¿Por Qué Lowcarb o Keto Para La Diabetes? - Diabetes Bien

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¿Por Qué Lowcarb o Keto Para La Diabetes?

Existen muchas dudas acerca de por qué llevar una alimentación baja en carbohidratos o cetogénica cuando se vive con diabetes. Esto se debe a que ha existido tantísima desinformación; incluso entre médicos y profesionales sanitarios que todavía recomiendan una alimentación basada en carbohidratos, ¡aún en casos de diabetes, que es prácticamente una intolerancia a los carbohidratos!… Por lo que no es de extrañarse que exista tanta confusión, y que la gente en general – vivan o no con diabetes – esté tan “perdida” acerca de cuáles comidas son adecuadas y coherentes con nuestra genética humana.

Por esta misma razón, quienes defendemos una alimentación de cualquiera de estos dos tipos – lowcarb o keto – para tener salud y especialmente en el caso de diabetes, a veces encontramos cuestionamientos como por ejemplo, ¿puede hacer daño? ¿Es sostenible con el tiempo? ¿Ayuda a manejar mejor la condición de diabetes?… Explicaré por qué este tipo de alimentación es adecuada a nuestra genética, se viva o no con diabetes, pero además en el caso de quienes sí tenemos esta condición, por qué ayuda sobre todo a normalizar la glucemia (los niveles de glucosa en sangre), a revertir los daños de la glucotoxicidad, y también – si está bien formulada – a evitar la inflamación crónica que nos causa tantos daños de salud con el tiempo.

Para entender mejor esto y cambiar paradigmas, conviene hacerse más bien la pregunta opuesta: ¿por qué basar la alimentación en carbohidratos? ¿De dónde vino esa recomendación (que ahora en años recientes, muchos empezamos a reconocer como muy equivocada)? ¿Qué sucede en nuestro cuerpo, cuando basamos la alimentación en carbohidratos, y qué sucede cuando no lo hacemos?…

Cuando comenzamos a aprender y educarnos al respecto, descubrimos varias cosas. El principal problema de llevar una alimentación basada en carbohidratos es que todos los alimentos compuestos principalmente de carbohidrato (cereales, azúcares, harinas y derivados de cualquier cereal o grano, pan, pastas, patatas y almidones, etc.), están formados principalmente por glucosa. Aunque muchos de estos alimentos no tengan un sabor dulce, todos en el fondo son presentaciones distintas de glucosa, o sea, azúcar (o también fructosa, sacarosa y otros azúcares varios). Cuando bombardeamos nuestro cuerpo de glucosa constantemente, y por encima de un umbral bastante bajo (ya que nuestro cuerpo humano en realidad no necesita ingerir glucosa); lo que sucede es que todo el tiempo estamos elevando la glucosa sanguínea (glucemia).

Aunque una alimentación basada en cereales pueda dar la impresión de ser “ancestral”, o aunque parezca ser “lo que la gente siempre ha comido”, la realidad es que no evolucionamos así. La agricultura – y con ella los cereales modernos – sólo apareció hace unos diez mil años. Antes de eso, evolucionamos durante millones de años comiendo una dieta basada en proteína y grasa animal, huevos, nueces, vegetales, y sólo muy pocas frutas de temporada y de región. La glucosa y azúcares eran casi inexistentes en nuestra dieta. Nuestros cuerpos, además, evolucionaron bien adaptados a la escasez: no era común estar comiendo cada pocas horas, sino solamente cuando encontrábamos comida, lo cual no era necesariamente a diario. Nuestros cuerpos pueden perfectamente adaptarse (y en nuestro caso, re-adaptarse) a períodos de ayuno, en los que las células se regeneran y “descansan” del trabajo constante de procesar alimentos. La costumbre de comer cereales (glucosa), y además comerlos a todas horas, es una idea moderna y que va contra nuestro diseño genético.

Y dado que la glucosa en sangre es tóxica, y peligrosa cuando está por encima de un umbral muy bajo (¡cuatro gramos en total, es más o menos la cantidad de glucosa que nuestra sangre puede tolerar sin problemas!), nuestro cuerpo tiene que responder liberando cantidades de insulina, la hormona encargada de – entre muchas otras funciones – “sacar” la glucosa de la sangre y transportarla a las células. Para quienes vivimos con diabetes esto es un problema desde el primer paso, ya que nuestros cuerpos no fabrican insulina o ésta no es funcional. Pero la realidad es que estos disparos constantes de glucosa afectan a todo el mundo, y causan graves daños a la salud con el tiempo a todo el mundo. Para quienes vivimos con diabetes, la única diferencia es que los daños son inmediatos y notorios. Pero una alimentación basada en glucosa es incoherente con nuestro diseño genético, se viva o no con diabetes.

Esta alimentación alta en hidratos, favorecedora de la hiperglucemia y la hiperinsulinemia, causa con el tiempo muchas y fuertes complicaciones de salud. Todo nuestro metabolismo se desestabiliza, afectando además prácticamente todos los ejes hormonales de nuestro cuerpo. Así, los problemas pueden ser tan variados como la cardiopatía, nefropatía, síndrome de ovario poliquístico, problemas de circulación, problemas en la piel (desde acné hasta manchas oscuras y ásperas en zonas como codos y rodillas), daños a la microbiota intestinal, síndrome de intestino permeable, daños a la salud mental y cerebral, enfermedad de Alzheimer… Todas estas son complicaciones derivadas de la hiperglucemia e hiperinsulinemia con que vive gran parte de la población mundial, ya que por todo el planeta se ha impuesto la moda de la alimentación alta en carbohidratos y comestibles ultraprocesados.

Por lo tanto, el principal objetivo y beneficio de llevar una alimentación baja en carbohidratos o cetogénica (hay algunas diferencias entre ambas, pero se parecen en el aspecto de limitar el consumo de carbohidratos), es normalizar los niveles de glucosa en sangre, es decir, llevar dichos niveles a donde deben estar, que es en un nivel bajo y además estable (los picos de glucosa “infrecuentes” también son un problema, aún si son “infrecuentes”). Para quienes ya han llevado mucho tiempo con problemas derivados de la glucotoxicidad, el objetivo es revertir estos daños, disminuir la inflamación y glucotoxicidad que dan lugar a tantos problemas de salud.

De hecho, una equivocación común es creer que los daños de la glucemia elevada sólo les ocurren a las personas que viven con diabetes. Nada más lejos de la realidad. Aunque los daños de la glucotoxicidad sean más inmediatos y evidentes para quienes vivimos con diabetes; estos mismos daños existen para cualquier persona que constantemente dispare sus niveles de glucosa sanguínea, independientemente de que exista o no el diagnóstico de diabetes. Así pues, aunque la persona no esté “oficialmente” diagnosticada con diabetes, puede aparecer el síndrome de ovario poliquístico, los problemas en la piel, los problemas digestivos e incluso trastornos autoinmunes, etc… Todos ellos derivados de la glucotoxidad y la anormalidad glucémica, independiente de un diagnóstico de diabetes. El objetivo es volver a la normoglucemia verdadera, se tenga o no la condición de diabetes: en forma medible esto lo podemos comprobar teniendo una hemoglobina glicada igual o menor a 5,4%.

Sin embargo, también es importante recordar que aunque la alimentación es una parte fundamental del estilo de vida que nos ayuda a evitar la glucotoxicidad y la inflamación, tampoco es el único aspecto importante. No todo está dado por la alimentación; el estilo de vida también abarca otros aspectos muy importantes como el sueño, manejo del estrés, nuestro contexto social y relaciones interpersonales, ejercicio, correcta exposición al sol, medicación adecuada cuando la necesitamos, etc.

Y es que, además, una alimentación baja en carbohidratos o cetogénica trae beneficios concretos a grupos distintos de personas. Todos hoy en día, en este contexto obesogénico y pro-glucotoxicidad en el que vivimos, pertenecemos a alguna de estas categorías. Mencionaré en el caso de cada una de ellas, cuáles son los beneficios más concretos de llevar una alimentación así.

Personas con resistencia a la insulina o prediabetes.

Es la mayoría de la gente en las sociedades modernas, aún si no existe ningún diagnóstico de diabetes. Esto debido a que las recomendaciones nutricionales completamente equivocadas, nos han dicho que convirtamos a la glucosa en la base de nuestra alimentación, causando con ello muchos problemas – una resistencia a la insulina latente. Para este grupo de gente, llevar una alimentación lowcarb o keto, se traduce en mejor composición corporal, tratamiento del sobrepeso u obesidad en caso de tenerlos, además de realinear el metabolismo con lo coherente a nuestros genes, y ver mejorar la salud en todo aspecto.

Como mencioné antes, llevando una alimentación así – coherente con la genética humana – vemos mejorar aspectos tan variados de nuestra salud como la circulación sanguínea, salud y balance hormonal, ovario poliquístico, funcionamiento renal, estados de ánimo y salud emocional, etc. Y esto es simplemente porque la glucotoxicidad, al manifestarse en la sangre, tiene la capacidad de afectar todos y cada uno de nuestros sistemas, cada rincón de nuestro cuerpo. No se trata de que “la alimentación baja en carbohidratos lo cure todo”… es que es al revés: ¡la glucotoxicidad lo afecta y lo daña todo!, y al volver a una alimentación ancestral, coherente con nuestra genética, vemos mejorar muchísimos aspectos de nuestra salud.

Niños o adolescentes con diabetes tipo 1 (DT1).

Para niños con esta condición autoinmune, el cambio hacia una alimentación baja en carbohidratos supone un cambio radical, que permite su correcto crecimiento y desarrollo. Dado que la diabetes tipo 1 suele aparecer en la infancia o adolescencia – el tiempo crucial de crecimiento y desarrollo, que sienta todas las bases de la salud futura –, una alimentación alta en carbohidratos hace en estos niños un daño terrible, y muchas veces irreversible, a su crecimiento óseo, msucular y hormonal, su sistema nervioso y cerebral. Logrando en ellos la verdadera normoglucemia, se puede entonces lograr que el niño o niña crezca y se desarrolle saludablemente.

Adultos con diabetes tipo 1.

Si el adulto vivió toda su vida con una alimentación alta en carbohidratos (o incluso “moderada” en carbohidratos, ya que como mencioné, el umbral saludable de glucosa en nuestro cuerpo es bastante bajo); lo más probable es que con el uso de insulina la persona haya pasado muchos años “llevando más o menos” su condición de diabetes, luchando contra la impredecible montaña rusa glucémica y, dado que he hablado antes de lo difícil y casi imposible que es tener este control cuando se consumen muchos carbohidratos, lo más probable es que para este punto ya existan complicaciones diabéticas.  Volviendo a una alimentación coherente, baja en carbohidratos, se puede detener el progreso de estas complicaciones, e incluso revertir muchas de ellas. 

Personas con diabetes tipo 2 (DT2).

En todas las sociedades modernas que han adoptado la dieta alta en carbohidratos (con la pésima costumbre añadida de comerlos a todas horas), van en rápido aumento los niveles de diabetes tipo 2 entre la población. Y dado que estos daños son acumulativos, a más edad es mayor la prevalencia de DT2. Con una alimentación keto o lowcarb, se puede volver a la verdadera normoglucemia; con la cual la persona puede vivir en salud y bienestar como si no se tuviera diabetes.

Vale la pena recordar que he hablado antes, en este Blog, de muchos autores y expertos que recomiendan este estilo de alimentación, ya sea para el manejo de la diabetes tipo 1 o 2, o para preservar la salud y bienestar en general. Entre ellos merece una especial mención el Dr. Richard Bernstein, quien vive también con diabetes tipo 1 desde hace más de sesenta años, y que aún practica como médico, recomendando a sus pacientes una alimentación muy baja en carbohidratos para normalizar la glucemia.

El mensaje de estos autores y profesionales, son variaciones de una idea similar: la inmensa mayoría de las enfermedades modernas se deben a la inflamación crónica y al estrés oxidativo (y la glucotoxicidad está relacionada con ambas, también). Si cada día disparamos la glucemia cuatro o cinco veces comiendo azúcares y carbohidratos, como nos recomiendan los supuestos expertos, o ingiriendo otros productos inventados y “alimentos” sintéticos como los aceites vegetales, estos procesos de oxidación e inflamación terminan por desbordar a nuestros sistemas, provocando innumerables complicaciones de salud. Los problemas más graves de salud, y que más desbordan hoy en día a los sistemas sanitarios – entre ellos la enfermedad cardiaca y las complicaciones de la diabetes tipo 2 – se deben casi enteramente a esta inflamación, provocada en gran medida por una dieta alta en carbohidratos. El problema nunca fueron “las grasas saturadas” ni “el colesterol”, sino el consumo a todas horas de cereales, pan, pasteles y galletas, frutas modernas, granos…

En conclusión, para tomar en cuenta factores individuales y contextuales que sin duda son únicos a cada persona, un acompañamiento individualizado te puede ayudar a hacer estos cambios para mejorar tu salud de manera más segura y efectiva, de la mano de una profesional que también vive con ello en carne propia.

Mi experiencia y mis programas:  

Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a:

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