¿Desajuste hormonal en mujeres, insulina y carbohidratos? - Diabetes Bien

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¿Desajuste hormonal en mujeres, insulina y carbohidratos?

La semana pasada hablamos de los hombres, y de cómo existe una relación entre su alimentación y los desajustes hormonales que la alimentación inadecuada puede causarles a ellos (concretamente expresados en disfunción eréctil). Hablemos ahora de las mujeres y los desajustes hormonales – ¡con graves consecuencias en su salud y fertilidad! – que ellas pueden tener cuando existe esta misma alimentación inadecuada.

Estamos acostumbrados a ver como “normal” que muchísimas mujeres, casi la mitad de ellas, tengan algún desajuste hormonal, que casi siempre se manifiesta con alguna molestia visible, algunas incluso muy severas: desde periodos irregulares y/o muy abundantes, dolor severo antes de o durante la regla, problemas en la piel, desequilibrios en el peso, pérdida de pelo, dificultad para concebir, quistes en ovarios o matriz, etc. Muchos de estos son síntomas del síndrome de ovario poliquístico (SOP); aunque es muy importante recalcar que muchas mujeres manifiestan estos síntomas aunque no tengan quistes en los ovarios, y asimismo algunas pueden tener los quistes sin mostrar los síntomas.

A grandes rasgos, nos podemos dar cuenta de que muchas de estas manifestaciones del desajuste hormonal, suponen una “androgenización” de la mujer – es decir, nuestros cuerpos están mostrando signos de, por así decirlo, “volverse un poco más como un hombre”: la pérdida de cabello en la cabeza, al tiempo que aparece vello en otras áreas donde una mujer normalmente no lo tiene (como la espalda o barbilla), las irregularidades con el período o incluso dejar de menstruar, la incapacidad para concebir (lo que indica que el aparato reproductor femenino no está funcionando bien), algunas incluso presentan cambios hacia una voz más grave. Esto nos indica entonces, que todos estos síntomas están relacionados y que tienen qué ver con nuestras hormonas sexuales: testosterona, estrógenos, etc. Todas las personas, hombres y mujeres, tenemos presencia de las hormonas de ambos sexos; pero lo normal biológicamente hablando es que en los hombres exista mucha más fuerte presencia de testosterona (y una carga más baja de las hormonas femeninas), mientras que en mujeres deberán predominar las hormonas femeninas como estrógenos, progesterona, etc., y con una carga mucho menor de testosterona.

¿Y esto qué tiene que ver la comida?… La alimentación moderna de nuestra sociedad actual, muy alta en carbohidratos (¡por recomendación incluso de los organismos oficiales!), tiene una fuerte relación con estos desbalances hormonales. Cuando comemos alimentos ricos en hidratos de carbono, en especial los procesados de origen industrial, lo que estamos consumiendo es glucosa: azúcar que se va a nuestra sangre. Dado que la glucosa en sangre es tóxica cuando rebasa un cierto nivel (que tiene un umbral bastante bajo, y es muy fácil de rebasar con estas comidas); el cuerpo necesita entonces producir insulina, la hormona encargada de “sacar” la glucosa de la sangre y almacenarla en las células. A más glucosa y azúcares consumidos, más insulina necesita producir nuestro páncreas.

Una alimentación así, alta en carbohidratos y azúcares, va directamente en contra de nuestro diseño genético. Al estar alimentándonos con bombazos de glucosa constantes, nuestro cuerpo con el tiempo empieza a volverse resistente a la insulina, es decir, la insulina comienza a ser cada vez menos efectiva (esta condición es ya la antesala de la diabetes tipo 2). Esto provoca un círculo vicioso en donde el cuerpo producirá cada vez más y más insulina, cuando intenta reparar el daño provocado por la alimentación alta en carbohidratos, pero la insulina cada vez sirve menos y menos. A este nivel elevado de insulina, de manera constante, se le conoce como hiperinsulinemia.

En el caso de las mujeres, esta hiperinsulinemia provoca una infinidad de desajustes corporales y hormonales. En el tema que nos concierne hoy, el principal desajuste es, precisamente, que la hiperinsulinemia provoca un aumento de la testosterona. Esto causa que la mujer no ovule (anovulación), y que aparezca el síndrome de ovario poliquísitico (SOP, aunque nuevamente, esto no indica necesariamente que se tengan quistes). La anovulación y el SOP se retroalimentan mutuamente: mientras la mujer no ovule, continúan los síntomas del SOP, y mientras exista testosterona elevada y SOP, la mujer no ovulará.

Tristemente – y de forma trágica para muchas mujeres, que sufren con todo esto severos daños a su salud además de no poder tener hijos –, la mayoría de profesionales médicos están tan acostumbrados a solamente atender los síntomas (y no las causas del problema), además de tener “visión de túnel” en donde solamente miran su estrecha área de especialidad y no la relación con el “todo”; que no ven la relación que todos estos síntomas tienen entre sí, ni tampoco la relación que todos ellos tienen con la alimentación. Una mujer que presenta, por ejemplo, una acumulación de síntomas como acné más allá de la adolescencia, manchas marrones en la piel, pérdida de cabello, vello en lugares indeseados, así como períodos irregulares y dolorosos; podría pensar que todas estas cosas son aisladas y causadas por diferentes factores. Pero lo más probable – ¡y lo que sucede en la inmensa mayoría de los casos! – es que todas ellas tengan su origen en la hiperinsulinemia provocada por una alimentación convencional, alta en carbohidratos.

La hiperinsulinemia, que desemboca más pronto que tarde en resistencia a la insulina, es la verdadera culpable de una buena parte de las enfermedades modernas. Se tenga o no se tenga un diagnóstico de diabetes; prácticamente todas las personas que llevan esta alimentación moderna, alta en carbohidratos, tienen algún grado de hiperinsulinemia – y seguramente también muestran alguno de sus síntomas, que pueden ser tan variados que van desde afectaciones a la piel, riñones, corazón, vista, hormonas sexuales, etc. Y esto es porque todos nuestros órganos sufren daños cuando hay hiperglucemia crónica, hiperinsulinemia o ambas. Es quizá la condición más prevalente y sub-diagnosticada de la sociedad actual. También tener en cuenta que es muy importante, al realizar una analítica de laboratorio, medir el nivel de insulina en la sangre, aún si la glucosa en sangre se muestra normal. Ya que con cualquier estilo de alimentación alta en carbohidratos, lo más probable es que ya exista hiperinsulinemia, aún si la glucosa en sangre se sigue mostrando dentro del rango normal.

Especialmente con nosotras las mujeres, viene después la tragedia de la medicación. Ya vemos como “normal” que a millones de mujeres y jovencitas, ¡incluso a niñas en plena pubertad, desde los doce o trece años de edad!, ante la más mínima sombra de un desajuste hormonal (que puede ser desde el acné que es normal precisamente en la pubertad y adolescencia, hasta dolores menstruales) se les prescriban medicamentos, hormonas y píldoras anticonceptivas que solamente enmascaran los síntomas. Como expliqué, la falta de ovulación está en la raíz de estos síntomas… y la píldora anticonceptiva es un coctel de hormonas sintéticas, que justamente lo que hacen es que la mujer no ovule. Es decir, la píldora anticonceptiva no “regula” absolutamente nada, sino que directamente no hace más que enmascarar los síntomas. ¡Sin mirar siquiera la causa, la raíz del problema!…

Sin duda la aparición de la píldora y de otros métodos anticonceptivos modernos, han supuesto un avance para la igualdad de género; es muy bueno que mujeres y hombres tengamos opciones para decidir cuándo tener hijos y cuándo no. Pero hay que ser sumamente cuidadosos al meter en nuestro cuerpo hormonas externas y sustancias sintéticas, que siempre tendrán efectos secundarios, sí o sí. Un anticonceptivo hormonal especialmente, ¡no se le debería prescribir a una niña que aún está creciendo, y tan sólo porque “tiene algo de acné”!… Prácticamente todos conocemos mujeres que se han quejado de los efectos de estas píldoras: cambios de ánimo, ganancia de peso, agravar una depresión, entre otro sinnúmero de efectos desagradables. Es bueno que existan las opciones, pero lo inadecuado es que no nos adviertan que la píldora tan sólo enmascara los síntomas, y que además nos causará otros problemas. También deberían advertirnos que muchas mujeres, al dejar la píldora porque quieren concebir un hijo, pueden tener grandes problemas que retrasen por años o hagan imposible la concepción… ya que después de un bombardeo de hormonas sintéticas durante años, el cuerpo necesitará tiempo para “limpiarse” y reajustarse; y tristemente para algunas mujeres este reajuste nunca logrará deshacer por completo los daños de la píldora – especialmente si la alimentación sigue siendo inadecuada.

La realidad, y lo que muchísimas mujeres ya hemos comprobado en carne propia, es que nuestros ejes hormonales averiados pueden restaurarse con una facilidad inmensa, cuando volvemos a cómo era la alimentación en nuestros orígenes como humanidad: una alimentación basada en comida real, baja en carbohidratos, y con ingredientes de calidad. Si bien estos problemas con desequilibrios hormonales no se restauran de la noche a la mañana – ya que el daño tampoco se hizo en un día –, sí que pueden empezar a notarse beneficios tras unas pocas semanas.

El conocimiento convencional sobre nutrición, lamentablemente, aún está plagado de mitos y de premisas falsas, que no han hecho sino enfermar al mundo (¡y eso incluye desajustarnos hormonalmente!): el mito de que se deben “evitar las grasas”, de que “hay que comer muchos carbohidratos pues son la base de la pirámide alimenticia”, etc). Es una pena que tantas mujeres especialmente, queriendo cuidar su cuerpo o volver a su peso saludable, adopten dietas de moda que no tienen ninguna base científica, y que con frecuencia son “bajas en grasas”. ¡Esto es una doble catástrofe en el caso de nosotras, que necesitamos aún más grasas saludables que los hombres!… Todas nuestras hormonas están hechas de grasa (incluyendo colesterol), además de que nuestros cuerpos naturalmente guardan un poco más de grasa que el cuerpo masculino; sobre todo en áreas como senos, caderas, vientre bajo, etc. Nuestros cuerpos femeninos con mayor razón nos piden la ingesta de grasas saludables, más que los varones.

Tengamos diabetes tipo 1 o no, los efectos negativos suelen verse de igual forma. Cuando una mujer empieza a llevar una dieta “baja en grasas” (cosa que casi siempre significa “alta en carbohidratos”, ya que las grasas son muy saciantes, y si las quitamos de nuestra dieta estaremos siempre hambrientas y queriendo comer más), rápidamente llegan los desajustes hormonales: manchas en piel, pérdida de cabello, irregularidad en el período, además de que ni siquiera se logra perder el peso deseado… Y dado que las mujeres sólo somos fértiles un breve período de nuestra vida, tristemente muchas de ellas tendrán problemas para concebir la cantidad de hijos deseados; quizá sin darse cuenta jamás que estos desajustes probablemente se podían evitar, o mejorar en gran medida, con una adecuada alimentación. En las mujeres con diabetes tipo 1, diríamos que la falta de normalidad y estabilidad glucémica no solo nos hará tener más riesgo de complicaciones diabéticas en todos los órganos del cuerpo, sino la consecuente desregulación en varios ejes hormonales, en este caso refiriéndonos a las hormonas femeninas.

Si bien pueden existir trastornos hormonales que tengan otros (muy variados) orígenes, la alimentación suele estar en la raíz de estos problemas, ya que cada cosa que comemos contiene indicaciones metabólicas para nuestro cuerpo: instrucciones sobre qué hacer con cada sustancia e indicadores que activarán o desactivarán diferentes hormonas. Pero incluso cuando el problema hormonal tiene otros orígenes, el volver a una alimentación originaria y saludable ayudará enormemente en el problema que se esté tratando de resolver. Un aprendizaje acompañado, que permita manejar adecuadamente condiciones como la diabetes o la resistencia a la insulina, es una opción efectiva y recomendable para iniciar junto con otros el camino del bienestar.

Mi propia experiencia así me lo indica. Vivo desde hace 25 años con diabetes tipo 1, y desde hace 15 años hago una alimentación low-carb. He vivido en carne propia el reajuste hormonal que supuso este cambio en mi alimentación, y cómo esto se empezó a reflejar poco a poco en mi bienestar físico, hormonal y psicológico. Cuando quise quedarme embarazada, lo logré de manera bastante rápida, en un lapso de tres meses. Tuve también un embarazo saludable, continuando con la alimentación baja en hidratos, un parto vaginal normal; y mi hija nació sana, sin ninguna complicación asociada a las gestantes con diabetes.

 

Mis programas de acompañamiento:

Soy Rosy Yáñez, Soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb y ayuno intermitente.

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