¿Qué es la “prediabetes” o resistencia a la insulina? - Diabetes Bien

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¿Qué es la “prediabetes” o resistencia a la insulina?

Es muy importante hablar sobre qué es la resistencia a la insulina, cómo saber si la tengo, qué la ocasiona, y qué puedo hacer para mejorar esta situación.

Para quienes vivimos con diabetes, nuestro principal objetivo es conseguir normalidad glucémica (normoglucemia), en mi caso hace veinticinco años que vivo con diabetes tipo 1 (DT1), y hace quince años que vivo con normalidad glucémica mediante una alimentación baja en hidratos – o cetogénica, o “keto”, si bien yo al inicio no sabía que se llamaba así. Yo quería tener normalidad glucémica, y fue la manera en que lo conseguí. Ahora mismo, acompaño a personas sn diagnóstico de ningún tipo de diabetes que también quieren lograr salud, a través de mis programas Diabetes Bien.

¿Qué es la resistencia a la insulina?… Resulta que más de la mitad de la población mundial, casi el 60%, es actualmente resistente a la insulina, o propenso a desarrollar esta resistencia. Sobre todo cuando siguen las recomendaciones tradicionales de la “pirámide alimenticia” comúnmente recomendada, que tiene en su base carbohidratos, y sobre todo cereales. Gente que basa su alimentación en carbohidratos refinados, cereales, semillas y los mal llamados “aceites vegetales”, están propensos a desarrollar muy pronto resistencia a la insulina. Al someter tu cuerpo a largos períodos de éste grupo de alimentos, dado que dichos alimentos van al contrario de nuestra genética (es decir, no son coherentes con nuestra genética humana), aumentamos por mucho tiempo la exposición a la insulina, ya que éstos son alimentos que ocasionan un aumento de glucosa en la sangre y nuestro cuerpo responde a ello con una elevada producción de insulina. Por lo tanto, estos alimentos inadecuados ocasionan que nuestro cuerpo tenga que producir mucha insulina para contrarrestar el efecto o la respuesta glucémica de éstos alimentos, compuestos principalmente de carbohidratos.

Cuando nos alimentamos así, se va viendo un aumento progresivo de los requerimientos de ésta hormona, para poder mantener la concentración de glucosa en sangre tolerable o bajo cierta normalidad. A mayor exposición de este ambiente obesogénico, alto en carbohidratos, mayor resistencia a la insulina con el paso del tiempo. Es decir, la hormona se va averiando. Sucede lo mismo con todas las hormonas, con medicamentos, con drogas, etc., si los consumimos mucho vamos desarrollando lo que se llama una “tolerancia”. Con el tiempo, se desarrolla hiperinsulinemia: es decir que producimos mucha insulina porque estamos con un ambiente metabólico muy alto en carbohidratos, un ambiente metabólicamente desfavorable, y con ello niveles de insulina anormalmente altos las veinticuatro horas del día. De esta forma, se bloquea el acceso a reservas de grasa y se engorda, por supuesto. Es decir, engordamos y entonces hay alta prevalencia no sólo de diabetes tipo 2, sino de sobrepeso, obesidad e inflamación crónica… y de un montón de enfermedades asociadas con ésta resistencia a la insulina (o que la insulina actúa de forma desfavorable).

Y un peligroso final, evidentemente, de ésta resistencia a la insulina es la diabetes tipo 2 – esta es la razón por la que muchas veces se conoce a la resistencia a la insulina como “prediabetes”. Es decir que la diabetes tipo 2 suele ser el resultado de muchos años de resistencia a la insulina; es la consecuencia de esos largos períodos donde la insulina tiene que producirse a niveles muy elevados, y el cuerpo se va volviendo resistente o, por decirlo de alguna manera, tolera más la insulina, por lo cual esta hormona ya no funciona bien: hay entonces una resistencia a la insulina. Pero también es importante decir que se puede estar delgado y ser deportista, incluso de élite, y padecer resistencia a la insulina. Es decir, esto no sucede exclusivamente si tenemos sobrepeso, ni sucede exclusivamente si tenemos diagnóstico de diabetes tipo 2, puede ser que ya ahora mismo tengamos resistencia a la insulina y con ella todas sus complicaciones asociadas.

También es verdad que la resistencia a la insulina puede tener qué ver con la predisposición genética a tener pocos receptores de insulina en los músculos, y muchos en el tejido adiposo o en grasa corporal. Dirigiendo toda la energía de la comida hacia nuestro almacén de grasa, por eso vemos que hay personas que tendemos a engordar más fácilmente, diríamos que tenemos más receptores en tejido adiposo o en grasa, más que en músculo. Pero por supuesto, los mecanismos son múltiples, y muchas otras hormonas intervienen en esta resistencia, como la leptina, que están implicadas e influyen también en nuestra regulación de hambre y saciedad.

Entonces, ¿qué ocasiona la resistencia a la insulina?… Las investigaciones nos alertan del peligro. La resistencia a la insulina es un asesino silencioso, y su preludio es el síndrome metabólico o “síndrome X”; que también escuchamos frecuentemente. El síndrome metabólico o síndrome X, incluye una constelación de síntomas, ninguno recomendable: hipertensión (elevada tensión arterial), disfunción de moléculas de HDL y LDL (es decir de colesterol), hiperlipidemia, hiperglucemia por supuesto (es decir, niveles altos de glucosa en sangre), aumento de la circunferencia de cintura, e incremento de riesgo cardiovascular, es decir de sufrir eventos cardiovasculares, diabetes tipo 2, incluso cáncer.

Hay que decir esto: tenga o no la comida un sabor dulce, el azúcar es azúcar, y los carbohidratos son el macronutriente del azúcar, y no nos interesa consumirlos. La resistencia a la insulina se produce cuando las células de los músculos ya no responden bien a la insulina, y no pueden absorber la glucosa de la sangre fácilmente. Como resultado, el páncreas produce mucha insulina para ayudar a que la glucosa entre. Pero cuando ya no es posible, y cuando ya se creó esta tolerancia debido a años de alimentación inadecuada, se produce la diabetes tipo 2. Pero antes de que exista el diagnóstico de diabetes, estamos en la zona de la resistencia a la insulina. Hay que decir que los estilos de vida modernos nos dan un contexto totalmente obesogénico, y están desalineados con nuestra coherencia genética. Y muchísimos de nosotros estamos predispuestos a tener resistencia a la insulina – se dice que un 60% de la población, yo diría que más.

Entre las afecciones causadas por los años de resistencia a la insulina se encuentran dolencias como la diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, Alzheimer (que muchos expertos ya empiezan a llamar “diabetes tipo 3”), acné y otras enfermedades de la piel, gota, disfunción eréctil, síndrome de ovarios poliquísticos (que esto es muy común en mujeres), y que en la raíz de todo esto se encuentra la resistencia a la insulina. Condiciones que suelen considerarse incluso idiopáticas, como el vértigo, también tienen qué ver con resistencia a la insulina. Virtualmente ninguna especialidad médica deja de estar afectada por ella: desde la cardiología, neurología, pediatría… y esto es porque la resistencia a la insulina afecta a prácticamente todos los órganos y sistemas de nuestro cuerpo.

¿Cómo puedo saber si tengo resistencia a la insulina?… Usualmente es asintomática. Pero hay múltiples condiciones y enfermedades que están asociadas, como el perímetro de la cintura, algo muy importante. La acumulación de grasa en tejido adiposo, y alrededor de muchos órganos del cuerpo, suele ir asociada con (o puede ser un indicador fiable de) resistencia a la insulina. Pero también hay que saber que existen otras señales: por ejemplo, manchas grisáceas en la piel (condición llamada acantosis nígrica), son también un síntoma de resistencia a la insulina – se trata de estas zonas oscuras, grisáceas, en pliegues de la piel (axilas y codos, por ejemplo, o en cualquier pliegue de nuestro cuerpo), y frecuenemente acompañadas por pequeñas verrugas obscuras que sobresalen. Pero podemos no tener este síntoma visible y tener aun así resistencia a la insulina. Si tengo diabetes tipo 1, o tipo 2, como probablemente tú tengas, ¡claro que tengo resistencia a la insulina!, porque no produzco eficazmente insulina, o de la cantidad o calidad adecuada. Entonces mi cuerpo presenta resistencia a que funcione favorablemente.

Y ya cuando se tiene diabetes, en la medida en que podamos minimizar o reducir los efectos de esta resistencia a la insulina (por ejemplo, con normoglucemia, consiguiendo normalidad glucémica), mediante la alimentación baja en hidratos, mejorando la composición corporal, la calidad de vida y salud integral, vamos a aumentar nuestra salud.

Para saber entonces, de forma práctica, si tengo resistencia a la insulina, hay algunos parámetros:

  • primero, la relación entre circunferencia de cintura/talla, es un factor crítico. Si yo divido el perímetro de mi cintura entre mi talla (los dos factores en centímetros) y el resultado es entre 0,5 y 0,6 o más alto, ya se considera un factor crítico, es decir, lo ideal es tener un número menor a eso.
  • Otro factor es la medición de HOMA-IR (relación entre glucemia e insulina basal), es un índice de resistencia a la insulina que se mide en laboratorio, en analíticas, usualmente se suele medir en estudios científicos. Puede medirse en cualquier analítica. Un resultado mayor a 1,9 indicaría resistencia moderada, y mayor de 2,9 es ya una franca resistencia a la insulina.
  • La insulina basal también la podemos medir: una medida entre 3 y 20 sería moderadamente elevada, y más de 20 ya una franca resistencia (pues indica que existe una cantidad muy elevada de insulina en el cuerpo).
  • Otros parámetros, como los triglicéridos en ayunas, también nos indican resistencia a la insulina si el valor es mayor a 150.
  • En diabetes tipo 2, otro indicador sería la glucemia en ayunas o la hemoglobina glicada A1C, que siempre menciono en mis artículos y vídeos. Si tengo más de 5,4 o 5,5 o más, estoy hablando de niveles anormales y por lo tanto, una resistencia a la insulina franca.
  • Si utilizo insulina exógena, como en el caso de diabetes tipo 1, puedo evaluar mi resistencia conmigo misma, en diferentes momentos de mi vida, a través de otros parámetros, además de la A1C, el índice de cintura/talla, es un buen índice para saber si existe resistencia a la insulina, y también calculando mis unidades de insulina por kilo de peso.

¿Qué puedo hacer para mejorar mi sensibilidad a la insulina (y deshacerme de la resistencia) si veo que la tengo elevada, para así incrementar mi salud y bienestar?… Puedo hacer una alimentación baja en hidratos o cetogénica, para lograr normalidad glucémica, y esto indicará que mis niveles de insulina van bajando; ejercicio evidentemente, pero ejercicio de forma eficaz y que realmente logre las metas glucémicas que quiero; ayuno, control de la ansiedad y estrés, disminuir mi adicción a los carbohidratos, el sueño, la suplementación con eficacia, todo dentro de un contexto de normoglucemia. Si logro disminuir esta resistencia, por lo tanto disminuiré mi inflamación de bajo grado, y todo lo ocasionado por la resistencia a la insulina. Es la manera de lograr salud y bienestar óptimos, ya sea que vivamos con diabetes o con una “prediabetes” (resistencia a la insulina), o bien si queremos evitarlas a futuro. Y siempre más efectivo y adecuado, hacerlo con el acompañamiento de un profesional.

Mi experiencia y mis programas:

Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb y ayuno intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a explorar mis Programas de acompañamiento personalizados/grupales DIABETES BIEN online para encajar la diabetes a este tipo de alimentación en el menor tiempo posible, romper los mitos que te impidan lograrlo, aprendiendo cómo gestionar la medicación, monitoreo, todo de la mano conmigo y junto con otras personas con los mismos objetivos de salud.

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