Ansiedad o adicción a los carbohidratos - Diabetes Bien

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Ansiedad o adicción a los carbohidratos

Muchas personas que comienzan a hacer cambios en su alimentación, hacia una reducción importante de los carbohidratos – en especial carbohidratos refinados y azúcares – notan al principio que pueden existir dificultades a nivel psicológico: fuertes antojos o ansiedad por volver a comer dichos alimentos. Y es que muchos expertos y profesionales empiezan a descubrir que el comer no se trata sólo de procesos digestivos; sino que también existen mecanismos a nivel cerebral que se alteran según el tipo de alimentación que llevemos. Podemos llevar una alimentación adecuada, baja en carbohidratos y basada en comida real, con ingredientes de calidad; y sentirnos llenos de energía, animados y con claridad mental. O bien por el contrario, podemos llevar una alimentación alta en carbohidratos, azúcares y comestibles procesados; y entonces experimentar ansiedad, adicción a estas comidas, capacidad de concentración reducida, fuertes cambios de humor y “bajones” de energía.

Los carbohidratos están en la base de la pirámide alimenticia, es decir, según las recomendaciones oficiales en alimentación, son supuestamente “lo que más deberíamos comer”. Esta recomendación ha enfermado al mundo: la gente en todos los países la siguió, disminuyendo su consumo de grasas saturadas y basando su alimentación en cereales y productos procesados. Y desde entonces estamos viendo cada vez más cardiopatía, obesidad, diabetes tipo 2, síndrome metabólico, enfermedad de Alzheimer, nefropatía, y un sinfín de padecimientos que antes eran mucho más raros. Ahora sabemos que los carbohidratos provenientes de cereales, azúcares y procesados son totalmente innecesarios para nuestro cuerpo y nuestra salud, por ser fuentes de energía ineficientes, dañinas y con baja densidad nutricional. Pero no sólo eso, los estudios más antiguos y más fundamentados reduciendo los carbohidratos, son los relacionados con la epilepsia, ya que los carbohidratos propician un ambiente tóxico para el cerebro, como si estuviéramos constantemente consumiendo una droga.

Esto es porque todos los carbohidratos son formas de azúcar: glucosa, fructosa, sacarosa, etc. El azúcar, además de causar muchos daños por todo nuestro cuerpo, es adictivo y puede causar o agravar trastornos psicológicos y psico-emocionales como la depresión, ansiedad, pérdidas de memoria, pérdidas de capacidad cognitiva, etc. Todos estos daños son especialmente agudos para quienes vivimos con diabetes, pero existen en realidad para todo mundo. Y esto es porque una alimentación basada en carbohidratos nos pone en una montaña rusa glucémica, donde el azúcar en sangre siempre se encuentra inestable: grandes subidas seguidas de grandes bajadas. Después del confort pasajero que nos provoca la ingesta de carbohidratos refinados, viene la caída con sus efectos de desánimo, cansancio, frecuentemente problemas digestivos, y el antojo intenso de volver a comer carbohidratos.

¿Por qué los carbohidratos y azúcares hacen esto?… Porque están compuestos mayormente de glucosa, y son prácticamente los únicos alimentos que desatan una fuerte respuesta de insulina en el cuerpo. En especial tratándose de carbohidratos de absorción rápida: cereales, almidones, azúcares y productos procesados. También propician un mal ambiente para el cerebro y el estado mental. Por todo ello, son alimentos metabólicamente insostenibles, que consumidos en gran cantidad nos enferman, pero incluso en cantidades que mucha gente aún consideraría “moderadas”, ponen a nuestro cerebro en un ambiente de glucotoxicidad, en el que este órgano no funciona de manera idónea.

Ya empieza a haber expertos, profesionales y material en línea que hablan de la alimentación baja en hidratos y sus efectos en la salud física, pero aún no estamos acostumbrados a ver cómo la alimentación también es fundamental para la salud mental. Con una alimentación baja en carbohidratos, y basada en comida real con ingredientes de calidad; podemos aumentar nuestra capacidad de concentración, tener buenos niveles de energía y buen humor, todo ello dando testimonio de que esta alimentación propicia un ambiente metabólico positivo para el cerebro. Existen estudios recientes sobre la relación de una alimentación opuesta a esto – es decir una alimentación convencional y “de moda”, alta en carbohidratos según dictan las “recomendaciones oficiales” – puede en cambio propiciar o agravar casos de ansiedad, depresión, fuertes cambios en el estado de ánimo, y a largo plazo un deterioro cognitivo.

Otro tema relacionado, y que también empieza a estudiarse, es la enorme importancia de la microbiota intestinal, y del intestino en general como un órgano que juega un papel clave no sólo en la digestión, sino en sus comunicaciones neuronales con el cerebro. El eje intestino-cerebro tiene grandes efectos en nuestros estados de ánimo y en la señalización neuronal que sucede por todo nuestro cuerpo. Resulta que el intestino contiene células neuronales, por ejemplo ahora sabemos que un 70% de la serotonina es secretada por él, y un porcentaje menor viene del cerebro en sí mismo. No es broma entonces intuir que cuando alguien tiene un trastorno intestinal se pone de mal humor, en realidad esto tiene una sólida base científica y va más allá de que solamente sea un malestar físico (por ejemplo por estreñimiento), sino que realmente hay una influencia en nuestro estado mental, según lo que comemos. En este contexto no sólo la glucosa, sino particularmente el gluten es especialmente dañino – hablé de ello al reseñar el trabajo del Dr. Perlmutter en su libro “Cerebro de Pan”.

Por ello, llevando una alimentación baja en carbohidratos, basada en comida real y evitando los comestibles procesados, damos a nuestro cerebro un mucho mejor ambiente bioquímico para su funcionamiento. Quienes vivimos con diabetes deberíamos evitar los carbohidratos (en especial los de cereales, frutas en general y productos procesados) para lograr normoglucemia, pero quienes viven sin diabetes también se benefician enormemente de una alimentación así.

Muchas personas que viven sin diabetes, aún aquéllos que mantienen una buena sensibilidad a la insulina, encuentran que no pueden comer carbohidratos o azúcares tampoco en una cantidad supuestamente “moderada”, pues se les desata un antojo casi incontrolable de comer más y más carbohidratos y azúcar, con frecuencia terminando en atracón. Esto es porque el azúcar actúa como una droga adictiva en nuestro cerebro, pero no sólo eso sino que además desregula el sistema hormonal de la leptina y la grelina, dos hormonas que intervienen en nuestras sensaciones de saciedad y hambre. Provocando que, tras una comida rica en carbohidratos refinados y azúcares, sintamos hambre más pronto, más intensamente, y con más antojos de alimentos inadecuados o ineficientes.

Esto nos muestra, una vez más, que nuestro cuerpo es una máquina compleja, donde intervienen muchos procesos controlados con gran precisión por hormonas. También muestra que la teoría de “balance energético” sencillamente no funciona. Me refiero a la teoría de que supuestamente la alimentación se limita a un balance de “calorías que entran menos calorías que salen”, y que entonces para conseguir una composición corporal óptima “lo único” que debe hacerse es “comer menos y moverse más”. Todos los días, cientos de personas intentan este enfoque que termina en frustración al darse cuenta de que no funciona. No se trata de un trastorno “de autocontrol” ni de “fuerza de voluntad”, en lo absoluto, sino que tiene todo qué ver con hormonas como la insulina (y las otras mencionadas), pues ellas regulan los procesos de hambre, saciedad y antojos de alimentos específicos.

Es por ello que se habla de la obesidad como un trastorno metabólico (y no un trastorno de la fuerza de voluntad), donde la insulina juega un rol fundamental. Un nivel elevado de insulina en el cuerpo no sólo hace difícil perder grasa corporal, sino que también juega un rol en la salud mental, causando o agravando los trastornos mentales y emocionales que ya mencioné: ansiedad, depresión, antojo adictivo por carbohidratos y azúcares, “neblina” mental, poca capacidad de concentración, poca capacidad de memoria, entre muchos otros.

Por estas razones entre muchas otras, un cambio en la alimentación – hacia una alimentación basada en comida real y baja en carbohidratos – debe ser un cambio de estilo de vida, y no sólo “una dieta para hacer durante breve tiempo”. Al principio los antojos pueden costar, pero con el tiempo se vuelve mucho más fácil y llevadero, ¡en especial cuando empezamos a ver y sentir los beneficios!… Se vuelve más fácil cuando empezamos a sentirnos llenos de energía, con buen ánimo, excelentes digestiones, frescos mentalmente y con capacidad de concentración, etc.

El consumo de carbohidratos es como un pez que se muerde la cola: causa círculos viciosos metabólicos, con daños cada vez más grandes y a la vez una adicción que vuelve difícil dejarlos. En personas vulnerables – como quienes vivimos con diabetes – puede ocasionar graves consecuencias a la salud; a corto y largo plazo. Además, esta alimentación inadecuada perpetúa la montaña rusa incontrolable no sólo de glucemia, sino también emocional. Yo misma vivi bulimia durante 2 años y seguramente tengo genes adictivos a los carbohidratos, definitivamente con un proceso terapéutico, bajando los hidratos y sobre todo normalizando mis niveles de glucosa en sangre verdaderamente (15 años con A1c entre 4,4 a 5,3%) ahora mismo vivo con ello de un forma más saludable, con flexibilidad y calidad de vida.  Si queremos vivir con salud y bienestar, y tratar nuestra adicción a los carbohidratos, deberemos tomar la responsabilidad de aprender el proceso de salud, aún con ella– y esto es más fácil, seguro y efectivo de hacer con el acompañamiento de un profesional.

Mi experiencia y mis programas:

Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb y ayuno intermitente.

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