¿Debemos elegir lo “natural” o lo coherente con nuestra salud? - Diabetes Bien

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¿Debemos elegir lo “natural” o lo coherente con nuestra salud?

La palabra “natural” sin duda es muy utilizada en el mundo del marketing, e irónicamente existen muchísimas y diversas industrias que lucran grandemente con poner esa palabra en sus productos o servicios: un producto puede prometer que es “100% natural”, o que cierto método para lograr algo es “un método natural”. ¿Pero qué significa realmente esa palabra?…. Se ha sobre-utilizado hasta el punto de perder cualquier significado. “Natural”, en el mundo de la salud y de la nutrición, significaría supuestamente “que viene de la naturaleza”, o que se trata de alguna cosa que en cierto sentido “ha sufrido menos alteraciones por el ser humano”. También se le da cierta connotación de que alguna cosa es “normal”, llegando a significar entonces “normal y deseable”.

Pero vayamos aclarando y preguntándonos qué queremos decir realmente cuando buscamos que una cosa sea “natural”. Después de todo, en la naturaleza también existen sustancias tóxicas, venenos que son perfectamente mortales para el ser humano, plantas que contienen anti-nutrientes o toxinas y que no nos conviene consumir… Entre los animales también son “naturales” algunos comportamientos que nosotros como personas consideraríamos moralmente incorrectos; y también para unas cuantas mujeres resulta “natural” tener complicaciones durante el parto e incluso no sobrevivir a él; eso antes era muy “natural” en el sentido de que sucedía con cierta frecuencia, y pasa en plena naturaleza también.

Y en la otra cara de la moneda, existen productos y procesos que no son “naturales” puesto que fueron inventados por la gente, por ejemplo envasar o congelar vegetales, o canalizar los procesos naturales de fermentación para conseguir un comestible fermentado; pero que a pesar de no encajar con algunas definiciones de “natural”, son aun así productos saludables y benéficos cuando están hechos con calidad. Por todo esto, no me gusta usar la palabra “natural”; pues creo que es demasiado generalista y que incluso se presta a muchas interpretaciones diferentes, de lo que sea que signifique “natural” para cierta persona. Me gusta más hablar de saludable, pero sobre todo de coherente: hablar de un contexto coherente con mi salud, de coherencia con la genética humana y qué cosas espera recibir del medio ambiente para funcionar en bienestar, tales como alimentos reales y de calidad, sueño saludable, medio ambiente limpio, un ambiente emocional sano, etc. Nuestra salud, después de todo, depende de todo un contexto en el que crecemos y nos desarrollamos.

Creo que al hablar de contexto coherente con el bienestar, logramos entonces sí tener un aprendizaje enfocado en el progreso, en dar pasos que poco a poco me lleven a tener mejor salud y bienestar. Ya que la palabra “natural” es demasiado genérica, nos lleva a definiciones demasiado generales, y al generalizar negamos la individualidad. Cuando usamos generalidades, no permitimos los matices que son tan numerosos en la experiencia humana; nos separamos del individuo y de sus particularidades genéticas, personales, metabólicas, en una palabra individuales; nos alejamos de la travesía única y contextualizada que cada persona ha tenido en su salud. Es una manera de castrar a la persona, queriendo hacerla encajar en “generalidades” que evidentemente nunca sirven al individuo ni son igualmente aplicables, de manera idéntica, a todo el mundo.

Entonces, ¿es lo “natural” siempre lo mejor?… Ciertamente entonces, si tomamos una definición estricta de “natural” como “lo que viene directamente de la naturaleza, sin intervención humana” y asumimos que eso siempre es supuestamente “lo mejor”; nos damos cuenta de que resulta una frase hueca, que no nos dice nada, y que tampoco “natural” significa necesariamente lo más saludable o lo más coherente con el bienestar de esa persona. Además, ¿a qué nos referimos con “mejor”? ¿”Mejor” comparado con qué?… Así que tal vez lo más efectivo sea “contextualizar” como mencioné, existen en la naturaleza sustancias perfectamente tóxicas o dañinas; así como muchos inventos humanos que pueden traernos grandes beneficios.

Lo mismo podríamos decir por ejemplo de muchos medicamentos: ciertamente no es “natural” tomar un medicamento para una infección, o tampoco es “natural” que la persona con diabetes se inyecte insulina exógena; sin embargo, en estos dos casos el uso de sustancias externas o “inventadas” es lo más coherente con la salud de esa persona. Puede que la sustancia no encaje con alguna definición de “natural”, sin embargo, el uso de insulina exógena nos trae a muchas personas que vivimos con diabetes un contexto normal de bienestar, es coherente con lo que necesito para tener ese contexto saludable, sin importar realmente si le llamamos “natural” o no. Más allá de discutir si utilizar insulina exógena es “natural” o no – lo cual resulta estéril e improductivo – yo y muchas otras personas que vivimos con diabetes la utilizamos de forma coherente y efectiva (y que en la mayoría de los casos no sucede así) para tener un contexto normoglucémico, lo cual es 100% coherente con mi salud y bienestar, y es lo que mi cuerpo espera tener para evitar complicaciones. Lo natural es tener normoglucemia, y para ello muchos utilizamos eficientemente insulina exógena.

O por ejemplo, visto desde otro aspecto de la diabetes, también sería natural no consumir jamás azúcar/glucosa; sin embargo unas pequeñas dosis de glucosa pueden resultar muy útiles para el manejo de las hipoglucemias, por lo que es más coherente apegarnos a la Ley de las Pequeñas Cifras, que caer en el absolutismo de decir “jamás”.

Además, existe todo un marketing e industrias que hoy en día fácilmente confunden a la gente, pues casi cualquier producto puede ponerse una etiqueta que diga cosas como “natural”, “orgánico”, “basado en plantas”, sin que ninguna de esas cosas signifique necesariamente “saludable”. Un cereal puede ser 100% “natural” u “orgánico”, y aun así he explicado que los cereales son un alimento nutricionalmente deficiente y que no conviene consumir, por mucho que sean “orgánicos” o “enteros”, ¡ni mucho menos basar en ellos toda nuestra alimentación!… Lo que realmente debemos mirar, si deseamos bienestar y salud, es la información genética y metabólica que damos a nuestro cuerpo cada vez que elegimos que comer, y entonces dentro de nuestro contexto mirar que los alimentos que consumimos sean coherentes con nuestro bienestar, con nuestra genética y metabolismo humanos, además de considerar también las individualidades.

Por otro lado, ha habido ciertos movimientos, por ejemplo los afines al veganismo (por rechazar cualquier producto de origen animal) que igualmente usan palabras o conceptos que pueden causar confusión; dando a entender que un producto es necesariamente saludable por ser de origen enteramente vegetal. Sin embargo, la ciencia no respalda estas nociones. Si bien hay gente que toma la decisión de alimentarse así por razones muy diversas (que también pueden ser éticas o morales, pero no necesariamente alineadas con la salud); la ciencia no respalda la noción de que podamos tener una salud coherente alimentándonos sólo con productos de origen vegetal. Por ejemplo, he hablado antes de cómo las grasas saturadas de origen animal son muy saludables – siempre y cuando tengan condiciones de calidad –; mientras que por el contrario los aceites vegetales industrializados, por mucho que “vengan de plantas”, ¡son enormemente tóxicos y dañinos a nuestra salud!…

Además, como mencioné, muchos vegetales y semillas contienen antinutrientes como fitatos, oxalatos y otros elementos inflamatorios o disruptores de nuestro metabolismo, asimismo existen ahora los productos vegetales transgénicos o llenos de pesticidas, lo cual es otro tema aparte… Pero todo ello nos debe hacer cuestionar la noción de que “origen vegetal” sea sinónimo de “saludable”. El azúcar, los cereales modernos e incluso el tabaco tienen “origen vegetal”, ¡pero ya sabemos los daños que cada uno de ellos pueden causar a diversos aspectos de nuestra salud!

El proceso de aprender a contextualizar de forma más profunda, para lograr verdadero bienestar, implica reconocer los muchos matices que puede tener el ls circunstancias de cada individuo; reconozcamos entonces que hablar de “natural” no nos resulta nada productivo, ya que en la naturaleza pueden existir tanto cosas y contextos saludables como otros dañinos. Hay productos tanto vegetales como animales que pueden darnos un contexto coherente con nuestra salud genética, y otros que no. Recuerda que si deseas realizar este aprendizaje de forma segura, es más efectivo hacerlo de la mano de un profesional coherente que vive con la misma – o similar – condición.

 

Mi experiencia y mis programas:

Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

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