Ir al contenido principal

Diabetes Bien

¿Por qué las legumbres y los cereales integrales NO te ayudan en tu salud?

Por qué las legumbres y los cereales integrales tampoco te ayudan en tu salud metabólica

Mucho se habla de los supuestos “grandes beneficios” de los cereales integrales o las legumbres para la nutrición y la salud, o como fuentes vegetales de proteína. Lamentablemente, eso que nos han contado no es tan cierto: comer cereales y legumbres, sean integrales o no, en realidad no es interesante desde un punto de vista de salud y de nutrición coherente – especial si se vive con diabetes o se desea evitarla, y si tenemos la meta de lograr normoglucemia. Pero además, ya empezamos a descubrir que los cereales y legumbres contienen antinutrientes que pueden actuar como disruptores endocrinos (o sea que actúan como hormonas en nuestro cuerpo, alterando su balance), siendo capaces de traernos más daños que beneficios. Y es difícil enumerar todos los antinutrientes que hasta ahora conocemos: fitatos, lectinas, gluten, ácido fítico, celulosa… todos ellos indigeribles y dañinos a la salud.

Aunque legumbres y cereales parezcan “alimentos ancestrales”, en realidad no lo son desde una perspectiva evolutiva. Se introdujeron en nuestra alimentación hace apenas 6 mil a 10 mil años, dependiendo de la región – y en realidad fue mucho más largo el tiempo que evolucionamos sin cereales ni legumbres en nuestra dieta. Si bien hubo momentos y lugares en donde fueron alimentos importantes, y hasta nutritivos si se trataba de la única opción para obtener proteínas, contienen antinutrientes que son perjudiciales para el consumo humano. Estos antinutrientes deben ser transformados para evitar problemas de salud.

Por ello siempre existieron técnicas y métodos tradicionales de preparación, para eliminar o transformar esas sustancias nocivas: técnicas como el remojo, fermentación, germinado, y una cocción correcta de las legumbres y cereales. Y es por esto que los cereales y legumbres, cuando se consumían y se preparaban como siempre se hizo en la antigüedad, resultaban menos dañinos que ahora. Gran parte del problema es que hoy en día ya prácticamente nadie utiliza esas técnicas que desactivan gran parte de los antinutrientes: ahora consumimos los cereales refinados, en copos, mal cocidos, preparados en una hora, y con procesados que dejan los antinutrientes prácticamente intactos. Esas prácticas tradicionales, de preparación de las legumbres o cereales, están en su mayoría perdidas. Por lo que esta es una de las grandes razones por las que hoy en día, consumir los cereales y legumbres modernos, no nos interesa desde el punto de vista de salud.

“¿Y qué hay de la fibra? ¿No son supuestamente los cereales integrales y las legumbres una buena fuente de fibra?” … La falsa fibra de los cereales integrales es una idea que nos vendió la industria. Comparando con cualquier verdura, nos daremos cuenta que las verduras contienen mucha más fibra y muchos menos antinutrientes. Además, la única que nos interesa para nuestra microbiota y salud intestinal es la fibra fermentable, en comparación con la fibra indigerible y falsa de los cereales.

Para entrar más a detalle al tema de antinutrientes, ¿qué son los antinutrientes y por qué son peligrosos?… son sustancias que nuestro cuerpo no puede digerir y que no aportan ningún valor nutricional. Hasta ahí, eso no sería un problema mayor… pero es que además, los antinutrientes tienen la capacidad de bloquear o dificultar la absorción de nutrientes que sí nos interesa consumir y absorber. Peor aún, muchos de estos antinutrientes son disruptores endocrinos y hormonales, de lo que también hablaré más adelante.

Estos son, por lo tanto, los primeros grandes inconvenientes de los cereales y legumbres: la proteína que contienen es incompleta y muy deficiente en comparación con la proteína de origen animal; contienen antinutrientes, mismos que tampoco nos molestamos en “desactivar” con los métodos tradicionales, su falsa fibra no es valiosa para nuestra microbiota… y además, la mayoría de la gente los consume en cantidades excesivas, lo que representa una cantidad de glucosa (carbohidrato) que nuestro cuerpo no necesita consumir. Y de esto último se deriva el otro enorme inconveniente de los cereales y legumbres: provocan una subida glucémica difícil de predecir. Por mucho que sean “cereales integrales”, supuestamente “mejores” que los refinados. Por lo que son alimentos aún menos interesantes para quienes vivimos con diabetes, prediabetes, o quienes desea evitarla.

¿Para qué los consumiríamos entonces?… en realidad no forman parte de una alimentación coherente con nuestros genes. Recordemos que los objetivos de cualquier alimento que consumamos, no debe ser solamente “darnos energía”, sino además:

Que contengan densidad nutricional.
Que nos mantengan en normoglucemia, especialmente si se vive con diabetes.
Que mantengan saludable nuestra microbiota intestinal.
Con este último punto, es importantísimo mencionar que el consumo de cereales y legumbres modernos, de las maneras modernas en que se consumen, están contribuyendo grandemente a problemas de permeabilidad intestinal – entre muchos otros trastornos digestivos – en muchísima gente, en los últimos años. Y esto es un problema mayúsculo si consideramos que el intestino juega un papel importantísimo en nuestra inmunidad, en la homeostasis en general de nuestro organismo, en sus conexiones con todo nuestro sistema neurológico en general… y la permeabilidad intestinal puede desencadenar un sinnúmero de trastornos autoinmunes, endocrinos, tiroideos, etc. Por lo que las legumbres y cereales, lejos de contribuir a la salud intestinal, con frecuencia la empeoran.

Además, entre más “integrales” y “enteros” sean estos productos (es decir, cuando se tiende a dejar intacta la semilla o el grano del que se trate), a veces puede resultar hasta peor que los refinados en términos de antinutrientes: pues esas capas exteriores de la semilla intacta puede contener no sólo antinutrientes dañinos, sino encima pesticidas, tóxicos, o cualquier sustancia sintética usada durante su cosecha, recolección y almacenamiento. Claro está que las versiones refinadas tampoco son para nada coherentes con la salud, pues tienen los demás inconvenientes, especialmente agravado el inconveniente de causar una subida glucémica (es decir, una subida de azúcar en la sangre) que resulta dañina para cualquier persona, pero en especial para quienes vivimos con diabetes.

Como mencioné, las legumbres y cereales modernos son disruptores endocrinos. Las pruebas científicas de esto ya empiezan a contarse por montones; aunque es importante recalcar que las sustancias tóxicas y los antinutrientes, en nuestra sociedad actual, por desgracia están presentes por todos lados: en enlatados, textiles, aditivos de las comidas procesadas para bebés (y son especialmente dañinos los comestibles para bebés a base de cereales), envases de plástico…

En un proyecto europeo para medir la exposición ambiental a contaminantes y toxinas, nos muestran que por desgracia nuestra vida moderna está llena de tóxicos en una inmensa cantidad de productos que compramos y consumimos: no sólo alimentos procesados sino empaques, tickets de la compra (por la tinta que se utiliza), textiles de todo tipo, empaques de plástico y de aluminio… Y no son excepción las legumbres y cereales (un ejemplo demostrado es el arsénico presente en el arroz, sobre todo comestibles para bebés y niños hechos a base de arroz, y peor aún si es “integral”); por lo que aun menos resultan coherentes con nuestra salud a corto y largo plazo.

Por ello, legumbres y cereales no solo no son interesantes como fuente de nutrición, sino que encima pueden dañar nuestra homeostasis hormonal, y el equilibrio endocrino y hormonal al que podemos aspirar, por lo que no son coherentes para la salud – mucho menos en sus versiones modernas y preparadas de las maneras modernas. El gluten, por ejemplo, es el más reconocido disruptor endocrino – una proteína indigerible, a la que todos somos intolerantes en mayor o menor medida, aunque ya todos sabemos que causa un daño especialmente agudo a las personas que tienen celiaquía. Y ya empieza a haber más investigación acerca de, no solamente el gluten, sino los demás antinutrientes que pueden existir en cereales y legumbres: fitatos, lectinas, celulosa, etc.

En conclusión, si deseo vivir en salud y bienestar, me interesa buscar alimentos nutricionalmente densos, que me den energía sin disparar la glucemia sanguínea, que mantengan mi salud intestinal y que respeten el balance (homeostasis) de mi sistema endocrino y de mis hormonas. Si tú deseas iniciar un camino de salud, de la mano de una profesional coherente que también comparte tus mismas condiciones, recuerda que eso será más seguro y efectivo.

Mi experiencia y mis programas:
Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a mirar más sobre mis programas de acompañamiento. Mira mis mejores recursos AQUÍ.

Si tienes dudas, Contáctame AQUÍ por whatsapp para saber si yo te puedo ayudar: https://bit.ly/2HSj8iy

Por qué no te conviene comer cereales

por que no te conviene comer cereales

Muchas veces el proceso de aprender involucra deshacernos de ideas que nos han enseñado en el pasado, antes de poder adquirir ideas nuevas que nos traigan una mejoría en salud y bienestar. Y una idea muy arraigada en la conciencia popular, es la idea de que los cereales “son saludables”, especialmente los cereales integrales, y por eso se les tiene en la base misma de la “pirámide nutricional”. Esta pirámide fue hecha por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos – es decir, por una asociación comercial y no sanitaria. Ojo y tengamos eso presente siempre: la pirámide nutricional, con los cereales en la base, fue hecha con el objetivo de vender cereales, y ningún nutricionista participó en su creación. Curiosamente, Estados Unidos es un gran exportador de cereales: trigo, maíz, avena, cebada, etc. De ahí que exista un gran interés comercial en difundir la idea de las supuestas “bondades” de los cereales.

Esta pirámide nutricional enfermó al mundo, y ahora realmente la mayoría de la gente cree que los cereales son buenos, o por lo menos, que no hacen daño. Quienes no los ven directamente como “buenos” o “benéficos”; los ven pos lo menos como una especie de “alimento neutro”, un “relleno” para las porciones de otros macronutrientes – los que sí son esenciales – como la proteína, por ejemplo utilizando porciones de arroz o de pan para “no quedarse con hambre”, pero “no nutrir de verdad”. Hablaré de por qué no nos conviene en realidad comer cereales, ni mucho menos basar nuestra alimentación en ellos. Basar nuestra alimentación principalmente en cereales, ha sido un desastre para la salud en todo el mundo. ¡Especialmente para quienes vivimos con diabetes!… Iré enumerando distintas razones, empezando por analizar los supuestos “beneficios”, y después yendo hacia los daños que causan los cereales en nuestra salud.

No son indispensables en la dieta.
Es curioso que los cereales estén en la base de la pirámide nutricional, siendo que están compuestos principalmente de glucosa – es decir, carbohidrato o azúcar – y la glucosa no es un nutriente esencial. No existen carbohidratos esenciales. Esto quiere decir que no necesitamos ingerir carbohidratos para sobrevivir (a diferencia de la proteína o los ácidos grasos, que sí son nutrientes esenciales porque nuestro cuerpo los necesita y no puede fabricarlos por sí mismo). La glucosa es una sustancia que nuestro cuerpo necesita para ciertas funciones, pero no es considerada “esencial” pues el propio cuerpo puede fabricarla a partir de ácidos grasos, en un proceso conocido como “gluconeogénesis”. Esto prueba de manera sencilla que la pirámide nutricional fue diseñada por intereses comerciales y no de salud pública; pues de otra manera resulta difícil creer que la base esté compuesta por una sustancia no esencial – carbohidratos – y que solamente dos peldaños más arriba encontremos la muy necesaria proteína, ¡y aún más arriba las grasas saludables!…

Su perfil nutricional es más bien pobre.
Nos venden la idea de los cereales – en especial los integrales – como “nutritivos”, cuando en realidad el perfil proteico y nutricional de los cereales es bastante pobre. Puede haber ciertas variaciones entre unos cereales y otros, así como también varía la composición nutricional entre cereales refinados y cereales integrales; pero en general por cada 100 gramos de cereal nos encontramos con sólo entre 10 y 15 gramos de proteína – que además es proteína incompleta, por venir de una planta y no de un animal –, y un pobre contenido de vitaminas, minerales y micronutrientes esenciales; siendo el resto glucosa o azúcar simple. Los supuestos “beneficios” de los cereales, en especial quienes hablan de las bondades de un cereal integral, son meramente comparativos, y sabemos que las comparaciones pueden ser engañosas, pues depende con qué se estén comparando. Los cereales integrales pueden tener un perfil nutricional ligeramente mejor que el de los refinados; pero que sigue siendo pobre en comparación con la carne, pescado, huevos, vegetales de hoja verde (en otras palabras, ¡comida real!). Y está claro que hay en el mundo gente viviendo en extrema pobreza y que sólo tienen acceso a cereales como arroz, maíz, etc.; en un caso así los cereales son una mejor alternativa que morir de hambre; pero siguen estando muy lejos de ser alimentos ideales para el bienestar, y ya no digamos “ricos en nutrientes”.

Son una fuente de energía ineficaz.
La glucosa, como fuente de energía, resulta bastante ineficaz en comparación con la grasa proveniente de la comida real. Y los cereales están compuestos principalmente de glucosa. ¿A qué me refiero con “ineficaz”?… Si bien la glucosa es una posible alternativa para obtener energía (la otra alternativa son las grasas), presenta altos costos metabólicos que la convierten una alternativa ineficiente. Nuestro cuerpo sólo puede almacenar una pequeñísima cantidad de glucosa en sangre; el resto deberá ser almacenado como glucógeno en el hígado o los músculos, y una vez que se excede un cierto umbral (que varía de persona a persona), el resto se convierte en grasa corporal. Cuando nos excedemos la pequeñísima cantidad de glucosa que nuestro cuerpo realmente necesita (y que además podría fabricar él mismo, por lo cual es muy fácil excederse), se empiezan a generar numerosos daños metabólicos: aumenta la producción de insulina y con el tiempo la resistencia a la insulina, se crea inflamación por todo el cuerpo, se desregula el metabolismo y se altera la composición corporal al almacenar grasa… causando con el tiempo daños serios y que amenazan la vida: cardiopatía, nefropatía, retinopatía, etc.

No son alimentos ancestrales, no estamos adaptados a tolerarlos.
Esta idea puede parecer extraña, pues nos da la impresión de que los cereales “siempre han estado ahí”, lo que nos podría llevar a confundirlos con alimentos ancestrales, o pensar que entran en dicha categoría. Pero si miramos la historia completa de nuestra evolución, esto no es verdad. Mientras que el ser humano empezó a evolucionar hace millones de años, la agricultura – y con ella la entrada de los cereales en nuestra dieta – sólo comenzó hace unos 12,000 años. Antes de eso, no consumimos cereales en ninguna cantidad significativa (y los pocos cereales salvajes que podían existir antes de ser domesticados, no se parecían nada a los de ahora). Es decir, nuestra especie pasó muchos más millones de años sin comer cereales que comiéndolos. Por lo tanto, en una amplia perspectiva de grandes eras biológicas, los cereales son realmente nuevos; y ninguno de nosotros está bien adaptado a tolerarlos. En cambio los alimentos verdaderamente ancestrales – la comida real – que nuestros genes están bien adaptados a tolerar y que esperan recibir para expresarse en plena salud y bienestar; son la carne y vísceras de animales, grasas saturadas, pescado, huevos, vegetales de hoja verde, nueces y algunas pocas frutas de temporada y de región.

Además, hay pruebas paleontológicas y antropológicas de que la introducción de cereales en la dieta ancestral no supuso mejoras de salud, sino todo lo contrario. Restos de huesos humanos comparados entre períodos sin cereales y los períodos posteriores cuando se adoptó la agricultura, demuestran que al introducir cereales el ser humano se volvió más pequeño, menos longevo, con huesos más porosos y frágiles, y con cráneos reducidos en comparación con nuestros ancestros nómadas. Los cereales prevalecieron porque daban otras ventajas: crecían rápido, se producían fácil y podían almacenarse, lo cual volvió posible sostener un crecimiento poblacional muy acelerado. Pero eso no los hace un alimento ideal, sino tan sólo un alimento mediocre pero de producción fácil, que podía dársele a millones de personas, en lugar de que solamente unos pocos miles de individuos se alimentaran de proteína y grasas de calidad (animales salvajes o criados para consumo, pescados, huevos).

No tienen beneficios exclusivos ni mayores que la comida real.
No existe ningún nutriente esencial que podamos encontrar exclusivamente en los cereales. Todas las sustancias y nutrientes que nuestro cuerpo necesita: ácidos grasos esenciales, proteína completa con todos sus aminoácidos, vitaminas, minerales y demás; todas se encuentran en la comida real de las fuentes que mencioné: carnes y órganos animales, pescado, huevos, vegetales, etc. No hay ningún nutriente esencial o importante que solamente se encuentre en los cereales y que justifique su consumo. Cualquier alimento real de origen animal, y de ingredientes de calidad, vence por mucho a cualquier cereal en cuanto a su contenido de proteína, ácidos grasos, minerales, vitaminas, etc.

Elevan nuestro nivel de glucosa (e insulina) en sangre.
Aquí empezamos directamente con los daños ocasionados por los cereales, ahora que hemos desmentido sus supuestos “grandes beneficios”. Todos los cereales tienen un alto índice glucémico – y para quienes vivimos con diabetes, ¡es inaceptablemente alto! – que se traduce en elevación de la glucosa sanguínea. Tener constantemente la glucosa sanguínea elevada, es un desastre metabólico para cualquier ser humano, pero el daño es especialmente agudo y potencialmente mortal para quienes vivimos con diabetes. Se pone mucho el foco en evitar el azúcar (entendiendo “azúcar” solamente como sacarosa, la sustancia blanca que sabe dulce), pero todos los cereales son principalmente carbohidrato, o sea azúcar, y debería evitarse su consumo si queremos vivir en salud. Muchos ignoran que el pan blanco, de harina de trigo refinada, tiene un índice glucémico de 100, ¡más alto que la propia azúcar de mesa que tiene 60!… Si bombardeamos el cuerpo de glucosa constantemente, con el tiempo esto causa resistencia a la insulina, y eventualmente diabetes.

Causan desregulación metabólica.
Dado que no estamos bien adaptados genéticamente al consumo de cereales, causan en nuestro organismo toda una desregulación metabólica, pues se impide la homeostasis (equilibrio) entre la glucosa y la insulina. En otras palabras, consumiendo cereales es casi imposible tener normoglucemia: un nivel normal y estable de glucosa en sangre. Esta desregulación hormonal también se traduce en inflamación: gran precursora de muchísimas enfermedades en todos los sistemas de nuestro cuerpo.

Causan desregulación hormonal.
De la mano de la desregulación metabólica viene la desregulación hormonal: el consumo de cereales pone a nuestro cuerpo en un estado metabólico constante de hiperglucemia e hiperinsulinemia, en el cual todos los ejes hormonales dejan de funcionar como deberían. Nuestro cuerpo está diseñado para utilizar las grasas como combustible ideal, pero además las grasas (en especial grasas saturadas y colesterol) son también la base para producir hormonas, para construir células sanas, y para el buen funcionamiento cerebral. Nuestro balance endócrino y toda la homeostasis de nuestro cuerpo dependen de que haya un perfil saludable de grasas, y un nivel bajo de glucosa y de insulina; en caso contrario, todo se sale de control. Una alimentación basada en cereales – y por lo tanto alta en azúcar – causa fuerte desregulación hormonal tanto en hombres como en mujeres, y por lo tanto altera también el balance saludable que cada uno según su sexo debe tener de las hormonas sexuales: testosterona, estrógenos, etc.

En este tema de desregulación hormonal vale la pena mencionar brevemente la historia de Kellogg’s, la conocidísima marca de cereales “de desayuno”. Las compañías de cereales procesados, Kellogg’s entre ellas, inventaron el mito de que el desayuno “es la comida más importante del día”, afirmación que salió del marketing y que no es respaldada por un solo estudio científico. John Harvey Kellogg (el creador de la famosa empresa) fue un doctor religioso norteamericano, era también fundamentalista de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, y creía dos cosas: 1. Que los cereales mejorarían la salud de los norteamericanos, y 2. Que los mantendría alejados del deseo sexual y de la masturbación. Ahora ya sabemos que comer cereales de manera regular hace descender los niveles de las hormonas sexuales por debajo de lo deseable, así que, al menos en este segundo punto tenía razón. El doctor Kellogg contribuyó a expandir el hábito nefasto de desayunar cereales. Cuando comemos proteína animal y grasas saludables, nuestras hormonas sexuales, nuestra fertilidad y salud reproductiva funcionan como deben. En cambio comiendo cereales nos desregulamos hormonalmente, pudiendo padecer un sinnúmero de trastornos, entre ellos problemas para concebir hijos o para llevar un embarazo saludable a término.

La mayoría de cereales que come la gente vienen de los ultraprocesados.
Hace todavía más daño el hecho de que la mayoría de cereales consumidos hoy en día vienen de productos ultraprocesados: harinas refinadas (y de cereales que hoy en día ya no se parecen en nada a sus ancestros de otros tiempos), productos azucarados y con fructosa añadida, productos que contienen los mal llamados “aceites vegetales”, todos fabricados “no cocinados” por el hombre… En pocas palabras: comida no real, comida inventada que además de ser una fuente ineficiente de energía o nutrientes, nos engorda, inflama y enferma.

Contienen antinutrientes y sustancias dañinas.
Hoy en día todo mundo ha escuchado hablar del gluten (y lo mencioné más a detalle en mi reseña de “Cerebro de Pan”), pero el gluten es tan sólo uno de muchos antinutrientes que están presentes en los cereales. Gluten, lectinas, fitatos, y oxalatos son sustancias presentes en los cereales, que nuestro cuerpo no puede digerir pero que además pueden causar otros muchos daños. Un mito que encontramos hoy en día es que sustancias como el gluten solamente deben ser preocupación para los celiacos o personas que presentan una intolerancia fuerte a la sustancia específica. Sin embargo, la intolerancia al gluten puede ser celíaca o no celíaca. De igual manera, o hace falta ser intolerante a un componente específico de los cereales para decir que estos componentes son antinutrientes que nos causan daño a todos. Se les llama “anti-nutrientes” porque son sustancias que no podemos digerir, pero además pueden bloquear la absorción de nutrientes esenciales y de otras sustancias benéficas que nuestro cuerpo sí necesita, y pueden causar también inflamación y otras molestias como gases, hinchazón, estreñimiento u otros problemas digestivos, intestino permeable, etc.

Son enemigos de la composición corporal: no nos permiten quemar grasa.
Una alimentación basada en cereales eleva el nivel de insulina en sangre, no importa de cuál cereal se trate (también los que tienen fama de supuestamente “saludables” como avena o “cereales integrales” o “de grano entero” o lo que sea). En presencia de insulina en la sangre, se bloquea el acceso a nuestras reservas de grasa corporal, es decir, se vuelve muy difícil quemar grasa para mejorar nuestra composición corporal cuando estamos tratando de perder peso. En presencia de glucosa también se bloquea la producción de cetonas, que son las moléculas usadas por nuestro cuerpo para poder utilizar la grasa – tanto de la comida como la grasa corporal – como fuente de energía. En presencia de glucosa e insulina, nuestro cuerpo recibe la orden de almacenar grasa y no dejarla ir, y se vuelve muy difícil quemar grasa almacenada.

También vale la pena mencionar que todos los estudios que existen demostrando los supuestos beneficios de los cereales integrales, tan sólo comparan a los cereales integrales con los cereales refinados. Nuevamente, las comparativas pueden ser engañosas y siempre dependen de los elementos que se estén comparando. Dichos estudios no comparan a los cereales integrales contra una alimentación libre de cereales; que por mucho tiene más beneficios para la salud, ¡de lejos!… Ya que ésta es la manera en que nuestro metabolismo está adaptado a funcionar. Si estás buscando iniciar un camino de salud y bienestar, mejorando tu alimentación y tu composición corporal, u otros marcadores como los niveles de glucosa sanguínea para el manejo de la diabetes, recuerda que puede ser más efectivo y seguro hacerlo de la mano de un profesional con experiencia.

Mi experiencia y mis programas:

Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb y ayuno intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a:

Apuntarte a mi próximo TALLER GRATUITO (solo en directo, sin grabación) “Keto y Ayuno para la diabetes”) el 14 de marzo a las 19h AQUÍ: https://diabetesbien.com/taller/

Aquí podrás encontrar el acceso a mis mejores herramientas para lograrlo: https://diabetesbien.com/go/

Si quieres seguir recibiendo estos posts, acceso a webinars, LIVE’s, y mucha información de valor, puedes apuntarte a mi canal de telegram DIABETESBIEN de mensajes al móvil: https://t.me/diabetesbien

Derecho a la normoglucemia en la diabetes

Derecho a la normoglucemia en la diabetes: Por qué es alcanzable y debe respetarse | Blog DiabetesBien

Mencioné hace poco que las asociaciones relacionadas con diabetes por todo el mundo, como la Asociación Americana de Diabetes (ADA), nos dan a quienes vivimos con diabetes un estándar de salud peor que aquél para el resto de la gente. Nos cuentan el mito de que “no se puede tener normoglucemia si se vive con diabetes” (entendiendo normoglucemia como “un nivel de glucosa en sangre igual al que tiene la persona sana que vive sin diabetes”); y con ellos nos dan desde el inicio un estándar de salud inferior, que con el tiempo prácticamente nos asegura complicaciones. Por ello, en mis escritos y mis programas de acompañamiento defiendo la idea de que la normoglucemia en diabetes no solamente es posible, sino que además es nuestro derecho. Si vivo con diabetes, tengo derecho a vivir con un nivel estable de glucosa en sangre, que me asegure salud y bienestar.

Y la normoglucemia no tendría por qué ser una cosa fuera de lo común, ni para las personas con diabetes ni para quienes viven sin ella. Durante millones de años en nuestra evolución, antes de la agricultura, las personas tenían niveles normales (es decir, bajos) de glucosa y de insulina en sangre, ya que ningún alimento disponible para la humanidad consistía en grandes cantidades de azúcares – como la glucosa que contienen todos los cereales modernos en muy alta proporción. Solamente en ciertas áreas, podía haber disponibles frutas de temporada y de región, o algunos poquísimos cereales salvajes; pero lo cierto es que la humanidad tuvo durante toda su evolución (millones de años, muchísimo más tiempo que los pocos miles de años que hemos vivido con cereales y procesados), un contexto normoglucémico. Y hoy en día seguimos teniendo esos mismos genes. Nuestros genes actuales no son fruto del azar, sino que fueron forjados bajo ese contexto normoglucémico. Hoy en día seguimos teniendo un metabolismo que sólo funciona de manera óptima con una alimentación que nos cause normoglucemia; y niveles bajos y estables de glucosa así como insulina.

Derecho a la Normoglucemia _ Diabetesbien
Pero ahora, y en especial en las últimas décadas en que se han vuelto tan comunes los comestibles ultraprocesados, vivimos en un contexto obesogénico y diabetogénico – la diabetes especialmente de tipo 2 se vuelve cada vez más común entre la población. Además, décadas de mala ciencia e intereses comerciales nos han hecho creer que los carbohidratos “son necesarios”, poniéndolos incluso en la base de la “pirámide alimenticia” que ha enfermado al mundo. Con este conjunto de mitos, desinformación, desactualización e intereses económicos, existe ahora una total incongruencia por parte de las asociaciones especializadas en diabetes: la mencionada ADA, la Federación Internacional de la Diabetes (IDF) y el Colegio Americano de Endocrinólogos (ACE). Estas asociaciones que supuestamente ¡deberían proteger la salud de quienes vivimos con diabetes!, por el contrario nos dan un peor estándar de salud a quienes vivimos con esta condición.

Esto ha causado que ahora, los consejos de médicos, personal sanitario y profesionales en atención a la diabetes estén dando consejos, recomendaciones y parámetros que son pro-hiperglucemia, dando a entender que la persona con diabetes “no puede” tener niveles normales de glucosa en sangre como los que tendría la persona sin diabetes. Dan entonces parámetros como, por ejemplo, que los niveles de glucosa en sangre en ayunas sean entre 100-130 mg/dL, cuando en realidad este nivel es elevado, fuera del rango normal, y causará complicaciones si estamos crónicamente con esos niveles. O decir por ejemplo que para la persona con diabetes basta con tener una hemoglobina glicada HbA1c menor a 7.0; cuando en realidad yo y muchos otros profesionales sólo consideramos saludable una HbA1c menor a 5,5. Cosa que no solamente es saludable, ¡es posible para la persona que vive con diabetes!…

Especialmente en niños que viven con diabetes, es lamentablemente el daño que provocan estas premisas equivocadas y este peor estándar de salud. En este artículo sobre diabetes en niños, Stan de Loach explica a detalle cómo todos los niños normalmente tienen niveles glucémicos más bajos que los de un adulto, y cómo estos equivocados consejos pro-hiperglucemia les causan muchos más daños crónicos y a largo plazo. Él menciona que estos consejos inadecuados tuvieron su origen en el miedo a la hipoglucemia. En mi práctica actual, me encuentro muchísimo con este miedo, y con muchas personas – en especial padres de niños que viven con diabetes – que tienen verdadero pánico a que sus hijos tengan episodios de hipoglucemia severa, en especial cuando se usa insulina exógena.

En las tablas a continuación, Stan de Loach muestra las recomendaciones de niveles glucémicos por parte de la ADA, para niños que tienen Diabetes Tipo 1:

Y aquí podemos ver una comparación con las recomendaciones de la IDF y el ACE:

Y como podemos ver, ¡todos estos valores “recomendados” son demasiado altos!… Y prácticamente garantizan complicaciones diabéticas a largo plazo.

Este miedo a los episodios de hipoglucemia, en conjunto con el mito de la supuesta “necesidad de los carbohidratos en la dieta”, nos dan en el tema de diabetes una combinación lamentable: las directrices oficiales siguen diciéndonos a quienes vivimos con diabetes que “necesitamos consumir carbohidratos para evitar las hipoglucemias”. Eso sí, “contando las raciones”, algo de lo que también hablé antes, y expliqué por qué no funciona. Quienes ya hemos intentado esa estrategia, ¡sabemos que no funciona!… y lo frustrante que resulta la sensación de descontrol e impotencia. Ya que con una alimentación alta in carbohidratos, que incluye por lo general cereales modernos y otras fuentes de hidratos refinados, se vuelve imposible tener normoglucemia: vivimos siempre viajando en la montaña rusa glucémica, pasando de las hiperglucemias a los episodios de hipoglucemia. Irónicamente, eso que queríamos evitar (hipoglucemias) se vuelven más frecuentes y severas.

Esto se debe a que nuestra sangre sólo puede naturalmente soportar una cantidad sumamente pequeña de glucosa, alrededor de 4 gramos en total. Cualquier nivel superior debe ser rápidamente retirado de la sangre por medio de la insulina, pero quienes vivimos con diabetes tenemos una falta total o parcial de insulina, o insulina ineficiente. Esto se traduce en que quienes vivimos con diabetes tenemos una especie de “alergia a los carbohidratos”. Y si los consumimos más allá de pequeñísimas cantidades, entramos en un perpetuo descontrol donde nuestra glucemia jamás se encuentra estable, sino en una montaña rusa que siempre va de la hiperglucemia a los episodios de hipoglucemia. ¡Con alimentación alta en hidratos (la alimentación convencional y “de moda” que recomiendan los profesionales), se vuelve imposible el buen manejo de la diabetes!…

Este intenso temor a los episodios de hipoglucemia es un ejemplo de un temor mal enfocado, en donde algunos casos de descontrol y crisis que aparecen en los medios, causan un miedo desproporcionado. La realidad es que la hiperglucemia crónica, sostenida a través del tiempo, causa un daño mucho más severo y nos trae mucho más complicaciones a largo plazo, que los episodios de hipoglucemia. Entre los profesionales y personal sanitario hay mucha más atención puesta en evitar la hipoglucemia que la hiperglucemia, y este miedo es transmitido a las personas que viven con diabetes (y padres de niños con esta condición). Siendo que en realidad son mucho más grandes los daños causados por la hiperglucemia: nefropatía, retinopatía, cardiopatía, y muchísimas más complicaciones diabéticas que son causadas por las hiperglucemias, ¡nunca por las hipoglucemias!…

Como lo demuestra el artículo de Stan de Loach, la hipoglucemia no causa daños al cerebro, ni a las facultades cognitivas, ni provoca con el tiempo nefropatía, cardiopatía o retinopatía, mientras que la hiperglucemia sí causa todo eso. El problema es que los daños de la hiperglucemia son lentos y progresivos, van sucediendo poco a poco a lo largo de los años. Parte de este “desbalance” le podríamos llamar, entre el miedo excesivo a la hipoglucemia y la poca atención a la hiperglucemia y sus daños; viene de que en estos casos mediáticos y alarmistas, de gente que moría supuestamente “debido a una crisis de hipoglucemia” o que llevaba a cabo demandas judiciales contra médicos y sanitarios por episodios de hipoglucemia, eran muy probablemente casos donde el control de la diabetes era sumamente pobre, llegando a tener complicaciones muy graves después de años de descontrol extremo. Podemos ver ejemplos de esta información alarmista aquí, aquí, aquí y aquí.

Los endocrinólogos y personal sanitario ponen el foco mucho más en evitar la hipoglucemia porque en estos casos extremos se les pueden llegar a presentar esas demandas judiciales; es por ello que ponen toda su atención en evitar las crisis agudas como podría ser la hipoglucemia, y no en los daños crónicos que suceden lentamente, como pasa con la hiperglucemia. Y es lamentable que estos temores estén puestos en el sitio incorrecto, ya que son mucho más graves y frecuentes los daños causados por hiperglucemia crónica, que los posibles daños (mucho más leves) de un episodio hipoglucémico.

En niños y a cualquier edad, los daños asociados a la diabetes vienen de la hiperglucemia y del descontrol glucémico, no de la diabetes en sí misma. Puede haber también confusión debido a casos en que fue tras un episodio hipoglucémico (por el descontrol mencionado) que se detectó o se hizo el diagnóstico de de diabetes, pero no porque la hipoglucemia en sí misma “cause daño”, como sí lo causa la hiperglucemia crónica. Existen mitos como por ejemplo que es “normal” tener un nivel de glucosa sanguínea de 140 mg/dL en casos de diabetes gestacional, o picos similares en momentos de estrés… en realidad estos picos glucémicos causan daño siempre, y no son normales nunca, ni deberían ser normalizados.

Sólo con una alimentación baja en carbohidratos, junto con estrategidas educativas en medicación funcional y otras herramientas, puede evitarse toda esa inestabilidad: la montaña rusa glucémica. Llevando una alimentación así, se vuelve mucho más estable el nivel de glucosa en sangre, y las hipoglucemias serán mucho más leves y mucho menos frecuentes. En cambio, con una alimentación alta en hidratos de carbono, se vuelve imposible la normoglucemia que es nuestro derecho, para tener bienestar y evitar las complicaciones diabéticas. Ya que tantos los episodios severos de hipo- así como hiperglucemia, son causados únicamente por el descontrol en los niveles de glucosa y de insulina. He hablado de esto antes, al mencionar la Ley de las Pequeñas Cifras, que nos da una idea mucho más adecuada de cómo lograr normoglucemia con una alimentación muy baja en carbohidratos.

El método que enseño en mis programas de acompañamiento, propone en cambio un manejo de la diabetes mediante normoglucemia, logrando estabilidad glucémica que es la manera de poder vivir en salud y bienestar aún con la condición de diabetes. Propongo también que esta normoglucemia es un derecho, comprendido dentro del derecho a la salud cuando se vive con diabetes. La Organización Mundial de la Salud establece en sus documentos constitutivos, que todos tenemos derecho al más alto estándar posible de salud. Cuando el personal sanitario nos plantea como “imposible” esta normoglucemia por vivir con diabetes, violan nuestro derecho a la salud, esto podría incluso ser construido como un tipo de discriminación por tener una condición crónica. Esta normoglucemia en diabetes no solamente es posible, ¡también es la manera en que podremos vivir en salud y bienestar!… A pesar o gracias a la condición de diabetes.

Esta normoglucemia, en términos muy generales, puede ser definida como un nivel de glucosa sanguínea menor a 100 mg/dL; así como una hemoglobina glicada HbA1c menor a 5,4. A continuación muestro mis propios valores de Hb1Ac, aquí puede apreciarse el descontrol glucémico que tuve durante mis primeros años tras recibir el diagnóstico de diabetes tipo 1 (DT1), y en la segunda gráfica la normalidad glucémica que he logrado al comprometerme con mi aprendizaje, para el manejo de la condición de diabetes, logrando así salud y bienestar.

Y mi caso no es el único, hay otras personas excepcionales que también viven con diabetes, y que también son profesionales en el tema, cuyas trayectorias he seguido de cerca; tales como el Dr. Richard Bernstein (que vive con DT1 desde hace más de 50 años), el Dr. Stan de Loach y Ron Raab. Estos casos “excepcionales” en realidad deberían ser la norma; pues la normoglucemia en diabetes podrá no ser lo común, pero sí es posible y lo más recomendable para evitar complicaciones y vivir en bienestar. ¡También es nuestro derecho como personas que merecemos salud!…Este camino de aprendizaje se vuelve más fácil, seguro y efectivo cuando es realizado de la mano de un profesional que también vive con diabetes.

Mi experiencia y mis programas:

Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a:

Mi próximo webinar privado gratuito, solo en directo, sin grabación “Keto y Ayuno para la diabetes” el 18 de abril, Apúntate AQUÍ: https://diabetesbien.com/webinar/ allí conocerás información de mucho valor y además en que consisten mis Programas de Acompañamiento.

Si tienes duda si este programa es para ti, Pídeme una sesión gratuita AQUÍ y hablamos: https://bit.ly/2HSj8iy

Hipoglucemia en diabetes

Hipoglucemia en Diabetes: Mitos, Verdades y Cómo Prevenirla Efectivamente

Hipoglucemia en diabetes: Mitos, verdades y cómo prevenirla efectivamente ¿Qué es la hipoglucemia? La hipoglucemia ocurre cuando el nivel de azúcar en sangre (glucemia) baja más de lo normal, típicamente por debajo de 60 mg/dL. A partir de ese punto, pueden aparecer síntomas desagradables causados por la liberación de adrenalina, como sudoración, temblores, irritabilidad o […]

¿Por qué no puedes dejar de comer ultraprocesados?

¿Por qué no puedes dejar de comer ultraprocesados?

¿Por qué no puedes dejar de comer ultraprocesados? El “punto de felicidad” en la comida y su impacto en la glucosa ¿Te ha pasado que abres una bolsa de patatas o una caja de galletas y, aunque pensabas comer solo un poco, terminas casi sin darte cuenta acabando con todo? No eres el único. Esto […]

Hipoglucemia sin Diabetes: Causas y Tratamientos

Hipoglucemia en No Diabéticos: Causas, Síntomas y Soluciones

Comúnmente me encuentro con personas que dicen tener hipoglucemia o hipoglucemia reactiva, pero sin tener un diagnóstico de diabetes. Y es que la hipoglucemia no solo se limita a personas con diabetes también la pueden padecer personas sin ella, de hecho en este artículo puedes ver mitos y verdades de la hipoglucemia, y cómo tratarla de forma efectiva, pero en en el artículo de HOY hablaremos específicamente de hipoglucemia en personas, sin diabetes.

¿Tienes hipoglucemias sin tener diabetes?
¿Qué es una hipoglucemia?
Dado que nuestro cerebro necesita glucosa para poder funcionar de forma adecuada, un déficit de la misma (o hipoglucemia) puede producir extraños síntomas mentales ocasionales, pudiendo ocasionar incluso la muerte en casos extremos. La gravedad de las hipoglucemias severas no impide que éstas puedan prevenirse y tratarse. Estaremos ante una hipoglucemia moderada cuando los niveles de glucemia se encuentren en 10-20 mg/dL por debajo del objetivo o del rango glucémico habitual. Conforme vaya descendiendo puede ser cada vez más severa, pudiendo ocasionar, si no es corregida a tiempo, una neuroglucopenia, es decir, demasiada poca glucosa en el cerebro.

¿Cuáles son los síntomas y señales habituales de una hipoglucemia?
Todos reaccionamos de manera diferente a las fluctuaciones o variabilidad de los niveles de glucosa en sangre. Los síntomas más comunes de hipoglucemia pueden ser:

Las hipoglucemias sin tener un diagnóstico de diabetes pueden ser reactivas o no reactivas.

¿Qué es una hipoglucemia reactiva?
Le hipoglucemia reactiva ocurre unas pocas horas después de una comida por una sobre producción de insulina que provoca esta hipoglucemia. Tener hipoglucemia reactiva, de hecho puede significar tener riesgo de diabetes o tener prediabetes o resistencia a la insulina, pero siempre recomiendo explorar más la historia clínica, para saber a qué se deben lo episodios de hipoglucemia.

¿Qué es la hipoglucemia no reactiva?
La hipoglucemia no reactiva, no está relacionada necesariamente con las comidas y puede deberse a diferentes causas, se puede dar en ayunas o con comidas, y puede estar relacionada con alguna(s) medicación(es) como antibióticos, por cantidades excesivas de alcohol, que pueden impedir que el hígado produzca glucosa suficiente, o con cualquier trastorno relacionado con el hígado, corazón o riñones, trastornos de alimentación, como la anorexia, el embarazo, tumores pancreáticos, infecciones graves, problemas en glándulas suprarenales o pituitaria, también puede deberse a una cirugía reciente. Incluso, también puede suceder cuando se está comenzando con un proceso autoinmune contra tus células beta pancreáticas, lee estos artículos sobre:

Alargar la «luna de miel» en la diabetes
Remisión o Cura de La Diabetes Tipo 1
Mis soluciones y recomendaciones:
En mi experiencia, si tú tienes hipoglucemias y no tienes diabetes diagnosticada, yo comenzaría por hacerte una historia clínica completa junto con una analítica que incluya la Hemoglobina glicada (HbA1c), con el objetivo de saber si esas hipoglucemias son reactivas o no, y así encontrar posibles causas y posibles soluciones.

Al contrario de lo que se piensa, la solución de la hipoglucemia no diabética, no es tomar azúcares concentrados. Una forma eficaz a mediano y largo plazo de dar solución a la hipoglucemia aún no relacionada con la diabetes es tener horarios regulares de comidas, tener comidas basadas en comida real y no en ultraprocesados o carbohidratos concentrados con la finalidad de encajar tus tus ritmos circadianos, y de esta forma tu cuerpo tendrá menor variabilidad hormonal y por lo tanto menor variabilidad glucémica.

Si tienes diabetes, te recomiendo leer estos artículos de mi blog sobre hipoglucemia:

Mitos y verdades de la hipoglucemia
¿Remontar HIPOGLUCEMIAS por daño neurológico?
Mi experiencia y mis programas
Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a mirar más sobre mis programas de acompañamiento. Mira mis mejores recursos AQUÍ.

Si tienes dudas sobre si mis programas de acompañamiento online son para ti, Contáctame AQUÍ por whatsapp para saber si yo te puedo ayudar: https://bit.ly/2HSj8iy me cuentas tus dificultades con la diabetes o prediabetes y miramos si te puedo ayudar.

“Obsesión” por el Control Glucémico. También llamada GLUCOREXIA

obsesion-por-el-control-glucemico-glucorexia

También llamada glucorexia. “Obsesión” es una palabra que resuena con frecuencia entre mis acompañados, o que se les dice a otras personas que quieren llevar una mejor gestión de su diabetes. Si queremos medir constantemente nuestra glucosa sanguínea, o seguir aprendiendo más para llevar un mejor control (palabra que en ocasiones disgusta) de nuestra condición de diabetes, nos llaman “obsesivos”, o nos dan a entender que esta “obsesión” es negativa o inadecuada. Quiero desmontar esta creencia: es verdad que la gestión de la diabetes no debe convertirse en una fuente de estrés mal gestionado, ni en un estrés que nos cause más problemas de los que nos resuelve; pero también presentar la idea de que esta “obsesión”, llevada de la manera adecuada, ¡es un reflejo de nuestro deseo de aprender, para vivir en salud y bienestar!…

Los comentarios críticos acerca de la “obsesión” y sus supuestos males resuenan más en nuestro contexto de España y Latinoamérica que en otros países. Quizá tiene qué ver con el hecho de que, culturalmente, hay más tendencias entre la gente de nuestros países a poner las cosas fuera de nuestra propia responsabilidad, o simplemente “dejarlas ser”. Entonces, cuando empezamos a querer aprender más sobre la diabetes, y a medirnos la glucosa en sangre más veces al día, se nos dice que “no hay que obsesionarse”, “ojo que no se convierta en obsesión”… Primero que nada eligiendo usar esta palabra (“obsesión”), y en segundo lugar, asumiéndola como algo necesariamente negativo o dañino. Y si bien hay que saber llevar un balance en nuestras vidas – y saber cuáles cosas podemos controlar y cuáles no –, cuando se vive con diabetes, ¡la dejadez no nos ayudará!… Y en cambio esta “obsesión”, gestionada de maneras adecuadas, y contenida dentro de un grupo social de apoyo empoderado y adecuado, puede ser nuestra gran aliada de la salud.

“Hay más sabiduría en tu cuerpo que en toda la filosofía” .- Friedrich Nietzsche

¿“Obsesión” por el Control Glucémico?
Este tema de la “obsesión”, y por qué tanta gente la ve mal, también podemos reenfocarlo como un “aprender a escuchar a nuestro propio cuerpo”. Si yo quiero medir mi glucosa sanguínea (glucemia) varias veces por día, es porque deseo escuchar a mi propio cuerpo, ¡y para eso necesito medir la glucemia y “escucharla” con sus cambios a largo del día!… Pues sin esta información, significa que voy a ciegas y sin conocer la realidad.

Y es que la mayoría de la gente todavía se acerca a la salud desde una postura irresponsable y victimizada, ciertamente más cómoda que cuando nos tomamos la salud como nuestra propia responsabilidad, esto es así y se tiene que decir, aunque les suene mal a algunos. Tendemos a ver al médico, sanitario o profesional de la salud como “la autoridad”, incuestionable y que ya se encargará de “llevarnos la diabetes”. ¡Y esta actitud nunca nos traerá salud y bienestar real!… Pues no solamente los profesionales sanitarios están muchas veces desactualizados (y desinteresados en seguir aprendiendo), sino que incluso el más capaz y profesional entre todos, no será capaz de gestionar la vida y la salud de otra persona, ya no digamos varias. Y además, no es responsabilidad de él o ella, ¡sino tuya!… Está en tus manos adueñarte de tu condición de diabetes, empoderarte con tu salud, y volverte capitán de tu propio barco. Y es a esto que muchos llaman “obsesión”; yo lo llamo “empoderamiento”.

La medicina convencional siempre ha sido muy efectiva para tratar las crisis agudas, los accidentes graves, o cualquier situación donde algo externo nos causa un daño repentino (por ejemplo una súbita infección por virus o bacterias), y donde se necesita una respuesta rápida, eficaz y (¡sobre todo!) temporal.

Pero esta medicina convencional es incapaz de darnos una respuesta adecuada a las condiciones crónicas, como lo es la diabetes. No es buena para prevenir, ni tampoco para realmente gestionar la salud, sino solamente la crisis aguda. Ya no vivimos en los tiempos en que nuestro mayor enemigo era la enfermedad infecciosa por virus o bacterias; sino que ahora estamos pagando un altísimo precio por la comodidad y abundancia en que vivimos: por ejemplo, la abundancia de comestibles inadecuados e incoherentes con nuestros genes. Ahora vivimos más, pero pasamos mucho más tiempo enfermos y con restricciones de movilidad que hace tan sólo 20 años.

¡Nuestro peor enemigo ahora somos nosotros mismos!… Y eso se refleja en condiciones de salud que son crónicas, endógenas y/o autoinmunes: migrañas, dolores de espalda y musculares, trastornos digestivos, diabetes tipo 1 y 2, disfunciones tiroideas… Aquí lo que hay que entender es: vivas o no con diabetes, tu salud está solamente en tus manos. Los genes también son programables (epigenética). Por lo que la inmensa mayoría de problemas de salud modernos vienen de la desconexión entre lo que tu cuerpo requiere, y lo que recibe a través de tus hábitos. He hablado antes de la coherencia en nuestra salud. El buscar aprender, e ir cambiando nuestros hábitos hacia la coherencia con nuestros genes: mejorando la alimentación, actividad física, relación con la luz y la oscuridad (ritmos circadianos), el juego y la pertenencia a un grupo social adecuado, la gestión de las emociones; todo ello es mucho más importante que el acceso a la mejor medicina del mundo. La salud se consigue respetando las reglas genéticas que rigen nuestro cuerpo y metabolismo.

A otras personas, sin embargo, la medición de la glucemia les puede causar ansiedad o estrés por diversos motivos. Hay varias maneras de superar esta ansiedad, como estas que nos comparten del sitio Beyond Type 2:

Recuerda que es solo un número.
Las cifras de azúcar en sangre no son “buenas” o “malas”. Esto puede sonar contradictorio. Si bien en la gestión de la diabetes es fundamental el cuidado y gestión correcta de la glucemia, al final del día este número nos da información, y nosotros actuaremos en consecuencia. Ayuda el ver a este número como una herramienta educativa y de gestión, no debe convertirse en una fuente de culpa y ansiedad, castigo, miedo o estrés, etc. ¡Simplemente te da información acerca de cuáles comportamientos conviene modificar!

Los números no son entonces por sí mismos “buenos” o “malos”… ¿en qué contexto? ¿Con respecto a qué?… O por ejemplo, ¿han ido en general disminuyendo o aumentando? Sólo así, con mucha más información, podemos usar estos números como una herramienta educativa, y no como un juicio de valor acerca de la persona.

Pide ayuda, pero establece límites.
Puede ser valioso el que pidas apoyo de un ser querido, o de un grupo que viva contigo este mismo proceso. Este apoyo puede ser en forma de pequeñas maneras diarias de “rendición de cuentas” (si esto te sirve, y si tú así lo decides), apoyo emocional, ayuda durante el proceso de acostumbrarte a “pinchar” el dedo, etc. Sin embargo, infórmales en todo momento a tus acompañantes que tú estás a cargo de tu diabetes.

Asegura con antelación los suministros para la diabetes.
Tener una buena organización de tus suministros de la diabetes ayuda a ahorrar más ansiedad el proceso de medirse el azúcar en sangre por falta de tener los suministros adecuados o por razones financieras.

Prueba con equipo nuevo.
Quizá no estés usando el equipo más adecuado, o los dispositivos de monitoreo adecuados o precisos. En mis programas te ayudo a elegir de acuerdo a tus circunstancias el mejor sistema de medición de glucemia adecuado, necesari, acequible y efectivo para ti.

Encuentra apoyo de otras personas que viven con diabetes.
¡Habemos en línea muchísimas personas que vivimos con diabetes!… Y si uno sabe dónde buscar, hoy en día con las redes es más fácil encontrar una “tribu” o una comunidad de acompañantes que viven con tu misma condición. Este es precisamente un objetivo crucial de mis programas de acompañamiento: ser un grupo donde, entre iguales, aprendemos y nos apoyamos en la gestión de nuestra condición de diabetes. Ponte en contacto con personas que puedan tener consejos para reducir la ansiedad y el estrés de las mediciones de glucosa.

En conclusión, hay gente que ve mal el querer “tener el control” de la diabetes, o que ve mis métodos y mis maneras de gestionar la diabetes (la mía propia y también mis maneras de acompañar a la gente en mis programas) como algo “obsesivo”, que además esto se entiende como negativo… Yo animo a cuestionar el por qué de esta interpretación. Por qué esta supuesta “obsesión” como algo perjudicial, en lugar de interpretarlo como “¡quiero aprender más, desde mi poder y mi responsabilidad!”. Yo personalmente vivo más tranquila si puedo mirar mi glucosa sanguínea todo el tiempo, cuando yo quiera; esto lejos de generarme más estrés, me ayuda a estar más tranquila con mi condición.

Desmontemos entonces esta interpretación de la “obsesión” como perjudicial y dejemos de generalizarla para tod@s de la misma forma, compartimos esta condición en común, pero luego la forma de responder a ella e interpretarla es individual y personal. Esto es subjetivo y va relacionado con la propia persona, su carácter, qué tanto se fustiga o se culpa a sí misma (el aprendizaje no debe tratarse de eso, sino de que se vuelva una herramienta útil para la salud), y esto depende del carácter de cada uno. Mis maneras de hacer las cosas obviamente no funcionarán para todo mundo, ni son para todo el mundo. Pero sí quisiera desmontar esta interpretación de la supuesta “obsesión” como negativa, cuando yo la veo y la interpreto como “empoderamiento”, “aprendizaje” y “estar en sincronía con mi cuerpo”.

Por eso, y por lo muy individual que es todo esto; cuando acompaño gente en mis programas miro el carácter de la persona, y en función de ello voy “apretando” según ellos me pidan qué quieren aprender. Soy muy individual en eso y voy según el ritmo de cada uno. Hay quienes se agobian o lo ven como “obsesión”; pero si por mirarme diez veces al día soy “obsesiva”, pues eso ya depende cómo lo interprete cada uno. Si yo lo uso para aprender, entonces no es “obsesión”, sino deseo de aprender y de conocerme más: es mi forma de conocerme y cuidarme mejor. Lo hemos calificado como positivo o negativo, cuando en realidad las emociones no son positivas o negativas, simplemente nos dan información sobre nuestro entorno y sobre cómo estamos reaccionando a él. Si no me miro constantemente no sé la realidad, y entonces es como vivir a ciegas… ¡Al final se trata de poner en una balanza las prioridades de cada uno!

Hace tiempo fui Directora del Campamento Diabetes Safari: un campamento para niños con diabetes, lowcarb, en él tenían tiras para medirse la glucemia “Ad libitum” es decir, se podían mirar la glucemia cuando ellos querían, en este estudio, comparamos el número de chequeos diarios que ellos se hacían, comparando entre los campistas “primerizos” y los “repetidores” como aquí se muestra:

En estos resultados podemos ver que los campitas midieron su glucemia de 18 a 15 veces diarias, lo más importante fue lo que ellos aprendían a usar esa información como herramienta para gestionar su diabetes. También hay artículos recientes con el sensor Freestyle, que han mirado el número de veces que se pasan el sensor quienes viven con diabetes tipo 1 en Europa, y son más o menos 16 veces. Por lo que, si estas cifras son producto de una “obsesión” o no, es una interpretación subjetiva.

Recuerda que, si deseas iniciar un camino de aprendizaje, con un grupo entre iguales donde exista un acompañamiento efectivo, de la mano de un profesional que también vive con tu misma condición, ¡eso puede hacer toda la diferencia para tu salud y bienestar!

Mi experiencia y mis programas:
Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.

Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a mirar más sobre mis programas de acompañamiento. Mira mis mejores recursos AQUÍ.

Si tienes dudas, Contáctame AQUÍ por whatsapp para saber si yo te puedo ayudar: https://bit.ly/2HSj8iy

La Restricción Puede Desencadenar Atracones y Adicción

la-restriccion-puede-desencadenar-atracones-y-adiccion

Si tienes diabetes o prediabetes, probablemente ya sabes lo importante que es cuidar tu alimentación para mantener el nivel de azúcar en la sangre bajo control. Sin embargo, el camino hacia una dieta saludable no siempre es tan sencillo. A veces, intentar comer “correctamente” puede llevarte por una senda que, sin darte cuenta, te acerca más a la ansiedad, los atracones o incluso la adicción a la comida. ¿Por qué sucede esto? La respuesta puede estar en el desequilibrio que se produce en tu metabolismo cuando pones a tu cuerpo en “modo dieta” o restricción alimentaria extrema.

¿Comer de todo y pinchar mucha insulina?

comer de todo y pinchar mucha insulina-blog diabetesbien

Tienes diabetes tipo 1 o tipo 2 (Diabetes Mellitus o DM); esto quiere decir que, por razones que nadie entiende completamente, tienes una alergia a los alimentos llamados “carbohidratos” (mismos que incluyen azúcares, pan, tortillas, granos, harinas, maíz, pasta, arroz, patatas, frutas y frutos secos, leche, dulces, almidón). El consumir dichos alimentos provoca un aumento súbito de glucosa (azúcar) en tu sangre, lo cual puede provocar muy rápidamente complicaciones de salud. Esto sucede porque tu cuerpo produce muy poca, ineficaz o nada de insulina, la hormona que ayuda a procesar esta azúcar, sacarla de la sangre y pasarla a las células del cuerpo, en donde se acumula. Esta alergia durará el resto de tu vida.La insulina es una hormona importantísima en nuestra vida y nuestra salud, ya que tiene una relación muy estrecha con todo nuestro proceso de utilización de la energía de los alimentos, además de tener qué ver con los procesos de acumulación de grasa corporal. Y para quienes vivimos con diabetes, mantener este balance entre la glucosa y la insulina es simplemente crucial para llevar una vida sin severas complicaciones de salud.Antes de que la insulina fuera descubierta, una persona con diabetes tenía que tratar su condición mediante la estricta restricción de carbohidratos. Aun así, con nuestra alimentación moderna y occidental que está fuertemente basada en carbohidratos (pues en muchas sociedades el principal componente de las comidas es pan, maíz o pasta, por ejemplo) era sumamente difícil evitar al cien por ciento los carbohidratos, y aun intentándolo, muchas personas que vivían con diabetes tipo 1 desarrollaban fuertes complicaciones que con frecuencia acortaban sus vidas.Cuando se descubrió la insulina, y cuando fue posible aislarla fuera del cuerpo humano, esto trajo consigo una enorme revolución en la vida de personas con diabetes. La insulina inyectada, o introducida por otros medios en el cuerpo (por ejemplo mediante una bomba de insulina), puede ser una pieza clave en la regulación de la glucosa en sangre, que le ayuda a la persona con diabetes a lograr la normoglucemia (niveles normales de glucosa en sangre, como si no hubiera diabetes).Esto lleva a algunos a pensar que, si simplemente continúan su alimentación “normal” o convencional alta en carbohidratos, y después simplemente “se pinchan mucha insulina”, así se puede llevar una vida normal como si no tuvieran diabetes. Lamentablemente esto es falso, pues explicaré por qué no es buena idea comer mucho y después inyectarse mucha insulina.Primero que nada, recordemos que una dieta alta en carbohidratos no es saludable para nadie; y la tendencia moderna de comer grandes cantidades de procesados, azúcares, pastas, pan, etc., también le está causando serios problemas a quienes viven sin diabetes: desde problemas de sobrepeso y obesidad (por la alta ingesta de glucosa, que lleva a una saturación de glucosa en las células y la consecuencia de crear nuevas células para acumular grasa “adipogénesis”), hasta complicaciones renales y cardiacas, hipertensión, entre muchos otros padecimientos que también están mermando la calidad de vida de quienes viven sin diabetes. A nosotros que somos “alérgicos a los carbohidratos”, menos aún nos hace bien esto; incluso si después tratamos de contrarrestarlo pinchando más insulina. No es posible ni lógico “comer de todo” ni en grandes cantidades teniendo diabetes, pues esto en realidad para nadie es bueno.En segundo lugar, recordemos que las consecuencias negativas de comer dietas altas en carbohidratos (ocasionando así una hiperglucemia crónica), no solamente vienen de la glucosa en sí misma, sino de los otros efectos que la hiperglucemia ocasiona en el cuerpo: una mayor permeabilidad endotelial (permitiendo así que más patógenos, bacterias dañinas e infecciones puedan entrar por el intestino), mayor inflamación a nivel celular, y un ambiente desfavorable en nuestra microbiota. Y esto no se solucionará comiendo muchos carbohidratos y después queriendo “corregir” con altas dosis de insulina. Al final, de lo que más debemos protegernos es de la inflamación a nivel celular provocada por la alta ingesta de carbohidratos, y es por ello que esta fantasía de que “inyectando mucha insulina puedes comer lo que quieras”, es falsa. La inflamación es denominador común de muchos de nuestros padecimientos modernos: problemas digestivos, enfermedad renal, infecciones recurrentes, etc., además de afectar nuestro sistema inmune. Gran parte de dichos problemas tienen su origen en una dieta inadecuada. Además, ¡recuerda que quienes viven sin diabetes y llevan esta alimentación inadecuada, ya están obligando a su cuerpo a producir mucha insulina, y aun así a la larga se enferman y tienen problemas de salud!El punto sobre la microbiota intestinal es de suma importancia. Hoy en día sabemos que la microbiota (los millones de bacterias buenas que viven sobre todo en nuestro intestino, y también en otras partes de nuestro cuerpo, equilibrando nuestra digestión y protegiéndonos de infecciones) juega un papel fundamental en nuestra salud. La microbiota tiene una enorme importancia en la salud, y de su desequilibrio derivan muchísimas enfermedades. Una alimentación “tradicional” alta en carbohidratos desequilibra la microbiota, pues los azúcares dan alimento a bacterias dañinas, hongos y otros patógenos; mientras que la comida real, natural y fresca (vegetales, pescados y carnes de buena calidad, fermentos ancestrales, etc.) alimenta las bacterias buenas que nos mantienen sanos y con un sistema inmune fortalecido.La salud está fuertemente relacionada con nuestra microbiota, con la diversidad de bacterias buenas que nuestro organismo tenga, así como un ambiente favorable o estresante para ellas. La alta ingesta de carbohidratos crea un ambiente patológico en la microbiota, y eso tampoco se remediará con un “parche” de pinchar mucha insulina – pues aunque parezca que la insulina “apaga el incendio” de la subida de glucosa, aun así estamos causando inflamación y desequilibrio microbiótico, ya que son muy conocidas las consecuencias de la hiperinsulinemia en la desfavorable resistencia a la insulina y esto a fin de cuentas nos deja con un ambiente de “estrés o cortisol contínuo” con sus consecuencias bioquímicas inflamatorias, desprotegidos contra infecciones y causará problemas de salud, afectando nuestra calidad de vida. Navegar alternando entre los extremos no es recomendable; sino que obtendremos mucho mejores resultados si aprendemos a alimentarnos adecuadamente con comida real, manteniendo un verdadero equilibrio, no el de estar brincando de un extremo al opuesto.Al final, no existe un sustituto – al menos no todavía – a una alimentación adecuada y sana, basada en comida real, no procesada, no azucarada y de los mismos ingredientes que nuestros ancestros habrían comido hace miles de años.Mi experiencia:👩🏻‍💻 Soy Rosy Yáñez, Soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes y Baby-Led Weaning.Tengo veinticinco años viviendo con Diabetes Tipo 1 (DM), y desde hace quince años logro niveles glucémicos normales, sin ninguna complicación diabética. Tengo una hija que nació por parto vaginal y sin ninguna complicación asociada a la hiperglucemia.Hace 15 años fui bajando los hidratos de carbono de forma empírica por decisión propia, cuando conocí al Dr. Stan de Loach quien me presentó la metodología del Dr. R. Bernstein para mantener normoglucemia a través de una alimentación baja en hidratos y desde allí he mantenido valores de hemoglobina glicada (HbA1c) entre 4,4 y 5,3%, he creado mi propia metodología a partir de mi experiencia profesional y personal, priorizando la nutrición y salud de forma integral.Actualmente, a mis 39 años de edad, paso la mayor parte del tiempo en rango glucémico normal (71-99 mg/dl), no tengo sobrepeso, me siento fuerte, saludable, activa y físicamente capaz de hacer lo que me proponga, no tengo ninguna complicación diabética diagnosticada, y soy feliz.Si quieres aprender más sobre control glucémico con estrategia basada en alimentación baja en hidratos, mucha experiencia personal y profesional en el uso adecuado de insulinas, te invito a que visites mi página: https://diabetesbien.com/invitacion-programa/Si quieres seguir aprendiendo de la diabetes puedes asistir mi próximo webinar Reinicia tu Diabetes en donde aprenderás los 4 fundamentos más importantes para normalizar tu diabetes  https://diabetesbien.com/webinar/  y si es tu momento, allí también puedes acceder a mis Programa DIABETES BIEN para encajar tu diabetes tipo 1, diabetes tipo 2 o prediabetes a este tipo de alimentación en el menor tiempo posible, romper los mitos que te impidan lograrlo, todo de la mano conmigo y junto con otras personas con los mismos objetivos de salud.También puedes pedirme una sesión gratuita online aquí https://bit.ly/2HSj8iy ,  me cuentas tus dificultades con la diabetes y miramos si alguno de mis servicios te puede ayudar.Comentario *