Mitos y Verdades de la Diabetes Gestacional - Diabetes Bien

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Mitos y Verdades de la Diabetes Gestacional


Así como ha aumentado enormemente la incidencia de diabetes tipo 2 (DT2) en las últimas décadas, también ha ido en aumento en muchos países la prevalencia de diabetes gestacional (DG). Y esto se debe a que ya desde la base, tenemos un contexto social obesogénico y diabetogénico, en donde nuestras costumbres – sobre todo alimenticias, pero también en cuanto a sueño, estrés, etc. – se han desconectado por completo de lo que nuestros genes están programados para recibir y hacer. La DG se define como aquélla intolerancia a la glucosa que aparece por primera vez durante el embarazo, en mujeres que nunca antes tuvieron esta condición.

La DG es común debido a que el embarazo es por naturaleza un estado insulino-resistente (en especial el tercer trimestre), en donde nuestro metabolismo sufre temporalmente cambios para favorecer el crecimiento y desarrollo del bebé. Durante el embarazo se presenta una resistencia fisiológica a la insulina, para que pueda darse el crecimiento del bebé y también de la glándula mamaria. Esto, sumado a nuestro actual contexto obesogénico, hace que exista ahora una explosión de casos de DG en embarazadas por todo el mundo. Me encuentro con muchos mitos acerca de la diabetes gestacional, hablaré de los más comunes. He hablado también antes de mi propia experiencia en mi embarazo viviendo con diabetes tipo 1; aquí puedes encontrar los artículos sobre trimestre primero, segundo, tercero, y el parto.

Además, resalto que existe una gran diferencia entre los distintos trimestres, ya que los primeros dos son una etapa anabólica, mientras que el tercer trimestre es una etapa catabólica, por lo cual las diferentes etapas del embarazo son momentos metabólicamente distintos, en donde van cambiando las respuestas hormonales de nuestro cuerpo a los alimentos (entre los muchos otros factores relevantes al bienestar físico), así como a las propias hormonas: insulina, estrógeno, progesterona y demás hormonas relativas a la gestación en sí misma, etc. En el primer trimestre incluso es normal que las mujeres tengan niveles de glucosa en sangre un poco más bajos que lo normal; en cambio el último trimestre es la etapa más insulino-resistente en donde muchas mujeres son diagnosticadas con DG.

Es fácil en muchas ocasiones que se confunda o mal-diagnostique la DG, ya que puede suceder que muchas mujeres ya tenían desde antes de quedarse embarazadas una resistencia a la insulina o incluso diabetes tipo 2 (DT2), sin embargo no se les detectó sino hasta el momento del embarazo y en los controles pre-natales. Y esto, nuevamente, se debe a que vivimos socialmente en un contexto obesogénico; la mayoría de la gente lleva una alimentación basada en cereales y procesados, es decir una alimentación no normoglucémica, favorecedora de hiperinsulinemia e hiperglucemia en toda la población. Por lo cual, tan solo por vivir en este contexto actual; todas las mujeres estamos expuestas a un riesgo de hiperglucemia e hiperinsulinemia, y al quedarnos embarazadas tener DG o una fuerte insulino-resistencia o intolerancia a la glucosa. Hay que resaltar que la intolerancia a la glucosa se presenta en muchos embarazos sin que exista forzosamente DG. Sin embargo, esta intolerancia también presenta riesgos en sí mismos, pues como he explicado antes; los riesgos a la salud son debidos a la hiperglucemia, y no a la diabetes diagnosticada como tal.

Este tema es de enorme importancia por el simple hecho de que el embarazo es una etapa vulnerable tanto para la madre como para el bebé; vulnerable no sólo en lo físico sino también lo emocional, afectivo y psico-social; y además es una etapa definitoria de la salud de ambos, presente y futura. La salud y bienestar de la madre durante el embarazo, tiene efectos en la salud presente y futura del bebé: su expresión epigenética, el riesgo de algunos trastornos autoinmunes, el estado de su microbiota intestinal, la calidad de la leche materna, etc.

Factores de riesgo para el desarrollo de DG son: cualquier alteración previa de la glucosa en sangre (factor que presenta prácticamente toda la población femenina actual), edad mayor a 25 años, sobrepeso antes del embarazo, fumar, hipertensión, entre otras. Abordaré a continuación los mitos que más me encuentro respecto a este tema:

Mito: La diabetes gestacional aparece “por no cuidarse”.

Quiero antes todo mencionar el tema fundamental, y que ya he tocado antes en otros artículos, de que los sentimientos de culpabilidad en diabetes no nos ayudan a aprender ni a llevar a cabo un aprendizaje productivo y eficaz. Vivimos en un contexto fuertemente obesogénico, donde las recomendaciones nutricionales – tanto para el embarazo como en general – están plagadas de mala ciencia, intereses comerciales, e información obsoleta y desactualizada. Por lo cual, todos estamos en riesgo de algún tipo de diabetes. Culpabilizar a una mujer embarazada por presentar DG, o culpar a cualquier persona por vivir con diabetes “porque no se cuidó”, es ignorar este contexto obesogénico en el que estamos totalmente inmersos; e ignorar la corresponsabilidad de las industrias de ultraprocesados, del mercado que vuelve súper accesibles estos comestibles dañinos, del sistema sanitario que está hecho para solamente “parchar” crisis agudas en lugar de enfocarse en prevención, y de millones de sanitarios y profesionales médicos que no acompañan en un aprendizaje verdadero, sino que sólo aplican uniformemente directrices obsoletas.

Si queremos realmente tomar las riendas de nuestra salud y bienestar, con un embarazo o en cualquier otro contexto, es indispensable identificar esta sensación de culpabilidad que no nos ayuda, y transformarla en responsabilidad de involucrarnos con el aprendizaje y el conocimiento de nuestro cuerpo. ¡Centrémonos en lo maravilloso que es ser mujeres dadoras de vida, y no en la culpabilidad de “no estar haciéndolo todo perfecto”!… La perfección es enemiga del progreso, y por ello es mucho más productivo poner el foco en ser responsables y en hacer mejorar progresivas poco a poco, y no en la culpabilidad de “esto pasó por no cuidarse”.

Mito: Es “normal” en la diabetes gestacional tener picos de más de 140 mg/dl después de las comidas, o en algún momento de estrés.

Como hemos visto antes en mi información sobre normoglucemia; esto es falso, ya que las complicaciones diabéticas dependen al 100% de la hiperglucemia sostenida por encima del rango normal (HbA1c igual o mayor a 5,4%). De hecho, durante el embarazo se ha visto que los niveles de glucosa sanguínea son un poco más bajos que fuera del embarazo; así que ni antes, ni después de las comidas ni en ningún momento deberían tolerarse los picos glucémicos ya que causan daño en cualquier momento que sea.

Mito: La diabetes gestacional hará que mi bebé también tenga diabetes, o tenga mucho riesgo de tenerla.

Esto no es verdad. Como he mencionado antes, hay que hablar de forma coherente y con términos correctos en el contexto educativo de la diabetes: la diabetes en sí misma no causa riesgo, lo que sí causa riesgos y daños es la hiperglucemia crónica. Esta hiperglucemia a su vez – se tenga o no un diagnóstico de diabetes – podría causar riesgo durante el embarazo para el bebé y para la madre.

Las complicaciones o riesgos de la hiperglucemia, es decir la DG no tratada adecuadamente en el bebé son:

  • Control glucémico inadecuado en la 1era parte del 1er trimestre = alto riesgo de anomalías cardíacas y neurológicas congénitas.
  • Control glucémico inadecuado en el 2do y 3er trimestre = alto riesgo de macrosomía, y morbilidad y mortalidad neonatales.
  • Complicación principal = Macrosomía (el neonato pesa más de 4 kilogramos).

Las complicaciones o riesgos de la hiperglucemia, es decir la DG no tratada adecuadamente en la madre, son:

  • Preeclampsia (incidencia de 6 – 8% de embarazos).
  • Eclampsia = caso más grave de preeclampsia, por la presencia de convulsiones y coma.

Es muy importante entonces recordar que durante el embarazo, la intolerancia a la glucosa, o alteración de la glucosa, o anormalidad glucémica sin llegar a diabetes es entre 2 y 3 veces más prevalente que la DG, pero los resultados y riesgos para el feto son similares. Hay que poner entonces el foco en la anormalidad glucémica en sí misma, se tenga o no se tenga un diagnóstico de DG o cualquier otro tipo de diabetes previo.

Mito: La salud de la madre no influye en el bebé para nada.

El estado de salud de la madre durante el embarazo sí que puede afectar al bebé. La hiperglucemia, se tenga o no un diagnóstico de diabetes como tal (de cualquier tipo), afecta el crecimiento del bebé y también la composición de la leche materna; así como la microbiota del bebé. Es un tema muy interesante, y que apenas empieza a conocerse mejor, cómo ambas microbiotas están relacionadas.

Si bien la mayoría de la gente tiene la noción, a algún nivel, de que la salud de la madre puede afectar al bebé; nos encontramos algunas versiones de este mito en muchos sitios, también en el mundo de la diabetes en general. Hay además otros consejos populares que, a pesar de ser populares, son erróneos: por ejemplo aconsejar a la madre que “coma por dos”… Y si bien una mujer embarazada ciertamente comerá un poco más, ¡no debe comer por dos adultos, sino por una adulta y un feto en desarrollo!… La alimentación adecuada, durante el embarazo y fuera de él, es un tema donde tiene mucha más importancia la calidad del alimento. Por el contrario, ya sabemos que comer porciones demasiado grandes en cantidad, sobrecarga nuestro metabolismo y nuestros sistemas, causando grandes problemas de salud.

Mito: Sólo la salud física es importante.

Quiero resaltar lo importante que es también, durante el embarazo, el contexto emocional y psico-afectivo que rodea a la madre. Asimismo, toda esta información no debe tener el objetivo de causar más estrés, ¡eso en sí mismo es contraproducente!… Es de suma importancia que la madre pueda estar relajada durante el proceso de gestación, ya que el estrés en sí mismo altera no sólo la glucosa en sangre, sino prácticamente cualquier indicador metabólico y nuestro bienestar en general. El embarazo es una etapa vulnerable, es fácil que las madres sientan muchos miedos. No olvidemos tampoco la importancia de otros factores como el dormir bien, hacer ejercicio físico, cosas que mantengan también la salud y balance psicológico como meditar o hacer yoga, etc.

Mito: Si tuviste DG, una vez que termina el embarazo “todo pasa” y ya no tienes que preocuparte por la glucosa en sangre o diabetes.

Después del embarazo, en principio al quitar este contexto de resistencia fisiológica a la insulina, se quitaría esta diabetes gestacional; sin embargo, si se sigue con un ambiente “obesógenico” que es tan común hoy en día, llevando una alimentación basada en cereales modernos, azúcares y procesados, hay una altísima prevalencia de DT2 después del embarazo, e incluso suele ser un momento también de alto diagnóstico de diabetes tipo 1 tardía o tipo LADA, después de tener una diabetes gestacional.

Lamentablemente, debido al contexto altamente obesogénico en que vivimos, existe una altísima prevalencia de diabetes tipo 2 en mujeres que durante el embarazo tuvieron diabetes gestacional. Es importante por eso, si existió DG, seguir monitoreando y llevando un manejo de la glucosa en sangre después del embarazo; así como llevar una alimentación baja en carbohidratos, basada en comida real.

Mito: La diabetes diagnosticada durante el embarazo “no se cura”.

Asimismo, nos encontramos el mito opuesto al anterior: que cualquier diabetes gestacional “no se cura” en el sentido de que significa desarrollar diabetes tipo 2 de manera “permanente”. Una vez más hay que reiterar que los daños no vienen dados por la diabetes en sí misma, sino por la anormalidad glucémica. Por lo tanto, es aquí donde hay que poner la atención; antes, durante y después del embarazo: en tener normalidad glucémica que nos asegure bienestar y que nos ayude a evitar muchísimas complicaciones de salud.

Mito: Si tienes DG, o si tenías diabetes de cualquier tipo antes de quedarte embarazada, es normal tener niveles altos de glucosa en sangre (por encima de 100 mg/dL).

Esta hiperglucemia no es normal en ningún momento del embarazo, con o sin DG; así como tampoco es “normal”  en personas que viven con diabetes del tipo que sea, por mucho que haya tantos profesionales sanitarios que tienen esta postura pro-hiperglucemia y nos cuentan que es “normal”. Al contrario, la misma idea que defiendo en mis demás artículos, webinars y programas, es la idea de que la normoglucemia es posible viviendo con diabetes – incluyendo diabetes gestacional. Y no solamente es posible, sino que también es nuestro derecho. En mis programas de acompañamiento, voy de la mano con muchas personas que también viven con diabetes al igual que yo, comprometiéndonos con un aprendizaje y educación que nos lleven a vivir con normalidad glucémica, que es la única forma de tener bienestar en diabetes.

Mito: Se puede tener “poca” o “mucha” diabetes gestacional.

Mencioné en artículos anteriores este mito similar, cuando se tiene diabetes de cualquier tipo; y aclaré que el diagnóstico de diabetes se hace según parámetros objetivos y medibles. No es posible tener “poca” o “mucha” diabetes, sino que se tiene o no se tiene. Lo mismo sucede con el diagnóstico de DG. Y sobre todo, lo más importante es entender que los daños a la salud no suceden debido a la diabetes en sí misma, sino que los daños son consecuencia de la anormalidad glucémica: la hiperglucemia crónica con la que vive muchísima gente, tenga o no un diagnóstico de diabetes. Esta hiperglucemia – nivel anormalmente alto de glucosa en sangre – se mide según varios parámetros también objetivos: una glucosa en sangre en ayunas de 100 mg/dL o más, una hemoglobina glicada HbA1c de 5,5% o más, entre otras pruebas.

Lo mismo es aplicable en el embarazo: muchas mujeres no tienen DG, pero sí anormalidad glucémica, y esto es lo que presenta riesgos. Además de los riesgos para la madre, existen riesgos para el bebé en desarrollo. Una de las características principales (y más fácilmente detectables) de esta anormalidad glucémica es la macrosomía fetal, es decir, bebés que son muy grandes y que presentan este crecimiento anormal debido a la hiperglucemia en el cuerpo materno. Aquí vemos cómo otra creencia convencional es equivocada: la gente tiende a pensar que entre más grande nazca el bebé es “mejor”, pero lo cierto es que un bebé demasiado grande (y sobre todo, que es demasiado grande por causa de esta hiperglucemia), es señal de anormalidad metabólica y aumento de riesgo de cualquier enfermedad metabólica tanto para la madre como para él.

Mito: La prueba de O’Sullivan (prueba de carga oral de glucosa) es la única manera de detectar signos de DG, y además es necesario/obligatorio hacerla.

La prueba de O’Sullivan ciertamente es una manera de detectar anormalidad glucémica o DG, sin embargo, en mi experiencia hay otras maneras más fiables de detectar esta anormalidad (como la hemoglobina glicada HbA1c), y que además no involucran el riesgo de esta súbita carga de glucosa, que ciertamente ocasionará un pico hiperglucémico que no es recomendable para nadie. Someterse a una prueba que es una hiperglucemia severa (aunque podamos creer que “dura poco”) no es la mejor opción, además de que por obvias razones una mujer que viva con diabetes tipo 1 no debe jamás someterse a tal sobrecarga de azúcar.

Mito: La única complicación de la diabetes gestacional es que los bebés nazcan grandes y esto está asociado con “buena salud”.

Como mencioné, la macrosomía del bebé no está asociada con “buena salud”, todo lo contrario. A consecuencia de la macrosomía son más frecuentes la asfixia perinatal y los traumatismos durante el parto, parálisis braquial y fractura de clavícula, porque la macrosomía se debe a un exceso de hiperglucemia e insulina en la madre, y con ello todas las consecuencias hormonales y metabólicas en el bebé “grande”.

Mito: Si llego a utilizar insulina es porque el embarazo se está complicando o porque la situación “es muy grave”.

El el tratamiento de la diabetes gestacional se debe hacer con el objetivo de conseguir normalidad glucémica durante el embarazo “como si no se tuviese diabetes”. Esto se puede hacer limitando los carbohidratos, en especial carbohidratos refinados.  Si con ello no se llega a las metas, es posible utilizar insulina de forma adecuada y efectiva para conseguirlo, siempre con la educación y acompañamiento adecuado. No tiene nada qué ver con que la situación sea “más grave”, sino que por el contrario una intervención temprana con insulina exógena, puede ser una herramienta muy útil para el manejo adecuado de la DG y conseguir normoglucemia.

Mito: Si vivo con diabetes no debo dar lactancia a mi bebé, porque le puedo “contagiar” o “pasar azúcar por esa vía”.

La lactancia materna es positiva tanto para las mujeres con diabetes previa al embarazo, como para las madres que padecieron DG. En ambos casos, dar el pecho mejora la salud de las madres ya que amamantar a sus bebés mejora sus niveles de glucemia. A las madres que padecieron diabetes en el embarazo, la lactancia materna les protege frente al desarrollo de diabetes tipo 2 (DT2) en el futuro. De hecho, algunos estudios indican que sólo un 4% de las mujeres que tuvieron DG y dieron el pecho desarrollaron DT2. En cambio, un 9% de las mujeres que tuvieron DG y no dieron el pecho desarrollaron DT2.

No hay que olvidar que después del parto, durante la lactancia y el destete los niveles de glucosa, las dosis de insulina y las necesidades energéticas de la madre pueden cambiar. La necesidad de insulina cae abruptamente en las horas después de dar a luz. La hormona oxitocina que se libera durante la lactancia puede también ayudar a una madre con DM a sentirse mejor físicamente y emocionalmente. Los estudios también indican ahora que la lactancia materna no solamente disminuye el riesgo de cáncer de pecho, cáncer de ovario y osteoporosis, sino que también reduce la incidencia de diabetes en las madres y en los niños.

Mito: Estar resfriada, tener la gripe o tomar medicamentos es incompatible con la lactancia.

Esto es falso. No hay que dejar de dar el pecho porque la madre tenga un resfriado o gripe, ni tampoco si toma fármacos. Por la leche, transferimos defensas al niño/a que le protegen de la infección. Antes de coger al bebé, conviene lavarse las manos y, si es necesario, cubrirse la nariz y la boca con una mascarilla o un pañuelo. En cuanto a los medicamentos, existe una web E-lactancia muy recomendable para comprobar la compatibilidad de los medicamentos con la lactancia materna.

 

El embarazo es, en definitiva, una etapa metabólicamente vulnerable, en donde se programa la salud futura de la madre y del niño. Esto lo convierte en una oportunidad para cuidarse aún más, tener normoglucemia y estabilidad glucémica. La educación en tu salud es una herramienta eficaz y fundamental para aplicar antes, durante y después del embarazo, y definitivamente es más seguro y efectivo realizarlo de la mano de un profesional.

 

Mi experiencia y mis programas:

Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a:

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