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Que es la prediabetes o resistencia a la insulina

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Es muy importante hablar sobre qué es la resistencia a la insulina, cómo saber si la tengo, qué la ocasiona, y qué puedo hacer para mejorar esta situación.

Para quienes vivimos ya con la diabetes, sabiendo las consecuencias de la resistencia a la insulina, uno de nuestras claves de erradicar estos efectos fatales del desequilibrio del metabolismo de glucosa-insulina es aprender como conseguir y mantener normalidad glucémica (normoglucemia), en mi caso hace treinta años que vivo con diabetes tipo 1 (DT1), y hace veinte años que vivo con normalidad glucémica, no solo mediante una alimentación baja en hidratos (conocida también los últimos años como alimentación cetogénica, o “keto”) aunque como siempre recalco, el objetivo no es la restricción puramente ni tampoco estar en cetosis eternamente. Como he contado antes,  yo al inicio no sabía que se llamaba así, yo solo quería tener normalidad glucémica, y fue una de las herramientas (no la única) por medio de las cuales pude conseguirlo. Ahora mismo, acompaño a personas sin diagnóstico de ningún tipo de diabetes que también quieren lograr salud, a través de mis programas DiabetesBien.

Pero ¿Qué es la resistencia a la insulina?

Resulta que más de la mitad de la población mundial, casi el 60%, presenta algún grado de resistencia a la insulina. La resistencia a la insulina, también llamada prediabetes, es una condición en la que el cuerpo no utiliza eficazmente esta hormona para regular el azúcar en sangre, aumente el riesgo de diabetes tipo 2, así como de infartos, Alzheimer y enfermedades renales. Está claro, que se tiene asegurado esta previsión, cuando se siguen las recomendaciones tradicionales comunes de la pirámide alimenticia o el dogma de la diabetes,, que tiene en su base carbohidratos, y sobre todo cereales. Gente que basa su alimentación en carbohidratos refinados, cereales, semillas y los mal llamados “aceites vegetales”, están propensos a desarrollar muy pronto resistencia a la insulina. Al someter tu cuerpo a largos períodos de éste grupo de alimentos, dado que dichos alimentos van al contrario de nuestra genética (es decir, no son coherentes con nuestra genética humana), en este contexto, éstos alimentos ocasionan un aumento de glucosa en la sangre que nuestro cuerpo responde a ello con una elevada producción de insulina (hiperinsulinemia) que realiza el cuerpo para sobrevivir de forma “compensatoria”.

Cuando existe esta base de alimentación, la mayoría de días, va ocurriendo un aumento progresivo de los requerimientos de ésta hormona (insulina), para poder mantener la concentración de glucosa en sangre tolerable o bajo cierta normalidad. A mayor exposición de este ambiente de hiperinsulinamia o también llamado contexto obesogénico, inflamatorio, ocurre mayor resistencia a la insulina con el paso del tiempo. Es decir, la hormona se va averiando. Sucede lo mismo con todas las hormonas, con medicamentos, con drogas, etc., se va desarrollando lo que se llama una “intolerancia”. Con el tiempo, se desarrolla hiperinsulinemia: es decir que producimos mucha insulina porque estamos con un ambiente metabólico alto en carbohidratos desfavorables, que necesita niveles de insulina anormalmente altos la mayor parte del tiempo. De esta forma, además, suele suceder que se bloquea el acceso a reservas de grasa y se engorda, por supuesto. Es decir, engordamos y entonces hay alta prevalencia no sólo de diabetes tipo 2, sino de sobrepeso, obesidad e inflamación crónica… y de más enfermedades que mencioné arriba (las más comunes: enfermedad cardiovascular o infartos, alzheimer y en enfermedades renales. 

Y un peligroso final, evidentemente, de ésta resistencia a la insulina es la diabetes tipo 2 – esta es la razón por la que muchas veces se conoce a la resistencia a la insulina como “prediabetes”. Es decir que la diabetes tipo 2 suele ser el resultado de muchos años de resistencia a la insulina; es la consecuencia de esos largos períodos donde la insulina tiene que producirse a niveles muy elevados, y el cuerpo se va volviendo resistente o, por decirlo de alguna manera, intolerante a está, por lo cual esta hormona ya no funciona bien: hay entonces una resistencia a la insulina. Pero también es importante decir que se puede estar delgado y ser deportista, incluso de élite, y padecer resistencia a la insulina. Es decir, esto no sucede exclusivamente si tenemos sobrepeso, ni sucede exclusivamente si tenemos diagnóstico de diabetes tipo 2, puede ser que ya ahora mismo tengamos resistencia a la insulina y con ella todas sus complicaciones asociadas.

También es verdad que la resistencia a la insulina puede tener qué ver con la predisposición genética a tener pocos receptores de insulina en los músculos, y muchos en el tejido adiposo o en grasa corporal. Dirigiendo toda la energía de la comida hacia nuestro almacén de grasa, por eso vemos que hay personas que tendemos a engordar más fácilmente, diríamos que tenemos más receptores en tejido adiposo o en grasa, más que en músculo. Pero por supuesto, los mecanismos son múltiples, y muchas otras hormonas intervienen en esta resistencia, como la leptina, que están implicadas e influyen también en nuestra regulación de hambre y saciedad.

Entonces, ¿qué ocasiona la resistencia a la insulina?… Las investigaciones nos alertan del peligro. La resistencia a la insulina es un asesino silencioso, y su preludio es el síndrome metabólico o “síndrome X”; que también escuchamos frecuentemente. El síndrome metabólico o síndrome X, incluye una constelación de síntomas, ninguno recomendable: hipertensión (elevada tensión arterial), disfunción de moléculas de HDL y LDL (es decir de colesterol), hiperlipidemia, hiperglucemia por supuesto (es decir, niveles altos de glucosa en sangre), aumento de la circunferencia de cintura, e incremento de riesgo cardiovascular, es decir de sufrir eventos cardiovasculares, diabetes tipo 2, incluso cáncer.

La resistencia a la insulina se produce cuando los receptores de la insulina (principalmente en músculos) ya no responden bien a la insulina, y no pueden absorber la glucosa de la sangre fácilmente. Como resultado, el páncreas produce mucha insulina para ayudar a que la glucosa entre. Pero cuando ya no es posible, y cuando ya se creó esta tolerancia debido a años de un estilo de vida desfavorable, obesogénico, se produce la diabetes tipo 2. Pero antes de que exista el diagnóstico de diabetes, estamos en la zona de la resistencia a la insulina. Hay que decir que los estilos de vida modernos nos dan un contexto totalmente obesogénico, y están desalineados con nuestra coherencia genética. Y muchísimos de nosotros estamos predispuestos a tener resistencia a la insulina – se dice que un 60% de la población, yo diría que más.

Entre las afecciones causadas por los años de resistencia a la insulina se encuentran: 

  • Diabetes tipo 2,
  • Enfermedades cardiovasculares,
  • Alzheimer (que muchos expertos ya empiezan a llamar “diabetes tipo 3”),
  • Acné y otras enfermedades de la piel,
  • Gota,
  • Disfunción eréctil,
  • Síndrome de ovarios poliquísticos (que esto es muy común en mujeres), y que en la raíz de todo esto se encuentra la resistencia a la insulina y
  • Condiciones que suelen considerarse incluso idiopáticas, como el vértigo, también tienen qué ver con resistencia a la insulina.

Virtualmente ninguna especialidad médica deja de estar afectada por ella: desde la cardiología, neurología, pediatría… y esto es porque la resistencia a la insulina afecta a prácticamente todos los órganos y sistemas de nuestro cuerpo.

 

¿Cómo puedo saber si tengo resistencia a la insulina?

Usualmente es asintomática. Pero hay múltiples condiciones y enfermedades que están asociadas, como el perímetro de la cintura, algo muy importante. La acumulación de grasa en tejido adiposo, y alrededor de muchos órganos del cuerpo, suele ir asociada con (o puede ser un indicador fiable de) resistencia a la insulina. Pero también hay que saber que existen otras señales: por ejemplo, manchas grisáceas en la piel (condición llamada acantosis nígrica), son también un síntoma de resistencia a la insulina – se trata de estas zonas oscuras, grisáceas, en pliegues de la piel (axilas y codos, por ejemplo, o en cualquier pliegue de nuestro cuerpo), y frecuenemente acompañadas por pequeñas verrugas obscuras que sobresalen. Pero podemos no tener este síntoma visible y tener aun así resistencia a la insulina. Si tengo diabetes tipo 1, o tipo 2, como probablemente tú tengas, ¡claro que tengo resistencia a la insulina!, porque no produzco eficazmente insulina, o de la cantidad o calidad adecuada. Entonces mi cuerpo presenta resistencia a que funcione favorablemente.

Y ya cuando se tiene diabetes, en la medida en que podamos minimizar o reducir los efectos de esta resistencia a la insulina (por ejemplo, con normoglucemia, consiguiendo normalidad glucémica), no solo reduciendo los carbohidratos desfavorables, sino aprendiendo como mantener tu equilibrio en calidad de vida y salud integral.

Para saber entonces, de forma práctica, si tengo resistencia a la insulina, hay algunos parámetros:

  • Primero, la relación entre circunferencia de cintura/talla, es un factor crítico. Si yo divido el perímetro de mi cintura entre mi talla (los dos factores en centímetros) y el resultado es entre 0,5 y 0,6 o más alto, ya se considera un factor crítico, es decir, lo ideal es tener un número menor a eso.
  • Otro factor es la medición de HOMA-IR (relación entre glucemia e insulina basal), es un índice de resistencia a la insulina que se mide en laboratorio, en analíticas, usualmente se suele medir en estudios científicos. Puede medirse en cualquier analítica. Un resultado mayor a 1,9 indicaría resistencia moderada, y mayor de 2,9 es ya una franca resistencia a la insulina.
  • La insulina basal también la podemos medir: una medida entre 6 y 20 sería moderadamente elevada, y más de 20 ya una franca resistencia (pues indica que existe una cantidad muy elevada de insulina en el cuerpo).
  • Otros parámetros, como los triglicéridos en ayunas, también nos indican resistencia a la insulina si el valor es mayor a 150.
  • En diabetes tipo 2, otro indicador sería la glucemia en ayunas o la hemoglobina glicada A1C, que siempre menciono en mis artículos y vídeos. Si tengo más de 5,4 o 5,5 o más, estoy hablando de niveles anormales y por lo tanto, una resistencia a la insulina franca.
  • Si utilizo insulina exógena, como en el caso de diabetes tipo 1, puedo evaluar mi resistencia conmigo misma, en diferentes momentos de mi vida, a través de otros parámetros, además de la A1C, el índice de cintura/talla, es un buen índice para saber si existe resistencia a la insulina, y también calculando mis unidades de insulina por kilo de peso.
 
 

¿Qué puedo hacer para mejorar mi sensibilidad a la insulina (y deshacerme de la resistencia)?

Mi recomendación es que comiences por identificar que factores de riesgo o síntomas tienes relacionados con la resistencia a la insulina, y te focalices en comenzar con solo uno, de acuerdo a tu prioridad por tu etapa de vida, a partir de aquí puedes comenzar poco a poco con focalización en lo que sí quieres trabajar o lograr, y saber como evaluarlo (te recuerdo yo te acompaño y te regalo un sensor AQUÍ), por favor evita irte a los extremos, no se trata de restricción, se trata de verdadera nutrición para que tu metabolismo se equilibre para siempre.  Por ello siempre te recomendaré hacerlo acompañado y con quien puedas comprobar y evaluar lo que quieras hacer.  

Mi experiencia y mis programas:

Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva ayuno intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre:

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