciado. Era impensable desperdiciar alguna parte, pero a la población actual, urbana y occidental, le resulta muy ajeno el proceso de criar, matar, cortar, cocinar y comer un animal. Actualmente, encontramos la carne en cómodas porciones, envasada al vacío y con una trazabilidad envidiable, pero con la menor semejanza posible al animal (y esto va en aumento a medida que se atribuyen características humanas a los animales). Sin embargo, como se menciona en el gran compendio enciclopédico gastronómico Modernist Cuisine “a muchas personas, comer un órgano vital les recuerda que están ingiriendo algo que formó parte de un animal vivo. Y para muchos comensales, esto es una realidad incómoda”.

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Historia

El consumo de casquería o cocina de despojos, en España tiene una larga tradición. Según datos de la Asociación Española de Fabricantes de Casquería (AEFC), el año pasado se consumieron en nuestro país 50 millones de kilos de este producto, lo que supone un incremento del 2% respecto al año anterior. Aunque actualmente la mayor parte de estos ingredientes se venden en forma de embutidos, cada vez son más las personas que se atreven a cocinar esta ramificación de la gastronomía a la brasa o a la parrilla. A pesar de que la casquería tiene una mala reputación en algunos países en Europa, la realidad es que en España la consume una gran mayoría de la población, aunque a lo largo de este análisis recordaremos que puede causar cierto rechazo en varios sectores de la población. Según un estudio de la firma de investigación GfK, el 54% de los españoles reconoce comer estos platos al menos una vez al mes. La enfermedad de las vacas locas, que en los años 90 provocó una importante crisis en el sector, aunque los consumidores han vuelto a confiar en los controles sanitarios, y la demanda de carne de cerdo, caballo, oveja y pato ha aumentado.

Creencias

Hay determinada creencia que todo lo que no es músculo – carne – es casquería; pero puedo confirmar que esto no es del todo verídico. Hay una diversidad extrema y con multitud de materias primas, orígenes, calidades, técnicas y posibilidades. La segunda creencia, es que es un plato dirigido y creado con un enfoque “popular” pero, no hay nada más lejano de la realidad; ya que actualmente mucha casquería o platos derivados de la misma, son ofrecidos en todo el mundo (no solo en España) por restaurantes de lujo y, pareciese que en tiendas especializadas y exclusivas, no eres nadie si no ofreces cierta variedad de, por ejemplo un foie gras mi-cuit, un hígado de rape en conserva de algas gallegas o, crestas de gallo confitadas que después resultan increíbles en una ensalada tibia de escarola y romesco.

Equilibrio entre metionina y glicina

La metionina es uno de esos aminoácidos que ha recibido una atención especial en los últimos tiempos. Curiosamente, los efectos a nivel mental de la metionina y la glicina parecen opuestos, mientras la metionina aporta flexibilidad mental y puede ser una herramienta contra la depresión y un causante de trastornos alucinatorios tipo esquizofrenia artículo, la glicina parece ayudar a enfocarse y podría ser una herramienta útil para el déficit de atención.

Actualmente tenemos un balance subóptimo entre metionina y glicina porque comemos distinto a lo que hemos comido siempre y por lo tanto a lo que evolutivamente nos hemos adaptado. Es decir el pasar de comernos todo el animal (músculo y casquería) a solo parte del animal (solo músculo), es decir, pasar de comer metionina y glicina a comer sobre todo metionina.

Aunque la glicina no es esencial, es parcialmente esencial en el contexto actual. Para aumentar la glicina, hay que comer casquería.

¿Qué es la casquería?

No ahondaremos en este gran conjunto que incluye a sesos, patas, lengua, hígado, tripas, morro, criadillas, riñones, mollejas, corazón (que no deja de ser músculo) y, la sangre que nos ha acompañado desde el inicio de los tiempos en el que el homo sapiens cocina.

Tenemos un claro ganador cuando hablamos de casquería aceptada por los cánones gastronómicos de lo “políticamente correcto”. Los callos de ternera o de cerdo son un claro ganador. Hay variedad de preparaciones y incorporaciones a su receta, pero siempre prima la calidad de los ingredientes utilizados y, la “paciencia” al elaborarlos.

¿Consumo de casquería?

Según datos del MAPA (Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación) del Gobierno de España; la permanencia en casa por la pandemia conllevó un incremento de consumo de carne en 2020 que rompió la tendencia de descenso que se venía produciendo desde 2012, sin llegar al volumen consumido en ese año por el descenso de carne fresca y congelada. Si bien el año 2020 comenzaba con descenso de consumo de carne en el mes de enero, en febrero se detecta ya una evolución positiva que alcanza su máximo crecimiento en el mes de abril con una evolución en este mes superior al 30 % respecto al mismo mes del año anterior. Lo anterior confirma una teoría que a lo largo de los años de trabajar con casquería es clara; si no hay tiempo para cocinar o, la gestión del tiempo es un factor limitante al cocinar casquería (o simplemente cocinar) el consumo irá disminuyendo cada vez más.

Otro factor a tomar en cuenta es dónde se compra habitualmente la carne y por lo consiguiente productos de casquería para cocinar. Si tenemos en cuenta que el canal de distribución que concentra la mayor proporción de compras de carne es el supermercado y autoservicio (48,9 % según datos de distribución de canales), la calidad que se encuentra generalmente en este tipo de superficies no es la esperada para lograr un resultado, gastronómicamente hablando, correcto. La gran cantidad de intermediaros que participan en esta cadena de suministro y, una extensa trazabilidad, complica un producto que, entre más fresco, es mejor para ser manipulado y cocinado.

Según los datos de la misma fuente; en los hogares españoles, en 2020 hubo un consumo mínimo si comparamos el consumo total de carne de distintos animales durante todo el año. Estamos lejos de conseguir que se consuma la casquería como antaño.

Como estrategia, debido a las actuales circunstancias de inflación nacional, podríamos sugerir a los hogares españoles que se consumiesen este tipo de productos que presentan un precio asequible frente a otros productos de origen animal que, seguramente tienen un precio elevado, pero son más apetecibles por los consumidores.

El factor de sostenibilidad es otro a tener en cuenta cuando hablamos de casquería. Hay la posibilidad de que se matasen menos animales si el consumo de casquería fuese mayor en los hogares. Es por bien sabido, que la cesta de compra del consumo de carne, se centra en piezas que hemos conocido desde la infancia y que quizás no tenemos conocimiento de como cocinarlos diferente al método de cocción más utilizado en España (después de consumirlo crudo) que es “a la plancha”, tales como bistec, entrocôtes (lomo alto y bajo), costillar en el mejor de los casos y corte magro que tiene una gran aceptación por su bajo contenido de grasa. Hablando del solomillo, que es el corte más apreciado organolépticamente por los consumidores de carne, en cada animal solo hay uno, lo cual aumenta la posibilidad de sacrificar a más animales para satisfacer la demanda actual de este corte.

¿Cómo comprar casquería?

En los mercados tradicionales existe casi siempre una parada especializada en este tipo de productos y, por lo general son atendidos por gente que sabe bien del tema. La frescura, como ya hemos mencionado anteriormente es el factor que llevará a buen término la preparación que se haya elegido. Otro factor a recalcar, es que la regulación europea en torno a la venta de productos de la casquería funciona muy correctamente (en general) actualmente para protegernos como consumidores y, recordar siempre que consumimos carne que está destinada para su consumo y se aprovechan más partes de animales que de otra manera serían desechadas y habría que sacrificar a muchos más.

Consejos para comenzar a comer casquería

no irse de inmediato a los productos que más pudiesen causar rechazo (como el hígado, riñón, pulmón, ojos, etc.) sino revalorizar aquellos productos que quizás hemos comido pero no sabíamos exactamente que era casquería, por ejemplo carrilleras, que en muchos de los restaurantes y banquetes de este país se les ha denominado “meloso de…” por no poner el nombre carrilleras, pero que el nombre es “adecuado” para los clientes y así no causa rechazo por convicciones antes adquiridas;
el foie gras de pato que ha sido demonizado por una campaña de videos virales sobre el proceso de engorde de patos, gansos y ocas y, que se aleja mucho del proceso real de proveedores que hacen bien las cosas, respetando, desde un punto de vista de producción alimentaria;
la morcilla que puede ser incorporada a un sinfín de preparaciones en casa por si hay rechazo inicial al incorporarla;
el rabo de ternera, que puede ser cocinado a presión en una olla express para evitar ese gran tiempo “perdido” en cocinar este tipo de ingredientes y, que permite no solo un tipo de salsa “pesada” al prepararlo, sino que su melosidad permite infinitas posibilidades;
la oreja o careta de cerdo, que puede llegar a ser un bocado crujiente sin mucho esfuerzo y que puede resultar exquisita si hay la presencia de acidez como un buen vinagre o zumo de lima (o cítrico parecido) para que al momento de degustar, sea más liviano ese primer bocado de grasa en nuestras papilas gustativas.
¿Casquería del mar?

Merece una mención especial en este análisis la casquería del mar. Según mi apreciación, el primer producto obtenido de la casquería del mar son las hojas de gelatina que añaden colágeno al producto final y, por consiguiente adquirir una textura deseada. Debido a avances en técnicas y procesos en cocina, podemos hoy tener hígados de rape y infinitas salazones de las huevas de muchos pescados al alcance de la mano por mencionar algunos productos.

En la imagen de este artículo: Receta de piel de bacalao deshidratada y posteriormente frita con huevas salvajes y polvo de kimchi.

Mi experiencia y mis programas:
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Indice Glúcemico _ Diabetes Bien _ Dra. Rosy Yañez

¿Para qué sirve el índice Glucémico y Carga Glucémica?

Me preguntan con frecuencia acerca del concepto de índice glucémico (IG); si sirve de algo para quienes vivimos con diabetes o prediabetes (o que desean evitarla), o si acaso es una manera útil de clasificar o “dosificar” nuestros alimentos, a fin de “contar raciones” de aquéllos que elevan más marcadamente la glucosa en sangre.

Hace más de treinta años, se creó el concepto de “índice glucémico”, para ayudar a clasificar los alimentos según la velocidad con la que elevan la glucosa en sangre. Es una prueba de laboratorio, realizada en voluntarios que viven sin diabetes. Para calcularlo, se obtienen los valores de glucemia cada 15 minutos después de la ingesta de un determinado alimento, comparándolos con los obtenidos realizando la misma prueba con la misma cantidad en forma de glucosa.

Por lo tanto, el IG es un concepto teórico, diseñado para orientarnos sobre la velocidad con la que un alimento aumenta la glucemia, es decir, la glucosa en sangre – popularmente conocido como “azúcar en sangre”. Recordemos que los carbohidratos son el tipo de alimento que provoca un mayor efecto sobre la glucemia. En cambio las proteínas y grasas tienen un efecto mucho menor sobre dicha glucemia, aunque nunca será “igual a cero”: esto sería imposible, pues cualquier alimento provocará siempre alguna respuesta glucémica, aunque en el caso de las grasas y proteínas será muy leve o moderada, mientras que prácticamente todos los hidratos de carbono tendrán una respuesta mucho más marcada.

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Para establecerse el IG, se compara el alimento con un patrón, la glucosa pura, al que comúnmente se le da el valor de 100. Tradicionalmente, los alimentos con valores superiores a 70, se consideran “de índice glicémico alto”. Estos provocan una subida rápida y corta de la glucemia (un “pico glucémico”). Aquí puede verse un ejemplo de tabla como las que normalmente se asocian al concepto de IG, marcando cuáles alimentos elevan con mayor velocidad el IG:

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uente: “International Tables of Glycemic Index and Glycemic Load Values: 2008”.

Por lo tanto, cuando este concepto apareció por primera vez, al principio y de manera muy pretenciosa, mucha gente supuso que sería un concepto revolucionario, que finalmente nos “resolvería la vida” para poder “calcular de manera exacta”, según eso, las respuestas glucémicas de diferentes comestibles. Esto iba muy en línea con la idea de “contar raciones de hidratos”, de la cual ya he hablado antes – y he explicado por qué esto no funciona, y por qué no es útil aproximarse de esta manera al control glucémico y a la gestión de la diabetes. Cuando apareció la idea de estas tablas, la gente empezó a pensar que podía usarlas simplemente para comparar unos carbohidratos con otros, a fin de “contar raciones”: entonces por ejemplo, miran la tabla y piensan que comer un plátano es preferible a comer pan blanco, u otras comparaciones por el estilo.

Pero en mi experiencia, no sirve de mucho utilizar así las tablas de IG, ni tampoco nos acerca a vivir en normoglucemia. El IG tiene importancia mientras que se utilice bien, es un parámetro que nos puede dar ideas aproximadas, de orientación, acerca de los efectos de diversos ingredientes con carbohidratos o desfavorables. Pero no deberíamos utilizarlo para “elegir entre carbohidratos”, sino más bien lo que realmente funciona para vivir en normoglucemia es sacar de nuestra alimentación los comestibles que no son coherentes con nuestra genética (y prácticamente todos los alimentos compuestos por carbohidratos entran en esta categoría: cereales, legumbres, azúcares, ultraprocesados, etc.), además de cuidar muchos otros factores de la salud integral.

La razón es que, en la práctica, el índice glucémico se ve afectado por muchísimos factores diferentes. Muchísimas cosas afectan la velocidad de absorción de los hidratos de carbono: la presencia de líquidos y de fibra en un cierto alimento, las cocciones prolongadas, la grasa que se encuentre presente también en el alimento… y tengamos claro que estos son solamente ejemplos de cosas que afectan exclusivamente la velocidad de absorción de forma teórica, pero en la vida real existen, además, muchísimos otros factores (más de 42, que he mencionado antes), mismos que también afectan la respuesta glucémica que un cierto alimento tendrá en nuestro cuerpo, por lo que esta respuesta al final siempre termina variando de maneras personalizadas e individuales.

Además, la subida de glucosa en sangre no depende solamente de lo que contenga un cierto alimento según una tabla estricta de IG. Para empezar, como ya sabemos, este tipo de medidas son siempre aproximaciones, y siempre pueden variar mucho dependiendo de la calidad de un alimento, su preparación, variar de cosecha a cosecha, etc., y nunca podemos asumir que necesariamente sea exacto. Pero además, esta respuesta glucémica también depende de su combinación con el contenido de carbohidratos en un cierto alimento, y a esto lo conocemos como carga glucémica. El IG no tiene en cuenta de cuando tomamos alimentos complejos, el contenido de los mismos no es solamente hidratos de carbono: además de carbohidratos contiene proteínas, lípidos, agua, fibra, vitaminas, minerales, etc.

Por ello, el concepto de “carga glucémica” (CG) se define como el producto del IG por la cantidad de hidratos de carbono asimilables contenidos en la proporción del alimento que se utilice. De forma sencilla, podríamos decir que mientras el IG hace referencia a la velocidad con la que un tipo de hidrato de carbono es absorbido y pasa a la sangre, la carga glucémica se refiere a la intensidad de la respuesta glucémica que va a provocar el alimento que hemos tomado. Podríamos decir que:

Alimentos con CG alta es CG > 20;

Alimentos con CG media entre 19 y 11;

Y Alimentos con CG baja CG < 10. Como también he mencionado en otros artículos, hay más de 42 factores que pueden afectar la respuesta glucémica, y solamente algunos de ellos tienen qué ver directamente con el alimento: también influyen factores biológicos, la medicación, el ambiente, los niveles de actividad física, incluso nuestras creencias y nuestra toma de decisiones en muchos otros aspectos. Tan solo refiriéndonos a los alimentos en sí mismos, pueden afectar: el contenido de carbohidratos, el tipo de carbohidratos, el contenido de grasas, de proteínas, cafeína, alcohol, los horarios de comidas y qué tanto respetemos los ritmos circadianos, la hidratación, el contenido de fibras fermentables… Por lo tanto, aunque al principio parecía una gran idea tener una sencilla tabla con un número para el índice y carga glucémica, para poder controlar la respuesta glucémica de los alimentos; puedo decirte que en la experiencia de mis casi 17 años de práctica clínica, teniendo niveles normales de glucemia (HbA1c 4,4-5,3%), el uso de este tipo de tablas es obsoleto e inadecuado. Más bien, compruebo que es importante encuadrar e integrar todos los factores no solo cuantitativos, sino cualitativos que intervienen en esta respuesta glucémica, y hacerlo todo lo más sencillo y personalizado de acuerdo a las necesidades y objetivos de la salud de cada persona. Así pues, el IG y la CG son conceptos diferentes, pero tengamos en cuenta que cualquier concepto que consista en “mediciones” supuestamente sencillas, se quedará muy corto y limitante, pues son más de 42 factores los que influyen en poder predecir la respuesta glucémica. En mi experiencia de forma práctica y sencilla, funciona mejor el preferir los alimentos o ingredientes con menor índice y carga glucémica, en lugar de querer utilizar estas listas para “contar raciones de hidratos” o “moderar los carbohidratos”. Pues he explicado antes por qué, de acuerdo con la Ley de las Pequeñas Cifras, esto no funciona; sino que más bien lo que sí funciona – para vivir en normoglucemia – es sacar de nuestra alimentación aquéllos comestibles que simplemente no son coherentes con nuestra genética: cereales, azúcares, ultraprocesados, bollería, comestibles industrializados, pastas, etc. Es verdad que preferiremos alimentos o ingredientes con menor índice y carga glucémica, pero esto no solo dependerá de lo que indique una lista, sino tomando en cuenta todos los demás factores que también son individuales, y de esta forma nos ahorraremos dificultades y riesgos para conseguir normoglucemia de verdad. Por lo que puedo decir, a modo de conclusión, que querer utilizar una tabla para “medir” o “contar raciones” de los alimentos, es un acercamiento obsoleto y antiguo. Cuando apareció la idea del índice glucémico, sonaba deseable y como la nueva “gran solución mágica” en la gestión de la diabetes, pero al final no es así: como siempre, comprobamos una y otra vez que no existen soluciones mágicas ni milagrosas, sino que el único tratamiento posible para la diabetes es la educación y el aprendizaje. Parecía que las tablas de IG nos iban a “resolver la vida”, pero este enfoque simplista no tenía en cuenta lo complejos que son nuestros cuerpos y nuestros contextos. En fin, es obsoleto querer basarse en un IG para “comparar entre diferentes carbohidratos”, la gente suele querer usarlo para comparaciones así, y en mi experiencia personal y clínica (más de 16 años) eso no sirve, de hecho nos aleja de nuestras sensaciones de hambre y saciedad internas, conectar con nuestras verdaderas necesiades cualitativas, y no solo cuantitativas a la que se ha reducido el tratamiento de la diabetes. Sino que lo único que nos acercará realmente a la normoglucemia es el comer comida real y alimentos coherentes, además de llevar un aprendizaje personalizado y un seguimiento profesional que realmente nos ayude a mirar todos estos factores que intervienen en la salud. La gente me pregunta acerca del IG, pero yo no le doy importancia más allá de que proporcione cierta información orientadora. En mis programas de seguimiento, yo elimino todos los alimentos que contienen un IG o CG alto, simplemente porque no son parte de la genética humana, y en vez de ello me quedo con los alimentos de IG leve (que suelen no aparecer en las tablas, ya que la gente comúnmente utiliza las tablas de IG buscando comparar entre diferentes carbohidratos). Recuerda que si deseas iniciar un camino así, de aprendizaje y seguimiento personalizado, de la mano de un profesional que también vive con la misma condición, es lo más recomendable para que dicho aprendizaje sea seguro y efectivo. Mi experiencia y mis programas: Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente. Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a mirar más sobre mis programas de acompañamiento. Mira mis mejores recursos AQUÍ; mis programas iniciarán el próximo mes de Mayo. Si tienes dudas, Contáctame AQUÍ por whatsapp para saber si yo te puedo ayudar: https://bit.ly/2HSj8iy

Romper o aguantar el ayuno _ Diabetes bien _ Destacada

¿Romper o Aguantar el Ayuno?

La pregunta más hecha en el tema de incorporar ayuno intermitente a nuestro protocolo o estilo de alimentación, es la pregunta de qué tanto debo “aguantar” en estado de ayuno si ya siento hambre, o si empiezo a presentar algún tipo de malestar. Si bien la incorporación de patrones de ayuno intermitente puede ser una gran ayuda en procesos de recuperar la salud, así como ser una práctica beneficiosa siempre y cuando se haga correctamente, de maneras coherentes y adecuadas, y planteando los objetivos correctos; vale la pena profundizar en este tema. Pues es importante decir que ponerse a “aguantar” el ayuno “ por aguantarlo”, o planteándose los objetivos inadecuados, o hacerlo de manera incoherente y sin el seguimiento de un profesional, puede causar más daños que beneficios.

Está estudiado que seguir ciertos patrones de ayuno intermitente puede traer beneficios metabólicos (y también a quienes vivimos con diabetes), pero nuevamente, debe hacerse de la manera adecuada y con objetivos bien planteados. Para hablar primero de generalidades, el ayuno intermitente es la práctica de restringir las horas en que uno ingiere alimentos; por ejemplo, de manera que exista una ventana de solamente ocho horas del día en que se ingerirán comidas, dejando las otras dieciséis (que incluyen las horas de sueño) como horas en que no se comerá. Hay diferentes “combinaciones” entre horas de ayuno y horas de ingesta (algunas son 12-12, 16-8, o 20-4), cada individuo interesado en hacer ayuno intermitente deberá probar con qué combinación le va mejor.

Muchas veces me encuentro con personas que realizan de forma inadecuada el ayuno intermitente, por ejemplo:

Sin prepararse mentalmente;
Sin primero disminuir el consumo de carbohidratos y ultraprocesados. Esto es muy importante porque hacer ayuno intermitente es mucho más difícil, además de potencialmente dañino, si aún se consumen cantidades considerables de carbohidratos y ultraprocesados. Éstos interfieren con nuestros patrones de hambre y saciedad, y con las hormonas que regulan el apetito (por lo que al comer carbohidratos y ultraprocesados es posible que volvamos a sentir hambre más pronto, más intensa y más desagradable, así como estar en la montaña rusa glucémica), por lo que tratar de incorporar ayuno intermitente sin disminuir antes nuestro consumo de este tipo de comestibles, puede ocasionar que nos sintamos muy mal intentando ayunar;
Sin conectar primero con nuestra verdadera hambre/saciedad; pues un primer paso fundamental, y que prácticamente todos en la sociedad moderna hemos olvidado, es aprender a escuchar a nuestro cuerpo, con sus distintas señales, saber distinguir entre tipos de hambre (pues se siente distinto cuando el hambre cuando estamos en montaña rusa glucémica, que cuando nos alimentamos con comida real), o saber distinguir entre hambre, antojo, una necesidad emocional no cubierta, el querer “parchar” con comida una carencia afectiva o un período de estrés, o de simple aburrimiento…
Por lo tanto, cuando mis pacientes y acompañados me preguntan cómo saber si en cierto momento les conviene romper o aguantar el ayuno, lo primero que yo les quiero comunicar es que el ayuno no debe hacerse con el fin de “aguantar”. Ante todo, debemos plantearnos objetivos concretos en salud: ¿por qué y para qué estoy ayunando? ¿Cuáles son mis objetivos en salud, y son éstos objetivos coherentes y bien planteados?

Otra parte fundamental de la respuesta también es “depende”; ya que la situación de cada persona es individual y única, dependiente de un contexto, sobre todo si además vivimos con una condición cambiante y crónica como es la diabetes. Por ejemplo, si uno de nuestros objetivos es hacer un “reciclaje celular profundo”, entonces tal vez convenga consumir sólo agua y electrolitos – pero de manera cuidadosa, es muy importante recalcar que cualquier protocolo de ayuno debe ser supervisado y acompañado por un profesional coherente.

Podemos hacer estrategias metabólicas tomando por ejemplo infusión, té, café con grasa (triglicéridos de cadena media, ghee o mantequilla clarificada, aceite de coco, mantequilla). Pues al tratarse de sólo grasa, estos nutrientes mimetizan el estado de ayuno, favorecen las respuestas metabólicas que se dan en el estado de ayuno como disminuir resistencia a la insulina, adaptar a la célula al uso de grasa como fuente de energía, dejar en paz (“dejar descansar”) a la microbiota intestinal o al sistema digestivo. Todos estos pueden ser efectos benéficos del ayuno intermitente, pero siempre y cuando éste se realice de maneras adecuadas y coherentes.

¿A qué me refiero entonces con “aguantar”?… Me encuentro a personas que piensan que el ayuno se trata de “aguantar” horas con un cronómetro, como si fuera una actividad deportiva. En realidad, no debe tratarse de eso. Es mucho más importante comer primero comida real, pues la calidad de nuestros alimentos es tanto o más importante que las cantidades y horarios: he hablado antes de ciertos errores comunes al hacer lowcarb viviendo con diabetes, por ejemplo, uno de los más comunes es querer sustituir unos ultraprocesados por otros, buscando simplemente comestibles que son supuestamente “lowcarb” pero que siguen siendo ultraprocesados con altos contenidos de sustancias dañinas, y que no son comida real. Si queremos mejores resultados en nuestra salud y bienestar, conviene mejor aprender qué es la comida real, cómo leer etiquetas, y a privilegiar en realidad alimentos que no llevan – o no necesitan – etiquetados.

Por lo tanto, es mucho más importante aprender primero a ir quitando los ultraprocesados de nuestra alimentación – no sólo porque suelen tener un alto contenido de carbohidratos y de aceites sintéticos de semillas, sino también porque interfieren desastrosamente con nuestros patrones de hambre/saciedad y dificultan la implementación de un protocolo de ayuno intermitente adecuado. Esta necesidad de carbohidratos muchas veces indica una adicción, misma que entonces hay que trabajar atendiendo a causas emocionales y psicológicas.

Una vez que nos ocupamos de primero “limpiar” nuestra alimentación de esta manera: comiendo comida real, quitando ultraprocesados y aceites inventados, eliminando lo más posible carbohidratos y azúcares, comiendo grasas reales, entonces el ayuno saldrá solo, o casi solo. Pues he mencionado antes que tampoco hace falta apegarse a horarios estrictos de comer “porque ya toca”, sino realmente conectar con nuestra hambre/saciedad, y tomando en cuenta que la comida real tiende a mantenernos saciados por mucho más tiempo.

Existen riesgos si se hace un ayuno “porque sí”, por “ver cuánto puedo aguantar”, y sin supervisión ni objetivos concretos, sino que se requiere el acompañamiento de un profesional coherente, sobre todo si se vive con una condición crónica.

En conclusión, el ayuno no es “para aguantar”, pues el hecho de aguantar hambre no es el objetivo, ni es por sí mismo una herramienta de salud. El ayuno puede ser muy benéfico si se utiliza adecuadamente, en las circunstancias adecuadas y llevando un proceso de adaptación. Si no se tienen las circunstancias adecuadas, puede ser perjudicial, sobre todo en mujeres (por nuestra naturaleza metabólica y hormonal cíclica, y porque nuestros procesos del ciclo reproductivo requieren mucha energía y nutrientes); y en especial considerando que la mayoría de las mujeres hoy en día viven con alguna condición metabólica adversa, como puede ser la resistencia a la insulina (que casi todas tienen, no sólo por la alimentación moderna basada en carbohidratos sino también por alteraciones circadianas e inflamación por estrés), alteraciones tiroideas, desórdenes hormonales…

Lo que yo haría primero sería plantearme objetivos, y empezar por lo primero (limpiar mi alimentación y quitar los tóxicos que mencioné); para que tus hormonas se adapten, para que el cuerpo se adapte a tener más orden en los ejes hormonales y para poder ir adaptando a las bacterias de nuestra microbiota – pues estas bacterias también responderán al ayuno, ya sea de maneras adecuadas o adversas. Por lo tanto, primero está quitar los ultraprocesados, y se puede empezar por ir espaciando las comidas. Esto durante cinco o seis semanas como mínimo, y ya a partir de entonces se puede ir planteando otra cosa (protocolos que incluyan ayunos un poco más largos, según nos vayamos sintiendo, etc.)

Así que el ayuno nunca debe tratarse de “aguantar” por deporte, pues esto supone exponer el organismo a un estrés que puede ser perjudicial. Si además se tiene algún desorden hormonal, suprarrenal, etc., se puede crear aún más inflamación o disbiosis, por lo que siempre recomiendo el acompañamiento seguro y efectivo de un profesional coherente, que también vive con una condición como la tuya, y que pueda mirar tus circunstancias y características personales.

Mi experiencia y mis programas:
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Huevos - Diabetes Bien - Dra. Rosy Yañez

¿Cuántos huevos puedo comer al día?

Con frecuencia las personas me comparten y preguntan en redes sociales: que se encuentran ante el dilema de ¿Cuántos huevos comer al día o a la semana?. Comencemos primero por analizar de dónde viene esta idea de comer el límite máximo posible, repasaremos conceptos del miedo a comer huevos y si es posible evaluar el efecto aislado de un sólo alimento en la salud. Además también profundizaremos en el análisis de los huevos, que beneficios y «perjuicios» tienen y ¿cuáles y cuántos se deberían elegir?…

¿Pensar en el «límite máximo que puedo comer?

Venimos de las recomendaciones tradicionales de comer muchos carbohidratos, que ya he hablado antes, de por qué y cómo los carbohidratos (ingredientes que en teoría más deberíamos consumir) provocan círculos viciosos metabólicos dañinos, con respuestas severas y desequilibradas en glucemia, insulina y emocionales, como ansiedad y trastornos alimentarios. Al acostumbrarnos a esta mirada insana de alimentarnos, desconectada con nuestras verdaderas sensaciones de hambre y saciedad, tenemos esa tendencia a traspasarlo a todos los alimentos e ingredientes, pero ya hemos visto que no todos los ingredientes ocasionan la misma respuesta de información metabólica en nuestro cuerpo, un ejemplo de ello, son los huevos con los que difícilmente querrás «no parar» ya que ocasionan saciedad del hambre de verdad.

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La mentira del miedo al Colesterol

Aunque en 3 artículos de mi blog hablo mucho más de: colesterol y la diabetes, la mentira del miedo al colesterol, mitos y realidades de las grasas, aquí te resumo que durante casi 50 años, hemos estado basando nuestra dieta en la creencia de que la grasa saturada y el colesterol son responsables de las enfermedades cardíacas, sin embargo en la evolución de la dieta humana, el ser humano ha seguido a lo largo de la mayor parte de su evolución (aproximadamente 2 millones de años) una dieta cazadora-recolectora en la que los hidratos de carbono se consumían en muy bajas cantidades y sólo cuando la época del año lo permitía. Mientras que el paso a una alimentación rica en hidratos de carbono, que actualmente se considera la alimentación “ideal” tiene una duración muy corta en el período evolutivo de nuestra especie (aproximadamente hace unos 6000 años, con la implantación de la agricultura y la ganadería). Con los estudios del Dr. Keys y del reporte McGovern: concluyeron erróneamente, manipulando los datos que tenían, que las grasas saturadas y el colesterol aumentaban el riesgo cardiovascular; de ahí se derivó la que ahora conocemos como “pirámide nutricional”, y la recomendación de comer más carbohidratos. Y a partir de dichas recomendaciones, gente por todo el mundo ha estado comiendo menos grasas (o sustituyendo las grasas naturales por grasas artificiales, vegetales o trans); y sin embargo los índices de enfermedad cardiovascular siguen aumentando. En la actualidad, se van acumulando evidencias de que el consumo de carbohidratos de alto índice glucémico puede incrementar el riesgo de diabetes, problemas cardiovasculares y obesidad, y de que no todas las grasas son igualmente “malas”.

¿Es lógico analizar el efecto de un solo alimento o ingrediente en la salud?

Es sumamente difícil o imposible: tener a varias personas (suficientes para tener peso científico) que hayan comido solo un ingrediente o alimento y evaluarlo de forma aislada, por ejemplo; comer solo huevos, sin que ningún otro alimento tenga un efecto en su salud, y también sin tomar en cuenta el contexto o circunstancias individuales de cada persona y, que en mi experiencia, sería más importante tomar en cuenta los múltiples factores en la salud cardiovascular o salud en general integral, como el estado de equilibrio o disrupción hormonal, estado de equilibrio en glucemia e insulina, estado de microbiota (permeabilidad) inflamación crónica, alergias, etc. y que todos estos efectos no se entremezclen unos con otros, con el efecto del consumo de 1 solo ingrediente: huevos. Por ejemplo, una forma de evaluar erróneamente el consumo de huevos, es cuando miramos a una persona que consume huevos con una dieta alta en carbohidratos procesados, ya que el seguir consumiendo muchos carbohidratos y muchas proteínas o grasas, ocasionará un desequilibrio en varios ejes hormonales, un contexto inflamatorio y de glucotoxicidad que aumentará el riesgo cardiovascular y de enfermar. Dicho esto, tendremos que ampliar la mirada en salud y dejar de ser reduccionistas al explicar el efecto de un solo factor en nuestra salud.

Analicemos los huevos

Los huevos tienen una gran cantidad de nutrientes. Es importante destacar que, aunque tanto la yema como la clara contienen proteínas, la yema es mucho más alta en otros nutrientes esenciales. Un huevo grande (50 gramos) tiene aproximadamente 6,5 gramos de proteínas, 5 gramos de grasa, 0,5 gramos de carbohidratos. También son altos en vitamina B12 y colina, un nutriente esencial que se ha vinculado a la salud del hígado y del cerebro. Contienen pequeñas cantidades de otras vitaminas del complejo B, vitamina E, potasio y calcio.
Excelente fuente de proteínas. Aunque las claras de huevo son populares entre los fisicoculturistas, los huevos enteros parecen ser más eficaces para crear músculo, además de que son una fuente mucho mejor de nutrientes en general.
¿Has notado que después de comer huevos te sientes satisfecho? En algunos estudios se observó que comer alimentos ricos en proteínas como los huevos puede activar la liberación de “hormonas de saciedad” como la GLP-1 y la PYY y resultar en niveles más bajos de grelina, la “hormona del hambre”. Así que una vez más esta confirmación rompería con la pregunte hecha constantemente por las personas. Yo te recomendaría probarte a ti mism@ y explorar cuántos huevos necesitas en una comida, para estar saciado y no lleno, y así responderás tu pregunta.
Es cierto que los huevos son más altos en colesterol que la mayoría de los alimentos. Pero hay que saber que nuestro hígado produce la mayor parte del colesterol que se encuentra en la sangre, mientras que el colesterol alimentario contribuye mucho menos. Según varios estudios los huevos no afectan adversamente los niveles de colesterol en la mayoría de las personas, y no hay razón para preferir solo las claras u otras alternativas en lugar de los huevos enteros.
La evidencia sobre los huevos y la salud es contradictoria. Entiendo que haya confusión, ya que hay muchos artículos sobre estudios que concluyen que los huevos están asociados con efectos de deterioro de la salud. Sin embargo, como he dicho antes, es importante basarse más en leer revisiones sistemáticas, ya que muchas veces la calidad de las investigaciones no coincide con los titulares de los medios de comunicación o, en muchos casos, incluso con las conclusiones de los médicos, y es que muchos de ellos se hicieron a partir del dogma del colesterol y son puramente estudios observaciones.
La calidad del huevo sí es importante. Los huevos de gallinas de granja o criadas orgánicamente tienen más ácidos grasos omega-3 y son ligeramente más altos en proteínas, vitaminas y minerales que los huevos de gallinas criadas en jaulas.
Opinión y conclusiones

Sobre la pregunta, titular de este artículo, yo daría algunas respuestas y recomendaciones que te ayudarán a hacer un consumo de huevos más consciente:

1. Come huevos con tranquilidad, seguridad y agradecimiento
2. Escoge los mejores
3. Conecta con tu verdadera hambre/saciedad
4. Aprende de la observación, pruebas de ensayo y error, por ejemplo, mira cuantos huevos cocidos puedes comerte, ¿2, 4, 6? ¿Cómo te sientes? ¿Sigues queriendo comer más huevos? ¿Te sientes saciado, lleno?
5. Ten una mirada amplia sobre lo que realmente te preocupa del consumo de huevos en tu salud y reflexiona: ¿Con qué los estas acompañando, con carbohidratos ultraprocesados? ¿Cuáles eran tus niveles de glucemia antes de comer, lo estás encajando con tu medicación y ejercicio?
6. Tomando en cuenta todos estos factores, entonces tú mism@ sabrás CUÁNTOS HUEVOS, con qué cuáles, con qué los acompañas y en qué momento decides comerlos.
Mi experiencia y mis programas:
Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a mirar más sobre mis programas de acompañamiento. Mira mis mejores recursos AQUÍ.

Si tienes dudas, Contáctame AQUÍ por whatsapp para saber si yo te puedo ayudar: https://bit.ly/2HSj8iy

Funcionan las patatas enfriadas para la diabetes _ Diabetes Bien _ Destacada

¿Funcionan las patatas enfriadas para la diabetes?

Las personas me están preguntando últimamente sobre este hecho: el arroz o la patata, una vez enfriados en la nevera, reducen su índice glucémico y actúan como prebióticos.

Aunque he hablado en otro artículo de algunas razones por las que NO TE CONVIENE comer CEREALES, algunas son: que no son esenciales, que su perfil nutricional es pobre, que son fuente de energía ineficaz, no son alimentos ancestrales y por lo tanto estamos más inadaptados a tolerarlos, no tienen ningún beneficio en comparación con la comida real, elevan nuestros niveles de glucosa e insulina en sangre, causan desregulación metabólica y hormonal, la mayoría están disponible como productos ultraprocesados, contienen antinutrientes y sustancias dañinas, entre otras causas. Sin embargo, hace algunos años se comenzó a hablar de lo que sucede cuando cocinamos papas o patatas, arroz o boniato, que ese almidón se transforma, se produce una gelatnización, que hace que nuestras enzimas digestivas lo digieran con facilidad y que sea rápidamente aprovechado por nuestras células. Pero en el caso de la diabetes, con objetivo de lograr NORMOGLUCEMIA, ¿se podría utilizar?

Almidon_resistente_diabetes_bien
¿Qué es el almidón resistente?
Jesús Sanchís, dietista-nutricionista, profesor e investigador de la Universidad de Valencia y coautor del libro ‘Alimentación prebiótica’ describe que después de cocinar y enfriar ciertos cereales, se produce «almidón resistente» que modifica por completo su estructura, de forma que las cadenas de amilosa se enrollan entre sí produciendo la retrogradación del almidón, esto significa que este almidón se resiste al proceso digestivo donde las enzimas no son capaces de romperlo en sus unidades mínimas (glucosa) y entonces queda disponible para que bacterias, hongos y levaduras lo puedan fermentar.

De ese modo, el almidón resistente se convierte en una especie de fibra que actúa como un prebiótico. Al fermentar, produce distintos gases y ácidos grasos de cadena corta (AGCC): acetato, propionato y butirato.

¿Cómo prepararlo?
Lucía Redondo, dietista-nutricionista, dice que lo ideal es que:

▶️ el enfriamiento debe hacerse en nevera, ya que la temperatura óptima de retrogradación es de 4-5ºC.

▶️ Mejor hacer la cocción al horno y con piel, ya que de este modo no pasa al agua nada del almidón; también es recomendable no partirlo en trozos pequeños, para que no quede demasiada superficie expuesta.

▶️ No hace falta comer los alimentos fríos ni de forma inmediata, de hecho, es preferible recalentarlos.

¿Cuál es la relación del almidón resistente y la insulina y/o metabolismo de glucosa?
Aunque era una idea comúnmente aceptada que la microbiota fuese un mediador clave en el efecto beneficioso al consumo de almidón resistente, en las personas con diabetes o prediabetes o cualquier condición que dificulte el metabolismo de glucosa y/o insulina, nos surge la curiosidad de ir más allá. Y es que un estudio internacional, publicado en la revista ‘Microbiome’ “demostró que la administración de almidón resistente a dosis moderada mejora la resistencia a la insulina de manera independiente a la microbiota intestinal”.

De hecho en un estudio realizado con personas con diabetes tipo 1, donde evaluaron la influencia del almidón resistente resultante del enfriamiento del arroz sobre la glucemia postprandial, encontraron un aumento significativamente menor de la glucemia.

Y ahora ¿Cuál es mi experiencia y opinión?
Resumiré varios puntos a tomar en cuenta en relación al almidón resistente y la diabetes con objetivos de NORMOGLUCEMIA:

▶️ La mayoría de estudios realizados se refieren a personas sin diabetes y con normoglucemia

▶️ Hay que recordar que el contexto o ambiente es lo que marca el beneficio o perjuicio en nuestras células (inflamación, glucotoxicidad, hiperglucemia) Es decir, que si yo busco un beneficio del almidón resistente pero no tengo niveles normales de glucemia (59-100 mg/dl) es difícil o imposible que se produzca un beneficio a nivel de microbiota.

▶️ Podría aplicar la LEY DE PEQUEÑAS CIFRAS, ya que la dosis marca el beneficio o perjuicio, probablemente con esta ténica de RETROGRADACIÓN, en lugar de comer 1 patata completa enfriada, podríamos comer 1 ó 2 cucharadas sin tener el riesgo de respuesta glucémica exagerada y acompañando a la misma vez con un contexto de verdadera normoglucemia (<100 mg/dl) ▶️ El arroz, patata o papa, boniato o ingredientes con almidón, no son los únicos con ventajas de fibra fermentable, aquí tenéis algunos otros a incluir en la dieta diaria, sin tener el riesgo de gran respuesta glucémica: zanahoria, calabaza, rábanos, apio, remolacha, brócoli, coliflor, col de bruselas, col lombarad, kale, col rizada, cebollino, setas. Mi experiencia y mis programas Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente. Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a mirar más sobre mis programas de acompañamiento. Mira mis mejores recursos AQUÍ. Si tienes dudas, Contáctame AQUÍ por whatsapp para saber si yo te puedo ayudar: https://bit.ly/2HSj8iy Si tienes dudas sobre si mis programas de acompañamiento online son para ti, puedes pedirme una sesión gratuita online aquí https://bit.ly/2HSj8iy , me cuentas tus dificultades con la diabetes y miramos si te puedo ayudar.

50 Nombres de carbohidratos nocivos en el etiquetaje de productos - Diabetes Bien - Destacada

50 Nombres de carbohidratos nocivos en el etiquetaje de productos

Antes, en un artículo hablé sobre el peligro de los ultraprocesados, donde mencioné la historia de los ultraprocesados y mis recomendaciones de ¿Cómo reconocerlos mejor para decidir si comerlos o no?. Y en otros artículos también te hablé del índice glucémico y te expliqué que en mi experiencia funciona mejor el preferir los alimentos o ingredientes con menor índice y carga glucémica, en lugar de querer utilizar estas listas para “contar raciones de hidratos” o “moderar los carbohidratos”. En este artículo en concreto te hablaré de 52 distintos nombres de carbohidratos nocivos en el etiquetaje de productos, de la definición del azúcar y otros tipos de carbohidratos, 2 reglas sencillas para identificarlos y mis recomendaciones efectivas en el día a día:

¿Qué es el azúcar?

El azúcar es el nombre común como se conoce a la sacarosa, un disacárido formado por glucosa y fructosa, pero además hay muchos alimentos que también contienen azúcares como los cereales, tubérculos, legumbres, frutas, lácteos, etc. El almidón está formado por amilosa y amilopectina y estos discáridos están formados por unidades de glucosa. Toma en cuenta que todos los alimentos ingeridos se llegan a transformar en glucosa en mayor o menor porcentaje, que es el nutriente funcional para el organismo, y algo más importante es saber, es que aún si no comiésemos nada de carbohidratos, nuestro cuerpo es capaz de fabricar glucosa a partir de ácidos grasos y aminoácidos.

50 Nombres de carbohidratos nocivos en el etiquetaje de productos – Diabetes Bien – Dra. Rosy Yñez
¿Con qué nombre podemos identificar sustancias distintas de carbohidratos escondidos?

En esta imagen podemos identificar 52 formas de nombrar estos azúcares: azúcar moreno, azúcar glass o glacé, azúcar invertido, azúcar turbinado, azúcar de coco, azúcar de castro, azúcar de remolacha, azúcar de dátiles, sirope/jarabe de arce, sirope de agave, miel, melaza, melaza negra, cristales de jugo de caña, zumo de caña evaporado, caramelo, panela, jarabe de glucosa y fructosa, jarabe de mantequilla, jarabe de arroz, jarabe de ceratonía siliquia ( o algarroba), zumo de fruta, zumo de fruta concentrado, melaza/ sirope de arroz, sólidos de jarabe de maíz, cristales de florida, sirope dorado, jarabe refinado, jarabe de sorgo, cebada de malta, sirope de malta, jarabe de malta, sucanat, maltosa, fructosa, jarabe de maíz, sirope de maíz, dextrina, dextrosa, malta diastática, etil maltol, glucosa, sólidos de glucosa, lactosa, maltosa, d-ribosa, galactosa, maltodextrina, lactosa, sucrosa, sacarosa, galactosa:

50carbohidratos – diabetesbien – Dra. Rosy Yañez
¿Qué reglas puedo seguir para identificarlos aún en productos «light» o «sin azúcares»?

Nombres acabados en -osa: glucosa, fructosa, maltosa, lactosa, etc.
Cualquier sirope o jarabe aunque sea de arce o bajo en azúcar, es un tipo de azúcar igualmente que ocasionará una gran respuesta glucémica que las personas que queremos tener NORMOGLUCEMIA deberíamos evitar.

¿Y si es un azúcar natural es mejor?

En este otro artículo, también te hable si realmente habría que elegir ultraprocesados supuestamente «naturales» y te dije porqué es más importante elegir ingredientes de acuerdo a su respuesta glucémica e insulínica en nuestro cuerpo, ya que lo que comemos es información que damos a nuestro organismo que se transforma en salud o enfermedad.

¿Qué más te recomiendo?

Quitarte la fantasía de pensar que algún ultraprocesado «sin cocinar» y solo «calentar» tendrá buena respuesta en tu organismo, ya que eso no pasará.
Aplica la LEY DE PEQUEÑAS CIFRAS
Contextualiza cada situación y decide de acuerdo a ello, ya que en ciertas situaciones muy pequeñas cantidades de glucosa pueden ser necesarias como en episodios de hipoglucemia, y en lugar de ello, comer estos 52 tipos de carbohidratos nocivos de forma habitual, todos los días, y a todas horas, o en grandes cantidades y de muchos tipos (almidón, frutas y otros azúcares) escondidos, actúan como veneno en tu organismo todos los días y a largo plazo.

Mi experiencia y mis programas
Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a mirar más sobre mis programas de acompañamiento. Mira mis mejores recursos AQUÍ.

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Edulcorantes | Diabetes Bien

Edulcorantes en Diabetes Bien

En mis Webinars, artículos, sesiones en vivo y seminarios hablo mucho de la “normoglucemia” o normalidad glucémica, pero, ¿A qué me refiero?… Dicho en pocas palabras, “normoglucemia” significa “tener un nivel de azúcar en sangre – glucosa en sangre – dentro del rango normal de una persona sana”. La pregunta siguiente sería: ¿y por qué eso es importante? La historia de la humanidad nos muestra que en el pasado, los niveles de glucosa en sangre y de insulina se mantenían muy estables en la casi totalidad de la población (salvo algún individuo que padeciera algún trastorno muy específico y no relacionado con la alimentación).

Edulcorantes | Diabetes Bien
Como cuento en este post, nos cuentan el mito de que “no se puede tener normoglucemia si se vive con diabetes”; y con ellos nos dan desde el inicio un estándar de salud inferior, que con el tiempo prácticamente nos asegura complicaciones diabéticas y una calidad de vida inferior. Por ello, en mis escritos y mis programas de acompañamiento defiendo la idea de que la normoglucemia en diabetes no solamente es posible, sino que además es nuestro derecho. La introducción sobre este tema, es para entender que para tener salud, tenemos que aspirar a la normoglucemia, tengamos o no diabetes.

Ahora entrando en el tema de endulzantes, deberás tomar en cuenta que el azúcar que es el mayor endulzante utilizado mundialmente, es el nombre común como se conoce a la sacarosa, un disacárido formado por glucosa y fructosa, y supone un 75% de todos los azúcares añadidos, pero además hay muchos alimentos que también contienen azúcares como los cereales, tubérculos, legumbres, frutas, lácteos, etc. El almidón está formado por amilosa y amilopectina y estos discáridos están formados por unidades de glucosa. Toma en cuenta que todos los alimentos ingeridos se llegan a transformar en glucosa en mayor o menor porcentaje, que es el nutriente funcional para el organismo, y algo más importante es saber, es que aún si no comiésemos nada de carbohidratos, nuestro cuerpo es capaz de fabricar glucosa a partir de ácidos grasos y aminoácidos. En este post encontrarás 50 nombres de carbohidratos nocivos en productos. ¿Y cuál es el problema con este endulzante? pues varias décadas de investigación han demostrado que solo unos cuantos terrones de azúcar al día conducen a problemas como diabetes, enfermedades cardíacas, derrames cerebrales, cáncer y dientes. El azúcar, a diferencia de los edulcorantes, también tiene calorías, por lo que tiene un mayor riesgo de obesidad cuando se consume en exceso.

¿Preferimos el sabor dulce?
Según la Asociación Internacional de Edulcorantes, la respuesta al sabor dulce es primitiva. El placer innato por lo dulce, se observa desde el nacimiento, y algunos científicos creen que puede ser un mecanismo evolutivo de supervivencia que segura la aceptación de la leche materna, sin embargo, es importante señalar que la preferencia por el dulce continua durante la infancia y adolescencia y decrece en la edad adulta temprana. Es importante destacar que la preferencia de los adultos por lo dulce debe analizarse con cuidado, ya que los altos índices de obesidad en niños y adultos destacan que hemos manipulado de forma nociva el estilo de vida natural. Además, la industria alimentaria ha conseguido poner a nuestra disposición alimentos y bebidas hiperpalatables con menor densidad energética, que puede cambiar, influir o confundir la preferencia del gusto por el sabor «dulce» y las decisiones de las personas, sobre todo en niños y adolescentes.

De hecho, un estudio realizado por la Asociación Estadounidense de Diabetes encontró que hasta el 70% de las personas con diabetes tipo 2 tienen algún tipo de enfermedad del hígado graso. El estudio también encontró que las personas con enfermedad del hígado graso tenían más probabilidades de tener un control glucémico deficiente, es decir hiperglucemia crónica.

Definición de edulcorantes:
Según la OMS, los edulcorantes son sustancias naturales o artificiales que sirven para aportar sabor dulce a un producto o alimento. En España, están regulados por el reglamento 1333/2008 que trata sobre aditivos alimentarios, y una modificación posterior, reglamento 1129/2011. Existen edulcorantes artificiales naturales y artificiales, y calóricos o no calóricos.

¿Los edulcorantes causan prejuicios a la salud?
En los últimos años, una serie de estudios aterradores han relacionado la alternativa del azúcar con una serie de afecciones, desde ataques cardíacos hasta derrames cerebrales, diabetes e incluso cáncer.

Pero los expertos advierten que la evidencia a menudo es indirecta y que la forma en que se realizaron los estudios ha sido defectuosa, a menudo centrándose en participantes que ya corren el riesgo de tener problemas de salud debido a la vejez y condiciones preexistentes. La FDA afirma que los seis edulcorantes artificiales aprobados son seguros para consumir, hasta 75 paquetes por día.

Edulcorantes naturales y novedosos:
Nombre Descripción ¡Cuidado!
Stevia (glucósidos de steviol)* Natural, no afecta glucemia ni insulina. Nomemclatura E-960 Cuidado con las hojas puras de stevia
Son seguros los glucósidos de steviol
Se suele mezclar con azúcar u otros edulcorantes o aditivos, hay que buscar ingrediente puro sin mezclar
No provoca alteraciones digestivas ni de la microbiota
Fruto del monje Natural: no afecta glucemia ni insulina No aceptado aún por la Unión Europea
Difícil conseguirlo puro
Se suele mezclar con azúcar u otros edulcorantes o aditivos, hay que buscar ingrediente puro sin mezclar
No provoca alteraciones digestivas ni de la microbiota
Alulosa Monosacárido pero que el cuerpo no lo metaboliza, no afecta glucemia ni insulina Dolores abdominales, provoca síntomas digestivos desagradables
Tagatosa isómero de la fructosa, no afecta glucemia ni insulina No provoca alteraciones digestivas ni de la microbiota
Bochasweet No provoca alteraciones digestivas ni de la microbiota
Eritritol Polialcohol, sin causar caries, pero si síntomas digestivos, no tiene impacto en impacto y glucemia Usualmente mezclado con stevia, provoca síntomas digestivos desagradables
Maltitol Si tiene calorías e impacto en glucemia e insulina Es el más utilizado en industria, provoca síntomas digestivos desagradables
Xilitol si tiene índice glucémico Muy utilizado en industria alimentaria, y bajo coste, provoca síntomas digestivos desagradables
Sorbitol Provoca síntomas digestivos desagradables
Isomalt o isomaltitol indice glucémico bajo
Edulcorantes artificiales y comunes:
Nombre Descripción ¡Cuidado!
Aspartamo* en principio no hacen picos de glucemia ni de insulina, hacen picos de glucemia, pero en teoría no, ni sacan de cetosis, dulzor muy alto Nomemclatura E-951 Utilizado en muy pocas cantidades, más utilizado en EEUU,
Altera microbiota intestinal, alteraciones neurológicas y hepáticas.
Mezclado con azúcar en muchas marcas
Sucralosa 0 cal, no picos de glucemia ni insulina Utilizado en muy pocas cantidades, mezclado frecuentemente con glucosa (dextrosa) y maltodextrina,
Altera microbiota intestinal
Acesulfame K* 0 cal, no picos de glucemia ni insulina.
Nomenclatura E-950 Se encuentra en la mayoría de bebidas sin azúcar,
Altera microbiota intestinal
Sacarina* 0 cal, no picos de glucemia ni insulina
Nomemclatura: E-954 Primer edulcorante utilizado,
Altera microbiota intestinal
Ciclamato* Nomemclatura: E-952 Prohibido en EEUU y en Unión Europea, su consumo no es recomendable, se considera tóxico, Altera microbiota intestinal
Mis conclusiones y recomendaciones:
Si quieres saber más, en esta revisión sistemática puedes ver efectos glucémicos e insulinémicos agudos de los edulcorantes de bajo valor energético. Recuerda que este tema de edulcorantes no calóricos se encuentra en una continua evolución y actualización.

Como algunas CONCLUSIONES podría decir que:

el mejor endulzante es el que no se usa, pero también es importante mirar las necesidades de la vida real, emocional y buscando un equilibrio en permisos y flexibilidad que uno pueda tener en su vida diaria.
Aunque en principio no alteran glucemia e insulina, se ha visto que los edulcorantes pueden engañar al cerebro, haciéndole creer que el cuerpo ha consumido azúcar real, lo que provoca la liberación de insulina. Además hay que tener en cuenta que la mayoría de edulcorantes provoca alteraciones digestivas desagradables y en la microbiota intestinal.
Así que si hemos decidido utilizarlos, podemos preferir los que he marcado en verde: stevia, fruto del monje y eritritol.
No exceder el consumo de 50g de polialcoholes al día.
Personas con síntomas o enfermedades o trastornos digestivos NO deberían consumirlos
Cuidado y recomendaciones especiales al utilizarlos en embarazo o lactancia.
Cuidado con la presentación final de mezcla de edulcorantes y no en su presentación pura, además de los aditivos agregados comúnmente como el azúcar, la dextrosa o glucosa y otros.
No abusar de ellos ni en cantidad ni en frecuencia.
Observa como responde tu cuerpo y toma decisiones individuales y personales para mejorar tu salud integral.

Mi ayuda y mis programas:
Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a mirar más sobre mis programas de acompañamiento. Mira mis mejores recursos AQUÍ.

Si tienes dudas, Contáctame AQUÍ por whatsapp para saber si yo te puedo ayudar: https://bit.ly/2HSj8iy

Como algunas CONCLUSIONES podría decir que:

el mejor endulzante es el que no se usa, pero también es importante mirar las necesidades de la vida real, emocional y buscando un equilibrio en permisos y flexibilidad que uno pueda tener en su vida diaria.
Aunque en principio no alteran glucemia e insulina, se ha visto que los edulcorantes pueden engañar al cerebro, haciéndole creer que el cuerpo ha consumido azúcar real, lo que provoca la liberación de insulina. Además hay que tener en cuenta que la mayoría de edulcorantes provoca alteraciones digestivas desagradables y en la microbiota intestinal.
Así que si hemos decidido utilizarlos, podemos preferir los que he marcado en verde: stevia, fruto del monje y eritritol.
No exceder el consumo de 50g de polialcoholes al día.
Personas con síntomas o enfermedades o trastornos digestivos NO deberían consumirlos
Cuidado y recomendaciones especiales al utilizarlos en embarazo o lactancia.
Cuidado con la presentación final de mezcla de edulcorantes y no en su presentación pura, además de los aditivos agregados comúnmente como el azúcar, la dextrosa o glucosa y otros.
No abusar de ellos ni en cantidad ni en frecuencia.
Observa como responde tu cuerpo y toma decisiones individuales y personales para mejorar tu salud integral.

Keto limpio y keto sucio | Diabetes Bien

¿Qué es keto limpio y keto sucio?

Como dijo el Dr. Joslin, la EDUCACIÓN es el tratamiento de la diabetes y yo complementaría que es el camino de volverte experto en tu propia salud y ser crítico e intuitivo para realmente mejorar tu condición de salud que tengas.

En este artículo de mi blog hablé de Errores comunes al hacer lowcarb con diabetes donde ya te resolví varias creencias que se suelen cometer al hacer lowcarb con diabetes, como:

Creer que seguir una alimentación lowcarb “basta para tener salud”.
Querer buscarle a todo “sustitutos” que siguen siendo ultraprocesados.
No aprender a leer etiquetas.
Consumir exceso de carbohidratos, aún entre las opciones lowcarb.
Abusar de edulcorantes.
Abusar de los aceites vegetales.
No comer suficientes grasas, por miedo a engordar.
Hacer una dieta hipocalórica, sin suficientes nutrientes.
Cambiar un conteo por otro: del “conteo de calorías” al “conteo de gramos de carbohidrato”.

Keto limpio y keto sucio | Diabetes Bien
Varias veces he explicado porque yo no estoy a favor y de acuerdo con establecer cantidades cerradas de comida, ni hacer menús perfectos ni estar contando los carbohidratos, a todas horas. Y en el post de hoy nos centraremos en los conceptos de KETO SUCIO y KETO LIMPIO, que aunque no me gusta estar emitiendo juicios o etiquetas de forma radical, podemos aprender a que se refiere y sobre todo aprender a identificar y observar si tú tienes que mejorar, o cambiar y sobre todo con el objetivo de ayudarte a comprender estos conceptos y tomar decisiones informadas para lograr niveles óptimos de glucosa en sangre.

¿A qué se refiere KETO o ceto SUCIO?
Este concepto de KETO SUCIO es una interpretación de la dieta cetogénica que se enfoca principalmente en las proporciones de macronutrientes en lugar de la calidad de los alimentos consumidos. Permite el consumo de alimentos procesados y de baja calidad siempre que se ajusten a las proporciones de macronutrientes definidas. Este concepto encaja con lo explicado anteriormente en mi blog sobre porque NUNCA FUNCIONÓ CONTAR RACIONES DE CARBOHIDRATOS.

Aunque hacer KETO SUCIO puede parecer tentador debido a su flexibilidad y conveniencia, a menudo pasa por alto la importancia de la densidad de nutrientes y la salud en general. Depender de alimentos muy procesados puede conducir a una ingesta inadecuada de vitaminas y minerales, más variabilidad glucémica, aumento de la inflamación, estar mayor tiempo fuera de tus rangos glucémicos meta y posibles riesgos para la salud a largo plazo. Ya que no solo la cantidad, sino la calidad de la elección de alimentos puede afectar los niveles de glucosa en sangre, lo que podría dificultar lograr verdadera normoglucemia.

De hecho, un estudio realizado por la Asociación Estadounidense de Diabetes encontró que hasta el 70% de las personas con diabetes tipo 2 tienen algún tipo de enfermedad del hígado graso. El estudio también encontró que las personas con enfermedad del hígado graso tenían más probabilidades de tener un control glucémico deficiente, es decir hiperglucemia crónica.

¿A qué se refiere KETO o ceto LIMPIO?
El KETO LIMPIO enfatiza la calidad de los alimentos consumidos en lugar de centrarse únicamente en las proporciones de macronutrientes. Alienta a las personas a optar por comida de verdad, sin procesar y ricos en nutrientes, mientras se adhieren a los principios de la dieta cetogénica.

Al priorizar las fuentes de proteínas de alta calidad, las grasas saludables y una variedad de vegetales sin almidón, el KETO LIMPIO proporciona al cuerpo los nutrientes, vitaminas y minerales esenciales necesarios para el bienestar general. Este enfoque respalda y facilita la NORMOGLUCEMIA y contribuye a mejorar los niveles de energía, la claridad mental y la reducción de la inflamación, es decir es la base de tu salud integral a corto, mediano y largo plazo.

Hábitos comunes de keto sucio y posibles soluciones:
Hábito o ingrediente de KETO SUCIO Posible Solución a KETO LIMPIO
Comer lo mismo siempre, sobre todo en cuanto a carne y cerdo Potenciar peces salvajes, huevos o ecológicos si es posible
Integrar cada vez más especies y variabilidad de vegetales y no enfocarse en la cantidad.
Los edulcorantes keto no siempre son keto Leer etiquetas con atención, sobre todo el listado de ingredientes.
Utilizar Chocolate negro (al menos 85% cacao)
Consumir productos que ponen keto o 0 carbohidratos sin mirar los ingredientes Leer etiquetas con atención, sobre todo el listado de ingredientes. Dejar las pruebas de ensayo/error con estos productos para «excepciones» o «días especiales». Lee mi post sobre ansiedad a los carbohidratos.
Aceites procesados Potenciar Grasas saludables (aceite de coco, mantequilla, manteca, aceite de oliva, aceite de aguacate, casquería , panceta y bacon de animales pasto)
Carnes procesadas Potenciar Peces salvajes, huevos o ecológicos si es posible
Comida rápida Potenciar Caldo de huesos/ planificar comidas /
Trabajar y encajar en el proceso de recuperación de verdaderas sensaciones de hambre y saciedad. Lee mi post sobre ansiedad a los carbohidratos.
Refrescos dietéticos Potenciar Aceitunas
Aguacates con una pizca de sal del Himalaya
Hidratarse de forma adecuada
Excesivos lácteos Lácteos de aves de corral libres / carne de res alimentados con pasto y leche de coco
Nueces fritas y saladas Bayas, como los arándanos, moras y fresas, con moderación.
Nueces crudas o tostadas sin aceite vegetal.
Edulcorantes artificiales y comunes:
Nombre Descripción ¡Cuidado!
Aspartamo* en principio no hacen picos de glucemia ni de insulina, hacen picos de glucemia, pero en teoría no, ni sacan de cetosis, dulzor muy alto Nomemclatura E-951 Utilizado en muy pocas cantidades, más utilizado en EEUU,
Altera microbiota intestinal, alteraciones neurológicas y hepáticas.
Mezclado con azúcar en muchas marcas
Sucralosa 0 cal, no picos de glucemia ni insulina Utilizado en muy pocas cantidades, mezclado frecuentemente con glucosa (dextrosa) y maltodextrina,
Altera microbiota intestinal
Acesulfame K* 0 cal, no picos de glucemia ni insulina.
Nomenclatura E-950 Se encuentra en la mayoría de bebidas sin azúcar,
Altera microbiota intestinal
Sacarina* 0 cal, no picos de glucemia ni insulina
Nomemclatura: E-954 Primer edulcorante utilizado,
Altera microbiota intestinal
Ciclamato* Nomemclatura: E-952 Prohibido en EEUU y en Unión Europea, su consumo no es recomendable, se considera tóxico, Altera microbiota intestinal
Mis conclusiones y recomendaciones:
Por supuesto, no es solo la conveniencia lo que hace que las personas busquen alimentos procesados. También es costumbre. Si eres nuevo en keto y has subsistido con alimentos en su mayoría procesados o ultraprocesados en el pasado, es más fácil hacer el cambio por productos procesados keto mientras que aprendes a comer keto y también a cocinar desde cero (un requisito para comer keto limpio). Recuerda que, educarse sobre ingredientes y alimentos de calidad (y poco saludables), y aprender a preparar comidas saludables es una de las inversiones más importantes en el futuro de su salud.
El enfoque principal de una dieta cetogénica debe basarse en los alimentos reales y enteros que se cocinen. Además hay que tomar en cuenta que, parte de la flexibilidad con límites claros y excepciones también es parte de la salud integral, y aquí tendría lugar keto o ceto «sucio», como cuando viajas, tienes prisa, en un día especial o quieres darte oportunidad de prueba ensayo/error y asumir el riesgo, etc. Solo asegúrate de no depender totalmente de keto sucio para tu día a día, además elige esos días especiales de keto sucio con consciencia, experiencia e inteligencia. Haz hincapié en la calidad de los alimentos tanto como te sea posible y tu cuerpo tendrá mayor nutrición y equilibrio y sobre todo se facilitará la normoglucemia verdadera. Puedes encontrar mis ANALISIS DE ALGUNOS PRODUCTOS PROCESADOS en mi perfil de instagram AQUÍ.
Vive el proceso y tente paciencia. Todos deseamos una galleta de vez en cuando. También te recomiendo ser acompañado con frecuencia por un profesional con experiencia que valore tu situación de salud de forma integral y que te guíe. Te descargo de demasiada exigencia, ya sea que estés probando la dieta cetogénica para perder peso o para mitigar los problemas relacionados con la diabetes, las enfermedades cardíacas u otras afecciones médicas, siempre es una buena idea consultar a un profesional sanitario integral o coherente antes de realizar cambios dietéticos drásticos, incluso a corto plazo.

Mi ayuda y mis programas:
Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a mirar más sobre mis programas de acompañamiento. Mira mis mejores recursos AQUÍ.

Si tienes dudas, Contáctame AQUÍ por whatsapp para saber si yo te puedo ayudar: https://bit.ly/2HSj8iy

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