Mitos y verdades sobre la diabetes Tipo1 y Tipo 2, Parte 2. - Diabetes Bien

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Mitos y verdades sobre la diabetes Tipo1 y Tipo 2, Parte 2.

Anteriormente enumeré algunos de los mitos más comunes que escuchamos acerca de la diabetes, tanto tipo 1 como tipo 2. Aquí continuaré desmintiendo algunas otras de estas creencias populares; derivadas sobre todo del desconocimiento y de la falta de aprendizaje o de actualización, acerca de la condición de diabetes.

Mito: La necesidad de utilizar insulina pinchada en diabetes tipo 2, es indicación de tener un caso grave o “muy severo”.

Realidad: Mencioné en la entrada anterior sobre los mitos en diabetes; que no existen “grados” de diabetes, ni en el tipo 1 (DT1) ni tampoco en el 2 (DT2). La presencia de diabetes se mide con indicadores numéricos objetivos: se tiene o no se tiene. (Lo que puede haber son grados de daños causados por la hiperglucemia crónica, pero eso no indica que sea una diabetes “más severa”).

Llevando el tratamiento adecuado, se controla no la diabetes en sí misma, sino la glucemia (nivel de azúcar en la sangre). Y la insulina – sea endógena o exógena – es la principal sustancia que permite controlar esta glucemia. En la diabetes tipo 1, el cuerpo no fabrica insulina, y siempre es necesario pincharla externamente. En la diabetes tipo 2, generalmente el cuerpo sí fabrica insulina pero ésta se ha vuelto insuficiente o ineficaz, ya que el cuerpo generó resistencia a ella; y para muchas personas con diabetes tipo 2, pinchar insulina “pramaturamente” se vuelve una ayuda valiosa en el control glucémico, o es a veces la única manera de normalizar la glucemia. No es un indicador de que la diabetes sea “más grave”. Para lograr esta normoglucemia y evitar los daños asociados a la hiperglucemia crónica (cardiopatías, nefropatías, retinopatía y neuropatía, etc.), la persona debe llevar una alimentación adecuada, así como un aprendizaje y educación continuos con el acompañamiento de un profesional; pero también el uso adecuado y eficaz de medicamentos en los casos pertinentes, es una herramienta valiosa para el manejo de la diabetes para el bienestar. Y en muchos casos, la insulina es parte de ese uso de medicamentos para lograr la normoglucemia.

Mito: La persona con DT2 que empieza a utilizar insulina, está en la «fase final» de la diabetes.

Realidad: Nuevamente, utilizar insulina no tiene nada qué ver con que la diabetes sea “severa”, “terminal”, “muy grave”, “catastrófica” ni nada de eso. Tiene qué ver, simplemente, con que la insulina es la principal sustancia encargada de regular la glucemia; y que en el caso de muchas personas con DT2, es una ayuda inmediata o la única manera de lograr una normoglucemia estable, que evite daños a futuro.

Este mito tan dañino puede provocar que muchas personas con DT2 se resistan al uso de la insulina, pensando que “eso quiere decir que ya están muy graves”. Cuando por el contrario, un uso temprano de insulina pinchada – junto con alimentación adecuada baja en hidratos – podría ayudar a lograr la normoglucemia más pronto, antes de que se presenten daños. La insulina es una sustancia necesaria para nuestra supervivencia, desde que nacemos hasta que morimos. Este mito provoca que mucha gente vea a la insulina como el tratamiento “terminal” para una “diabetes muy grave”, o piensan que están próximos a morir, ¡cuando en realidad el uso adecuado de la insulina puede ayudar a prolongar su vida en bienestar!… Probablemente el origen de este mito es porque vieron a algún familiar o conocido que tuvo diabetes sin ningún tratamiento durante muchos años, provocándose daños muy severos por hiperglucemia, y solamente hasta los últimos momentos – cuando ya la salud estaba en estado crítico – se comenzó a pinchar insulina, y por ello se pudo llegar a creer que la insulina se utilizaba en una “fase terminal”. Lejos de ello, recordemos que el cuerpo de la persona sin diabetes produce insulina todo el tiempo, regulándola según las necesidades y la alimentación, para lograr normoglucemia. Y en la persona con DT2, su uso adecuado y en el momento adecuado puede evitar posibles daños.

Otro posible origen de este mito, es el hecho de que hay personas con DT2 que durante los primeros años tras el diagnóstico, toman antidiabéticos orales para estimular la producción de insulina en el páncreas. Sin embargo, con el tiempo el páncreas deja de responder a este estímulo (en especial si no se está llevando el tratamiento adecuado y la alimentación adecuada), por ello se empieza a pinchar insulina para seguir “regulando” ineficazmente la glucemia. Pero una vez más, esto no indica “una fase grave o terminal” de la diabetes, sino el hecho de que el páncreas ya se exprimió con los antibióticos orales comunes, y dado que el cuerpo sigue necesitando insulina, pincharla externamente será lo más adecuado para mantener bienestar. Y esto no indica el fin de la vida, ni el fin de la salud o del bienestar: la única diferencia es que ahora la insulina vendrá de afuera y no de adentro. Con la alimentación, aprendizaje objetivos y tratamiento adecuados, se podrá vivir muchos años con salud y bienestar.

Mito: Si me siento bien y sin síntomas, no tengo que preocuparme por el nivel de glucosa en sangre.

Realidad: aunque tenemos la tendencia natural a creer que “si me siento bien, todo está bien”, esto a veces es engañoso, pues cualquier hiperglucemia sanguínea causa daños que, aunque no se sientan en ese momento, con el tiempo se irán acumulando y notando cada vez más. No es posible evaluar o tratar la DT1 o la DT2 basándonos simplemente en “cómo me siento”: las analíticas, el monitoreo de glucosa sanguínea, y el aprendizaje como único tratamiento para la diabetes, son necesarios de manera constante, aunque en un momento dado nos sintamos bien. Especialmente en la DT2, es una condición donde la persona puede pasar muchos años “sintiéndose bien”, pero acumulando pequeños daños – después cada vez más grandes y notorios – por hiperglucemia crónica. Muchos de ellos viven muchos años con la condición antes de que se haga siquiera el diagnóstico, “sintiéndose bien” pero con un sistema metabólico y corporal que poco a poco se va dañando, pues la hiperglucemia crónica causa daños que con el tiempo sí que serán notorios y graves: enfermedad cardiaca, enfermedad renal, daños a la vista, pérdida de extremidades, etc. Si nos esperamos hasta “sentirnos mal”, gran parte de estos daños serán, para entonces, irreversibles. Por ello vigilar la glucosa en sangre, aprender, y llevar una alimentación adecuada, son la manera de prevenir casi todas las complicaciones. La ausencia de síntomas no indica necesariamente un estado óptimo de salud. En mi experiencia clínica, muchos pacientes llegan conmigo pensando que se “sienten bien” y cuando comienzan a normalizar los niveles de GS se dan cuenta que en realidad no se “sentían bien”, no conocían esa sensación óptima de estar con normoglucemia.

Mito: El uso de la insulina causa ceguera.

Realidad: dado que el cuerpo de todos los seres humanos requiere insulina para sobrevivir, ¡es evidente que la insulina no causa ceguera!… Este mito probablemente también se originó porque hay una confusión entre correlación y causa: probablemente hubo personas que vieron a un familiar o amigo que pasó muchos años viviendo con diabetes y con hiperglucemia crónica, sin ningún tratamiento ni ningún cuidado, y para cuando llegó el momento en que ya existían daños críticos a la vista, sólo entonces se estaba iniciando un tratamiento con insulina, mismo que probablemente debió haber iniciado años atrás y que podría haber llegado a evitar la ceguera.

Cuando ya existe un daño a la vista, debido a hiperglucemia crónica, un uso tardío de la insulina sin aprendizaje, metas y tratamiento alimentario eficaz, desafortunadamente no lo corregirá. De ahí vino probablemente el error de pensar que “la insulina causó la ceguera”; cuando la insulina simplemente es parte de nuestras necesidades metabólicas básicas. Su uso adecuado en diabetes, lejos de ser dañino a la vista o a ninguna otra cosa, puede alargar nuestra vida en salud y bienestar óptimos. ¡Es más bien la falta de insulina, en condiciones de hiperglucemia crónica, la que sí puede causar ceguera, entre muchos otros daños a todo el cuerpo!, baste con nombrar este estudio que asoció el aumento de retinopatía entre inidividuos con HbA1c igual o mayor a 5,5%…Los tejidos y partes de nuestros ojos son muy delicados. Aprendiendo, alimentándonos adecuadamente, y utilizando correctamente la insulina en diabetes, podemos evitar durante décadas cualquier daño a la vista.

 

Mito: Inyectándose insulina o tomando pastillas antidiabéticas, la persona con diabetes puede “comer lo que quiera”.

Realidad: ya había comentado en otro artículo, dedicado enteramente a este mito, por qué es un error pensar que “pinchando insulina puedo comer lo que quiera”. Tiene qué ver también con la Ley de las Pequeñas Cifras, que nos dice que sólo llevando una alimentación adecuada se puede regular de manera mucho más fácil la glucemia y las necesidades de insulina externa. Si llevamos una alimentación “de moda”, la más común en la actualidad, alta en carbohidratos, azúcares y procesados (que desafortunadamente algunos profesionales aún recomiendan); provocamos la conocida “montaña rusa metabólica”, de las hiperglucemias e hipoglucemias constantes, con la que se vuelve imposible el control glucémico, y que reducen drásticamente la eficacia de la insulina y de las pastillas antidiabéticas.

Es por ello que la insulina y los medicamentos antidiabéticos no son una fórmula mágica que nos permiten descuidar todo lo demás: la normoglucemia y el bienestar sólo pueden lograrse usando estas herramientas en conjunto con alimentación adecuada y aprendizaje, para volvernos expertos en el manejo de la propios niveles de GS.

Mito: La diabetes impide a las mujeres tener hijos, y ellas no deben de embarazarse.

Realidad: con un adecuado manejo de la condición de diabetes, es perfectamente posible para una mujer conservar su fertilidad, quedarse embarazada y tener hijos sanos, aún si se vive con diabetes. Yo misma he relatado antes mi experiencia con un embarazo saludable, llevando el control glucémico adecuado, con parto vaginal en condiciones normales. Escribí acerca de mis experiencias durante el primer, segundo y tercer trimestre de embarazo, culminando con el nacimiento de una hija sana, sin ninguna de las complicaciones asociadas a la hiperglucemia en el embarazo o la diabetes gestacional, llevando también una lactancia natural.

La mejor manera de lograr esto es prepararse con tiempo a aprender como lograr normoglucemia, preferentemente seis meses mínimo previos a la concepción: el cuidado debe empezar desde antes de quedarse embarazada. Manteniendo normalidad glucémica, se mantendrá una óptima salud tanto para la madre como para el bebé.

Mito: La diabetes causa amputación de los pies.

Realidad: parecido al mito de que la diabetes “inevitablemente” cause ceguera – o el mito de que sea la insulina la que causa ceguera – asimismo existe la creencia de que la persona con diabetes siempre sufrirá la amputación de los pies u otras extremidades. Sin embargo, perder los pies por causa de la diabetes es algo que sucede solamente si no existió un tratamiento o manejo adecuado de la condición. Cuidar los pies para prevenir su amputación, es parte de los cuidados que debe llevar la persona con diabetes; y cuando existe una alimentación adecuada, un aprendizaje y un uso adecuado de insulina y medicamentos, puede evitarse cualquier lesión o daño a las extremidades. Estos daños se deben a los trastornos de circulación, así como infecciones por bacterias u hongos, y existirán solamente si existe una hiperglucemia crónica, y no necesariamente serán parte de la vida de la persona con diabetes, como nos ha enseñado el famoso estudio DCCT. La responsable de casi todas las amputaciones de pies o piernas asociadas a la diabetes, no es la diabetes en sí misma, sino la hiperglucemia crónica.

Mito: Las personas con diabetes andan “siempre de mal humor”, o “siempre dormidos o cansados”.

Realidad: para cualquier persona – y no nada más quienes vivimos con diabetes – la alimentación influye enormemente en los niveles de energía, el estado de ánimo y la sensación de bienestar o malestar en general. Poco a poco se ha ido aprendiendo que una alimentación “actual, de moda” alta en carbohidratos, azúcares o procesados; puede en muchas personas tener el efecto de provocar o agravar trastornos emocionales, casos de depresión o ansiedad, grandes variaciones en sus niveles de energía, entre muchos otros efectos que muchas personas aún no saben que están relacionados con la alimentación. En el caso de personas con diabetes, el estado de ánimo y la sensación de bienestar o malestar dependen en gran medida de su control glucémico. Tanto la hiperglucemia como la hipoglucemia severas, causan fuertes sensaciones de malestar que conocemos quienes vivimos con diabetes: desde sentirnos efectivamente cansados o agotados, hasta otros muchos posibles efectos como mareos, desmayos, enojos, falta de atención, mucha sed, etc.

Es importante tener presente que los niveles de glucosa en sangre tienen un importantísimo efecto en nuestro bienestar no sólo físico sino también psicológico. A veces se confunde la causa con el efecto; llevando a algunas personas a creer que “el enojo (u otro estado de ánimo) les causa una hiperglucemia”, siendo que probablemente es al revés: ese estado de ánimo probablemente es resultado de la hiperglucemia y la consiguiente sensación de malestar.

Mito: La insulina es “adictiva”, o “la persona con diabetes se vuelve adicta”.

Realidad: la insulina, como sustancia que nuestro cuerpo normalmente fabrica (en la persona sin diabetes o con DT2) y utiliza constantemente, no puede “ser adictiva”. No es un narcótico ni una droga, sino una hormona. Todas las personas con DT1, y muchas personas con DT2, necesitan introducir en su cuerpo insulina exógena, es decir, “pincharse insulina” para conservar su salud y bienestar. Esto no quiere decir que la insulina “sea adictiva”; ¡sino simplemente que nuestro cuerpo la necesita para vivir y para su metabolismo normal!… Al contrario, antes de que la insulina fuera descubierta y de que fuera posible comercializarla – a inicios del siglo pasado – las personas con DT1 solían morir muy jóvenes por falta de esta necesaria hormona. Ninguna hormona es adictiva, y mucho menos si nuestro propio cuerpo en condiciones normales la fabrica y la requiere. La insulina sigue siendo parte fundamental de la vida con diabetes, eso no quiere decir que “sea adictiva”. Pero hay que resaltar que lo eficaz es aprenderla a usar de forma adecuada, sin exceso y sin prolonga y promover resistencia a la insulina, que usualmente se provoca con una alimentación de moda acutal, alta en hidratos de carbono.

Mito: La persona con diabetes no puede conducir un coche, andar en bicicleta, barco, avión, etc.

Realidad: mientras la glucemia se mantenga estable, no existe para la persona con diabetes ningún riesgo en hacer vida normal, incluyendo conducir o viajar en cualquiera de estos medios de transporte. Un episodio de hipoglucemia severa sí puede llegar a causar un accidente si la persona por ejemplo sufre un desmayo; pero cuando tenemos el aprendizaje adecuado y sabemos llevar un monitoreo adecuado de glucosa, y sabemos cómo evitar estos episodios, además de identificar rápidamente sus síntomas, no hay ningún impedimento para que la persona con diabetes haga su vida normal incluyendo usar cualquiera de estos medios de transporte.

 

Mi experiencia:

Soy Rosy Yáñez, Soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes y Alimentación Low-carb. Tengo veinticinco años viviendo con Diabetes Tipo 1 (DM), y desde hace quince años logro tener niveles glucémicos normales, sin ninguna complicación diabética.

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