El Dogma en la Diabetes

Le llamamos “dogma” a algo que se cree sin cuestionarse, sin detenernos a pensar si las premisas que sostienen dicha idea – y cualquier conclusión derivada de ella – en verdad son lógicas y tienen sentido. En el mundo de la salud y la nutrición, le llamamos “el dogma”, de manera un poco más específica, a las creencias que nos son impuestas desde los organismos oficiales que supuestamente deberían velar por nuestra salud: organismos de sanidad, asociaciones médicas, colegios de la profesión médica, directrices sanitarias, los sistemas hospitalarios, y muy especialmente las industrias farmacéuticas e industrias de alimentos, etc. Y si bien estos sistemas han tenido éxito en algunas cosas, por ejemplo, la atención a accidentes o a crisis agudas que requieran intervención urgente, en otros aspectos han hecho un daño terrible, restándonos vida y salud.
En el mundo de la diabetes, para quienes vivimos con esta condición y deseamos manejarla maximizando nuestra salud y bienestar, el dogma desgraciadamente ha hecho mucho más daño que en otras áreas. Contándonos una falsedad tras otra, nos ha restado calidad de vida, salud, años productivos y bienestar. Y nadie se atreve a contradecirlo, por eso precisamente se trata de un dogma: la gente que supuestamente debería estar mejor informada – profesionales sanitarios – simplemente repiten lo que aprendieron, aun si se trata de información obsoleta o directamente falsa, que causa mucho más daño que beneficio. Hablaré en general de este dogma, de cómo muchos médicos y sanitarios – por mucho que puedan tener buenas intenciones – transmiten ideas falsas y que infunden miedo, lejos de llevarnos al bienestar… y enumeraré algunas de las principales premisas de este dogma, que por nuestro bien debemos cuestionar para poder alcanzar normoglucemia y salud.
Cuando acompaño en mis programas a gente que vive con diabetes, prediabetes, padres de niños con diabetes o cualquier persona que desee prevenir diabetes; gran parte de dicho acompañamiento debe centrarse en la preparación, también a nivel psicológico, para enfrentarse una y otra vez a este dogma que les contará muchos mitos: el mito de que “necesitan comer carbohidratos para evitar la hipoglucemia”, o el mito de que ”no es posible tener normoglucemia si se vive con diabetes”, o que dicha condición es “incurable, irreversible e inevitable”. Todos ellos, mitos que la persona deberá enfrentar, cuestionar, y darse cuenta de su falsedad: ¡es posible tener normoglucemia, salud y óptimo bienestar por muchísimas décadas, aun viviendo con diabetes!…
Sin embargo, médicos y endocrinóogos muchas veces meten miedo; cuando un “paciente con diabetes” empieza a normalizar la glucemia le tratan casi como si estuviese haciendo algo malo. Por lo que la persona deberá prepararse emocionalmente también. Es probable que se encuentre endocrinólogos que le cuenten que, si tiene normalidad glucémica (es decir niveles de glucosa sanguínea entre 60 – 100 mg/dL), supuestamente podría sufrir “una hipoglucemia severa” y estar casi en riesgo de morir. Les cuentan que deberán tomar “quience o veinticinco raciones de carbohidratos por día, por tener diabetes” o que “deben comer cinco o seis veces al día, por tener diabetes”… ¡cosas absurdas y ellas sí extraordinariamente dañinas, siendo que la diabetes es una intolerancia a los carbohidratos!
Y es que todo esto también tiene aspectos emocionales y psicológicos: el acto de creer es uno muy poderoso, afecta de manera profunda nuestras vidas. Entre más fuerte sea la creencia que una persona posee, dicha creencia se convierte más y más en parte de su identidad: cuestionarla, desecharla, o descubrir que se trataba de una creencia equivocada puede suponer un fuerte golpe al ego y a la propia identidad, es por eso que mucha gente prefiere vivir en negación, o en lo que llamamos “disonancia cognitiva”; que es cuando la persona sostiene creencias contradictorias y conflictuadas unas con otras (por ejemplo, al mismo tiempo que sabemos que la glucosa elevada causa severos daños en diabetes, creer que “es necesario comer quience raciones diarias de carbohidrato”).
En el nuevo libro “Guía del Bulletproof Coffee”, los divulgadores científicos Carlos y Ricardo Stro hablan no solamente de dicho alimento (el llamado “café a prueba de balas” y por qué puede ser valioso en los ciclos de alimentación/ayuno), sino que comentan a fondo el dogma, las creencias no cuestionadas que nos dañan hoy en día, y por qué hoy resulta absurdo e imposible creer que los gobiernos, grandes empresas alimenticias (“big food”) y empresas farmacéuticas (“big pharma”) realmente “velen por nuestra salud”. Con mucha frecuencia; la mezcla de información obsoleta, falsedades, e incentivos económicos de mantener a la gente enferma y dependiente de fármacos, hacen que las directrices oficiales en salud o los sistemas de “cuidado” sanitario nos recomienden cosas contrarias a nuestro bienestar y diseño genético.
Mitos que nos cuenta el Dogma en diabetes vs. Realidad:
Mito (o situación actual del statu quo) Realidad ( o lo que sería más adecuado hacer para nuestra salud)
Enfocarse en un “tratamiento” que es muy inadecuado y que casi garantiza complicaciones graves Una educación preventiva, integral, coherente con nuestra genética, que realmente controle y disminuya factores de riesgo
Recomendaciones oficiales de la ADA, impulsadas por la desinformación y los intereses empresariales: aumentar carbohidratos y disminuir grasas. Siendo que la diabetes es una intolerancia a los carbohidratos, mismos que son alimentos incoherentes con los genes de todos los humanos; y dado que las grasas reales son indispensables para la buena salud, ¡la recomendación debería ser todo lo contrario: menos carbohidratos y más grasas reales!…
“La grasa es mala para la salud, en su lugar hay que comer carbohidratos”. Lo mismo más o menos se le dice al resto de la población, que debe supuestamente “evitar las grasas” La ADA repite este mismo mito, incoherente con nuestra genética. En realidad, las grasas reales son nutrientes esenciales y coherentes con nuestra genética, mientras que los carbohidratos – del tipo que sea – no lo son
Medicación como única manera de gestionar la condición de diabetes. Educación y aprendizaje como verdadero tratamiento a la diabetes
La diabetes no es reversible ni prevenible; sucede “por genética” La diabetes tipo 2 es totalmente reversible y prevenible, gestionando nuestros hábitos y estilo de vida, fundamentalmente la alimentación, pero también otros factores – sueño, medicación, ejercicio, estrés, etc
Si utilizas insulina es porque “ya estás en las últimas etapas de la diabetes” o que se trata de “una diabetes fuerte”. He hablado antes de estos mitos: la insulina exógena, lejos de indicar que la diabetes “está complicándose o en fase terminal”, puede ser una excelente herramienta para la gestión de la diabetes tipo 2, además de que es fundamental y obligatoria en diabetes tipo 1.
La dieta cetogénica está contraindicada o “no es adecuada” para la persona con diabetes. La dieta cetogénica – una alimentación muy baja en carbohidratos – es no solo un estilo de alimentación sumamente efectivo para la gestión de la diabetes, sino que es sencillamente la manera más coherente de alimentarnos para nuestra genética humana, se viva con diabetes o no.
Los carbohidratos “son necesarios”, y especialmente para personas con diabetes, a fin de “evitar crisis de hipoglucemia”. Los carbohidratos son comestibles incoherentes con nuestra genética y no es necesario consumirlos. Si además se vive con diabetes, dicha condición es una intolerancia a los carbohidratos, por lo que causan aún más daño: si nuestra alimentación es alta en hidratos, constantemente elevamos la glucemia sanguínea, viviendo en hiperglucemia crónica, que es lo que en verdad causa las complicaciones diabéticas.
Los niños “necesitan carbohidratos para crecer y desarrollarse”. Los carbohidratos no son indispensables para nadie, y menos aún para los niños. Todavía menos si se trata de niños que viven con diabetes: al contrario, el elevar constantemente su glucosa sanguínea les afecta aún más, pues su cuerpo es más pequeño y tiene menor cantidad de sangre: es más bajo el umbral en cuanto a cantidad de azúcar que les causará fuertes daños.
Y explicaré más a detalle:
La educación como tratamiento.
He sostenido por mucho tiempo que el verdadero tratamiento para la diabetes es la educación y aprendizaje. Aquí está el comienzo de todo; en un cambio de mentalidad, para que cada persona que vive con diabetes, o que desea evitarla, asuma una postura responsable, haciéndose dueño o dueña de su condición desde el empoderamiento, volviéndome capitán de mi barco y única persona capaz de gestionar mi condición de diabetes. Para ello funciona de forma óptima el acompañamiento de un profesional coherente, que también vive con la misma condición, y que pueda guiarnos en adquirir una educación preventiva, integral, y llevando los hábitos coherentes con nuestros genes, que realmente controle y disminuya factores de riesgo.
Las recomendaciones absurdas e incoherentes de la ADA.
La Asociación Americana de la Diabetes (ADA), institución que en un mundo coherente debería ser la que realmente velara por el bienestar de las personas con diabetes, actualmente recomienda por default que la persona con diabetes reduzca su consumo de grasas saturadas (en línea con la recomendación similar que se hace a toda la gente, de “comer menos grasas”), y que en cambio aumente su consumo de carbohidratos a diez o quince raciones diarias, supuestamente para “evitar hipoglucemias”. Este aberrante consejo es incoherente con nuestra genética, misma que para funcionar en bienestar necesita grasas reales, los carbohidratos en cambio son comestibles no esenciales y que en ningún momento necesitamos para vivir, ¡mucho menos si ya vivimos con diabetes!…
El mito de “evitar la grasa”.
La premisa falsa y dañina de que las grasas “son malas para la salud y tapan las arterias”, o de que “el colesterol hace daño”, forma parte de la misma cascada de mitos que han enfermado al mundo. Todo ello ha sido aprovechado al máximo por las transnacionales que venden “alimentos” procesados y las compañías farmacéuticas, que aprovechando dicha ignorancia nos venden productos adictivos, o fármacos dañinos. En cambio, lo realmente coherente con nuestra genética es una alimentación muy baja en carbohidratos y alta en grasas reales, y con mayor razón si se vive con diabetes (¡intolerancia a la glucosa!).
La medicación debería ser considerada un apoyo, y no el total del tratamiento.
El dogma, en sus intereses monetarios, prefiere tener a la gente medicada y ya; comprando cada vez más fármacos por estar cada vez más enfermos. En realidad, si bien la medicación es un apoyo valioso que debe saber gestionarse (e indudablemente necesaria en casos puntuales, por ejemplo quienes vivimos con diabetes tipo 1 y muchos de quienes viven con diabetes tipo 2, que necesitamos insulina exógena); el verdadero tratamiento es la educación y aprendizaje que comprendan no sólo el aprender a usar dicha medicación de manera óptima, sino también todos los múltiples factores que influyen en la salud: alimentación coherente, sueño, ejercicio, gestión del estrés, exposición al sol, suplementación, etc.
En conclusión, un tratamiento adecuado para la diabetes necesariamente pasará por la educación y el aprendizaje. Todo deberá empezar por cuestionar dogmas y mitos:
Manteniendo la mente abierta a aprender.
Cuestionando lo aprendido.
Haciendo pruebas de ensayo y error con objetivos concretos: experimentar en mi propio cuerpo, qué es lo que me funciona a mí.
Sincronizarme con el sol y la naturaleza, pues varios estudios demuestran que la falta de sincronicidad de los ritmos circadianos precipita la enfermedad y la resistencia a la insulina.
Llevar el acompañamiento de un profesional coherente, que también vive la misma travesía, puede ser más seguro y óptimo para lograr mis objetivos en salud.
Mi experiencia y mis programas:
Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.
Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a mirar más sobre mis programas de acompañamiento, aquí encontrarás mis mejores recursos. Mis programas iniciarán de nuevo el próximo 7 de febrero, ¡ya puedes apuntarte!…
Si tienes dudas, Contáctame AQUÍ por whatsapp para saber si yo te puedo ayudar: https://bit.ly/2HSj8iy
¿Como evitar las Complicaciones Diabéticas?

He mencionado antes que las complicaciones diabéticas suelen aparecer tarde o temprano en la mayoría de las personas que viven con diabetes; pero no por causa de la diabetes en sí misma, sino más bien del descontrol glucémico, derivado de una gestión inadecuada de esta condición. Aun si vivimos con un diagnóstico de diabetes, ya sea tipo 1 (DT1) o tipo 2 (DT2), lo que realmente ocasiona las complicaciones diabéticas es la hiperglucemia crónica, y no la diabetes en sí misma. Con una adecuada gestión y un aprendizaje coherente, es posible vivir con normoglucemia aún teniendo diabetes, asegurando la salud y el bienestar.
Las complicaciones diabéticas pueden ser prevenidas, e incluso revertidas. Esto se logra, no a través de “buenos hábitos de vida” (una idea demasiado abstracta y que no dice mucho), sino normalizando la glucemia. La normoglucemia, es la clave para evitar todas estas complicaciones, lo cual puede ser una gran sorpresa, ya que el tratamiento convencional para la diabetes se suele encausar en otras direcciones como:
Dieta baja en grasas,
Prevención de las hipoglucemias graves
Prevención de la condición hiperglucémica potencialmente mortal llamada cetoacidosis (en diabetes tipo 1) y estado hiperosmolar no cetocico (en diabetes tipo 2).
Pero no suele centrarse en mantener niveles de glucemia lo más cerca posible a lo normal, durante el mayor tiempo posible (es decir, la verdadera normoglucemia) para marcar realmente la diferencia en la aparición, progresión y/o prevención o reversión de las complicaciones diabéticas.
Probablemente no existe ni un solo tejido u órgano en el cuerpo humano que se escape a los daños provocados por los altos niveles de glucosa en sangre – y estos daños existen se viva o no con diabetes. Por lo que las complicaciones diabéticas incluso pueden existir en personas que, oficialmente, no tienen un diagnóstico de diabetes, pero que igual viven con hiperglucemia crónica, misma que es capaz de ocasionar todas las complicaciones que mencionaré a continuación. Se ve frecuentemente a personas “sin diabetes”, desarrollar las mismas complicaciones diabéticas debido a la hiperglucemia.
La hiperglucemia crónica ocasiona daños a prácticamente todos los órganos y tejidos del cuerpo, por lo que, si no se lleva una adecuada gestión de la glucemia, rápidamente pueden ir apareciendo cardiopatías, retinopatía, nefropatía, daños a la piel y al sistema inmune, desbalances hormonales y endocrinos, entre otro sinfín de complicaciones asociadas a esta elevación de la glucosa sanguínea.
Las personas que viven con altos niveles de glucosa en la sangre también tienden a tener osteoporosis o huesos frágiles; tienden a tener la piel tensa; inflamación y rigidez en las articulaciones; entre muchas otras complicaciones que afectan a todas las partes de su cuerpo, incluyendo el cerebro, con deterioro de la memoria a corto y largo plazo. Es por ello que incluso la enfermedad de Alzheimer es llamada hoy en día “diabetes tipo 3”.
Las complicaciones crónicas derivadas de la diabetes (o más bien, de la hiperglucemia) podrían dividirse en general en vasculares y no vasculares; las vasculares comprenden microangiopatías (retinopatía, nefropatía, neuropatía) y macroangiopatías (cardiopatía isquémica, accidentes cerebrovasculares, enfermedad arterial periférica). Y las no vasculares incluyen pie diabético, infecciones que pueden volverse graves por daños en el sistema inmune, hipertrigliceridemia, afecciones de la piel y trastornos de la conducta alimentaria.
Esta tabla explica cuáles son las complicaciones más comunes, según el tipo de diabetes:
Complicaciones diabéticas más comunes
Diabetes tipo 1 Diabetes tipo 2
Retinopatía Diabética Mala irrigación sanguínea, pudiendo provocar amputaciones
Nefropatía Diabética Infartos al corazón
Neuropatía Diabética (gastroparesia, parestesias, disfunción eréctil) Infartos cerebrales, accidente cerebrovascular
Enfermedad cardiovascular (en la edad adulta) Hipertensión
Disfunción eréctil
Las microangiopatías pueden causar una muerte prematura, al ser capaces de causar arteriopatías coronarias y accidentes cerebrovasculares.
Muchas personas que viven con diabetes también pierden la vista, por los daños que la hiperglucemia causa a los sensibles vasos sanguíneos de los ojos: es decir, la retinopatía diabética. Por ello es muy importante un seguimiento y revisiones oculares constantes.
En cuanto a la nefropatía, comprende daños al riñón que consiste en alteraciones causadas por un mal control glucémico. La nefropatía diabética es responsable de un 30% de los casos de enfermos que están con diálisis, así como la primera causa de necesitar un trasplante renal. El primer signo que encontramos es la presencia de microalbuminuria, dicho de otro modo, pérdida de proteínas por la orina. Debe evaluarse siguiendo la misma frecuencia que la retinopatía diabética y se realiza analizando una muestra de orina.
La neuropatía comprende daño a los nervios, que termina afectando con mayor frecuencia a los nervios de los pies y piernas, pero puede causar el mismo tipo de daños en muchos otros órganos y sistemas como el digestivo, vías urinarias, vasos sanguíneos y corazón, causando en muchas personas afecciones dolorosas e incapacitantes.
Muchas afecciones de la piel son causadas también por la hiperglucemia crónica.
Asimismo la hipertrigliceridemia es una complicación diabética grave y frecuente, en donde hay un gran aumento de los triglicéridos en sangre, pudiendo causar gravísimas complicaciones vasculares y cardiacas. Nuevamente es un daño causado por la hiperglucemia, lo que una vez más demuestra la falsedad de la teoría de que “comer grasa tapona las arterias y la grasa es dañina para las personas con diabetes”, ya que esto es un mito. ¡Lo que verdaderamente causa enormes y graves complicaciones diabéticas es la hiperglucemia!… y no el consumo de grasas. Y la hiperglucemia suele aparecer por una alimentación alta en carbohidratos, además de una mala gestión de la insulina y demás factores relacionados.
Por último, son frecuentes los trastornos de la conducta alimentaria especialmente entre personas con DT1, con prevalencia muy alta de anorexia y bulimia nerviosa, esto es un factor que frecuentemente ocasiona descompensaciones cetoacidóticas. La “diabulimia” consiste en reducir u omitir las dosis de insulina correspondiente al adecuado control glucémico, con el objetivo de “perder peso” (o de supuestamente lograr que cierto comestible dañino “no nos haga engordar”), pero esto puede causar gravísimas complicaciones a quienes vivimos con DT1. Claro está que los trastornos de la conducta alimentaria también tienen componentes psicológicos, emocionales y psicosociales, que la persona debería saber gestionar con un acompañamiento profesional que sea ya no solamente clínico, sino psicológico también.
¿Cómo evitarlas?
Lo más importante, sin embargo, es que la estricta gestión de la glucemia se asocia con muchas menos complicaciones diabéticas, recuperando el control que nos permita vivir en salud y bienestar.
Desde hace varias décadas, dos grandes estudios nos demostraron que los grandes daños asociados a la diabetes se debían en realidad al descontrol glucémico y a la hiperglucemia crónica: el “Diabetes Control and Complications Trial (DCCT)” hecho en Estados Unidos a finales de los años 80s, y en Inglaterra el estudio UKPDS. Ambos demostraron que, gestionando adecuadamente la glucemia, se podían evitar la inmensa mayoría de complicaciones diabéticas, observando una enorme reducción en nefropatía, cardiopatía, retinopatía, etc.
El primero de dichos estudios dio seguimiento a personas con diabetes durante diez años, para medir los efectos de un mejor control de los niveles de glucosa en sangre. Los pacientes cuyos niveles de glucosa en la sangre estaban casi «normalizados» tuvieron reducciones drásticas de las complicaciones a largo plazo. Los investigadores comenzaron el DCCT intentando ver si podían, por ejemplo, disminuir la frecuencia de retinopatía diabética al menos en un 33%. Y al terminar encontraron una reducción de más de 75% en la progresión de la retinopatía temprana. Se encontraron resultados dramáticamente similares en otras complicaciones diabéticas: una reducción del 50% en el riesgo de enfermedad renal, del 60% de riesgo de daño a los nervios, y 35% en reducción del riesgo de enfermedad cardiovascular. Si aprendemos a llevar una verdadera normoglucemia durante todo el tiempo, estas reducciones pueden llegar a ser del 100%. Estos resultados son una excelente razón para empezar a adoptar un estricto control glucémico. Fueron los primeros estudios que cambiaron la idea de que las complicaciones diabéticas aparecerían “inevitablemente” si uno vive con diabetes; demostrando en cambio que la clave para evitarlas está en el control glucémico estricto y la normoglucemia.
Este esquema explica los cinco diferentes mecanismos – adentrados un poco más en la fisiopatología de las complicaciones diabéticas – por los cuales la glucosa sanguínea constantemente elevada, afecta tanto a nuestros cuerpos y especialmente si se vive con diabetes:
Estos cinco mecanismos son los que provocan que, ante la presencia de elevada glucosa en sangre, todo nuestro organismo se glicosile, es decir, se intoxique por acción de la glucosa. Las personas que veo en mi práctica, que viene con una hemoglobina glicada HbA1c de 5,8 o superior, vienen ya con inicios de dichas complicaciones diabéticas.
Aunque la diabetes sigue siendo una condición incurable y crónica, es muy tratable y las complicaciones a largo plazo son totalmente evitables, si nos ponemos la meta de aprender, con el objetivo de tener normoglucemia. Un control glucémico adecuado, y sobre todo la detección temprana de cualquiera de estas complicaciones, nos dan excelentes probabilidades de frenarlas y, en muchos casos, revertirlas. Para quienes vivimos con diabetes, la normoglucemia es un derecho, ya que tenemos derecho a un estándar de salud igual al de cualquier persona sin diabetes, y no a una estándar más bajo o peor debido a nuestra condición.
Aunque tú vivas con diabetes y no tengas las complicaciones diabéticas comunes: retinopatía, nefropatía, neuropatía, hay muchas otras complicaciones diabéticas que tal vez no conoces y que te estén dando síntomas que disminuyen tu calidad de vida como gastroparesia, hombro congelado, entre otras. Recuerda que con un aprendizaje adecuado y coherente, así como el acompañamiento de un profesional que también vive esta condición en carne propia, puedes progresar de manera segura y efectiva en el camino de la normoglucemia que asegure salud y bienestar.
Mi experiencia y mis programas:
Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.
Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a mirar más sobre mis programas de acompañamiento, aquí encontrarás mis mejores recursos.
Mis programas de acompañamiento iniciarán el 22 de noviembre de 2021, ¡ya puedes apuntarte!…
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¿Qué es la glucotoxicidad?

Sea que vivas o no con diabetes, ¿crees que podrías tener, o que has tenido antes, un estado de “glucotoxicidad”?… Explicaré qué es esto y por qué nos puede ocasionar tantos daños a la salud.
La glucosa (azúcar) en nuestra sangre resulta tóxica para el organismo, a partir de que rebase un umbral que en realidad es bastante bajo: cuando ésta excede los 100 mg/dL, o un total de más o menos 4 gramos en todo nuestro cuerpo (de un adulto). La hemoglobina glicada HbA1c es el parámetro que lo establece con más claridad: cuando se encuentra por encima de 5,3%, existe ya un desajuste metabólico y comienzan los daños por glucotoxicidad. Quienes vivimos con diabetes sabemos bien que la glucosa es tóxica por encima de estas cantidades; y es por ello que debemos constantemente monitorear nuestros niveles de glucosa sanguínea (GS).
Por lo tanto, los valores y parámetros que nos llevan a mantener un balance metabólico correcto, son entre 59 y 100 mg/dL de glucosa en sangre. Éste vendría a ser el rango normal que se debería poder mantener todo el tiempo, además de una hemoglobina glicada (HbA1c) de 5,3% o menos. Ya cuando existe un valor superior a 125 mg/dL, hablamos de que existe un diagnóstico de diabetes. (El rango intermedio, es decir entre 100 y 125 mg/dL, sería un diagnóstico de prediabetes).
Cuando consumimos cualquier comida elevada en carbohidratos (compuestos principalmente por glucosa) o azúcares, nuestro cuerpo necesita responder rápidamente a la “inundación” de glucosa. La hormona necesaria para esta respuesta es la insulina. Cuando el cuerpo no es capaz de producir insulina, o ya se está voviendo resistente a ella (los casos de la diabetes tipo 1 y tipo 2/prediabetes respectivamente); puede ocurrir una situación de glucotoxicidad, en la que este azúcar en sangre va dañando poco a poco, de manera progresiva, prácticamente todos los órganos y sistemas de nuestro cuerpo.
Esta toxicidad vendría sucediendo cuando nuestra alimentación (y otros factores del estilo de vida también) favorecen que vivamos en hiperglucemia constante, es decir, un nivel de glucosa en sangre que está constantemente elevado. Es común que exista también un estado de hiperinsulinemia, como preámbulo al desarrollo de diabetes tipo 2 cuando nuestro cuerpo está comenzando a volverse resistente a su propia insulina o ésta no funciona como debería. En este aspecto, por lo tanto, la hiperglucemia y la hiperinsulinemia van muy de la mano; y ambas indican un desajuste metabólico que a largo plazo causa enormes daños a la salud.
De hecho, se ha mostrado en varios estudios que en sujetos sanos, un aumento de los niveles de glucosa sanguínea de tan sólo 20 a 40 mg/dl durante tres días, producen ya una disminución en la sensibilidad a la insulina (es decir inadaptación, mala utilización de los sistemas metabólicos). ¡Esto es muy fuerte cuando nos damos cuenta de que hoy en día, siguiendo la alimentación moderna alta en carbohidratos, hay individuos viviendo así durante años!…
Es por ello que se habla, pues, de glucotoxicidad: el estado metabólico desajustado y desbalanceado en donde nuestro organismo está comenzando a sufrir, poco a poco, grandes daños debido a los altos niveles de glucosa y de insulina en la sangre. Tanto la glucosa como la insulina, son sustancias que en situación de normalidad deberían mantenerse en niveles constantes y bajos a lo largo de nuestra vida. La toxicidad que viene de esta elevación constante, tanto de la glucosa como de la insulina, derivan entonces en daños por hiperglucemia así como hiperinsulinemia, que pronto comienza a traducirse en resistencia a la insulina. Por lo tanto, puede hablarse tanto de glucotoxicidad como de insulinotoxicidad; conceptos que escuché por primera vez del Dr. Richard Bernstein, uno de mis maestros en el camino de aprender sobre gestión de la diabetes para la salud.
Como lo explica este artículo, cabe aclarar que “toxicidad” no es lo mismo que “resistencia”, aunque en este tema ambas cosas van muy de la mano también: cuando nuestro sistema metabólico se sale de balance por la constante hiperglucemia, aparecen daños por glucotoxicidad así como un estado de resistencia tanto a la glucosa (que ya no está siendo bien aprovechada por los músculos) como a la insulina (desarrollando así diabetes tipo 2). Todo esto se traduce, en pocas palabras, en desajustes metabólicos que dañan y comprometen nuestra salud.
Es crucial saber también que la glucotoxicidad no solamente causa daños a quienes vivimos con diabetes, sino a todo el mundo. Sencillamente porque va en contra de nuestro diseño genético. Independientemente de que se tenga o no un diagnóstico de diabetes, los daños por glucotoxicidad existen para cualquier individuo que constantemente dispare su nivel de glucosa sanguínea; principalmente esto suele ser consecuencia de una alimentación basada en carbohidratos, alta en azúcares y productos procesados, así como otros factores de nuestro estilo de vida: hábitos de sueño, ejercicio, gestión del estrés, etc.
¿Qué partes de nuestro cuerpo son dañadas por glucotoxicidad?
Se tenga o no el diagnóstico de “Diabetes”, las consecuencias de la anormalidad glucémica tienen una relación directa con el origen y el agravamiento de enfermedades. Los daños de la glucotoxicidad suceden a nivel de todos nuestros órganos y sistemas. Esta tabla resume algunos:
DAÑOS POR GLUCOTOXICIDAD QUE SE TRADUCEN EN:
Aumento de grasa abdominal (que es en sí mismo un indicador de síndrome metabólico).
Diabetes tipo 2
Cáncer
Enfermedades neurológicas (Alzheimer, que ya comenzamos a llamar “diabetes tipo 3”)
Acné
Gota
Enfermedades cardiovasculares
Disfunción eréctil
Daños en la vista – Retinopatía
Síndrome de ovarios poliquísticos (SOP)
Problemas circulatorios varios, por ejemplo afectación en pies (“pie diabético”)
Tan sólo en el tema de la retinopatía, hay incontables estudios detallando los daños que la hiperglucemia le hace a nuestros ojos. Sucede así porque los ojos son realmente órganos delicados, con muchas pequeñas partes que pueden dañarse irreversiblemente cuando nuestra sangre está elevada en glucosa constantemente. Son tan pequeñas las venas que irrigan las partes más finas de nuestros ojos, que este azúcar en sangre puede causar daños irreversibles y catastróficos para el buen funcionamiento ocular. Estos artículos nos muestran cómo hay una fuerte asociación entre una hemoglobina glicada HbA1c elevada (y niveles altos de glucosa en ayunas), con la alta prevalencia de retinopatía diabética. También muestran cómo puede existir una retinopatía diabética a partir de un nivel de glucosa en sangre igual o mayor a 126 mg/dl.
¿Por qué es tóxica la glucosa para el organismo humano?
A esta pregunta podría darse una respuesta sencilla y otra más compleja.
La respuesta sencilla es que los seres humanos no evolucionamos consumiendo grandes cantidades de glucosa, ni mucho menos varias veces al día ni como “base” de nuestra alimentación – tal como ahora, equivocadamente, los organismos oficiales de salud nos recomiendan que hagamos. Los cereales, y después los comestibles procesados, sólo aparecieron en nuestra historia muy reciente. Antes de eso, durante millones de años fuimos cazadores-recolectores; siguiendo una dieta basada principalmente en proteína animal, grasas saturadas, y sólo muy pocos carbohidratos en ciertas temporadas y ciertas áreas del planeta.
Por lo tanto, llevar una alimentación basada en carbohidratos y glucosa es anti-evolutivo e incoherente con nuestra genética, ya que el azúcar en sangre comienza a hacernos muchos daños en cuanto excede el umbral bajo que mencioné antes. La historia de la humanidad muestra que durante 2,5 millones de años, los niveles de glucosa e insulina en sangre se mantenían muy estables en casi la totalidad de la población. Es así porque nuestro metabolismo fue forjado por los alimentos que estuvieron disponibles durante nuestra evolución como especie; y éstos fueron la proteína animal, las grasas saturadas, y sólo relativamente pocos vegetales, frutas y frutos secos de temporada y de región.
Una alimentación que dispara la glucosa en sangre varias veces al día, es algo que sencillamente se sale de nuestro diseño genético: es por eso que nuestra sangre tiene relativamente baja tolerancia o un bajo umbral de glucosa tolerable para el organismo.
La respuesta más compleja, adentrándonos un poco más en la ciencia, es que el estado de hiperglucemia daña a nuestro organismo de varias maneras distintas. La afectación sucede por varias vías. Por un lado, el azúcar se adhiere a las proteínas, dejándolas “pegajosas” literalmente. Una simple analítica suele mostrar el grado de “glaseado” de las proteínas de nuestra sangre. La hemoglobina glicosilada Hba1c es uno de los marcadores que indican si una persona tiene la condición de diabetes, o está en riesgo de desarrollarla. Una hemoglobina glicada que rebasa el 5,3%; ya indica una anormalidad glucémica y comienzan los daños por glucotoxicidad.
Por otro lado, existe un mecanismo por el cual la hiperglucemia per se, puede dañar la función de la célula beta (β) del páncreas, empeorando su capacidad secretora, así como alterar la utilización periférica de la glucosa, favoreciendo la insulinorresistencia. La glucosa alta (fuera de rangos normales) produce resistencia a la insulina, y varias respuestas metabólicas tóxicas como el daño de tejidos. Entre ellas: glicosilación de los transportadores. El ambiente crónico con hiperglucemia produce glicosilación o glicación de proteínas, que cambia la estructura de las moléculas alterando sus funciones, en este caso de los transportadores de la glucosa, con una menor captación de glucosa en los tejidos periféricos. Esta hiperglucemia crónica causa un defecto sistemático sobre la función de las células beta.
Se han propuesto cinco mecanismos que podrían explicar la acción tóxica de la glucosa sobre la secreción insulínica: a) La hiperglicemia, por regulación negativa produciría una disminución del transportador de glucosa GLUT 2, en la célula beta. b) Menor actividad de la fosfolipasa C, enzima necesaria para la formación de inositidos fosfatos, que participan en la secreción insulínica al aumentar el nivel de calcio intracelular. c) La hiperinsulinemia y principalmente la hiperproinsulinemia tendrían un efecto negativo (“down regulation”), frenando la síntesis de la hormona. d) Aumento de radicales libres, la glucosa actúa como un radical libre produciendo citotoxicidad. e) Glicosilación de insulina, que disminuiría la acción de la hormona, este último mecanismo es el menos fundamentado.
Es por ello que la hiperglucemia e hiperinsulinemia interactúan una con la otra, pues la elevación de glucosa interfiere con la producción y utilización normal de la insulina, y vice-versa. En breve, un total desajuste metabólico en donde el balance normal de nuestro cuerpo se ve afectado.
Algunas de estas vías de daños por hiperglucemia pueden verse esquematizados aquí:
¿Pueden evitarse o revertirse los daños por glucotoxicidad?
¡Claro!… Si se puede prevenir, también se podría revertir. Como expliqué, esta resistencia a la insulina y años con hiperinsulinemia e incluso hiperglucemia sin tener el diagnóstico de diabetes tipo 2, pueden darse durante meses y años. Dependiendo de la situación de cada persona, su contexto y la causa de esta, se puede revertir esta situación (glucotoxicidad o insulinotoxicidad), pero hay que evaluarlo de forma personalizada. Y el objetivo de revertir este ambiente tóxico, es cambiarlo por un ambiente saludable u óptimo, no es volver a comer todos los carbohidratos y ultraprocesados que nos llevaron al desastre en primer lugar.
Por lo tanto, la parte positiva de todo esto es que la gran mayoría de daños por glucotoxicidad pueden evitarse o revertirse (dependiendo, sin embargo, de qué tan avanzados estén dichos daños). Una gran parte de la respuesta reside en la normoglucemia: es decir, mantener niveles de glucosa en sangre normales la mayor parte del tiempo, cosa que es posible se viva o no con diabetes. Esto se deriva no solamente de llevar una alimentación baja en carbohidratos y coherente con nuestra genética, sino también de la gestión adecuada de muchos otros aspectos de nuestra vida: ejercicio, sueño, emociones, gestión del estrés y de nuestro contexto socio-afectivo, etc.
Las personas con diabetes o sin ella, podemos optar y aprender cómo normalizar los niveles de glucosa en sangre (es decir, vivir en normoglucemia) y tener una vida con salud integral.
Recuerda que el aprendizaje y la educación son, ya no tan sólo “parte de” el tratamiento para la diabetes, sino que son en sí mismos el tratamiento. Y si no vives con diabetes, ¡son la mejor manera de evitarla!… Volvernos expertos en nuestro propio cuerpo – y en dado caso, en la gestión de nuestra propia diabetes – es algo posible y que se vuelve más fácil y seguro si se hace de la mano de un profesional coherente y preparado, que también vive con dicha condición.
Mi experiencia y mis programas:
Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.
Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a:
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¿Tienes “Diabetes Lábil”?

¿Has escuchado hablar de la “diabetes lábil”?… En el mundo de la diabetes es un término muy utilizado; se le llama “diabetes mellitus lábil” a un tipo particular de diabetes tipo 1 que es particularmente difícil de controlar. Quienes viven con esta “diabetes lábil” tienen más probabilidades de presentar cambios extremos y frecuentes en la glucemia (niveles de glucosa en sangre), lo que provoca episodios fuertes de hiperglucemia o hipoglucemia.
Se escucha decir a muchas personas que este tipo de diabetes es “inexplicable” y que simplemente “te toca por mala suerte”. Aquí justamente quiero desenmascarar esto. De hecho, desde mi propia experiencia viviendo con diabetes tipo 1 y acompañando profesionalmente a muchas personas a manejar su diabetes; yo cuestiono incluso esta idea de una “diabetes lábil” que supuestamente es “imposible de controlar”. En la gran mayoría de los casos, se trata simplemente de personas que – por las razones que sean – no han logrado llevar una normalidad glucémica ni un manejo de la diabetes que les lleve al bienestar. Probablemente lleven una alimentación alta en carbohidratos o basada en carbohidratos; lo cual vuelve casi imposible lograr normalidad glucémica; quizá su manejo de la insulina y/o medicación también es inadecuada, por lo que viven viajando entre estos extremos de hipoglucemia e hipoglucemia fuertes.
Cada vez aprendemos más sobre esta supuesta “diabetes lábil” y sabemos que tiene varias causas potenciales. Problemas psicológicos, y una digestión inconsistente como resultado de daños en el nervio vago (neuropatía derivada en gastroparesia) explican la mayoría de los casos. Y sobre todo, estas causas se ven agravadas por la alimentación alta en carbohidratos; que nos causa tantos daños y que aún se nos recomienda a quienes vivimos con diabetes, complicando nuestra salud y comprometiendo nuestro bienestar. Este estilo de alimentación moderna prácticamente garantiza que vivamos en hiperglucemia, alterando todo nuestro metabolismo.
De este modo, resulta muy importante aprender, pues la educación en sí misma es el tratamiento para la diabetes. Por tanto, más que pensar que “la causa de la diabetes lábil es inexplicable” o que “te toca porque sí, al azar” o por “mala suerte”; las evidencias nos muestran que una hiperglucemia crónica puede causar gastroparesia, que es una manifestación en digestión lenta (entre otros síntomas) de la neuropatía diabética, y esto tiene sentido si también lo relacionamos con la gran conexión que existe entre nuestra microbiota intestinal y el funcionamiento neurológico.
Aquí podemos ver, por lo tanto, que estos desajustes digestivos y metabólicos, combinados con una alimentación muy alta en carbohidratos y productos procesados, puede ser directamente la causa de esta “diabetes lábil”, desmintiendo que sea simplemente “por azar”. He encontrado muchos casos en donde a la persona simplemente le dijeron que “tenía diabetes lábil”, sin explicar el por qué… Y muchas veces la persona simplemente acepta esta etiqueta, “tengo diabetes lábil” y esto puede ser una excusa para ponerse “cómodo” y dejar de aprender, pues si resulta que uno simplemente “tiene diabetes lábil” y esto es “por azar, por mala suerte”, pues entonces “qué se le va a hacer”… Yo cuestiono esta idea, e invito a las personas que acompaño a cuestionarla también. Aunque te hayan dicho que “tienes diabetes lábil”, es posible empoderarnos, responsabilizarnos de nuestra condición, y aprender paso a paso, para lograr vivir con normalidad glucémica. Como dije antes, trastornos digestivos y un manejo inadecuado de la alimentación o la medicación (o ambas), son lo que en realidad causa casi siempre ésta “diabetes lábil”.
En otros artículos he explicado que la glucemia elevada (y en forma general la anormalidad glucémica) durante períodos prolongados puede afectar la capacidad de los nervios para funcionar correctamente, ya que la hiperglucemia crónica afecta en realidad a todos los órganos de nuestro cuerpo. Es común que los nervios que estimulan la actividad muscular, la secreción de enzimas y la producción de ácidos necesarios para la digestión, funcionen mal en personas que han vivido con diabetes desde hace mucho tiempo, pero especialmente si ha existido una anormalidad glucémica e hiperglucemia crónica durante mucho tiempo. Esto sin duda puede afectar el estómago, intestino o ambos.
La diabetes lábil también se asocia a menudo con estrés, depresión y otros problemas psicológicos. El estrés puede provocar una resistencia a la insulina aguda y temporal. Esto quiere decir que el cuerpo no responde a la insulina y ésta puede aparecer y desaparecer muy rápidamente sin previo aviso. Esto genera muchos desafíos a la hora de gestionar las dosis de insulina. La “diabetes lábil” también puede asociarse a una dificultad para absorber correctamente la insulina exógena, o bien a una interacción con otros medicamentos.
Dado que el principal problema al vivir con este tipo de diabetes “frágil” son los aumentos y descensos impredecibles en los niveles de glucosa sanguínea, una alimentación muy baja en carbohidratos o cetogénica (keto), puede ayudar a reducir estas grandes oscilaciones de la glucosa en sangre (la que hemos llamado antes “montaña rusa del azúcar”). Ya que con una alimentación de este estilo es mucho más fácil estar en normoglucemia, es decir que los niveles de glucosa en sangre se mantienen estables por más tiempo, sin tantos picos glucémicos (subidas y bajadas bruscas en la glucosa sanguínea). Siguiendo una alimentación así, las subidas y bajadas de glucosa en sangre son menos bruscas y menos graves (aunque muchos otros factores también son importantes y deben manejarse, tales como el sueño, estrés, ejercicio, etc).
Recordemos que las complicaciones diabéticas existen debido a la anormalidad glucémica o hiperglucemia crónica. Por lo tanto, el diagnóstico de diabetes en sí mismo, no tiene por qué significar una peor salud o calidad de vida. Si tenemos el objetivo de lograr la normoglucemia (niveles normales de glucosa en sangre, por debajo de 100m/dL y una hemoglobina glicada HbA1c igual o inferior a 5,4%, lo cual es posible aun viviendo con diabetes), podemos entonces tener salud y bienestar, evitando complicaciones diabéticas
Así como esta diabetes lábil no es debida a la “suerte” ni al “azar”, de la misma manera tampoco hay fórmulas mágicas para gestionarla. Esta idea en realidad resuena para todas las personas que vivimos con diabetes, del tipo que sea: no existe una píldora mágica que de inmediato haga desaparecer la condición, sino que es nuestra responsabilidad el educarnos y aprender, para volvernos expertos en gestionar nuestra propia diabetes.
Mucha gente entiende a la diabetes lábil como una supuesta “diabetes incontrolable”, pero esto al final no debe convertirse en una excusa para dejar de hacerse responsable. Con una alimentación alta en carbohidratos es casi imposible de controlar la glucemia, pero en mi experiencia – y la de muchas personas a las que he acompañado a lograrlo -, con una alimentación baja en hidratos y un acompañamiento que nos apoye a gestionar diversos factores de nuestro estilo de vida, podemos lograr la normoglucemia que nos traiga bienestar.
Es por supuesto un tema complejo, y la alimentación no es la única medida importante a tener en cuenta, ni es la única que ayuda a gestionar mejor las causas de esta diabetes lábil. El acompañamiento de un profesional coherente, que también vive con diabetes tipo 1, puede ayudarte con su experiencia a revisar estos factores y gestionar un acompañamiento que te apoye a llevar un mejor manejo de esta condición, para tener salud y bienestar.
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Mitos y Verdades de la Diabetes Gestacional

Así como ha aumentado enormemente la incidencia de diabetes tipo 2 (DT2) en las últimas décadas, también ha ido en aumento en muchos países la prevalencia de diabetes gestacional (DG). Y esto se debe a que ya desde la base, tenemos un contexto social obesogénico y diabetogénico, en donde nuestras costumbres – sobre todo alimenticias, pero también en cuanto a sueño, estrés, etc. – se han desconectado por completo de lo que nuestros genes están programados para recibir y hacer. La DG se define como aquélla intolerancia a la glucosa que aparece por primera vez durante el embarazo, en mujeres que nunca antes tuvieron esta condición.
La DG es común debido a que el embarazo es por naturaleza un estado insulino-resistente (en especial el tercer trimestre), en donde nuestro metabolismo sufre temporalmente cambios para favorecer el crecimiento y desarrollo del bebé. Durante el embarazo se presenta una resistencia fisiológica a la insulina, para que pueda darse el crecimiento del bebé y también de la glándula mamaria. Esto, sumado a nuestro actual contexto obesogénico, hace que exista ahora una explosión de casos de DG en embarazadas por todo el mundo. Me encuentro con muchos mitos acerca de la diabetes gestacional, hablaré de los más comunes. He hablado también antes de mi propia experiencia en mi embarazo viviendo con diabetes tipo 1; aquí puedes encontrar los artículos sobre trimestre primero, segundo, tercero, y el parto.
Además, resalto que existe una gran diferencia entre los distintos trimestres, ya que los primeros dos son una etapa anabólica, mientras que el tercer trimestre es una etapa catabólica, por lo cual las diferentes etapas del embarazo son momentos metabólicamente distintos, en donde van cambiando las respuestas hormonales de nuestro cuerpo a los alimentos (entre los muchos otros factores relevantes al bienestar físico), así como a las propias hormonas: insulina, estrógeno, progesterona y demás hormonas relativas a la gestación en sí misma, etc. En el primer trimestre incluso es normal que las mujeres tengan niveles de glucosa en sangre un poco más bajos que lo normal; en cambio el último trimestre es la etapa más insulino-resistente en donde muchas mujeres son diagnosticadas con DG.
Es fácil en muchas ocasiones que se confunda o mal-diagnostique la DG, ya que puede suceder que muchas mujeres ya tenían desde antes de quedarse embarazadas una resistencia a la insulina o incluso diabetes tipo 2 (DT2), sin embargo no se les detectó sino hasta el momento del embarazo y en los controles pre-natales. Y esto, nuevamente, se debe a que vivimos socialmente en un contexto obesogénico; la mayoría de la gente lleva una alimentación basada en cereales y procesados, es decir una alimentación no normoglucémica, favorecedora de hiperinsulinemia e hiperglucemia en toda la población. Por lo cual, tan solo por vivir en este contexto actual; todas las mujeres estamos expuestas a un riesgo de hiperglucemia e hiperinsulinemia, y al quedarnos embarazadas tener DG o una fuerte insulino-resistencia o intolerancia a la glucosa. Hay que resaltar que la intolerancia a la glucosa se presenta en muchos embarazos sin que exista forzosamente DG. Sin embargo, esta intolerancia también presenta riesgos en sí mismos, pues como he explicado antes; los riesgos a la salud son debidos a la hiperglucemia, y no a la diabetes diagnosticada como tal.
Este tema es de enorme importancia por el simple hecho de que el embarazo es una etapa vulnerable tanto para la madre como para el bebé; vulnerable no sólo en lo físico sino también lo emocional, afectivo y psico-social; y además es una etapa definitoria de la salud de ambos, presente y futura. La salud y bienestar de la madre durante el embarazo, tiene efectos en la salud presente y futura del bebé: su expresión epigenética, el riesgo de algunos trastornos autoinmunes, el estado de su microbiota intestinal, la calidad de la leche materna, etc.
Factores de riesgo para el desarrollo de DG son: cualquier alteración previa de la glucosa en sangre (factor que presenta prácticamente toda la población femenina actual), edad mayor a 25 años, sobrepeso antes del embarazo, fumar, hipertensión, entre otras. Abordaré a continuación los mitos que más me encuentro respecto a este tema:
Mito: La diabetes gestacional aparece “por no cuidarse”.
Quiero antes todo mencionar el tema fundamental, y que ya he tocado antes en otros artículos, de que los sentimientos de culpabilidad en diabetes no nos ayudan a aprender ni a llevar a cabo un aprendizaje productivo y eficaz. Vivimos en un contexto fuertemente obesogénico, donde las recomendaciones nutricionales – tanto para el embarazo como en general – están plagadas de mala ciencia, intereses comerciales, e información obsoleta y desactualizada. Por lo cual, todos estamos en riesgo de algún tipo de diabetes. Culpabilizar a una mujer embarazada por presentar DG, o culpar a cualquier persona por vivir con diabetes “porque no se cuidó”, es ignorar este contexto obesogénico en el que estamos totalmente inmersos; e ignorar la corresponsabilidad de las industrias de ultraprocesados, del mercado que vuelve súper accesibles estos comestibles dañinos, del sistema sanitario que está hecho para solamente “parchar” crisis agudas en lugar de enfocarse en prevención, y de millones de sanitarios y profesionales médicos que no acompañan en un aprendizaje verdadero, sino que sólo aplican uniformemente directrices obsoletas.
Si queremos realmente tomar las riendas de nuestra salud y bienestar, con un embarazo o en cualquier otro contexto, es indispensable identificar esta sensación de culpabilidad que no nos ayuda, y transformarla en responsabilidad de involucrarnos con el aprendizaje y el conocimiento de nuestro cuerpo. ¡Centrémonos en lo maravilloso que es ser mujeres dadoras de vida, y no en la culpabilidad de “no estar haciéndolo todo perfecto”!… La perfección es enemiga del progreso, y por ello es mucho más productivo poner el foco en ser responsables y en hacer mejorar progresivas poco a poco, y no en la culpabilidad de “esto pasó por no cuidarse”.
Mito: Es “normal” en la diabetes gestacional tener picos de más de 140 mg/dl después de las comidas, o en algún momento de estrés.
Como hemos visto antes en mi información sobre normoglucemia; esto es falso, ya que las complicaciones diabéticas dependen al 100% de la hiperglucemia sostenida por encima del rango normal (HbA1c igual o mayor a 5,4%). De hecho, durante el embarazo se ha visto que los niveles de glucosa sanguínea son un poco más bajos que fuera del embarazo; así que ni antes, ni después de las comidas ni en ningún momento deberían tolerarse los picos glucémicos ya que causan daño en cualquier momento que sea.
Mito: La diabetes gestacional hará que mi bebé también tenga diabetes, o tenga mucho riesgo de tenerla.
Esto no es verdad. Como he mencionado antes, hay que hablar de forma coherente y con términos correctos en el contexto educativo de la diabetes: la diabetes en sí misma no causa riesgo, lo que sí causa riesgos y daños es la hiperglucemia crónica. Esta hiperglucemia a su vez – se tenga o no un diagnóstico de diabetes – podría causar riesgo durante el embarazo para el bebé y para la madre.
Las complicaciones o riesgos de la hiperglucemia, es decir la DG no tratada adecuadamente en el bebé son:
Control glucémico inadecuado en la 1era parte del 1er trimestre = alto riesgo de anomalías cardíacas y neurológicas congénitas.
Control glucémico inadecuado en el 2do y 3er trimestre = alto riesgo de macrosomía, y morbilidad y mortalidad neonatales.
Complicación principal = Macrosomía (el neonato pesa más de 4 kilogramos).
Las complicaciones o riesgos de la hiperglucemia, es decir la DG no tratada adecuadamente en la madre, son:
Preeclampsia (incidencia de 6 – 8% de embarazos).
Eclampsia = caso más grave de preeclampsia, por la presencia de convulsiones y coma.
Es muy importante entonces recordar que durante el embarazo, la intolerancia a la glucosa, o alteración de la glucosa, o anormalidad glucémica sin llegar a diabetes es entre 2 y 3 veces más prevalente que la DG, pero los resultados y riesgos para el feto son similares. Hay que poner entonces el foco en la anormalidad glucémica en sí misma, se tenga o no se tenga un diagnóstico de DG o cualquier otro tipo de diabetes previo.
Mito: La salud de la madre no influye en el bebé para nada.
El estado de salud de la madre durante el embarazo sí que puede afectar al bebé. La hiperglucemia, se tenga o no un diagnóstico de diabetes como tal (de cualquier tipo), afecta el crecimiento del bebé y también la composición de la leche materna; así como la microbiota del bebé. Es un tema muy interesante, y que apenas empieza a conocerse mejor, cómo ambas microbiotas están relacionadas.
Si bien la mayoría de la gente tiene la noción, a algún nivel, de que la salud de la madre puede afectar al bebé; nos encontramos algunas versiones de este mito en muchos sitios, también en el mundo de la diabetes en general. Hay además otros consejos populares que, a pesar de ser populares, son erróneos: por ejemplo aconsejar a la madre que “coma por dos”… Y si bien una mujer embarazada ciertamente comerá un poco más, ¡no debe comer por dos adultos, sino por una adulta y un feto en desarrollo!… La alimentación adecuada, durante el embarazo y fuera de él, es un tema donde tiene mucha más importancia la calidad del alimento. Por el contrario, ya sabemos que comer porciones demasiado grandes en cantidad, sobrecarga nuestro metabolismo y nuestros sistemas, causando grandes problemas de salud.
Mito: Sólo la salud física es importante.
Quiero resaltar lo importante que es también, durante el embarazo, el contexto emocional y psico-afectivo que rodea a la madre. Asimismo, toda esta información no debe tener el objetivo de causar más estrés, ¡eso en sí mismo es contraproducente!… Es de suma importancia que la madre pueda estar relajada durante el proceso de gestación, ya que el estrés en sí mismo altera no sólo la glucosa en sangre, sino prácticamente cualquier indicador metabólico y nuestro bienestar en general. El embarazo es una etapa vulnerable, es fácil que las madres sientan muchos miedos. No olvidemos tampoco la importancia de otros factores como el dormir bien, hacer ejercicio físico, cosas que mantengan también la salud y balance psicológico como meditar o hacer yoga, etc.
Mito: Si tuviste DG, una vez que termina el embarazo “todo pasa” y ya no tienes que preocuparte por la glucosa en sangre o diabetes.
Después del embarazo, en principio al quitar este contexto de resistencia fisiológica a la insulina, se quitaría esta diabetes gestacional; sin embargo, si se sigue con un ambiente “obesógenico” que es tan común hoy en día, llevando una alimentación basada en cereales modernos, azúcares y procesados, hay una altísima prevalencia de DT2 después del embarazo, e incluso suele ser un momento también de alto diagnóstico de diabetes tipo 1 tardía o tipo LADA, después de tener una diabetes gestacional.
Lamentablemente, debido al contexto altamente obesogénico en que vivimos, existe una altísima prevalencia de diabetes tipo 2 en mujeres que durante el embarazo tuvieron diabetes gestacional. Es importante por eso, si existió DG, seguir monitoreando y llevando un manejo de la glucosa en sangre después del embarazo; así como llevar una alimentación baja en carbohidratos, basada en comida real.
Mito: La diabetes diagnosticada durante el embarazo “no se cura”.
Asimismo, nos encontramos el mito opuesto al anterior: que cualquier diabetes gestacional “no se cura” en el sentido de que significa desarrollar diabetes tipo 2 de manera “permanente”. Una vez más hay que reiterar que los daños no vienen dados por la diabetes en sí misma, sino por la anormalidad glucémica. Por lo tanto, es aquí donde hay que poner la atención; antes, durante y después del embarazo: en tener normalidad glucémica que nos asegure bienestar y que nos ayude a evitar muchísimas complicaciones de salud.
Mito: Si tienes DG, o si tenías diabetes de cualquier tipo antes de quedarte embarazada, es normal tener niveles altos de glucosa en sangre (por encima de 100 mg/dL).
Esta hiperglucemia no es normal en ningún momento del embarazo, con o sin DG; así como tampoco es “normal” en personas que viven con diabetes del tipo que sea, por mucho que haya tantos profesionales sanitarios que tienen esta postura pro-hiperglucemia y nos cuentan que es “normal”. Al contrario, la misma idea que defiendo en mis demás artículos, webinars y programas, es la idea de que la normoglucemia es posible viviendo con diabetes – incluyendo diabetes gestacional. Y no solamente es posible, sino que también es nuestro derecho. En mis programas de acompañamiento, voy de la mano con muchas personas que también viven con diabetes al igual que yo, comprometiéndonos con un aprendizaje y educación que nos lleven a vivir con normalidad glucémica, que es la única forma de tener bienestar en diabetes.
Mito: Se puede tener “poca” o “mucha” diabetes gestacional.
Mencioné en artículos anteriores este mito similar, cuando se tiene diabetes de cualquier tipo; y aclaré que el diagnóstico de diabetes se hace según parámetros objetivos y medibles. No es posible tener “poca” o “mucha” diabetes, sino que se tiene o no se tiene. Lo mismo sucede con el diagnóstico de DG. Y sobre todo, lo más importante es entender que los daños a la salud no suceden debido a la diabetes en sí misma, sino que los daños son consecuencia de la anormalidad glucémica: la hiperglucemia crónica con la que vive muchísima gente, tenga o no un diagnóstico de diabetes. Esta hiperglucemia – nivel anormalmente alto de glucosa en sangre – se mide según varios parámetros también objetivos: una glucosa en sangre en ayunas de 100 mg/dL o más, una hemoglobina glicada HbA1c de 5,5% o más, entre otras pruebas.
Lo mismo es aplicable en el embarazo: muchas mujeres no tienen DG, pero sí anormalidad glucémica, y esto es lo que presenta riesgos. Además de los riesgos para la madre, existen riesgos para el bebé en desarrollo. Una de las características principales (y más fácilmente detectables) de esta anormalidad glucémica es la macrosomía fetal, es decir, bebés que son muy grandes y que presentan este crecimiento anormal debido a la hiperglucemia en el cuerpo materno. Aquí vemos cómo otra creencia convencional es equivocada: la gente tiende a pensar que entre más grande nazca el bebé es “mejor”, pero lo cierto es que un bebé demasiado grande (y sobre todo, que es demasiado grande por causa de esta hiperglucemia), es señal de anormalidad metabólica y aumento de riesgo de cualquier enfermedad metabólica tanto para la madre como para él.
Mito: La prueba de O’Sullivan (prueba de carga oral de glucosa) es la única manera de detectar signos de DG, y además es necesario/obligatorio hacerla.
La prueba de O’Sullivan ciertamente es una manera de detectar anormalidad glucémica o DG, sin embargo, en mi experiencia hay otras maneras más fiables de detectar esta anormalidad (como la hemoglobina glicada HbA1c), y que además no involucran el riesgo de esta súbita carga de glucosa, que ciertamente ocasionará un pico hiperglucémico que no es recomendable para nadie. Someterse a una prueba que es una hiperglucemia severa (aunque podamos creer que “dura poco”) no es la mejor opción, además de que por obvias razones una mujer que viva con diabetes tipo 1 no debe jamás someterse a tal sobrecarga de azúcar.
Mito: La única complicación de la diabetes gestacional es que los bebés nazcan grandes y esto está asociado con “buena salud”.
Como mencioné, la macrosomía del bebé no está asociada con “buena salud”, todo lo contrario. A consecuencia de la macrosomía son más frecuentes la asfixia perinatal y los traumatismos durante el parto, parálisis braquial y fractura de clavícula, porque la macrosomía se debe a un exceso de hiperglucemia e insulina en la madre, y con ello todas las consecuencias hormonales y metabólicas en el bebé “grande”.
Mito: Si llego a utilizar insulina es porque el embarazo se está complicando o porque la situación “es muy grave”.
El el tratamiento de la diabetes gestacional se debe hacer con el objetivo de conseguir normalidad glucémica durante el embarazo “como si no se tuviese diabetes”. Esto se puede hacer limitando los carbohidratos, en especial carbohidratos refinados. Si con ello no se llega a las metas, es posible utilizar insulina de forma adecuada y efectiva para conseguirlo, siempre con la educación y acompañamiento adecuado. No tiene nada qué ver con que la situación sea “más grave”, sino que por el contrario una intervención temprana con insulina exógena, puede ser una herramienta muy útil para el manejo adecuado de la DG y conseguir normoglucemia.
Mito: Si vivo con diabetes no debo dar lactancia a mi bebé, porque le puedo “contagiar” o “pasar azúcar por esa vía”.
La lactancia materna es positiva tanto para las mujeres con diabetes previa al embarazo, como para las madres que padecieron DG. En ambos casos, dar el pecho mejora la salud de las madres ya que amamantar a sus bebés mejora sus niveles de glucemia. A las madres que padecieron diabetes en el embarazo, la lactancia materna les protege frente al desarrollo de diabetes tipo 2 (DT2) en el futuro. De hecho, algunos estudios indican que sólo un 4% de las mujeres que tuvieron DG y dieron el pecho desarrollaron DT2. En cambio, un 9% de las mujeres que tuvieron DG y no dieron el pecho desarrollaron DT2.
No hay que olvidar que después del parto, durante la lactancia y el destete los niveles de glucosa, las dosis de insulina y las necesidades energéticas de la madre pueden cambiar. La necesidad de insulina cae abruptamente en las horas después de dar a luz. La hormona oxitocina que se libera durante la lactancia puede también ayudar a una madre con DM a sentirse mejor físicamente y emocionalmente. Los estudios también indican ahora que la lactancia materna no solamente disminuye el riesgo de cáncer de pecho, cáncer de ovario y osteoporosis, sino que también reduce la incidencia de diabetes en las madres y en los niños.
Mito: Estar resfriada, tener la gripe o tomar medicamentos es incompatible con la lactancia.
Esto es falso. No hay que dejar de dar el pecho porque la madre tenga un resfriado o gripe, ni tampoco si toma fármacos. Por la leche, transferimos defensas al niño/a que le protegen de la infección. Antes de coger al bebé, conviene lavarse las manos y, si es necesario, cubrirse la nariz y la boca con una mascarilla o un pañuelo. En cuanto a los medicamentos, existe una web E-lactancia muy recomendable para comprobar la compatibilidad de los medicamentos con la lactancia materna.
El embarazo es, en definitiva, una etapa metabólicamente vulnerable, en donde se programa la salud futura de la madre y del niño. Esto lo convierte en una oportunidad para cuidarse aún más, tener normoglucemia y estabilidad glucémica. La educación en tu salud es una herramienta eficaz y fundamental para aplicar antes, durante y después del embarazo, y definitivamente es más seguro y efectivo realizarlo de la mano de un profesional.
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Opinión Sobre el Consenso de la ADA 2020

Como profesional en el ramo de la salud que acompaño a personas que viven con diabetes (y viviendo yo misma con diabetes), me gusta estar actualizada en la información oficial y los cambios que se le van haciendo con el tiempo. Fundamentalmente, miro las directrices de la ADA, la Asociación Americana de la Diabetes por sus siglas en inglés. Daré mi opinión sobre sus recientemente publicados “Estándares 2020 de Atención Médica en Diabetes” (Standards of Medical Care in Diabetes – 2020). Estos incluyen todas las recomendaciones de práctica clínica actuales de la ADA y tienen como objetivo proporcionar a médicos, pacientes, investigadores, y aquéllos relacionados con la atención de la diabetes, objetivos generales de tratamiento y herramientas para evaluar la calidad de la atención.
Esta asociación proporciona directrices y estándares, ya que ese es su trabajo específico. No se enfocan tanto en analizar los beneficios o perjuicios de algún estilo concreto de vida o de alimentación; sino que el enfoque está más puesto en los estándares y parámetros numéricos. Por ejemplo, nos da las directrices sobre cuáles son los rangos supuestamente “saludables” (o al menos “suficientemente buenos”, según su visión), para quienes vivimos con diabetes, de glucosa en ayunas, glucosa postprandial, hemoglobina glicada HbA1c, tiempo en rango, etcétera. Y si bien los parámetros numéricos son muy importantes, como yo misma lo recalco todo el tiempo (enfatizo por ejemplo que el diagnóstico de diabetes se hace según parámetros medibles y cuantificables); estos parámetros no servirán para nada si desde el inicio están basados en premisas falsas, o peor aún, si ya desde el inicio nos están dando a quienes vivimos con diabetes un estándar de salud peor que el de las personas sin diabetes. Por tanto, lo fundamental de mi crítica hacia las directrices de la ADA es que no hay un enfoque – ni una mención siquiera – en la única cosa que trae verdadera salud y bienestar cuando se vive con diabetes: la normoglucemia. O sea, vivir con niveles normales de glucosa en sangre, iguales a los que tiene una persona sana que vive sin diabetes, los niveles que garantizan el bienestar.
Por tanto las directrices de la ADA, aunque no se metan realmente a analizar o recomendar a fondo un estilo particular de alimentación, siguen basándose en ciertas premisas falsas, por ejemplo siguen recomendando “una alimentación baja en grasas saturadas” o la supuesta “necesidad de los carbohidratos en la alimentación”. Todo ello basado aún en la teoría del balance calórico o energético, especialmente tratándose de peso o composición corporal: la teoría de que para mejorar la composición corporal – y con ella toda nuestra salud – supuestamente lo que hay que hacer es “comer menos y moverse más”, una teoría que ya sabemos que es falsa, pues nuestro metabolismo es complejísimo y tiene mucho más qué ver con hormonas que con “calorías”. Siguen recomendando a personas con diabetes el consumo de cereales (eso sí, “integrales”), leguminosas, frutas… alimentos todos ellos de elevado índice glucémico y enemigos de la normoglucemia.
Pero sobre todo y lo más importante, la premisa falsa más relevante y más dañina que la ADA nos sigue dando, es el estándar de salud peor para quienes vivimos con diabetes: el daño más grande viene de que ellos nos marcan pautas glucémicas que prácticamente nos garantizan vivir en la “montaña rusa del azúcar en sangre”, y que nos garantizan complicaciones a largo plazo. En este sentido, el paradigma más dañino es el de la supuesta “imposibilidad de tener niveles normales de azúcar en sangre”. Cuando acompaño en mis programas a personas con diabetes, juntos descubrimos que en realidad la normalidad glucémica sí es posible viviendo con diabetes; todo es cuestión de estar dispuestos a aprender, re-aprender paradigmas, y volvernos expertos en nuestra propia diabetes.
¿Cuáles son los principales cambios en las nuevas directrices 2020?… Analizaré algunos de los más relevantes; pero también hablaré de algunas cosas que se han mantenido igual – además de las que ya mencioné arriba, empezando por el estándar de salud más bajo para quienes vivimos con diabetes –, y al mantenerse igual siguen perpetuando un daño, ya que no han rectificado las premisas dañinas en las que se sigue basando su información.
Dan una nueva metodología para evaluar o jerarquizar las evidencias según su nivel de comprobación clínica. Es sin duda uno de los cambios positivos, pero también resultará poco relevante mientras las premisas falsas sigan ahí, y mientras se nos siga dando a quienes vivimos con diabetes un peor estándar de salud.
Pasando a lo más sustancial de sus directrices, cada cierto tiempo parece haber una obsesión por el nuevo concepto o “parámetro del momento”, por ejemplo, justo ahora existe mucha atención hacia el Tiempo en Rango (TER o TIR según siglas en español o inglés respectivamente, time in range). Supuestamente el Tiempo en Rango es “una buena forma de medir” qué porcentaje del tiempo nos mantenemos dentro del rango saludable de glucosa en sangre”… ¿pero eso de qué sirve, cuando este supuesto “parámetro de glucosa en sangre” sigue siendo inadecuado?… En mi opinión, esta obsesión con el TER es un absurdo, pues da un rango demasiado amplio de estar en hipo- e hiperglucemia, cosa que a la larga nos asegura complicaciones.
Es por esto que yo no hablo prácticamente nunca del Tiempo en Rango, sino de normoglucemia, que es lo que nos asegura bienestar y evita complicaciones. La obsesión del momento con el TER también ignora la Ley de las Pequeñas Cifras, de la que hablé en otro artículo: el principio de que al minimizar las cantidades de carbohidratos, minimizamos la necesidad de insulina exógena y también los errores cometidos, así como los eventos de hipoglucemia o hiperglucemia.
Aquí podemos ver sus recomendaciones estándar del TER:
Pero como se puede apreciar, los rangos supuestamente “normales” de glucosa sanguínea a los qué aspirar, siguen siendo demasiado elevados, ¡permitiendo también en el caso de la diabetes tipo 2 y gestacional demasiado tiempo por encima de este rango glucémico, que ya desde el inicio es elevado!… La medición del TER es una obsesión de moda entre muchas personas especialmente con DT1, por ejemplo influencers que le dan gran importancia al TER pero no a la normalidad glucémica. Lo cual, nuevamente, casi garantiza el descontrol glucémico y la aparición de complicaciones con el tiempo.
En cuanto a la hemogloblina glicada HbA1c, la recomendación que proporciona la ADA como supuestamente “buena” para personas con diabetes, sigue estando completamente desfasada con la normoglucemia, y prácticamente nos asegura complicaciones. La ADA recomienda una HbA1c menor a 7,0; o idealmente menor a 6,5. Pero eso sigue siendo demasiado alto y asegura complicaciones de salud a largo plazo. Lo vemos en esta tabla, que es la interpretación del experto Ellis Toussier, quien determina que ya una HbA1c igual o mayor a 5,5 es “mala”:
Mi interpretación, por mi práctica clínica, coincide con la de Toussier (en mi opinión es saludable una HbA1c de máximo 5,4); podemos ver que esto dista mucho de lo que la ADA recomienda como supuestamente “saludable”, que ronda el 6,5 o más. Que nos quede claro que una hemoglobina glicada HbA1c de 6,5 como recomienda la ADA no es saludable, no trae bienestar a largo plazo, nos asegura complicaciones, y es un mal estándar de salud para personas con diabetes o para quien sea. Esta recomendación de la ADA, pro-hiperglucemia en realidad, es altamente criticable pues casi asegura que con el tiempo la persona estará crónicamente enferma y dependiente de medicación cada vez más fuerte, tratamientos e intervenciones que aun así sólo paliarán el daño de la hiperglucemia sostenida a través del tiempo.
También es muy cuestionable su recomendación para niños que viven con diabetes (especialmente tipo 1, que es la más común en niños), pues lo que ellos recomiendan sigue siendo prácticamente pro-hiperglucemia, ¡lo cual especialmente en niños causa complicaciones y daños en el desarrollo, a corto y largo plazo!…. Siendo que los niveles glucémicos normales para niños son más bajos que para adultos. Esto quiere decir que en niños el nivel normal de glucosa en sangre es más bajo que en adultos, lo cual tiene sentido pues su cuerpo es más pequeño y con menor volumen total de sangre, por lo que una cantidad de glucosa que al adulto le causaría hiperglucemia moderada, tiene un efecto mucho más pronunciado y fuerte en niños.
Las situaciones metabólicas que incrementan el riesgo de DM2 (prediabetes) no han sufrido variación, así son: o tener una glucosa basal (GB) entre 100 y 125 mg/dl (5,6 – 6,9 mmol/l), la llamada glucemia basal alterada (GBA); o una sobrecarga oral de glucosa (SOG) a las 2 horas entre 140-199 mg/dl (7,8 – 11,0 mmol/l), la llamada intolerancia a la glucosa (ITG), o una HbA1c entre 5,7 – 6,4% (39-47 mmol/l).
Otros cambios, dentro de los que podrían considerarse positivos, son en cuanto a los parámetros en diabetes gestacional. Sin embargo, estos cambios positivos se van dando muy poco a poco, con demasiada lentitud para quienes vivimos con diabetes y queremos aprender, para conseguir normoglucemia que no solamente es posible, sino que nos ayuda a prevenir complicaciones y tener bienestar. Han cambiado un poco el diagnóstico de diabetes gestacional (DG), definida como algún grado de intolerancia a la glucosa primariamente detectado en el embarazo. Se recomienda practicar algún test para detectar la diabetes (DM) en toda embarazada que acude a consulta si se identifica algún factor de riesgo de DM. En el caso que no se diagnosticara de DM se practicará un test entre las 24-28 semanas. En este caso, teniendo en cuenta las disquisiciones sobre cuál es el método más idóneo para determinar dicho diagnóstico se inclinan por los criterios de la International Association of the Diabetes and Pregnancy Study Groups (IADPSG) con un test de sobrecarga oral a la glucosa (SOG) de “un paso” con 75 gr de glucosa, más que en el criterio de en “dos pasos” mediante una SOG con 50 gr en ayunas seguidas de una SOG con 100 gr a las 3 horas en las mujeres en las que el cribado salió positivo (trabajos de Carpenter y Coustan en base a la prueba de O´Sullivan) de la National Diabetes Data Group, sobre el cual en mi experiencia clínica y tesis doctoral trabajando con embarazadas, no estoy de acuerdo en que sea la única forma de detectar el riesgo en el embarazo.
Con todo, con la estrategia de un solo paso se incrementa la incidencia de la DG entre un 5-6 a un 15-20%, al ser un solo valor el que da el diagnóstico. Con todo concluyen que la esta estrategia sería la más costo-efectiva si tras ella la mujer recibe los consejos adecuados para prevenir la DM2. Las mujeres que han padecido una DG a las 4-12 semanas tras el parto precisarán una nueva SOG con 75 gr de glucosa para reevaluarlas con los criterios de mujer no gestante. En el caso que se les detectara prediabetes, recibirán consejos sobre modificación de los estilos de vida y/o metformina para prevenir la DM. En mujeres con antecedente de DG el cribado de prediabetes o DM deberá repetirse cada 3 años.
Todo esto en su conjunto (en especial el hecho de no recomendar ni reconocer la posibilidad de la normoglucemia), nos lleva al hecho de que es muy frustrante – ¡y yo misma lo viví! – seguir por mucho tiempo los consejos de los profesionales, los “maestros”, la gente que supuestamente sabe mejor que nadie, y cuyos consejos supuestamente deberían asegurarnos bienestar… y que con el tiempo resulte que tenemos inicios de nefropatía, retinopatía, cardiopatía, incluso desde muy jóvenes. Al seguir sin recomendar verdadera normoglucemia, la ADA sigue dando a entender que quienes vivimos con diabetes “no podemos” tener niveles de glucosa en sangre normales, como los de una persona sin diabetes. Y en muchísimas ocasiones incluso existe el mensaje de que si acaso queremos o intentamos tener normoglucemia, entonces “estamos locos, estamos obsesionados”, etc., como si la normoglucemia fuese imposible para la persona que vive con diabetes. ¡Yo misma ahora sé que no es verdad, sé que la normoglucemia sí es posible y que es la única manera de asegurar salud y bienestar!…
Una alimentación baja en carbohidratos, basada en comida real, nos lleva a tener estabilidad y normalidad glucémica, evitando lo más posible las hipo- e hiperglucemias de la montaña rusa que sucede con la alimentación convencional alta en hidratos (¡que la ADA increíblemente aún recomienda, aún para quienes vivimos con diabetes que es prácticamente una intolerancia a los carbohidratos!). No se vale que por vivir con diabetes nos retengan en un estándar de salud peor, más bajo que para quienes viven sin esta condición. Es una manera de ignorar nuestro derecho a la salud y al bienestar.
Todo esto es posible si nos dedicamos a aprender y a volvernos expertos en manejar nuestra propia diabetes. Yo no le llamo “obsesión” sino “responsabilidad”, conciencia y deseo de aprender, para poder manejar exitosamente nuestra diabetes en salud y bienestar. Recuerda que si deseas hacer esto mismo, es mucho más seguro y efectivo hacerlo de la mano de un profesional cualificado.
Mi experiencia y mis programas:
Soy Rosy Yáñez, soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb, medicación efectiva y ayuno intermitente.
Si quieres evitar o prevenir tener diabetes tipo 2, mejorar tu composición corporal tengas o no diabetes tipo 2, o si eres padre o madre de niños o adolescentes con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a:
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¿Desajuste hormonal en mujeres, insulina y carbohidratos?

La semana pasada hablamos de los hombres, y de cómo existe una relación entre su alimentación y los desajustes hormonales que la alimentación inadecuada puede causarles a ellos (concretamente expresados en disfunción eréctil). Hablemos ahora de las mujeres y los desajustes hormonales – ¡con graves consecuencias en su salud y fertilidad! – que ellas pueden tener cuando existe esta misma alimentación inadecuada.
Estamos acostumbrados a ver como “normal” que muchísimas mujeres, casi la mitad de ellas, tengan algún desajuste hormonal, que casi siempre se manifiesta con alguna molestia visible, algunas incluso muy severas: desde periodos irregulares y/o muy abundantes, dolor severo antes de o durante la regla, problemas en la piel, desequilibrios en el peso, pérdida de pelo, dificultad para concebir, quistes en ovarios o matriz, etc. Muchos de estos son síntomas del síndrome de ovario poliquístico (SOP); aunque es muy importante recalcar que muchas mujeres manifiestan estos síntomas aunque no tengan quistes en los ovarios, y asimismo algunas pueden tener los quistes sin mostrar los síntomas.
A grandes rasgos, nos podemos dar cuenta de que muchas de estas manifestaciones del desajuste hormonal, suponen una “androgenización” de la mujer – es decir, nuestros cuerpos están mostrando signos de, por así decirlo, “volverse un poco más como un hombre”: la pérdida de cabello en la cabeza, al tiempo que aparece vello en otras áreas donde una mujer normalmente no lo tiene (como la espalda o barbilla), las irregularidades con el período o incluso dejar de menstruar, la incapacidad para concebir (lo que indica que el aparato reproductor femenino no está funcionando bien), algunas incluso presentan cambios hacia una voz más grave. Esto nos indica entonces, que todos estos síntomas están relacionados y que tienen qué ver con nuestras hormonas sexuales: testosterona, estrógenos, etc. Todas las personas, hombres y mujeres, tenemos presencia de las hormonas de ambos sexos; pero lo normal biológicamente hablando es que en los hombres exista mucha más fuerte presencia de testosterona (y una carga más baja de las hormonas femeninas), mientras que en mujeres deberán predominar las hormonas femeninas como estrógenos, progesterona, etc., y con una carga mucho menor de testosterona.
¿Y esto qué tiene que ver la comida?… La alimentación moderna de nuestra sociedad actual, muy alta en carbohidratos (¡por recomendación incluso de los organismos oficiales!), tiene una fuerte relación con estos desbalances hormonales. Cuando comemos alimentos ricos en hidratos de carbono, en especial los procesados de origen industrial, lo que estamos consumiendo es glucosa: azúcar que se va a nuestra sangre. Dado que la glucosa en sangre es tóxica cuando rebasa un cierto nivel (que tiene un umbral bastante bajo, y es muy fácil de rebasar con estas comidas); el cuerpo necesita entonces producir insulina, la hormona encargada de “sacar” la glucosa de la sangre y almacenarla en las células. A más glucosa y azúcares consumidos, más insulina necesita producir nuestro páncreas.
Una alimentación así, alta en carbohidratos y azúcares, va directamente en contra de nuestro diseño genético. Al estar alimentándonos con bombazos de glucosa constantes, nuestro cuerpo con el tiempo empieza a volverse resistente a la insulina, es decir, la insulina comienza a ser cada vez menos efectiva (esta condición es ya la antesala de la diabetes tipo 2). Esto provoca un círculo vicioso en donde el cuerpo producirá cada vez más y más insulina, cuando intenta reparar el daño provocado por la alimentación alta en carbohidratos, pero la insulina cada vez sirve menos y menos. A este nivel elevado de insulina, de manera constante, se le conoce como hiperinsulinemia.
En el caso de las mujeres, esta hiperinsulinemia provoca una infinidad de desajustes corporales y hormonales. En el tema que nos concierne hoy, el principal desajuste es, precisamente, que la hiperinsulinemia provoca un aumento de la testosterona. Esto causa que la mujer no ovule (anovulación), y que aparezca el síndrome de ovario poliquísitico (SOP, aunque nuevamente, esto no indica necesariamente que se tengan quistes). La anovulación y el SOP se retroalimentan mutuamente: mientras la mujer no ovule, continúan los síntomas del SOP, y mientras exista testosterona elevada y SOP, la mujer no ovulará.
Tristemente – y de forma trágica para muchas mujeres, que sufren con todo esto severos daños a su salud además de no poder tener hijos –, la mayoría de profesionales médicos están tan acostumbrados a solamente atender los síntomas (y no las causas del problema), además de tener “visión de túnel” en donde solamente miran su estrecha área de especialidad y no la relación con el “todo”; que no ven la relación que todos estos síntomas tienen entre sí, ni tampoco la relación que todos ellos tienen con la alimentación. Una mujer que presenta, por ejemplo, una acumulación de síntomas como acné más allá de la adolescencia, manchas marrones en la piel, pérdida de cabello, vello en lugares indeseados, así como períodos irregulares y dolorosos; podría pensar que todas estas cosas son aisladas y causadas por diferentes factores. Pero lo más probable – ¡y lo que sucede en la inmensa mayoría de los casos! – es que todas ellas tengan su origen en la hiperinsulinemia provocada por una alimentación convencional, alta en carbohidratos.
La hiperinsulinemia, que desemboca más pronto que tarde en resistencia a la insulina, es la verdadera culpable de una buena parte de las enfermedades modernas. Se tenga o no se tenga un diagnóstico de diabetes; prácticamente todas las personas que llevan esta alimentación moderna, alta en carbohidratos, tienen algún grado de hiperinsulinemia – y seguramente también muestran alguno de sus síntomas, que pueden ser tan variados que van desde afectaciones a la piel, riñones, corazón, vista, hormonas sexuales, etc. Y esto es porque todos nuestros órganos sufren daños cuando hay hiperglucemia crónica, hiperinsulinemia o ambas. Es quizá la condición más prevalente y sub-diagnosticada de la sociedad actual. También tener en cuenta que es muy importante, al realizar una analítica de laboratorio, medir el nivel de insulina en la sangre, aún si la glucosa en sangre se muestra normal. Ya que con cualquier estilo de alimentación alta en carbohidratos, lo más probable es que ya exista hiperinsulinemia, aún si la glucosa en sangre se sigue mostrando dentro del rango normal.
Especialmente con nosotras las mujeres, viene después la tragedia de la medicación. Ya vemos como “normal” que a millones de mujeres y jovencitas, ¡incluso a niñas en plena pubertad, desde los doce o trece años de edad!, ante la más mínima sombra de un desajuste hormonal (que puede ser desde el acné que es normal precisamente en la pubertad y adolescencia, hasta dolores menstruales) se les prescriban medicamentos, hormonas y píldoras anticonceptivas que solamente enmascaran los síntomas. Como expliqué, la falta de ovulación está en la raíz de estos síntomas… y la píldora anticonceptiva es un coctel de hormonas sintéticas, que justamente lo que hacen es que la mujer no ovule. Es decir, la píldora anticonceptiva no “regula” absolutamente nada, sino que directamente no hace más que enmascarar los síntomas. ¡Sin mirar siquiera la causa, la raíz del problema!…
Sin duda la aparición de la píldora y de otros métodos anticonceptivos modernos, han supuesto un avance para la igualdad de género; es muy bueno que mujeres y hombres tengamos opciones para decidir cuándo tener hijos y cuándo no. Pero hay que ser sumamente cuidadosos al meter en nuestro cuerpo hormonas externas y sustancias sintéticas, que siempre tendrán efectos secundarios, sí o sí. Un anticonceptivo hormonal especialmente, ¡no se le debería prescribir a una niña que aún está creciendo, y tan sólo porque “tiene algo de acné”!… Prácticamente todos conocemos mujeres que se han quejado de los efectos de estas píldoras: cambios de ánimo, ganancia de peso, agravar una depresión, entre otro sinnúmero de efectos desagradables. Es bueno que existan las opciones, pero lo inadecuado es que no nos adviertan que la píldora tan sólo enmascara los síntomas, y que además nos causará otros problemas. También deberían advertirnos que muchas mujeres, al dejar la píldora porque quieren concebir un hijo, pueden tener grandes problemas que retrasen por años o hagan imposible la concepción… ya que después de un bombardeo de hormonas sintéticas durante años, el cuerpo necesitará tiempo para “limpiarse” y reajustarse; y tristemente para algunas mujeres este reajuste nunca logrará deshacer por completo los daños de la píldora – especialmente si la alimentación sigue siendo inadecuada.
La realidad, y lo que muchísimas mujeres ya hemos comprobado en carne propia, es que nuestros ejes hormonales averiados pueden restaurarse con una facilidad inmensa, cuando volvemos a cómo era la alimentación en nuestros orígenes como humanidad: una alimentación basada en comida real, baja en carbohidratos, y con ingredientes de calidad. Si bien estos problemas con desequilibrios hormonales no se restauran de la noche a la mañana – ya que el daño tampoco se hizo en un día –, sí que pueden empezar a notarse beneficios tras unas pocas semanas.
El conocimiento convencional sobre nutrición, lamentablemente, aún está plagado de mitos y de premisas falsas, que no han hecho sino enfermar al mundo (¡y eso incluye desajustarnos hormonalmente!): el mito de que se deben “evitar las grasas”, de que “hay que comer muchos carbohidratos pues son la base de la pirámide alimenticia”, etc). Es una pena que tantas mujeres especialmente, queriendo cuidar su cuerpo o volver a su peso saludable, adopten dietas de moda que no tienen ninguna base científica, y que con frecuencia son “bajas en grasas”. ¡Esto es una doble catástrofe en el caso de nosotras, que necesitamos aún más grasas saludables que los hombres!… Todas nuestras hormonas están hechas de grasa (incluyendo colesterol), además de que nuestros cuerpos naturalmente guardan un poco más de grasa que el cuerpo masculino; sobre todo en áreas como senos, caderas, vientre bajo, etc. Nuestros cuerpos femeninos con mayor razón nos piden la ingesta de grasas saludables, más que los varones.
Tengamos diabetes tipo 1 o no, los efectos negativos suelen verse de igual forma. Cuando una mujer empieza a llevar una dieta “baja en grasas” (cosa que casi siempre significa “alta en carbohidratos”, ya que las grasas son muy saciantes, y si las quitamos de nuestra dieta estaremos siempre hambrientas y queriendo comer más), rápidamente llegan los desajustes hormonales: manchas en piel, pérdida de cabello, irregularidad en el período, además de que ni siquiera se logra perder el peso deseado… Y dado que las mujeres sólo somos fértiles un breve período de nuestra vida, tristemente muchas de ellas tendrán problemas para concebir la cantidad de hijos deseados; quizá sin darse cuenta jamás que estos desajustes probablemente se podían evitar, o mejorar en gran medida, con una adecuada alimentación. En las mujeres con diabetes tipo 1, diríamos que la falta de normalidad y estabilidad glucémica no solo nos hará tener más riesgo de complicaciones diabéticas en todos los órganos del cuerpo, sino la consecuente desregulación en varios ejes hormonales, en este caso refiriéndonos a las hormonas femeninas.
Si bien pueden existir trastornos hormonales que tengan otros (muy variados) orígenes, la alimentación suele estar en la raíz de estos problemas, ya que cada cosa que comemos contiene indicaciones metabólicas para nuestro cuerpo: instrucciones sobre qué hacer con cada sustancia e indicadores que activarán o desactivarán diferentes hormonas. Pero incluso cuando el problema hormonal tiene otros orígenes, el volver a una alimentación originaria y saludable ayudará enormemente en el problema que se esté tratando de resolver. Un aprendizaje acompañado, que permita manejar adecuadamente condiciones como la diabetes o la resistencia a la insulina, es una opción efectiva y recomendable para iniciar junto con otros el camino del bienestar.
Mi propia experiencia así me lo indica. Vivo desde hace 25 años con diabetes tipo 1, y desde hace 15 años hago una alimentación low-carb. He vivido en carne propia el reajuste hormonal que supuso este cambio en mi alimentación, y cómo esto se empezó a reflejar poco a poco en mi bienestar físico, hormonal y psicológico. Cuando quise quedarme embarazada, lo logré de manera bastante rápida, en un lapso de tres meses. Tuve también un embarazo saludable, continuando con la alimentación baja en hidratos, un parto vaginal normal; y mi hija nació sana, sin ninguna complicación asociada a las gestantes con diabetes.
Mis programas de acompañamiento:
Soy Rosy Yáñez, Soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes, Alimentación Low-carb y ayuno intermitente.
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Disfunción eréctil e hiperglucemia

Muchos hombres que viven con diabetes, sea tipo 1 (DT1) o tipo 2 (DT2); encuentran que con el tiempo empiezan a tener problemas de disfunción eréctil – es decir, la incapacidad para tener o mantener una erección. Aproximadamente la mitad de los hombres con diabetes pueden tener este problema a lo largo de su vida. Esto naturalmente puede causar estrés y dificultades a nivel psicológico, tensión en su vida de pareja, problemas para lograr un embarazo en sus parejas, etc. Muchas veces incluso, esta disfunción eréctil es el primer síntoma que los lleva a buscar ayuda médica y a recibir el diagnóstico de diabetes.
¿Por qué sucede?… A grandes rasgos, podemos decir que las causas de la disfunción eréctil pueden ser neurológicas (es decir, físicas y relativas al cuerpo más estrictamente) o psicológicas (relativas a nuestras emociones y psicología). Y la condición de diabetes puede provocar, agravar o afectar los dos tipos de causas.
Tratándose de las causas neurológicas, el factor más importante y que influye más directamente en la disfunción eréctil, es el nivel de glucosa en la sangre (glucemia). La hiperglucemia crónica – es decir, niveles de glucosa en sangre elevados durante mucho tiempo por encima de lo normal, que es entre 70 y 100 mg/dL – es una de las causas directas de disfunción eréctil. Esto es porque la presencia de azúcar (glucosa) en nuestra sangre, va causando con el tiempo muchos daños a todas nuestras venas, arterias y nervios; especialmente los que son más delicados y/o que están más lejos de nuestro corazón y que por lo tanto son los primeros en dañarse por la mala circulación y por la presencia de glucosa en sangre. Es por ello que tantas personas con diabetes, y que no llevan un buen tratamiento, sufren con el tiempo daños severos en ojos, riñones, extremidades, en sus órganos sexuales y su fertilidad, etc. Todos estos daños, aunque parezcan “no relacionados”, en realidad suelen tener la misma causa: hiperglucemia crónica. Y en el caso de los hombres, esta hiperglucemia puede provocar que con el tiempo se dañen las arterias, venas y nervios del pene y del área pélvica, dificultando la erección.
También recordemos que la alimentación y la glucemia juegan un papel fundamental en la fabricación y funcionamiento de nuestras hormonas; y estos procesos dependen especialmente de las cantidades y calidades que consumamos de grasas saturadas (hay que consumir de preferencia más y de buena calidad), proteínas (de las cuales hay que consumir la cantidad adecuada y de buena calidad) e hidratos de carbono (de preferencia consumir muy pocos, y sólo los provenientes de comida real y de buena calidad). Al escuchar la palabra “hormona” mucha gente suele pensar más en las mujeres por sus ciclos hormonales de menstruación y ovulación; pero todos los seres humanos tenemos cuerpos que son regulados enteramente por hormonas, que dictan todos nuestros procesos digestivos, reproductivos, inmunes, y de todo tipo. En el cuerpo de los hombres, la testosterona es la hormona que juega un papel fundamental en los procesos sexuales y reproductivos, por lo que la alimentación afectará en el caso de ellos la fabricación y niveles de testosterona.
Por lo tanto, los hombres con diabetes que tienen problemas de disfunción eréctil pueden verse enormemente beneficiados por una alimentación adecuada, baja en carbohidratos y con comida real, de ingredientes de calidad. Aprender a manejar la condición de diabetes; llevando una alimentación adecuada y que mantenga estables los niveles de glucosa en sangre (manteniendo normalidad glucémica), se pueden evitar o mejorar prácticamente todas las complicaciones asociadas a la diabetes. Esto incluye que con una adecuada alimentación puede mejorar mucho un problema de disfunción eréctil; haciendo que la condición deje de avanzar y que para muchos hombres vuelva a ser posible tener y mantener erecciones. Esta estrategia deberá mantenerse a largo plazo, y requiere estar dispuesto al aprendizaje para un óptimo control y manejo de la condición de diabetes, que lleve a tener normalidad glucémica la mayor parte del tiempo. Otro factor que también ayudará es la adecuada actividad física.
Después están las muchas causas psicológicas que también pueden llevar a tener disfunción eréctil; desde el estrés y ansiedad, hasta problemas de depresión, baja autoestima, complicaciones psicológicas en la vida de pareja, etc. Todas estas causas también pueden ser efectos secundarios de algunos medicamentos, del uso de tabaco u otras sustancias controladas, de deficiencias hormonales, o de la alimentación inadecuada que afecta también nuestro estado de ánimo.
Además, puesto que somos seres muy complejos y cambiantes; las causas neurológicas y las psicológicas, así como la alimentación, se retroalimentan unas a otras, en ciclos que pueden ser virtuosos o viciosos. Por ejemplo, un ciclo virtuoso sería uno en donde el hombre decide aprender para llevar una alimentación adecuada, esto le motiva y también le da más energía, lo cual ayuda a combatir la depresión, y al ver buenos resultados esto a su vez le motiva también a hacer más ejercicio, seguir comiendo saludable, etc. Un círculo vicioso sería uno en donde la condición de diabetes provoca que el hombre se sienta ansioso y decida fumar, lo cual complica más la disfunción eréctil, y ello a su vez no le motiva a mejorar su alimentación para el bienestar, con lo que aumenta la ansiedad, problemas de sueño que también lo empeoran todo, etc. Con nuestras decisiones y nuestro aprendizaje (¡especialmente si es un aprendizaje acompañado!) podemos iniciar ciclos virtuosos; en donde la mejora en unas áreas de nuestra salud global nos lleve a la mejora en otras áreas y otros factores.
Otro factor de importancia son los medicamentos. El manejo de la diabetes implica que en los casos necesarios se utilicen adecuadamente los medicamentos que un profesional haya recetado. Esto se refiere tanto al uso de las dosis correctas de insulina y/o medicamentos antidibéticos (en los casos de DT1 y DT2). También existen conocidos medicamentos que ayudan directamente a la disfunción eréctil, tales como Viagra y Cialis. Sin embargo, como cualquier otro medicamento, éstos pueden tener importantes efectos secundarios, y solamente deberán utilizarse con la receta y el seguimiento de un profesional. Hay que ser especialmente cuidadoso si se toman a la vez otros medicamentos, ya que la combinación de dichos medicamentos con el Viagra o Cialis podría causar afectaciones graves a la presión arterial. Sin embargo, siempre es preferible que nuestras complicaciones de salud sean corregidas de manera natural y sana con una alimentación adecuada para el bienestar, ya que así evitamos meter en nuestro cuerpo químicos y sustancias sintéticas, que siempre tienen algún efecto secundario en nuestro equilibrio corporal, ya sea leve y pasajero, o grave y prolongado.
El aprendizaje acompañado, de la mano de un profesional que trate a la persona con diabetes como a un igual, puede ser un factor fundamental y lo más efectivo para comenzar a combatir problemas (entre ellos la disfunción eréctil) y llevar un manejo adecuado de la diabetes. Como he dicho antes, el único tratamiento adecuado y de largo plazo para la diabetes es la educación, el aprendizaje que nos haga volvernos expertos en nuestra propia diabetes, para vivir en bienestar y evitar todo tipo de complicaciones.
Mi experiencia y mis programas:
Soy Rosy Yáñez, Soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes y Alimentación Low-carb. Tengo veinticinco años viviendo con Diabetes Tipo 1 (DM), y desde hace quince años logro tener niveles glucémicos normales, sin ninguna complicación diabética.
Si eres padre o madre de niños o adolescentes con con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a ver mi último webinar “3 secretos para Resetear Bien la diabetes tipo 1”, en donde aprenderás los 3 fundamentos más importantes para tener coherencia en salud a través de la verdadera normalidad glucémica: https://diabetesbien.com/webinar/ , y si es tu momento, allí también puedes acceder a mis Programas de acompañamiento individual/grupal DIABETES BIEN online para encajar la diabetes tipo 1 a este tipo de alimentación en el menor tiempo posible, romper los mitos que te impidan lograrlo, aprendiendo como gestionar la medicación, monitoreo, todo de la mano conmigo y junto con otras personas con los mismos objetivos de salud. Mi próximo webinar será el 16 de noviembre, ¡apúntate!
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El porque del pie diabético

Una complicación común en personas con diabetes que no llevan un adecuado seguimiento y tratamiento, son las lesiones en extremidades, y especialmente los pies. Dado que estos daños son relativamente comunes, incluso se conoce a estas lesiones en muchos lugares como “pie diabético”. En casos muy severos, de descuido prolongado, estas lesiones y daños pueden terminar en amputación del pie y partes de las piernas, debido a infecciones y daños irreversibles a los tejidos, venas y nervios de los pies.
Esto sucede por daños en la circulación sanguínea, ya que este “pie diabético” en realidad es una neuropatía, es decir, una alteración en los nervios localizados en los pies. Las venas que tenemos en los pies son las más alejadas de nuestro corazón. Esto quiere decir que, si no se lleva un adecuado manejo de la condición de diabetes, en donde exista normoglucemia; los altos niveles de azúcar en la sangre (la condición de hiperglucemia) van dañando con el tiempo las venas y arterias; siendo uno de los daños más severos el que sucede en nuestras extremidades, ya que por estar alejadas del corazón no reciben una adecuada irrigación sanguínea.
Tal como sucede con todas las complicaciones relacionadas a la diabetes; la realidad es que estos daños y complicaciones no son ocasionados por la condición de diabetes en sí misma, sino por la hiperglucemia crónica – los elevados niveles de azúcar en la sangre. El manejo inadecuado de la glucemia (o la total falta de tratamiento y seguimiento a los niveles de glucosa en sangre), son lo que en realidad causa todas estas complicaciones, incluyendo en los pies, se tenga o no se tenga diabetes. Es la hiperglucemia crónica la causante de innumerables daños a nuestro organismo; no sólo estos daños a las extremidades, sino pudiendo también ocasionar retinopatías (que pueden terminar en ceguera), nefropatías, daños cardiacos, etc.
Si vivo con diabetes, ¿cómo puedo evitar daños y lesiones en los pies?… La solución radica en la educación que permita lograr normoglucemia, es decir, niveles normales y saludables de azúcar en la sangre, que persistan la mayor parte del tiempo. Únicamente el aprendizaje, de preferencia con acompañamiento de un profesional (y aún mejor si este profesional vive también con diabetes y ha experimentado en su propio cuerpo cómo es vivir con diabetes), nos ayudará a lograr el objetivo de vivir en bienestar, evitando todas las complicaciones diabéticas o asociadas a la diabetes.
Con un adecuado acompañamiento, podremos volvernos expertos en la propia diabetes, ya que cada cuerpo funciona de maneras ligeramente distintas. Este aprendizaje acompañado, y por medio de la experimentación que nos permita lograr nuestros objetivos en salud, es la manera para lograr de forma autónoma la normoglucemia y manejar adecuadamente nuestra diabetes. Es fundamental alcanzar la normoglucemia; algo que lamentablemente no sabe hacer casi nadie en nuestras sociedades, ya que la alimentación convencional o “moderna” – basada en los dañinos carbohidratos – vuelve prácticamente imposible alcanzar esta normalidad glucémica. Además, la mayoría de profesionales y sanitarios aún operan con información obsoleta e inadecuada, con la que el acompañamiento se vuelve deficiente al estar basado en premisas nutricionales falsas – que no funcionan – y en autoritarismo en lugar de aprendizaje entre iguales. Es por ello que en mis grupos de seguimiento y acompañamiento a las personas con diabetes, me baso en un acompañamiento entre iguales, que permita a la persona alcanzar la autonomía para el manejo de su condición de diabetes.
Para evitar daños y complicaciones asociadas a la diabetes, el factor más importante es la alimentación adecuada, que ayude a evitar daños a la circulación en general, logrando la normoglucemia. Tratándose específicamente de los pies, es importante mantener una adecuada hidratación, llevando también revisiones periódicas con un podólogo además de los profesionales con los que se lleve el acompañamiento a la diabetes en sí misma (nutricionista, endocrinólogo, etc.).
Estos exámenes rutinarios a los pies son muy importantes, ya que cuando existen daños neurológicos, puede llegar a suceder que la persona no siente ningún dolor o anormalidad a pesar de que exista un daño, pues precisamente la afectación a los nervios puede ocasionar que exista un daño aunque éste no sea perceptible. El profesional de salud también deberá formar a la persona en el auto-examen de pies, para llevar un correcto cuidado preventivo, revisando que no existan úlceras, moretones, ampollas, quemaduras, etc. Si se ha tenido durante muchos años una diabetes mal controlada, también se deberá poner atención especial al momento de hacer deporte, ya que la circulación en los pies podría estar deteriorada.
Esta atención debe incluir el uso de un calzado adecuado, con el que los pies se encuentren en buena postura y dando un soporte correcto. Antes de iniciar un programa de ejercicios, es recomendable consultar con un médico o podólogo y tomar las precauciones necesarias en cuanto a calzado, postura y estado de los pies, etc. Además, si se tiene un sobrepeso excesivo, esto también pone mucha presión extra a los pies – obligando también en ocasiones a las malas posturas al caminar o al realizar otras actividades –, por lo que también es importante que la alimentación adecuada nos lleve a tener un peso corporal adecuado y saludable.
Por otra parte, esta alimentación adecuada, baja en carbohidratos, nos ayuda a evitar posibles infecciones causadas por hongos y bacterias; pues es importante recordar que las bacterias y hongos se alimentan de azúcar (glucosa), por lo que una alimentación convencional alta en glucosa contribuye a dar a hongos y bacterias dañinas su alimento preferido. En cambio, una alimentación baja en carbohidratos y basada en comida real, convierte a todo nuestro cuerpo en un ambiente saludable y en equilibrio, que se encuentre mucho más fácilmente libre de organismos patógenos como los hongos y bacterias dañinas.
Los dos factores fundamentales que nos ayudarán a vivir en bienestar a pesar de – o gracias a – la diabetes, evitando complicaciones de salud; son el aprendizaje y una alimentación adecuada, baja en carbohidratos y basada en comida real, con ingredientes de calidad. Esto nos pondrá en el camino de vivir en bienestar y evitando todas las complicaciones relacionadas a la diabetes, incluyendo en los pies.
Mi experiencia y mis programas:
Soy Rosy Yáñez, Soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes y Alimentación Low-carb. Tengo veinticinco años viviendo con Diabetes Tipo 1 (DM), y desde hace quince años logro tener niveles glucémicos normales, sin ninguna complicación diabética.
Si eres padre o madre de niños o adolescentes con con diabetes o eres adulto con diabetes tipo 1 o tipo LADA y quieres seguir aprendiendo sobre el control adecuado de los niveles de glucosa en sangre, te invito a ver mi último webinar “3 secretos para Resetea Bien la diabetes tipo 1” en donde aprenderás los 3 fundamentos más importantes para tener coherencia en salud a través de la verdadera normalidad glucémica https://diabetesbien.com/webinar/ y si es tu momento, allí también puedes acceder a mis Programas de acompañamiento individual/grupal DIABETES BIEN online para encajar la diabetes tipo 1 a este tipo de alimentación en el menor tiempo posible, romper los mitos que te impidan lograrlo, aprendiendo como gestionar la medicación, monitoreo, todo de la mano conmigo y junto con otras personas con los mismos objetivos de salud.
Si quieres seguir recibiendo estos posts, acceso a webinars, LIVE’s, y avisos de inicio de mis Programas puedes apuntarte a mi canal de telegram DIABETESBIEN de mensajes al móvil: https://t.me/joinchat/AAAAAEcMSNp3uS9GEnLuVg .
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Mitos y verdades sobre la diabetes Tipo1 y Tipo 2, Parte 2.

Anteriormente enumeré algunos de los mitos más comunes que escuchamos acerca de la diabetes, tanto tipo 1 como tipo 2. Aquí continuaré desmintiendo algunas otras de estas creencias populares; derivadas sobre todo del desconocimiento y de la falta de aprendizaje o de actualización, acerca de la condición de diabetes.
Mito: La necesidad de utilizar insulina pinchada en diabetes tipo 2, es indicación de tener un caso grave o “muy severo”.
Realidad: Mencioné en la entrada anterior sobre los mitos en diabetes; que no existen “grados” de diabetes, ni en el tipo 1 (DT1) ni tampoco en el 2 (DT2). La presencia de diabetes se mide con indicadores numéricos objetivos: se tiene o no se tiene. (Lo que puede haber son grados de daños causados por la hiperglucemia crónica, pero eso no indica que sea una diabetes “más severa”).
Llevando el tratamiento adecuado, se controla no la diabetes en sí misma, sino la glucemia (nivel de azúcar en la sangre). Y la insulina – sea endógena o exógena – es la principal sustancia que permite controlar esta glucemia. En la diabetes tipo 1, el cuerpo no fabrica insulina, y siempre es necesario pincharla externamente. En la diabetes tipo 2, generalmente el cuerpo sí fabrica insulina pero ésta se ha vuelto insuficiente o ineficaz, ya que el cuerpo generó resistencia a ella; y para muchas personas con diabetes tipo 2, pinchar insulina “pramaturamente” se vuelve una ayuda valiosa en el control glucémico, o es a veces la única manera de normalizar la glucemia. No es un indicador de que la diabetes sea “más grave”. Para lograr esta normoglucemia y evitar los daños asociados a la hiperglucemia crónica (cardiopatías, nefropatías, retinopatía y neuropatía, etc.), la persona debe llevar una alimentación adecuada, así como un aprendizaje y educación continuos con el acompañamiento de un profesional; pero también el uso adecuado y eficaz de medicamentos en los casos pertinentes, es una herramienta valiosa para el manejo de la diabetes para el bienestar. Y en muchos casos, la insulina es parte de ese uso de medicamentos para lograr la normoglucemia.
Mito: La persona con DT2 que empieza a utilizar insulina, está en la «fase final» de la diabetes.
Realidad: Nuevamente, utilizar insulina no tiene nada qué ver con que la diabetes sea “severa”, “terminal”, “muy grave”, “catastrófica” ni nada de eso. Tiene qué ver, simplemente, con que la insulina es la principal sustancia encargada de regular la glucemia; y que en el caso de muchas personas con DT2, es una ayuda inmediata o la única manera de lograr una normoglucemia estable, que evite daños a futuro.
Este mito tan dañino puede provocar que muchas personas con DT2 se resistan al uso de la insulina, pensando que “eso quiere decir que ya están muy graves”. Cuando por el contrario, un uso temprano de insulina pinchada – junto con alimentación adecuada baja en hidratos – podría ayudar a lograr la normoglucemia más pronto, antes de que se presenten daños. La insulina es una sustancia necesaria para nuestra supervivencia, desde que nacemos hasta que morimos. Este mito provoca que mucha gente vea a la insulina como el tratamiento “terminal” para una “diabetes muy grave”, o piensan que están próximos a morir, ¡cuando en realidad el uso adecuado de la insulina puede ayudar a prolongar su vida en bienestar!… Probablemente el origen de este mito es porque vieron a algún familiar o conocido que tuvo diabetes sin ningún tratamiento durante muchos años, provocándose daños muy severos por hiperglucemia, y solamente hasta los últimos momentos – cuando ya la salud estaba en estado crítico – se comenzó a pinchar insulina, y por ello se pudo llegar a creer que la insulina se utilizaba en una “fase terminal”. Lejos de ello, recordemos que el cuerpo de la persona sin diabetes produce insulina todo el tiempo, regulándola según las necesidades y la alimentación, para lograr normoglucemia. Y en la persona con DT2, su uso adecuado y en el momento adecuado puede evitar posibles daños.
Otro posible origen de este mito, es el hecho de que hay personas con DT2 que durante los primeros años tras el diagnóstico, toman antidiabéticos orales para estimular la producción de insulina en el páncreas. Sin embargo, con el tiempo el páncreas deja de responder a este estímulo (en especial si no se está llevando el tratamiento adecuado y la alimentación adecuada), por ello se empieza a pinchar insulina para seguir “regulando” ineficazmente la glucemia. Pero una vez más, esto no indica “una fase grave o terminal” de la diabetes, sino el hecho de que el páncreas ya se exprimió con los antibióticos orales comunes, y dado que el cuerpo sigue necesitando insulina, pincharla externamente será lo más adecuado para mantener bienestar. Y esto no indica el fin de la vida, ni el fin de la salud o del bienestar: la única diferencia es que ahora la insulina vendrá de afuera y no de adentro. Con la alimentación, aprendizaje objetivos y tratamiento adecuados, se podrá vivir muchos años con salud y bienestar.
Mito: Si me siento bien y sin síntomas, no tengo que preocuparme por el nivel de glucosa en sangre.
Realidad: aunque tenemos la tendencia natural a creer que “si me siento bien, todo está bien”, esto a veces es engañoso, pues cualquier hiperglucemia sanguínea causa daños que, aunque no se sientan en ese momento, con el tiempo se irán acumulando y notando cada vez más. No es posible evaluar o tratar la DT1 o la DT2 basándonos simplemente en “cómo me siento”: las analíticas, el monitoreo de glucosa sanguínea, y el aprendizaje como único tratamiento para la diabetes, son necesarios de manera constante, aunque en un momento dado nos sintamos bien. Especialmente en la DT2, es una condición donde la persona puede pasar muchos años “sintiéndose bien”, pero acumulando pequeños daños – después cada vez más grandes y notorios – por hiperglucemia crónica. Muchos de ellos viven muchos años con la condición antes de que se haga siquiera el diagnóstico, “sintiéndose bien” pero con un sistema metabólico y corporal que poco a poco se va dañando, pues la hiperglucemia crónica causa daños que con el tiempo sí que serán notorios y graves: enfermedad cardiaca, enfermedad renal, daños a la vista, pérdida de extremidades, etc. Si nos esperamos hasta “sentirnos mal”, gran parte de estos daños serán, para entonces, irreversibles. Por ello vigilar la glucosa en sangre, aprender, y llevar una alimentación adecuada, son la manera de prevenir casi todas las complicaciones. La ausencia de síntomas no indica necesariamente un estado óptimo de salud. En mi experiencia clínica, muchos pacientes llegan conmigo pensando que se “sienten bien” y cuando comienzan a normalizar los niveles de GS se dan cuenta que en realidad no se “sentían bien”, no conocían esa sensación óptima de estar con normoglucemia.
Mito: El uso de la insulina causa ceguera.
Realidad: dado que el cuerpo de todos los seres humanos requiere insulina para sobrevivir, ¡es evidente que la insulina no causa ceguera!… Este mito probablemente también se originó porque hay una confusión entre correlación y causa: probablemente hubo personas que vieron a un familiar o amigo que pasó muchos años viviendo con diabetes y con hiperglucemia crónica, sin ningún tratamiento ni ningún cuidado, y para cuando llegó el momento en que ya existían daños críticos a la vista, sólo entonces se estaba iniciando un tratamiento con insulina, mismo que probablemente debió haber iniciado años atrás y que podría haber llegado a evitar la ceguera.
Cuando ya existe un daño a la vista, debido a hiperglucemia crónica, un uso tardío de la insulina sin aprendizaje, metas y tratamiento alimentario eficaz, desafortunadamente no lo corregirá. De ahí vino probablemente el error de pensar que “la insulina causó la ceguera”; cuando la insulina simplemente es parte de nuestras necesidades metabólicas básicas. Su uso adecuado en diabetes, lejos de ser dañino a la vista o a ninguna otra cosa, puede alargar nuestra vida en salud y bienestar óptimos. ¡Es más bien la falta de insulina, en condiciones de hiperglucemia crónica, la que sí puede causar ceguera, entre muchos otros daños a todo el cuerpo!, baste con nombrar este estudio que asoció el aumento de retinopatía entre inidividuos con HbA1c igual o mayor a 5,5%…Los tejidos y partes de nuestros ojos son muy delicados. Aprendiendo, alimentándonos adecuadamente, y utilizando correctamente la insulina en diabetes, podemos evitar durante décadas cualquier daño a la vista.
Mito: Inyectándose insulina o tomando pastillas antidiabéticas, la persona con diabetes puede “comer lo que quiera”.
Realidad: ya había comentado en otro artículo, dedicado enteramente a este mito, por qué es un error pensar que “pinchando insulina puedo comer lo que quiera”. Tiene qué ver también con la Ley de las Pequeñas Cifras, que nos dice que sólo llevando una alimentación adecuada se puede regular de manera mucho más fácil la glucemia y las necesidades de insulina externa. Si llevamos una alimentación “de moda”, la más común en la actualidad, alta en carbohidratos, azúcares y procesados (que desafortunadamente algunos profesionales aún recomiendan); provocamos la conocida “montaña rusa metabólica”, de las hiperglucemias e hipoglucemias constantes, con la que se vuelve imposible el control glucémico, y que reducen drásticamente la eficacia de la insulina y de las pastillas antidiabéticas.
Es por ello que la insulina y los medicamentos antidiabéticos no son una fórmula mágica que nos permiten descuidar todo lo demás: la normoglucemia y el bienestar sólo pueden lograrse usando estas herramientas en conjunto con alimentación adecuada y aprendizaje, para volvernos expertos en el manejo de la propios niveles de GS.
Mito: La diabetes impide a las mujeres tener hijos, y ellas no deben de embarazarse.
Realidad: con un adecuado manejo de la condición de diabetes, es perfectamente posible para una mujer conservar su fertilidad, quedarse embarazada y tener hijos sanos, aún si se vive con diabetes. Yo misma he relatado antes mi experiencia con un embarazo saludable, llevando el control glucémico adecuado, con parto vaginal en condiciones normales. Escribí acerca de mis experiencias durante el primer, segundo y tercer trimestre de embarazo, culminando con el nacimiento de una hija sana, sin ninguna de las complicaciones asociadas a la hiperglucemia en el embarazo o la diabetes gestacional, llevando también una lactancia natural.
La mejor manera de lograr esto es prepararse con tiempo a aprender como lograr normoglucemia, preferentemente seis meses mínimo previos a la concepción: el cuidado debe empezar desde antes de quedarse embarazada. Manteniendo normalidad glucémica, se mantendrá una óptima salud tanto para la madre como para el bebé.
Mito: La diabetes causa amputación de los pies.
Realidad: parecido al mito de que la diabetes “inevitablemente” cause ceguera – o el mito de que sea la insulina la que causa ceguera – asimismo existe la creencia de que la persona con diabetes siempre sufrirá la amputación de los pies u otras extremidades. Sin embargo, perder los pies por causa de la diabetes es algo que sucede solamente si no existió un tratamiento o manejo adecuado de la condición. Cuidar los pies para prevenir su amputación, es parte de los cuidados que debe llevar la persona con diabetes; y cuando existe una alimentación adecuada, un aprendizaje y un uso adecuado de insulina y medicamentos, puede evitarse cualquier lesión o daño a las extremidades. Estos daños se deben a los trastornos de circulación, así como infecciones por bacterias u hongos, y existirán solamente si existe una hiperglucemia crónica, y no necesariamente serán parte de la vida de la persona con diabetes, como nos ha enseñado el famoso estudio DCCT. La responsable de casi todas las amputaciones de pies o piernas asociadas a la diabetes, no es la diabetes en sí misma, sino la hiperglucemia crónica.
Mito: Las personas con diabetes andan “siempre de mal humor”, o “siempre dormidos o cansados”.
Realidad: para cualquier persona – y no nada más quienes vivimos con diabetes – la alimentación influye enormemente en los niveles de energía, el estado de ánimo y la sensación de bienestar o malestar en general. Poco a poco se ha ido aprendiendo que una alimentación “actual, de moda” alta en carbohidratos, azúcares o procesados; puede en muchas personas tener el efecto de provocar o agravar trastornos emocionales, casos de depresión o ansiedad, grandes variaciones en sus niveles de energía, entre muchos otros efectos que muchas personas aún no saben que están relacionados con la alimentación. En el caso de personas con diabetes, el estado de ánimo y la sensación de bienestar o malestar dependen en gran medida de su control glucémico. Tanto la hiperglucemia como la hipoglucemia severas, causan fuertes sensaciones de malestar que conocemos quienes vivimos con diabetes: desde sentirnos efectivamente cansados o agotados, hasta otros muchos posibles efectos como mareos, desmayos, enojos, falta de atención, mucha sed, etc.
Es importante tener presente que los niveles de glucosa en sangre tienen un importantísimo efecto en nuestro bienestar no sólo físico sino también psicológico. A veces se confunde la causa con el efecto; llevando a algunas personas a creer que “el enojo (u otro estado de ánimo) les causa una hiperglucemia”, siendo que probablemente es al revés: ese estado de ánimo probablemente es resultado de la hiperglucemia y la consiguiente sensación de malestar.
Mito: La insulina es “adictiva”, o “la persona con diabetes se vuelve adicta”.
Realidad: la insulina, como sustancia que nuestro cuerpo normalmente fabrica (en la persona sin diabetes o con DT2) y utiliza constantemente, no puede “ser adictiva”. No es un narcótico ni una droga, sino una hormona. Todas las personas con DT1, y muchas personas con DT2, necesitan introducir en su cuerpo insulina exógena, es decir, “pincharse insulina” para conservar su salud y bienestar. Esto no quiere decir que la insulina “sea adictiva”; ¡sino simplemente que nuestro cuerpo la necesita para vivir y para su metabolismo normal!… Al contrario, antes de que la insulina fuera descubierta y de que fuera posible comercializarla – a inicios del siglo pasado – las personas con DT1 solían morir muy jóvenes por falta de esta necesaria hormona. Ninguna hormona es adictiva, y mucho menos si nuestro propio cuerpo en condiciones normales la fabrica y la requiere. La insulina sigue siendo parte fundamental de la vida con diabetes, eso no quiere decir que “sea adictiva”. Pero hay que resaltar que lo eficaz es aprenderla a usar de forma adecuada, sin exceso y sin prolonga y promover resistencia a la insulina, que usualmente se provoca con una alimentación de moda acutal, alta en hidratos de carbono.
Mito: La persona con diabetes no puede conducir un coche, andar en bicicleta, barco, avión, etc.
Realidad: mientras la glucemia se mantenga estable, no existe para la persona con diabetes ningún riesgo en hacer vida normal, incluyendo conducir o viajar en cualquiera de estos medios de transporte. Un episodio de hipoglucemia severa sí puede llegar a causar un accidente si la persona por ejemplo sufre un desmayo; pero cuando tenemos el aprendizaje adecuado y sabemos llevar un monitoreo adecuado de glucosa, y sabemos cómo evitar estos episodios, además de identificar rápidamente sus síntomas, no hay ningún impedimento para que la persona con diabetes haga su vida normal incluyendo usar cualquiera de estos medios de transporte.
Mi experiencia:
Soy Rosy Yáñez, Soy Nutricionista con Doctorado, experta en Nutrición y Metabolismo, Diabetes y Alimentación Low-carb. Tengo veinticinco años viviendo con Diabetes Tipo 1 (DM), y desde hace quince años logro tener niveles glucémicos normales, sin ninguna complicación diabética.
Si quieres seguir aprendiendo sobre la diabetes, te invito a ver mi último webinar “Resetea Bien la diabetes, incluso en el embarazo” en donde aprenderás los 4 fundamentos más importantes para normalizar tus niveles de glucosa en sangre de verdad https://youtu.be/VqHMjOo5mkc y si es tu momento, allí también puedes acceder a mis Programas de acompañamiento individual/grupal DIABETES BIEN online para encajar tu diabetes tipo 1, diabetes tipo 2 o prediabetes a este tipo de alimentación en el menor tiempo posible, romper los mitos que te impidan lograrlo, aprendiendo como gestionar la medicación, monitoreo, todo de la mano conmigo y junto con otras personas con los mismos objetivos de salud.
Si quieres seguir recibiendo estos posts, acceso a webinars, LIVE’s, y avisos de inicio de mis Programas puedes apuntarte a mi canal de telegram DIABETESBIEN de mensajes al móvil: https://t.me/joinchat/AAAAAEcMSNp3uS9GEnLuVg .
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